Ídolo

Ídolo
Morrissey

viernes, abril 27, 2007

True Lies

To fit: Calzar, encajar... Meterse dentro de una forma inerte y acomodarse a cómo de lugar, sintiéndose lo más cómodo posible.

Si te obligan a cambiar lo que quisiste decir, o quizás inseguramente decir, ya se va por la borda el sentido primero y lo que queda no son más que retazos y falsetes que quieren calzar en el ideal del otro. Estoy hablando del periodismo. No se puede hacer una crónica sin ser testigo presencial de los hechos. Qué haces entonces para mantener el tonito de narrador tácito y observador silencioso. Por favor, si no he observado nada, por falta de tiempo, premura de los editores y personajes escurridizos a quienes debes agradecer con alivio que te hayan dado unos minutitos de su tiempo. En fin, qué haces si el ambiente croniquesco se vuelve lo menos pintoresco posible, ya que las únicas acciones descriptibles son el movimiento de manos y el gesto único de una conversación. ¿Me explico?

¿Ficcionas? ¿Inventas hechos corriendo el riesgo de ofender a los actores implicados? Para la ficción está la literatura, y para la verosimilitud también está la literatura. El periodismo es lo menos verosimil que hay puesto que nunca se te va a presentar la realidad como tal, y no queda nada más que imaginarla. Pero eso ya es ficción.
¿Entonces, cuál es la solución? Faltar a la ética mínima de fidelidad y crear ambientes, espacios, situaciones y hasta personalidades para que la crónica sea divertida y no una sucesión de hechos contados y recontados de segunda fuente. Obvio, el periodista se convierte en la segunda fuente y no en la primera, como debería ser cuando se trata de una crónica. No queda más que confiar en lo que nos cuenta de sí mismo el personaje a observar y reproducirlo de una manera lo más imparcial posible para que no hayan futuras quejas.
No me siento muy cómoda que digamos en esa postura. Por qué no seré más irresponsable y de una vez lo invento todo, total, creo que el periodismo al final se trata de eso. El problema no es mentir sino la pretensión de realidad y verosimilitud con que se presenta al ojo público un relato.
No es la mentira descarada la que daña, sino la que se niega a reconocerse como tal. La que se esconde en mil artilugios, sentencias y autojustificaciones para llegar a convencer y convencerse a sí mismo de su fidelidad. Esa que se pretende verdad. Y eso es el periodismo. Por eso me quedo con la sinceridad farsante de la literatura. Gracias.

martes, abril 24, 2007

No es la noche

No es a la noche a la que temo, sino a la muerte de la noche. No es la oscuridad la que me espanta, sino el esclarecimiento de los hechos.

Luego de la pupila acostumbrarse a cerrar su diafragma, el primer rayo hiere sin pudor.

Por eso déjame dormir contigo esta noche. No me dejes sola. No me sueltes porque los enemigos del indecoro saldrán a buscarme.

No es lo que no veo. No es el andar a tientas. No es la ceguera. Es la voluntad de mirar, lo inevitable del tinturado albo. La voz magnánima ordenando desaparecer a las tinieblas. La implantación del ciclo perpetuo. El encaje y desencaje de lo habitual. El hacha trabada a cinco centímetros del cuello y el antifaz que deja pasar los rayos de luz primeros.


Es como yo queriendo verme bella en medio del aire maleado. Son las ventanas empañadas de vaho nocturno. Del sudor inactivo, lejos de cualquier arrojo elemental de carne, lejos de cualquier contacto paralelo.


Soy yo queriendo prolongar el mismo día. El día mismo. Regresando a ver el reloj sólo para descubrir que siempre se repite el mismo número:

1:11 3:33 5:55

Cinco y cincuenta y cinco, la hora más peligrosa. Sin azar ni sorpresa, siempre con ese frío blanquecino y descolorido.

Déjame dormir contigo hoy. Mañana. El domingo. No hay motivos para no regresar a la muerte de la noche. Ella espera, infinita amante de la agonía. Agonía de madrugada.

lunes, abril 23, 2007

Esque no se puede parar la lluvia

No hay cómo volver plano a un pétalo sino rompiéndolo

Yo no quiero más que escribir.
Tener que estar en lugares donde no quiero estar.
Presentaciones melosas mal leídas.
Insufribles palabras haciéndose pasar por ingenio infantil.
Pronunciadas por una mujer de mediana edad, con el tono aquel que pretende ser entrañable.
Siempre la falta de sinceridad se repite.
¿Quiénes mismo serán? ¿Quiénes mismo seremos?

Y yo aún con chuchaqui de ducha. De haberme tirado dos horas en el piso recibiendo agua y agua. Y sin poder levantarme. Imposibilitada. Deshauciada de movimiento más que de ese ritual amargo. Sin poder salir. Sin poder ahogarme. Sin intentar recoger agua en mis pulmones porque el instinto de supervivencia es más fuerte. Es más fuerte que esa necesidad de nada. Que esa idea pastosa de huir del propio cuerpo. Porque no es bello, porque no responde y se niega. Y arde, y se descascara. Y la fricción enrojece la piel, y aún así no tengo condescendencia ni miramientos. Arde el cuerpo, arde la caverna blanda. Sobreexpuesta a punta de obligación.

Sigo apretando los músculos para sacar el bien. Para sacar provecho de eso que me queda, el arquetipo en edad madura. Sigo extrañándome en la sobreexigencia de los músculos gemelos, entre los tendones tensos. Una tensión cervical que se niega, rebelde ella, a exprimirme. A dejugarme. A desaguarme. Y sigo, y no paro. Y nadie puede detenerme, ni siquiera mi propia imposibilidad de morir cinco minutos. Antes, cuando se moría veinte o treinta veces seguidas, la resurrección era siempre dolorosa pero inacabable. Siempre había un por qué seguir. Un por qué no seguir.

"Por simple derivación, cuando uno ama muchas veces, muere muchas veces"

Hoy sigo presionando la pituitaria.

Una vaca muerta. Mosqueada. Un alguien que fue respetado en vida y olvidado después de las moscas.

A menos que decida cerrar la llave de agua, no sentiré la temperatura real. El frío, una mentira. El calor, otra mentira. Una verdad temperada, aclimatada. ¿Beber agua al clima?

¿Dónde está la verdad de la desnudez de mi cuerpo? ¿Es cierto que debo congelarme al enfriarse las gotas de agua sobre mi piel? No. No lo sé.

¿Por qué se evaporan las ansias? Las mías. ¿Dónde quedaron las contracciones colonizadoras? Con el aire dentro. Un ruido tonto. Los músculos tensos. El cuello ensanchado. El brazo tembloroso ya sin fuerza y la muñeca fallando en el papel. El teclado y la pantalla. El frío. La puerta metálica y el vidrio catedral. Un plato sucio. Y yo.

sábado, abril 21, 2007

There`s an ordinary world

Definitivamente hay que ir en busca de esa ordinariez



Came in from a rainy Thursday
On the avenue
Thought I heard you talking softly
I turned on the lights, the TVAnd the radio
Still I can't escape the ghost of you


What has happened to it all?
Crazy, some are saying
Where is the life that I recognize?
Gone away


But I won't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive


Passion or coincidence
Once prompted you to say
"Pride will tear us both apart"
Well now pride's gone out the window
Cross the rooftops
Run away
Left me in the vacuum of my heart


What is happening to me?
Crazy, some'd say
Where is my friend when I need you most?
Gone away


But I won't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive



Papers in the roadside
Tell of suffering and greed
Here today, forgot tomorrow
Ooh, here besides the news
Of holy war and holy need
Ours is just a little sorrowed talk



And I don't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive


Every one Is my world,
I will learn to survive
Any one Is my world,
I will learn to survive
Any onen Is my world
Every one Is my world

martes, abril 17, 2007

¿Esas son tus penas?

