Ídolo

Ídolo
Morrissey

miércoles, agosto 22, 2007

Por un puñado de dólares o como matar sanos

El poder de desmenuzar y quedarse con lo más impactante. ¿Existe acaso alguna manipulación que sea beneficiosa? Y lo digo porque manejar la totalidad de la información resulta imposible. En estos tiempos, luego de que los conceptos de conocimiento y sabiduría están relativizados, no es viable saberlo todo. Posiblemente día a día, la información se incremente cual bacterias en caldo de cultivo, a la vez que la solidez del pensamiento y su evolución se estancan dentro de un modelo de crecimiento socio cultural en donde, aquello que “hay que saber” se ha convertido en un guión armado gracias a esquemas reproducibles. En copias y reproducciones calculadas de un desarrollo que apunta hacia el mantenimiento de un establishment de acuerdo con las leyes del mercado. Y queda demás decir que el Capital cada día más rige sobre el Estado, lo quieran o no.

Precisamente ese conocimiento que día a día se nos va de las manos, es transformado en coyuntura e información desechable, para que finalmente las esferas de poder puedan llevar un control total del contexto. Sin embargo, y pese a que ciertas maneras y recursos reveladores puedan sonar maniqueístas y parcializados, muchas veces son necesarios estos desmembramientos del juicio de las cosas. Total, la reproducción fiel de los hechos es irrealizable, y dentro de toda composición de juicio y pensamiento hay siempre un criterio selectivo. El hecho del lenguaje ya implica una selección y una acomodación de acuerdo con la lógica sintáctica. Uno piensa como habla. Es por ello que en este punto hablaré del cine de Michael Moore, el cual es tan punzante, decidor y revelador como parcializado y selectivo. Es el gran tomador de la parte por el todo, sin embargo aunque su función de vociferador de los sin voz, de héroe chismoso y protector de los pisoteados aveces puede sonar autocomplaciente, la importancia de las “verdades” que destapa no pierde valor frente a los recursos que utiliza para conseguirlo. Su agudeza radica en el lenguaje que él mismo se ha fabricado. En esa ironía “ingenua” y a la vez sagaz que maneja a la perfección.




Esqueletos informados





Siguiendo la misma línea argumental, estética y narrativa, Sicko, el último documental del contestatario Moore, es una nueva denuncia al sistema capitalista neo liberal, desde el negocio infame de las aseguradoras privadas. Increíblemente el “american dream” no cubre el aspecto de la salud de la población, y en EEUU básicamente si usted no tiene un seguro de salud privado, ya puede irse muriendo antes de hora. Pero según lo que muestra el documental, lo más terrible no resulta ello, sino la inverosímil y hasta ridícula realidad de las compañías de seguros, que de seguro dejarán morir a sus clientes por “un puñado de dólares”.

No soy amiga de contar las tramas de películas, pero necesariamente debo remitirme a un hecho presentado en el documental: el inicio de toda esa patraña. Nixon. Por supuesto, quién más si no. Aquel hombre sin sangre en la cara que fue capaz de mentir sin inmutarse a un país entero (por no hablar del mundo entero), quien no conforme con acabar con sus pesadillas rojas, quizás fue el mayor gestor durante la segunda mitad del S.XX de la construcción del sistema como lo conocemos hoy. No hay nada gratuito en las políticas de manejo gubernamental que actualmente vive ese país (y muchos otros), ni en la construcción de la sociedad como la conocemos hoy. Favorecer siempre al capital, lo que se traduce simplemente en el enriquecimiento de los de arriba. Todo ello con la simple ecuación: menos servicio, más ganancia.

Y así, mostrando las argucias simplonas pero prácticas y funcionales, el negociado aplicado al sector de la salud es desvelado, lastimosamente sin mucho eco hasta ahora. Una cinta magnética (quién sabe cómo la consiguió) que contiene una conversación entre Nixon y algún asesor, nos deja perplejos al mostrar un diálogo al más puro estilo “el malo de la película”. Sí, increíblemente allí se habla del “excelente” negocio de las aseguradoras privadas, con risitas malvadas de satisfacción y todo. Y yo que pensaba que eso sólo pasaba en los dibujos animados que ve mi sobrino o máximo lo escuché del señor Burns de los Simpsons…

Todas las artimañas posibles e imposibles se barajarán para que si usted tiene cáncer por ejemplo, su tratamiento sea declarado como “no necesario”. Gente limpiando su conciencia y exponiendo los mecanismos de estas empresas ladronas, quienes luego de recibir bonos económicos por más pacientes rechazados, se les cayó la moral al piso y decidieron hablar. Casos y más casos de ciudadanos americanos, quienes al no tener seguro médico estatal (En los EEUU no existe la aseguración universal), han debido quedarse en la calle por pagar sus cuentas, ya que las empresas de salud contratadas, simplemente buscaron mil pretextos para no autorizar tratamientos, aún publicitándose con cobertura total. En su tradicional estilo jocoso, Moore presenta el listado de los cientos de condiciones preexistentes por las que un paciente podrá ser rechazado: con la música de la guerra de las galaxias y el fondo de pantalla espacial, las palabras se suceden unas a otras como en los créditos eternos de una película interminable. Y por otro lado, los peores casos: gente que ha muerto por enfermedades graves cuyos tratamientos y medicinas fueron denegados.

