Por eso, fulano es bueno, fulano es malo, sutano sí sirve, mengano no sirve. Así de fácil nos llega la vida virtualmente masticada. No logramos desestimularnos del espacio mediático falsamente construido como espacio ciudadano. No hay ciudadanía porque no existe el acuerdo común, el consenso. Vivimos en una ciudad –quizás todas funcionen así, al menos en los países cercanos- en la que queremos todo sin poner nada. Creemos que nuestro trabajo particular (el que nos da de comer) o nuestra misma presencia dentro de la estructura y la escala social es suficiente. Pero no lo es. Queremos una ciudad de mierda que se acomode a nuestro egoísmo, una ciudad imposible. Quizás habrá que inventarse la manera de extendernos bajo la tierra (a más de los metros subterráneos, o los túneles que atraviesan debajo del estadio Olímpico) o inventarnos la sur-metrópoli (empezando por el metro elevado, los puentes elevados, los egos elevados). Queremos una ciudad de velocidad extrema (Tren ligero TRAQ), que no nos detenga ni un segundo y que se lleva rápido al pueblo, al que ya no queremos ver ocupando grotescos buses contaminantes ni trolebuses apestosos. Porque eso sí, no queremos transportarnos en esa cochinada de transporte público, en el que vamos “peor que papas” como diría un candidato. Eso es para los otros, para mí, mi carrito.
Perlas como aquella lanzada por un/a aspirante a la alcaldía: ¿Qué es eso de ir en 4x4 al Supermaxi? me conmovieron. Claro, seguramente el ochenta por ciento de la población tiene una Ford Explorer y va al Supermaxi a hacer compras. Importante granito de arena de el/la aspirante: “ahora tengo un Peugot pequeño y soy la persona más feliz del mundo”. Ahh… el problema se ha sabido resolver cambiando a un carro más chico, ya entendí. Porque ningún problema se resuelve dejando mi burbuja metálica y mezclándome con el pueblo apestoso (sí, es innegable, los buses apestan). “No estoy de acuerdo con el pico y placa”, es la nueva y peligrosa consigna. Casi todos los candidatos la apoyan. Un día, quienes promovían esta medida municipal, se dieron cuenta de que a menos que tengan mucha plata para comprarse varios autos, tendrían que dejar su cómodo automóvil y viajar en el hediondo transporte público. Entonces reflexionaron y no permitieron que esa medida se aplique, la cual lleva siendo “analizada” como cinco años. Pura argucia. Entonces con argumentos falsetes, de ingenio chapulinesco, vienen a querer meternos gato por libre. Ahora nos salen con que “Quito no necesita un pico y placa, no es tan grande como para que esto se justifique”. O los más sinceros: “Todos tenemos derecho a circular, comprar, vender, importar autos”. Claro que tenemos el derecho, pero también tenemos un deber para con la ciudad. No seamos hipócritas. Nos aterra dejar nuestro carrito. Y por supuesto, a los candidatos y a los municipales también. Por eso se inventan medidas fantasmas, análisis de última hora, manipuladores puntos de vista “renovados” que corren el peligro (es más que seguro) de colarse intencionalmente en la opinión pública, en la esfera mediática y convertirse en la voz de la gente. La población, por supuesto, se adherirá a esta postura y no querrá restricción vehicular. Si no se trata de hacerlo por el tamaño de la ciudad, sino porque es una urbe cada vez menos circulable. Que siga la creciente hostilidad entonces. De una vez eliminemos las veredas, el aire libre, y vivamos en la ciudad container, circulando de una caja a otra.
Att. Un transeúnte.