No, esas son tus panas

Si el oxímoron de la canción “Va cayendo una lágrima” de los Iracundos llevara la voz cantante en la última película de estreno nacional “Esas no son penas” (Anahí Hoeneisen y Daniel Andrade), pues acertaría sin lugar a dudas en el ánimo capitalino que se pretende retratar. Sin embargo, es allí en donde precisamente me entra la duda ¿En realidad somos tan grises como nos pinta el filme? ¿Sufrimos, o mejor dicho, sufre la mujer de clase media en ese nivel? Sospecho que no, al menos de esa manera, no.

Dejando de un lado los artificios técnicos, y centrándonos en la trama y el componente dramático, creo que la insistente idea de desolación (conseguida a través de mostrar constantemente un Quito Norteño nublado, y por supuesto los gestos parcos de sus personajes) viene más a parecerse al laconismo de un filme sueco o noruego, que a nuestro ánimo andino yaraviesco, por demás diferente. Y no es que esté errado per se mostrar desolación y estancamiento, sino que ello debería ser producto y consecuencia de algo más, que aunque no sea explícito, debe estar presente. En “Esas no son penas”, este ánimo desgastado está mostrado como génesis y consecuencia, en un proceso indiferenciado. Me atrevería a decir que no ha pasado por el filtro de lo cinematográfico.

Hay una falta de intensidad en los efectos, es decir, entiendo perfectamente la idea de mostrar desolación, pero lo único que se consigue es transmitir al espectador una aridez directa, generada por lo pusilánime del filme como producto y mas no arrancar sentimientos diferenciados que son los que el buen cine suele producir. Con ello no quiero decir que sea una mala película. Hay elementos interesantes, la estructura de la trama es simple pero podría funcionar si se cuidara mejor ciertos aspectos del guión, las actuaciones en general son buenas y dentro de lo que se persigue, funcionan.

El problema es el producto final, que a mi criterio no cumple su cometido, el que su directora buscó: Retratar a esa clase sánduche, la clase media, que es la que se quedó porque no pudo emigrar. Sin embargo allí surge un nuevo error: Esas mujeres -cuyas actuaciones como dije anteriormente, se sostienen perfectamente- no representan físicamente hablando, al promedio de mujer de clase media. Y ese es un grave error no solo de casting sino de honestidad. Una cosa es la ficción, y otra, la verosimilitud. De sobra sabemos que el promedio es el mestizaje, y hablando sin pelos en la lengua, el tipo físico, la ropa, e incluso las actitudes son otras. Está demás por decir que la mayoría de las actrices protagonistas ostentan raíces directas europeas, españolas y chilenas. (De paso, caritas bastante conocidas del mundillo cultural).

Por ello, no es más sincero decir: Quería hacer un filme que retrate vidas específicas de un grupo de gente de clase media (no la mayoría). Creo que pretender dar voz a un grupo social inmenso a través de generalizaciones mal estructuradas, es tremenda ingenuidad. Y por otro lado, me pregunto ¿A dónde fue a parar el sol avasallador de un medio día quiteño? Entiendo, se está mostrando una parte del todo, pero tanta coincidencia de sufrimiento junto, no puede ser gratuita.

sábado, abril 07, 2007

Una rosa es una rosa es una rosa

Una mentira y un credo
por cada espina del tallo
que injertandose en los dedos
una rosa es un rosario
Betty dramática y evitada por la madurez. No sé qué clase de espíritu la soporte, pero a mí me arrancó menos lágrimas, no sé qué pasó. Sí sé qué pasó. Un último traspaso, la última utopía pendeja desbaratada. Eso.
Una doble muerte y el presentimiento del término del escozor. Una agonía prolongada que no deja de ser fastidiosa, por ello, ¡bien Zorg!, las tres o cuatro veces anteriores me cayeron lágrimas injustas. Ésta vez fue distinto, siempre te dí la razón, la compasión no es suficiente para tomar la decisión. Hay algo más allá, un algo egoísta pero válido que nos hace apretar el gatillo y dar el tiro de gracia. Aprieta fuerte la almohada, hasta que deje de respirar... Quizás ésta sea la última vez que vea esa película.
Para Amaranta

lunes, marzo 26, 2007

Todo es cultura, todos somos artistas...

Ay Dios mío, qué pasó. Qué ha pasado desde que las nuevas nociones de democracia y pluralidad, han exigido que ya no se hable de la cultura sino de "las culturas". Gracias, un punto a favor de los sociólogos, antropólogos y hasta folkloristas, por qué no. Ganaron. Resulta que ahora dentro del saco de "Las culturas" entra todo. Sí, todo lo que a usted se le ocurra que tenga que ver con el desarrollo social (llámese TODO).
Porque dentro de los elementos socio culturales, políticos e históricos entra todo. ¿De qué pluralidad estamos hablando? Cuando las discusiones acerca de la cultura se vuelven densas y pastosas porque hay que incluir a "todos y a todas" antes de herir suceptibilidades y que le califiquen a uno de defensor de "la cultura elitista". Lo popular, lo popular... que si el valor de la cultura popular y las expresiones "no cultas del pueblo"... Resulta que ahora se sataniza lo culto, malentendido como exclusivista y segregatorio por ser considerado "diversión cara". Sí, todas las comillas son de adrede, porque es absurdo caer en acepciones facilistas y ligeras.
Qué pasa cuando uno entra a un foro de discusión, taller o panel sobre CULTURA, y se vuelve una mixtura amorfa de cualquier cosa, porque cada uno quiere meter por donde más entre lo que considera como cultura. Desde discusiones de género, pasando por minorías, estudios antropólógicos, arqueología, sicología, folclor, deportes, fútbol. En fin, todo entra, quién da más. Está claro, la tendencia actual es la de sociologizar la cultura, es decir, el término cultura. Democratizarlo para volverlo un bolsillo de payaso en donde quepa todo. Desde fulano que es artesano y vende pipas talladas, hasta sutano que practica shamanismo, pasando por mengana que practica yoga, quien está sentada junto a perico de los palotes, el cual es teatrero callejero y medio hippie, que tuerce los ojos a los espectáculos del teatro Sucre. Por favor, no tengo que decir mucho para exponer la estupidez que esto significa.
No digo que todo aquello no pertenezca a la cultura en sí entendida como un proceso del conglomerado social, pero hay que separar términos y acepciones. Porque la hibridez que de repente la palabra posee, hace imposible ordenar necesidades, prioriodades, e incluso estructurar políticas culturales eficaces, si no sabemos a ciencia cierta de lo que estamos hablando.
Dejemos la sociología a un lado, la antropología, y fijémonos en una cosa: No podemos ponernos en la postura de defensores de las culturas populares (para que no me corrijan uso el plural) en detrimento de lo que es considerado como culto, primeramente. Y en segunda instancia, es terriblemente necesaria una separación de orientaciones e intereses. Vamos, que es estúpido unir a un shamán con un cantante lírico como parte de lo mismo. No lo es. Separemos contextos, por favor.
Por ello, es menester reunir todo lo que tiene que ver con las artes y las letras por un lado (elitista o no), y lo otro (que ahí sí, ni siquera sé de qué se compone) separarlo en lo que realmente es. Con ello me refiero, coyunturalmente a los foros y asambleas de cultura que se están dando con respecto a la próxima ¿apertura? ¿creación? ¿funcionamiento? del Ministerio de Cultura.
A veces creo que teorizar prácticas desde el punto de vista de la sociología, hace mucho daño. El juego del mucho abarca poco aprieta...

viernes, marzo 23, 2007

¿Ravi Shankar chill out?

Hay algo de inhumano en la música electrónica. No, mejor dicho. Todo es inhumano. Le falta espíritu, carne, víscera. Y sonaría absurda la relación inversamente proporcional con el rock o el jazz, porque los instrumentos son seres inanimados. Ahí pasa algo como transfusión de condumio, un instrumento sudado o babeado contiene ya ADN humano, es casi antropomorfo cuando es explotado por el músico. No creo en realidad que se convierta en una extensión de su cuerpo, en un miembro generado por meiosis. Es más bien un hijo parido quién sabe cuando, que nació muerto pero bello y a quien hay que devolverle la vida. Dr. Frankenstein, a parir alma o en su defecto a arrancarse un pedazo de ella y con la varita mágica de la electricidad y sus manos (o boca, o pies) revivir al inerte. Pero ojo, no es tan fácil. Sólo un acto sincero de desprendimiento o alumbramiento podrá dar carne y sangre a la voz del recién parido. Un segundo parto, interpretativo.
El filtro de la computadora -no hace falta decirlo- despelleja al músico. Pero no para mostrarnos sus músculos, tendones y ligamentos, sino que lo despelleja literalmente hasta desaparecerlo. Carnicero, Jack the Ripper. Hay alma en la música electrónica, debe heberla (sino cómo tantos disfrutarían hasta casi el éxtasis tántrico), pero es un alma de bytes. Un frankenstein creado por el mismo Frankenstein hijo. Hay mano de carne y hueso, y espíritu humano detrás de todo ello, claro, pero filtrados.
Y aunque ahora todo está digitalizado y, a menos que escuchemos intepretaciones en vivo, al parecer todo se convierte en lo mismo. Pulsaciones, bytes. Transferencias. Pero, créanme, la sinceridad no es filtrable, llega como es, y es capaz de traspasar fortines virtuales. Es capaz de barrerlo todo y llegarnos, nítida, a decir:

We were talking about the space between us all
and people who hide themselves behind a wall of illusion
never glimpse the truth
then it's far too late when they pass away

We were talking about the love we all could share
When we find it to try our best to hold it there with our love,
with our love we could save the world
if they only knew

Try to realize it's all within yourself no one else can make you change
And to see you're really only very small and life flows on
within you and without you

We were talking about the love that's gone so cold
and the people who gain the world and lose their soul
They don't know, they can't see
Are you one of them

When you've seen beyond yourself
then you may find peace of mind is waiting there
And the time will come when you see we're all one and life flows on
within you and without you

George Harrison

viernes, marzo 16, 2007

De no tener hambre e indigestarse

Recupero la idea de la ligereza como fuente de sosiego. Pero me refiero a la ligereza estomacal, no a la de mente o espíritu. Quizás sea la mismo, y en última instancia se consigan efectos similares, o talvez ésta sea una puerta para alcanzar las dos anteriores.
Ayuno a la medida: ¿De qué sirve ayunar si no cuesta exfuerzo alguno? No comer por falta de habre no significa ayunar. Claro, la noción de ayuno implica sacrificio, más allá de cualquier relación con religiones o prácticas espirituales. Qué se yo, recuerdo a David Bowie, anoréxico, negándose a comer, pasándola mal de hecho. ¿Hay que pasarla mal para ayunar? ¿El ascetismo debe ser siempre tan mal pagado? Lo sé, hablo con la misma ligereza de mi estómago, que no ha recibido alimento desde hace horas, sí, por falta de hambre. Tengo una tarea que no quiero cumplir, y en lugar de ella, me pongo a dar vueltas a temas inútiles. Sí, quizás la renuncia, el acto de desprenderse, es en sí un dolor completo que no trae ni lleva nada más. Por que lo que viene después, es tan desconocido como para el común de los seres, las recompensas póstumas del asceta.
Si luego del corte del acto, se sufre, es parte de otra cosa y no del acto en sí. El acto de desprendimiento es ajeno siempre porque nos cuesta infinitamente hacerlo. Lo ajeno no está en lo que se llevan de nosotros, sino en ese SE impersonal. "Se llevan". Alguien más tiene que hacerlo para que funcione, por ello el acto de desprenderse es un desdoblamiento del yo. Un yo bipartito que expulsa a un otro, quien será el encargado de llevarse aquello que debemos extraer. Como una muela al dentista. Él se lo lleva. Volvernos ajenos es lo que nos duele, ser otro. La alteridad es siempre dolorosa porque es ladrona. Un robo que permitimos con el último exfuerzo de soledad. Ser dos para sobrevivir.

Para ayunar, alguien más debe robar el alimento que iba a ser ingerido por uno. Ese otro se indigestará toda la noche, por su ración extra de comida. Que quede advertido.

miércoles, febrero 28, 2007

¿Quién es Leroux?

Bicicleta Leroux, la nueva obra de teatro de Malayerba

¿Quién es Leroux?
Leroux es el mito. Es eso. Leroux son los hilos de la marioneta que es Ulises, éste nuevo Ulises quien, una vez más, emprende un viaje entrecortado. La barca/bicicleta que desbarata la paradoja del anti movimiento: Ulises se embarca, pedalea, la ilusión del movimiento frente al estatismo del no lugar. Su viaje es autofago, se alimenta de sí mismo y no procede de lugar alguno más que de su propia conciencia de afuera. Así un desplazamiento geográfico sería inútil frente al frenesí de las imágenes recogidas durante una vida entera. Ese afuera que busca recobrar forma y sentido en lo cotidiano, en el escudriñamiento de las estructuras que componen la vida ordinaria. “Bicicleta Leroux”, la nueva obra de Arístides Vargas, no busca transgredir los límites del viaje mítico a través de presentar un meta héroe. Quizás en este aspecto -guardando las distancias- se asemeje más al Ulises de Joyce que al de Homero, sin embargo, el hilo conductor homérico, más allá de una estructura derivativa, deja abiertas las múltiples posibilidades del viaje y el encuentro como dos fines inseparables. Por ello que Leroux, ese personaje tácito dentro de la narrativa de la obra, es un fin en sí y a la vez un medio. Para este Ulises desencajado, taciturno y nada ingenioso (antítesis del Odiseo homérico), la travesía recorrida es similar a un viaje esquizoide. Momentos en los que la realidad burda y ordinaria del día a día, chocan con el nivel paralelo del mito. Ese encuentro de dos dimensiones que dan pie a un desvarío alucinatorio, utilizado como recurso escénico y dramático, dan a “Bicicleta Leroux” un indiscutible aire de fábula. Un muy estilo “Malayerba”, cuya fórmula ha sido probada con éxito en varias obras anteriores.

Lo fantástico de personajes mitológicos que rasgan el velo de la realidad al coquetear con seres de carne y hueso, dan a “Bicicleta Leroux” un sentido distinto a la Odisea de Homero. Allí el nivel mítico es el contingente de la realidad, única y verosímil, mientras que en esta obra detrás del telar de Penélope está la otra realidad. Detrás de lo onírico que se confunde con lo ordinario, están esos seres debatiéndose entre dos universos paralelos, lo cual se puede apreciar claramente en la división que se hace en el escenario con el telar de Penélope, el que es a la vez el mar donde navega el marinero Ulises. Ambos enredados en los hilos del olvido, del abandono. Esos hilos sostenidos por aquellos no-seres, quienes desde ese No (que es la muerte) llaman a destazar las capas geológicas de la vida. Penélope se siente abandonada, desea y no desea, muestra pretendientes risibles quienes la ayudan a mantener tejida la escena de su vida. Ulises no sabe que esos hombres asechan a su mujer mientras a la vez empujan su barca hacia ese mar de hilos. Hilos traídos por ellos mismos.

Con toda la libertad de matizar e incluso desmitificar personajes homéricos, en Bicicleta Leroux encontramos varios niveles de reflexión, desde el simple hecho de la realidad doméstica, ese puertas a dentro de un día a día que se consume a sí mismo en enmarañados recorridos. Por otro lado está el hombre y el desencanto de la realidad, que hace que se junte lo racional con lo irracional, en una travesía en donde Circe, las Sirenas, Escila y Caribdis, Polifemo, Eolo y todos esos personajes mitológicos se convierten en metáforas del diálogo entre el héroe perdido y ese afuera aprehendido sin una real conciencia del fin. Por eso Leroux nunca está, está en las voces de los otros, pero éste Ulises sabe que de nada le sirve ser sagaz, ni aprovechar de las situaciones para alcanzar su objetivo. Es más, el objetivo borroso que significa Leroux deja a Ulises en la parálisis de la acción, total jamás ha salido de Itaca…

jueves, febrero 01, 2007

Todas íbamos a ser reinas

Ayer que me encontraba descansando plácidamente, alguien ha golpeado mi puerta. La abrí. Una mujer con el rostro desencajado, con las manos todas arrugadas y pasposas, me tocó el hombro. Llevaba la cabeza gacha, por lo que no pude ver su rostro de inmediato. Hice un gesto de asco y mi primera reacción fue hacerme hacia atrás. Ese instante levantó el rostro como de adrede. No quise verla, no entendía lo que quería decirme. La mujer solo repetía sílabas ininteligibles, y yo estaba paralizada frente a aquella tez replegada hacia sí, una faz en donde no cabían más arrugas. Ella me tomó de la muñeca, me apretó fuerte y no quiso soltarme más. Yo le pedía que me suelte, que en serio me estaba doliendo su apretón. Pero la mujer/añicos no me escuchaba, solo me miraba a los ojos, y lágrimas legañososas caían sin consuelo. No gemía, no moqueaba, solo vertía agua. Ella hablaba, hablaba, y esas palabras eran como saetas cortando el aire. Yo ya dije que no entendía sílaba alguna, porque su pronunciación no era castellana, ni de lengua española o latina. Tampoco era quichua. Sospecho que era ninguna lengua. Intuyo que era una inventada por sí misma, una que ni ella entendía.
Quizás pasaron diez minutos mientras la mujer/añicos aún me tomaba, ahora ya del brazo y con las dos manos. La presión ejercida era cada vez más fuerte y yo debía sostenerme del dintel de la puerta para no resbalarme, porque de alguna manera, ella me tiraba hacia abajo. Y hablaba, y continuaba pronunciando vocales nasales que nunca había escuchado en mi vida. Y yo, sintiendo que era torpe por no poder defenderme de aquella vieja indefensa. Acusando mi falta de odio al prójimo. Mi escasez de desdén hacia el adulto mayor y todas esas cosas salidas de una moral maniqueísta, proveniente de un escollo de mi cerebro. Víscera que acaso la mujer/añicos almorzaría mañana.
¡Suéltame mujer que me lastimas! ¡Por favor! Y así me convertí en un ser suplicante. Rogando a aquel ser humano terminal que me dejara de clavar las uñas, puesto que mi brazo ya sangraba. Sus uñas eran amarillentas, engrosadas por los años y extrañamente filudas. Pensé que iban a traspasar una vena, y empecé a gritar. Pero a la mujer/añicos parecía no importarle, y empecé a notar -por el tono de su voz- que me acusaba de algo que yo desconocía. Su mirada de cien años empezó a recriminarme delitos en los cuales jamás había yo participado. En épocas en las que yo ni siquiera había estado presente aún. ¡Mujer, en 1952 yo no había nacido! No se por qué, pero le grité esto. Y ella negaba con la cabeza y seguía lanzando saetas silábicas incomprensibles. Como el dragón de Komodo, su saliva era venenosa, palabras húmedas que se salpicaban de sus labios y que yo debía evadir moviendo el rostro hacia los lados. Bacterias mortales que sólo el sistema inmune del mismo dragón podría combatir. Supe que iba a morir. Supe que el veneno también estaba en sus uñas y ya me las había clavado cinco minutos antes. Voy a morir, pensé. Y empecé a llorar, y a suplicar por mi vida. A la vieja, como si ésta fuese Dios y pudiera devolverme la vida. Pero a ella no le importaba y seguía su rutina, tirándome hacia abajo y luego hacia afuera. Entonces empecé a sentirme tan débil, que mis piernas dejaron de tener estabilidad y caí al suelo. El pecho me trepidaba, una angustia hiperventilada y luego cianótica me nubló la vista. Y el entendimiento. De pronto, viéndome arrastrada como un trapo viejo, pude entender con el estertor clarividente de la proximidad de la otra orilla, algo como un salmo repitiéndose incesante. Y la saliva salpicándome las sienes:



Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.


En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

miércoles, enero 24, 2007

Serena la mirada, firme la voz

Solo hay que entender ciertas cosas para vivir en paz. Cuidado con el aburrimiento. El tedio es señal de culminación de algo. El tedio crónico es síntoma de que acaso hay que salir corriendo y buscarse otro nido. Si no hay más árboles, entonces ¿a dónde ir? La idea del camping eterno tampoco es que llame tanto la atención:
Harto ya de estar harto, ya me cansé/ de preguntarle al mundo por qué y por qué/ la rosa de los vientos me ha de ayudar / y desde ahora vais a verme vagabundear.
¿Tiene Joan Manuel Serrat la razón? ¿El tedio es tan lácónico como para no hacernos sufrir? Porque si es así, cuál sería el problema ¿no? Al parecer no; si Juanito tiene razón, ese hartzago debe producir tal incomodidad que la única solución es vivir en permanente fuga, en volverse paria de uno mismo y huir constantemente de cualquier cosa. Los permanentes perseguidos. La apología de la paranoia.
Así que el vagabundo es la metáfora materializada del No. Y en el no, se esconde la sutileza de la paranoia. Pero esa paranoia tiene esa cara solo frente al mundo y a aquellos, a los otros que no ven más que directrices. Quienes no ven las directrices no son paranoicos, son simplemente bebedores directos de la fuente. Eso. Sin protecciones, sin indicaciones, sin guía de procedimientos. Sin embargo, el vagabundo alguna rutina tendrá. Mal o bien, debe satisfacer las mismas necesidades básicas. Pero es un mal viviente, es obvio, no hay espacio para el No en una sociedad en donde las aceras te marcan por donde ir.
Joan Manuel: El vagabundo también sufre.
Qué más da, qué más da/ aquí o allá...

martes, enero 16, 2007

Besos sin pasión

Ayer alguien me dio una orden y la cumplí. Lo hice pensando en que es siempre mejor no saber las cosas con exactitud y vivir en la delicia de la ignorancia. El paisaje conocido que de alguna manera (climática, estacional) cambia ante tus ojos cada vez que vuelves la mirada. O simplemente detrás de la admiración ignorante se esconde la imposibilidad de reconocer el espacio, no como un ente omnipresente, sino como una totalidad. Con cuerpo, volumen, dimensiones, profundidad. Creo firmemente en la existencia de la ignorancia geográfica. Una de las más profundas. No solo la padece el campesino o el indígena asentado desde siglos atrás en un terruño. La padecemos todos los que hacemos de nuestra vida en la ciudad, una constante sobreentendida. Ignorancia geográfica no significa no saber dónde estoy, ni identificarse con la llacta, tierra, entorno, costumbres, ancestros, cultura, plantas, animales, motañas, ríos, etc. Ok, estoy en Zámbiza, Pujilí, Piñas, Borbón o Quito. Estoy en Quito, obvio. Y el peligro está precisamente en esa obviedad, en lo que damos por sobreentendido. Tanto así que olvidamos entender los procesos, es más, olvidamos que existen procesos. No, peor aún, no podemos olvidar algo que nunca existió, que nunca tuvo cuerpo consciente. Ese hacer a un lado aquella información tácita que está per se y que no es necesario visualizarla de manera consciente. Eso es la ignorancia geográfica. Como despertarse todos los días mirando el volcán desde la ventana, y nunca reparar en que está ahí ocupando un espacio que podría ser otro. Un espacio que bien podría estar llenado por otra cosa, o simplemente llenado con nada, y entonces aquel horizonte tan cercano -que en esta ciudad-cuna se ve ahogarnos constantemente- sería ahora inalcanzable al ojo humano. Derribar las murallas de la ciudad.

Este fortín colonial/conventual/provinciano/boom petrolero/Miami, que tiene una forma y no otra. Pero sepan, que no es la única forma de ciudad, hay muchas otras. La palabra ciudad tiene muchas formas de ser, y dar como hecho que la de esta ciudad es la única, sin siquiera cuestionar por qué se formó así tal sector o de dónde salen mis hábitos citadinos (por ej.) es tremenda candidez. Y aunque parezca simplón y hasta obvio, pues déjenme decir que casi nadie se ha puesto a pensar realmente en esto. ¿Alguna vez a relacionado los conceptos de urbanismo con su forma de ser? ¿Cree que ser chismoso e hipócrita es una cualidad desarrollada por su ingenio? ¿Y que, además, la heredó de su madre? ¿Alguna vez a relacionado usted la doble faz, el puñal por la espalda, la falsa humildad con un componente socio-geográfico?

Suena algo traído de los cabellos pero en realidad no lo es. Muchos comportamientos sico-sociológicos son de carácter ambiental, y eso está claro. Las nuevas corrientes de urbanismo y arquitectura proponen integrar al sujeto y su desarrollo, desempeño, convivencia y interrelaciones sociales con el entorno estructural y material. Una casa no es un simple cajón con habitaciones, cocina y baño. Una ciudadela o barrio no es una simple hilera de casas. Un edificio no es sólo la suma de viviendas apiladas. Una calle no es una línea por donde atraviesan autos y gente. Una ciudad no es un container de gente y edificaciones. Si construimos una ciudad partiendo de ello, ahí estamos mal. Y lastimosamente esto es lo que se ha hecho con nuestras ciudades, que primando lo material sobre lo humano, se han vuelto sitio de tránsito de mercaderes. La gran ciudad supermercado. Se cree erróneamente que hacer progreso es generar negocios y comercio. Es lo más estúpido. Dar diversión y esparcimiento a la gente significa darles que comprar, no importa donde, bueno, aunque si se ve bonito y rosado Miami, entonces mejor. ¿Eso es ver progresar a una ciudad? De ahí el boom de los centros comerciales o "malls". Hoy en día el nuevo patrón de relaciones sociales, esparcimiento y ocio (sí, ocio) es el centro comercial. La solución más lucrativa y facilista. ¡Oh ingeniosos empresarios visionarios! No se dan cuenta de que están cambiando las pautas sociales, no entienden, o no les importa estar generando una mutación en los procesos urbanos. Les vale un pito la responsabilidad sobre la deformación que estos nuevos "centros de acopio de personas" producen sobre el normal fluir socio cultural.

Claro, es mucho más difícil y tedioso (no más costoso) hacer estudios profundos, sociológicos, culturales, etc. sobre el desarrollo de los procesos y relaciones sociales en una urbe, que construir un mamotreto inconexo, megalómano, el cual por su imponente figura deslumbra al ciudadano común, quien no tendrá aire y espacio visible para cuestionarse. Cuestionarse por qué le dicen dónde, cómo, cuándo y con qué divertirse. Sin dar alternativa a nada más, puesto que, es obvio que a los gobiernos de turno, a los seudo planificadores urbanos y a los fucking empresarios dueños del circo les falta creatividad y huevos para generar espacios de diversión y esparcimiento coherentes y consecuentes con el medio.
Las ciudades impostadas. Esa es la sensación que me da. La falsedad, el maquillaje. Ciudades de cartón, un constante sinsentido en donde nada tiene relación con nada, y se busca esa correspondencia a la fuerza. Sin embargo, no se la consigue, porque aún me queda un sabor de insatisfacción en la boca al enterarme de que aquel estero antes era un balneario y hoy sólo recoge desechos solapados. Mientras, en el malecón las parejas gordas y feas no saben que más hacer. Caminan sobre el mismo lindo y regenerado lugar. Dan vueltas, regresan. Eso es todo. Se sientan y se besan, pero un beso sin pasión, porque ese no está prohibido, creo...

lunes, enero 08, 2007

Aceite en las coyunturas

Porque el sonido de una puerta chirriando cada vez que se la abre o se la cierra, es insoportable. Además de delator. Un reflejo condicionado a lo Pavlov, escuchar los gritos de mi madre. Quince años han pasado y sigo escuchando lo mismo. Increíble el estancamiento. Y eso que hoy en día la puerta ya no suena.


Luego de algunos años de darme cuenta de que había entendido inmediatamente que llevar los lunes una máquina de escribir y hacer indios y hombres de letras con ellas, no iba a servir para nada, me dí por vencida. Obedezco. Seres pornográficos llenos de tantas equis cuanto la imaginación pervertida pueda abarcar. Algo así:

xx
x x
x x
xx xx xx
x x
x x
x x
xx
ETC.

Me ha dado pereza seguir dibujando al indio de letras. Porque era un indio el que tuve que dibujar para el exámen final. Lo recuerdo tan bien. Con poncho y todo. ¿Para qué quería yo dibujar a un indio letrado pornográfico? ¿Qué clase de premonición se avecinaba? Sin cara. Solo ojos. Eyes without a face.

Y empezó el ser humano genérico, que pretendía ser varios y siempre era el mismo. Porque las letras siempre eran las mismas. XXXX. Y sólo las podía ver yo, porque estaban tatuadas en mí, por eso sólo yo podía descifrar el código. Nací cargando mi propia piedra de Rosetta. Y aunque utilizo la palabra descifrar, en realidad ese código es aún indescifrable para mí. No logro entender un significado práctico, tan sólo metáforas materializadas. El verbo hecho carne y todo lo demás. Los carnívoros y los chupasangres. Los crashing bores. Pero dicen cosas ininteligibles, abren sus bocas y los escucho, y eso que oigo es como el sonido de las saetas viajando en el aire. Cortando el viento. Y luego una grande y estrepitosa clavada. Un clavadista que se demaya en el aire, cayendo de panza al agua, desde una altura de cinco metros. ¡Placccccccccccccc! ¿Cómo descifro esa onomatopeya? Sólo es. Tan sólo es.

Y luego. Entonces los ecos. La señal interferida. Y las lágrimas con agua mineral.

jueves, diciembre 28, 2006

Tener una postura en escoliosis

Nadie está de acuerdo con la muerte. Al fin y al cabo terminamos convirtiéndonos en lo que mostramos al resto. Nuestra manera –por más rebelde que ésta sea- de ser políticamente correctos. Quitando la discusión de la verdad mediática (sí, termina siendo una verdad, o comienza siéndolo) y las apariencias, me llama la atención como un puñado de editorialistas, columnistas y articulistas (usé de adrede todos estos sustantivos para demostrar las clasificaciones inútiles que desbaratan la semántica y a la vez cumplen los caprichos de la lengua) siempre parecen ser tan conciliadores y sostener una postura tan correcta, que yo me pregunto si a su edad no tendrán escoliosis, lordosis o cifosis. Yo por más que intento, nunca hallo la postura correcta y siempre que me siento frente a esta pantalla, termino con la espalada dolorida. Ahora, sé que lo que dije arriba suena absurdo y mentiroso, pero aplíquese a las recientes columnas que he leído en los diarios con motivo de la muerte de Pinochet y la futura muerte de Saddam Hussein. Resulta que nadie quería que muera el viejo golpista, y hoy tampoco nadie quiere que se ahorque al “sucesor de Hittler”, como le han apodado los gringos. ¿Será que ninguna maldad es suficiente para despertarnos odios políticamente correctos y socialmente aceptados? Quizás todos los opinadores, incluyéndome, esperaban que Pinochet haga pacto con el diablo y sea inmortal para que así pague por sus delitos con la cadena perpetua. Postura, de lejos, mucho más cruel y truculenta que la del simple asesinato. Sí, el asesinato, el acto que da muerte, en sí, es simple. No exige de mucho. Otra cosa es la tortura, el ver sufrir a alguien que no muere nunca. El punto nieve del torturado, ese que es tan exacto como para que su agonía sea infinita, y se halle todo el tiempo a “punto de morir”. Pero no muere. Y si muere, pues “ay, se nos pasó la mano”. La tortura del toro mal estocado, y el estoque de gracia. ¿No es la agonía más cruel que la misma muerte? Obvio que sí, porque la muerte no es cruel. La muerte ni siquiera es nada. Cuando alguien dice: Se está muriendo, pues está hablando mal, pésimo. No existen los gerundios en ese verbo. El instante, la micronésima de segundo en el que se apaga la vida, ahí es cuando uno se muere y ya. El antes y el después de ese verbo no existen. No existe una acción prolongada en el tiempo cuando hablamos de muerte. No es como el comer, el caminar, el llorar o el reír. Ahí si que nos estamos riendo ¿no? Por lo tanto Pinochet nunca se estuvo muriendo y para muchos ese sufrimiento no fue suficiente. Debía ser apresado y padecer más, prolongar la acción. Como la agonía. Todos los opinadores políticamente correctos que no deseaban la muerte de Pinochet, pero que condenaban sus actos fascistas, se consideran a sí mismos seres de buen corazón al no haber querido “llegar a tanto”. Pero no, sépanlo todos que detrás de esa postura calcutense se esconde un ser cruel y desalmado. Nadie quería que Pinochet recibiera la “bendición” de la muerte, la cual pondría fin a su persecución. No, todos querían acoso, juicio y sacrificio dilatado. Prometeo encadenado. No hay nada de bondad en no desear la muerte de alguien que sufre. Porque por más malévolo que el Pinocho haya sido, pues de que sufrió estos últimos años, no debería haber duda… O a menos de que haya descubierto el secreto del cinismo puro: No importarse ni uno mismo. (Aclaración, hablo de los opinadores con afinidad hacia la izquierda)

El caso del “segundo anticristo” parecería ser similar, pero no lo es. En el fondo nosotros nunca le vimos tan malo. Se hizo malo ante los ojos mediatizados, gracias a la propaganda del “Diablo” (Bush, obvio). Este western viejo me aburre bastante y lo único que sé es que ahorcar a alguien no está entre mis deseos. Tampoco deseo la tortura, la agonía prolongada para Hussein. No le deseo nada. Y confieso que me produjo pena verle con el look de pordiosero cuando le atraparon. Y me sigue dando pena, cuando miro su cara. Sé que mató y que posiblemente era un ser desalmado, pero no le deseo ningún mal y es ahí cuando me pregunto. ¿Estoy sintiendo lo políticamente correcto? ¿Debo odiar a Hussein? ¿Será que a Pinochet es más fácil odiarle porque estaba más cerca? Y me pregunto también si la realidad mediática, virtual, en realidad nos acerca al mundo y reduce las fronteras, cuando veo a un tipo, que según dicen, es un asesino y no lo odio, y no quiero que muera. Y está tan lejos, pero otras veces veo otras cosas en la misma TV y me acongojan y ni siquiera sé quienes son ni a qué país de Asia o África pertenecen, y allí también me digo: ¿Por qué tengo que sentir yo el peso del mundo? ¿Buscan los medios conmocionarnos, movernos, conmovernos? Estoy segura de que no. Y entonces, ¿Qué buscan? Plata, plata, eso ya sabemos, todo el mundo busca eso. Pero este método ensangrentado de mostrar al mundo, sospecho, se ha convertido ya no en información sino en formato. Sobre la sangre se escribe lo que se quiere decir. Ya no existe más el “con tinta sangre del corazón”, porque la sangre ya no es la tinta, ahora está desparramada por todo lado y se baila o se llora sobre ella, dependiendo de cómo se lo quiera ver. Esa virtualización de las sociedades coincide con la descarnación del ser. El ser mediático no tiene carne, y su sangre virtual es el soporte sobre el cual se escribe la seudo historia social.

Yo al Pinochet sí quería que lo enjuicien y todo eso, pero en un deseo inútil e impráctico, como todo lo onírico. Siempre inaplicable. Porque era inútil cualquier castigo, el viejo estaba ya demasiado viejo, y no es que haya respetado sus canas manchadas de sangre, pero no hay tal pacto con el diablo, así que pasaría a lo sumo unos cinco años en la cárcel. Aunque tampoco puedo decir que haya querido que padezca eternamente el dolor del encierro, como Abimael Guzman que hasta ahora me deja horas pensando en lo que hará para no enloquecer en su celda de 3x2. Para mí, sí, lo mejor es que el viejo golpista haya muerto y que se cierre de una vez este capítulo de resentidos. Creo que seguir rascando la herida de Latinoamérica está volviéndose un sofisma. Ya pasó, al dolor hay que enterrarlo, no volverlo héroe. No hay nada heroico en sufrir, porque nadie lo hace -a menos que sea masoquista o Jesucristo- porque así lo escogió. En el dolor siempre está la gran negación que podría confundir a la resignación con valentía y heroicidad. Y no creo que sea así. Quien experimenta un dolor profundo, traspasa todo límite de lo humano, sí, pero eso no le convierte en inmortal. No es motivo de mitificación, mejor dicho, no debería serlo. Sólo Cristo fue capaz de convertir el dolor en salvación, nosotros no. Aunque todo el tiempo estemos ensalzando a los caídos en lucha. El héroe de leyenda, mítico en inmortal, que trasciende el tiempo y el espacio, es un personaje de ficción. Como dice Bunbury: “Pertenece al sueño de un destino”.

En fin, que nadie cree en la muerte porque no la halla suficiente. Y por eso el mito de los héroes y su contrapeso: El antihéroe, como esa necesidad mundana de bajarnos del pedestal de nuestras ínfulas deíficas. La muerte nunca fue suficiente para el hombre, por eso la promesa de la vida eterna. ¿Y la razón? Lo minúsculo de la acción. Dios lo sabía y por eso existe la agonía. Y cuando el hombre lo descubrió, inventó la tortura. Somos demasiado imbéciles y ególatras como para dejar de existir de sopetón. La prolongación ejemplificante que pone de manifiesto la vulnerabilidad de nuestros cuerpos, es una lección que todavía no aprendemos. Por eso muchos se siguen negando a que ex dictadores fascistas mueran y se acabe todo. El final de algo nos aterra. Odiamos el punto final, es la verdad. Y sin embargo se mata, se impone pena de muerte y se ahorca gente frente a un público. Y al día siguiente hay que conmoverse o decir bien hecho, y ver las noticias o los periódicos, y pocos días después olvidarlo sacudiendo el pizarrón para que sobre el mismo se escriban nuevas muertes que serán recordadas un año después como lo amerita el caso. Fin.

Mientras, yo sigo sentada luchando contra la escoliosis, y consigo tener algo de acomodo. Y aún duele.

miércoles, diciembre 20, 2006

El camino de las certezas.

Encontrarle un patrón a todo, esa es la certeza. Una arma de doble filo. Un lugar común. Las dos caras de la moneda convertidas en la misma. El desfigurar concientemente las paradojas. Polarizar la vida, despojar de ambiguedad al "otro lado" de las cosas. La certeza es una daga. Es punzante y abusiva. Busca quemar todo lo que no se puede dibujar en dos que tres trazos. Esa certeza de ver todo con lentes de aumento. Con cara de fisgón, de una habitación a otra. Y no hallar más que líneas punteadas que persiguen el tesoro, señalado con la equis, en un mapa viejo. Sí, es sacar ese mapa añejo, pretendiéndolo como sabio. Nada de aforismos, nada de máximas, nada de refranes ni sentencias. ¿Con qué seguridad aseguramos? ¿De dónde sale la supuesta clarividencia? Tanto para el sí como para el no. Tanto para la gloria como para el caos. La mía es una certeza de caos. La tuya, de gloria. Dos niveles de igual espesor, en la misma línea de la nueva paradoja de la certeza. Si antes, era eliminar opositores, ahora es demandar seguridad sin tomar en cuenta al otro. Sin darse cuenta que se está exactamente al mismo nivel, tanto en la gloria como en el caos, que ni tan extremos, que ni tan paradojas atraviezan ese estado. Que se abrazan, se dan la mano y se miran de frente. El camino de las certezas solo puede tener dos finales, pero son tan ambiguos que nadie que conozca la pre vida podrá distinguirlos. Sí, esa ambiguedad de las puntas de una misma soga. ¿Se puede en realidad encontrar una diferencia entre ambas puntas? ¿Sirven para cosas distintas? Ese eterno "da igual". Asesino. Carcome anhelos. Quién quería saberlo. Quién.
Aún no sé si es preferible no saber leer y lanzarse al alambre de púas con corriente eléctrica, para poder escapar. O leer la advertencia y aún lanzarse en último certero intento de recuperar la fé.
De ser libre al fin.

viernes, diciembre 15, 2006

El síndrome Godinez

Sí. Estoy hablando del personaje aquel de la escuelita del Chavo. El despistado, el perdido, el quemimportista. Si Bartleby tuvo una niñez, esa fue la de Godinez. O quizás no es un pre-Bartleby, sino que es ya la negación completa del afuera. Godinez sabe algo que nosotros no, y esa es su ventaja. No, él no es el vago descuidado que aparenta. Godinez anula el afuera, en un supuesto acto de auto anulación, porque simplemente ya no lo necesita. Ha pasado ese estadio para llegar a un otro: la anticipación pura.
En la negación del exterior, en el puro ensimismamiento, en el autismo consciente se hallan contenidas las respuestas del pensamiento humano. Se halla "la verdad". El proceso conciente, la toma de la decisión de la auto negación por hallarse ya pletórico que algo que el resto desconoce. ¿Y cómo lo notamos? Pues, para mí es como el salto de un fusible. Eso sentía yo en mi niñez al ver a Godinez despreciándolo todo a su al rededor. No lograba entender por qué ese personaje me producía una sensación inexplicable, en donde lo que sí podía reconocer claramente era un aire de pedantería e ínfulas de superioridad. Un personaje descontextualizado, de repente abriéndose paso desde su intra realidad hacia ese exterior que lo aburría terriblemente. Se notaba la rasgadura de ese universo paralelo Godinezco, cuando el profesor Jirafales le preguntaba algo, y le sacaba de su misteriosa actividad (Godines siempre dibujaba o escribía algo), obteniéndose casi siempre, como única respuesta un "yo no fui". Una versión menos depurada del "preferiría no hacerlo". La parálisis de la acción.
El síndrome Godinez es esa anticipación a la realidad, es ese pre estado sabio y sabido, en donde ya todo está dicho y ya todo está hecho. El acto de abstenerse conscientemente de la acción, por conocer previamente todos los desenlaces. La abstinencia por inutilidad. El fin de la practicidad no puede resumirse sino en la inacción. Y ello es la metáfora del aburrimiento profundo, ese que va más allá del tedio por falta de actividad, sino que llega a prescindir del afuera por hallarlo ya resuelto. En la medida en la que no haya nada más que resolver de la vida, en esa medida es en la que el tedio de la sabiduría invadirá a los Godinez de la vida. En este nivel, el aburrimiento es sinónimo de sabiduría. De ahí que Godinez sea todo menos humilde, y ojo, su pedantería frente a los ojos de los contextualizados no es una decisión conciente. Simplemente le sale así, y es producto de esa ventaja que tiene sobre el resto. Godinez es soberbio y con justa razón. Nos sobrepasó hace rato, y cuándo pasó, nadie lo sabe. Posiblemente ni él mismo. Así, el rechazo y la segregación voluntaria no le afectan a Godinez. Él se hace el pendejo y con eso resuelve el afuera.
Godinez resuelve perderse por decisión, se autoanula y se reduce a su mínima expresión, primando el adentro. En ese proceso, se cuela un gesto despectivo que menosprecia todo aquello que no está en ese nivel. Por eso Godinez es soberbio. Se sabe un "ser superior", que halla esa superioridad en "el riesgo de no hacer lo que se debería hacer". Allí está la protección del "preferiría no hacerlo". En ese pre acto negación se logra suspender el tiempo, paralizarlo, y así esa potestad divina cae en las manos del anulado. Quien, todopoderoso, tiene ya poder sobre el tiempo, esa potestad del corte de la acción, de la interrupción del acto antes del acto. Vivir en el no, es la anticipación. Esa estaticidad que implica suspender/suspenderse en el tiempo y la acción, remite y deposita a Godines/Bartleby en un punto cero. El punto de ignición que es la metáfora de la dilatación estática del génesis de la vida. Sostener la vida en una palabra, de única lectura, de única escritura, de única acepción. Palabra que solo él la conoce...

lunes, diciembre 11, 2006

Happy fucking birthday

Así es. Hoy es mi cumpleaños. Y con las dudas que Alex Grijelmo me ha infundido, quisiera decir que uno de los títulos de este post iba a ser:
Porque soy como el árbol talado que retoño, aún tengo la vida...
¿Soy como el árbol talado que retoño? o soy como el árbol talado que retoña. Siempre me sonó éste último, pero en fin, que a Miguel Hernández no le puedo discutir. También debo decir que este post me cuesta escribir muchísimo, que mi sistema psicomotriz está navegando en la pfizer. Aún no regreso del infierno blanco, tan solo me dieron permiso para irme a mi casa. Me trataron muy bien allí, todas eran mujeres generosas y me vieron desnuda. Pero yo odio ese lugar, y ni siquiera pude encontrar a Panero porque probablemente él ya no sufre.
Luego recibí muchas llamadas, muchos mensajes, y no contesté ni respondí ninguno. Luego contesté y respondí llamadas que ya ni siquiera recuerdo y ya no sé ni lo que dije. ¿Quién me va a esperar? Fucking cumpleaños una vez más, lo digo y lo repito. Lo más aburrido que podía pasarme hasta el día de hoy había sido olvidarme yo misma de él. Pero ésta vez fue ya el culmen de la tontería. Tengo un nuevo amigo atado a mi brazo. Compañero inseparable durante los próximos cinco días. Ya somos una sola carne. Tiene hasta nombre y fecha de nacimiento. No, mejor dicho, fecha de encarnación. ¡Oh no! Soy un a biomáquina y no me había dado cuenta de ello.
El viernes asistí a un nuevo parto. Las putas promiscuas de mis piedras, -esas que llevo dentro- se aparearon nuevamente y dieron a luz una roca. Ay el esperpento otra vez, y su madre odiándola sin siquiera tocarla para entrar a la sala de espera. Ella y sus piedras desparramadas en una silla, mientras la niña pequeña se espantaba de ver a ese ser convulsionante y doliente. Rogando al cielo otra oportunidad. Queriendo cometer matricidio, aún sin saber si esa roca era hija suya o no. Igual, el esperpento seguía retorciéndose sobre la silla y nadie la miraba más que con desprecio. Esa roca debió ser muy altanera, porque pocas horas después pugnaba por salir desde el lugar más difícil de todos: el cráneo.
This woooooooooorld... I'm afraid..... Is designed for crashing bores....
I am not one... I am not one... And yet you can... take me in your arms and love... love me loooove me.
Ese claim de Morrisey es lo único que queda por decir, escuchar, entonar, cuando los taladros llegan impíos y pretenden agujerearte el alma.
Pero debo decir,
I'm back.

jueves, noviembre 30, 2006

La extraviada

Bebamos alegremente de este vaso
resplandeciente de belleza
y que la hora efímera
se embriague de deleite.
Bebamos con el dulce estremecimiento
que el amor despierta
puesto que estos bellos ojos
nos atraviesan el corazón.
Bebamos porque el vino
avivará los besos del amor.


Señorita, usted está perdida. Sí, ahora hay que buscarla. Buscarla en una sala de teatro, con las mejillas mojadas y el estómago hirviendo. Con el sudor que podría haberse congelado a su salida, formando cristales en su frente. En el receso con té de naranja y canela y dulces de coco acaramelados. Coma diabético. Orejas y cachetes rojos, ojos insultantemente lacrimosos. El conductor de radio mirándote sin cesar, buscando algo en tu mirada violácea. ¿Ojeras?
Usted está más perdida que nadie, es impresionante su extravío. Violetta, Violetta baila en su salón dorado. Violetta ríe y canta. Violetta, cortesana decimonónica, bella, admirada. Ella, tú, aire insuficiente, espasmos bronquiales. Ay Violetta, no sientes nada, embriagada de música y caricias. Violetta líquida, desparramándose entre las manos que sostienen las copas. Embebida en la delectación y siendo bebida por los otros. Galantes acompañantes de noches prolongadas, amaneceres rotos en la madrugada. Tardes estancadas e inactivas. Sólo la noche.


Yo quiero compartir
mi alegría con todos vosotros;
todo en la vida es locura
salvo el placer.
Alegrémonos el amor es rápido y fugitivo.
Es una flor que nace y muere
y del cual no siempre se puede disfrutar.
Alegrémonos pues una voz encantadora,
ferviente, nos invita.
Violetta que huye del dolor como soldado malherido al estruendo de las bombas. Violeta marcial dando vueltas al amor que no quiere recoger, que no debe recoger. Ella, tú. Señorita extraviada. ¿En dónde encontrarse? En finas esencias, en champagne fino, en joyas vistosas, en hombres bellos y elegantes. En risas malheridas. Escupiendo sangre sobre el sillón de terciopelo. Y que siga la fiesta, que el baile debe continuar. Ay usted Violetta Valery, no le teme a nada. Usted es bella y joven y no debe tener ningún motivo para sufrir. Lo suyo es el placer infinito, el incuestionable olor de la lavanda. Violeta como tus ojeras. Como la luz de neón, fría, inerte. Último respiro. Efervescencia que anuncia la tragedia. Carcajadas que son el trepidar de caballos negros. Trac trac trac. No entres Alfredo, no lo hagas. Que Violeta no quiere quererte, que Violetta tiene miedo de quererte, que Violeta va a caer, que está en el borde, que se sostiene de una copa de vino y del brazo del Barón. Que Violetta está con el hacha sobre su cabeza.
Ay Alfredo, qué has hecho. Luego de regresar de su receso entre señores elegantes y mujeres de mediana edad, todas rubias, Violetta se ha enamorado de tí. ¿Tú, ella, yo? Alfredo ingenuo, enamorado y entregado. No perfectible, sino terminal y absoluto. Usted señorita lo ha entregado todo, todo. Ahora, en su retiro, la felicidad sin substituto la envuelve hasta depositarla dulce sobre su lecho. Ya no tose. Usted está curada por la omnipotencia del amor. No, ella no lo cree. Violetta duda, pero aún así está completa. Y se despoja de todo, se desprende de sus adornos y vestidos, de sus joyas. Se desnuda, se baña. Se limpia. Es Voletta por fin.
Y entonces, el anuncio de la tragedia, el corifeo llega con abrigo color vino. Habrá sangre salida de sus entrañas. Habrá adiós, habrá todo eso que ella ya lo sabía. Sí, de antemano. Y entonces, el acto de amor: El sacrificio, el misterio de la cruz, la sangre salvadora y redimidora. El amor puro y purista. Violeta crucificada. Arrojada y malinterpretada, regresando a las lides voluptuosas, ya sin alma. Vaciada. Esperando que la tuberculosis cumpla su trabajo. Y Alfredo desahuciando su amor en un último acto/escupitajo: Toma tu sacrificio, toma tu sangre, te la pago, te la devuelvo. Violetta regándose de la copa, sobre el piso.
Ay las miradas señorita extraviada. Ya nadie te ve Violetta, esa gente que ríe detrás de tu ventana ya no está. Alfredo te sonríe. Él vendrá. Él sabrá por fin que eres real. Pero será demasiado tarde. Febril te mueves por la habitación, sosteniendo la misma nota en un beso de 40 grados. Lágrimas vertiente de río. Oh señor ten piedad de esta extraviada. Y por toda la habitación regando sus camelias sin aroma, cree estar sana y fervorosa. La efervescencia postrimera. Ahora se desliza blanca y violácea entre la última gran verdad...
Los espasmos del dolor
han pasado.
Siento renacer en mí
un vigor extraño.
¡Ah!. Vuelvo otra vez a la vida
.
La extraviada, la extraviata, la traviata...

martes, noviembre 28, 2006

La sinceridad de un chicle viejo

No sé si en realidad necesite estar constituida en algo. Si tengo que estar atenta o no. Si debo guardar información imprescindible o no. ¿Es imprescindible en verdad esa información que guardo? No lo sé. Hoy es uno de esos días partidos por la mitad. Día de sábana enredada. Día de lluvia incipiente y mediocre. Hoy no quise pasar por el filtro de la contextualización, y estuve huyendo hacia mis mundos de letras. Auto referente todo el tiempo, meta sujeto sentado en la vereda, leyendo la única parte de la revista que le interesa: la que escribí yo. Y aún sé que esas líneas son un remiendo de lo que soy, unos zapatos de cuero falso. Lo malo que los demás creen que es cuero y lo utilizan como tal. No, ni siquiera estoy segura de esto último. Ok, no me ha pasado nada que no navegue dentro de mí misma, Amaru, aún puedo decirte que la proyección de tu doble vida nocturna, en la que soy un personaje inquietante e inquieto, estará acercándose a la puerta. Tocar la puerta. Toc Toc. No, sé que perderme en laberintos bien estructurados y definidos no es la solución a la inconsistencia de la realidad. ¿Quién quiere verme chateando en una reunión social? Yo, despreciando la carne y el contingente humano a mi alrededor, por vivir la meta palabra. Con tantas “metas”, ya casi parece que voy a tener tesón alguna vez. Por eso el convertirme en fantasma urbano que pasa entre la gente sin ser vista, con un libro, papel, revista, periódico bajo el brazo, es la postura más decente que encuentro el día de hoy. En un impensado acto de fuga, salto hacia las palabras que me esperan estáticas, con su estética pelotón, y reemplazo el acto fisiológico de la comida, por un periódico que no dice nada. Nada salvo tratar de devolver lo amorfo de la vida en un acto/arte geométrico. Y tratar de entender al arte como un compendio de actos citadinos, de agendas y crónicas de eventos, de obras, de presentaciones, de exposiciones, de conciertos, de eso que es una necesidad de colectivo. De eso que es querer dar forma a una sociedad informe. De eso que es mostrar el frénetico paso del tiempo. Y la angustia producida por él. Por esa animosidad de querer abarcarlo todo, de no perderse de la vida. Y a la vez, esconderse detrás de las macetas, con una hoja de periódico, mientras pienso ¿Por qué no traje el diario completo?

Así, la angustia de la “desinformación” se contrapuso a la de la acción. Me encierro en sobre-realidades hipertextuales, o me desbarato en posar la carne sobre el asfalto, agarrarme de un automóvil en marcha, y dejarme arrastrar por toda la ciudad. Por la ciudad y sus construcciones. Por la ciudad y sus hijos, que, como lo dije en un post anterior, son mis hermanastros malvados. Sí, a lo Cindyrella. Mis desvaríos de personaje de fábula, con mis psicosis colectivas y todo. Con mis traspasos y transfusiones de sangre, sudor, lágrimas y demás humores. Con la capacidad de alteridad alterada. Eso y nada más.

Dudo, dudo mucho, no del resto, sino de mí. Y de ti también, de lo que somos, de quiénes nos ven, de cómo nos reconstruyen y de todo eso que llevamos cargando en esas falsas áureas de metrópoli pueblerina en decadencia. Disfrazada de Europa. Voy al teatro, compro entrada para El Pipa, y digo amo el flamenco, y me convierto en una espectadora snob más. Sí, eso. Allá los que me creen, si ni yo misma sé de dónde vengo. Probablemente conozco menos de la vida que un albañil, y sin embargo estoy haciendo alharaca en este blog, que quién sabe para qué coño lo abrí. Por otro lado, creo en la palabra y en su omnipotencia. Y en lo impenetrable e invulnerable del lenguaje. Pero, lastimosamente no todos lo hacen (y yo tampoco a veces) y entonces se comenten ligerezas. Casi como escribir baca o vurro. Y por si esto fuera poco, las premisas se convierten en realidades, y ahí si pasan cosas como que existe el apellido Baca, y en este caso, ya no se puede hacer nada más que sentarse a reir. De mí, de ti, de ellos y de todo. Y de todas las patrañas que leo, que escucho, que miro, que digo y que me dicen. Sí, eso. No tengo nada más que decir salvo que convertiré todo esto en una fábula sin moraleja, para poder sobrevivir. Todo es ficción señores, no traten de buscarle el escondrijo a mis palabras. Son lo que son y nada se parece a nada, ni menos aún es verosímil.

Yo soy todo menos verosímil, es decir, no me parezco a la verdad de nadie. A la que cada cual sostiene de mí, por eso, seré personaje maleable, pero sepan que abandono ese personaje, le despojo de alma, y que quede como globo desinflado y que cada cual le rellene con lo que quiera. ¡Que vivan las autonomías! Y los títeres separatistas. Que viva el manoseo, el maniqueísmo y la manipulación consciente. Que viva todo eso, pero lejos de mí.