Por otro lado está la compra de poder. Uno a uno desfilan los senadores con un recuadro que les persigue cual su sombra mientras entran en alguna sesión especial u homenaje de cualquier cosa. Cada uno de estos letreritos muestra la cantidad con la cual fueron comprados por las grandes empresas de seguros y las farmacéuticas. Incluso Hillary Clinton, quien sería boicoteada por querer aprobar una ley de salud universal, lucía muy tranquilamente su cartelito de cifras (editado por el cineasta, claro). La esquizofrenia paranoide y psicoótica del comunismo está bien protegida detrás del mundo de la fantasía. Solo está admitido en el cine y uno que otro librito, eso sí, sin que se suba ni medio tono del tono permitido.

Quién diría.

Un pobre médico "comunista" inglés, pagado por el estado, quien vive en una casa de un millón de dólares...


La otra cara de la moneda -y allí es cuando más hecha mano del sarcasmo- son los viajes utilitarios a países con aseguración de salud universal, para mostrar que incluso en el primer mundo los “estatal” no es sinónimo de comunismo. Países como Canadá, Francia o Inglaterra en donde médicos, hospitales y demás servicios de salud son pagados por el estado pero con dinero del pueblo. El sistema de impuestos. Al parecer y según lo que Moore nos quiere descubrir, ello funciona. Y tanto así nos lo muestra, que no duda en llevar a Cuba cual balseros a un grupo de héroes bomberos del 11-S, en donde, por supuesto, la salud es gratuita. El grupo de héroes enfermos es atendido y más de una lágrima se derrama al ver cómo sus medicinas son irrisoriamente baratas allí, y son tratados como gente…

Muchas reflexiones quedan, esto es simplemente un pequeño sacudón. Aunque Michael Moore retacee la realidad y la presente a su conveniencia para denunciar un hecho social, no deja de tener un papel relevante su activismo desde el cine. Si John Lennon desde sus happenings y sus canciones bregó algún día por la paz y fue la piedra en el zapato del sistema, hoy en día necesitamos aún más esas voces desde las artes, con todo su contingente virtual y su poder mediático para de alguna manera despertar a la población del sueño narcótico en el que vivimos… No hay que subestimar el poder del show. Y después de todo, siempre es necesario un escupitajo al sistema…

miércoles, agosto 15, 2007

Cine Orgánico

Entre “Freaks” de Tod Browning y “Spun” de Jonas Akerlund podría decirse que existe un abismo infranqueable, sobre todo tomando en cuenta la distancia temporal de ambos filmes. Sin embargo, ambas películas comparten por así decirlo, un mismo espíritu. ¿Por qué saco a colación estos paralelismos forzados? Pues ayer he visto ambas películas –una detrás de la otra- y guardando las distancias sensitivas, he experimentado al ver ambas un hermano retorcimiento corporal. Por no hablar de lo visceralmente explícito de cada una. A su estilo, estos dos filmes persiguen y consiguen estremecer al espectador tras el uso y abuso (abuso no en el mal sentido) de una estética orgánica, anatomista y deformista. No únicamente el hecho de que Freaks presente como elenco a fenómenos de circo viene a ser el único recurso estético dramático que muestra la degradación de la carne: en Spun esta degradación es voluntaria y anti natura. Es una degeneración orgánica producto del consumo de drogas (la famosa meta anfetamina, Christal meth). Y es anti natura, a diferencia del otro caso, porque es causa directa de una acción concreta que aunque puede volverse autómata, es primordial y originariamente volitiva.

Está por demás decir que los protagonistas de ambos filmes son una tarea de Freaks, cuyas diferencias sustanciales pasan básicamente por la forma: ambos tipos de seres son despojos de una sociedad que no admite extremos de ningún tipo. Estos entes terminan convirtiéndose en seres “borderline”, escupitajos de la normalidad, indigestión de un banquete status quo. Una aberración de la normalidad. Y es precisamente en ese medio en el que sobreviven muestra el contraste con las exigencias de las construcciones y los aditamentos sociales que se hallan afuera de los perímetros de las mini sociedades que se han erigido para poder medianamente sobrevivir dentro de un medio que ya no es suyo. Un medio que los ha arrojado al margen de la vida.

Mucho se ha tocado el tema de la marginalidad en el cine, y sus diversas causas y consecuencias. Normalmente las causas parten de la exclusión social debido a la pobreza derivada de los modelos clasistas. Pero en el caso de Freaks y Spun, es la degradación del cuerpo la que arroja a estos seres al borde incluso de la realidad. Un infra realidad –por usar un prefijo que se acomode al caso- que parece estar constantemente pisoteada por lo evidente y sobre expuesto de la normalidad.

Freaks y Spun, como lo dije anteriormente, son películas de diferente género, estilo, estética y sobretodo concepción cinematográfica (mucho debido a las distintas épocas en las que fueron hechas), pero comparten una fibra en común: son películas altamente visuales, hay un efectismo logrado a través de lo orgánico, y cierto sensacionalismo que finalmente apela a una racionalidad dormida, que da paso casi exclusivamente a un teatro de sensaciones visceralmente estremecedoras.

jueves, agosto 09, 2007

Entre las hojas de la NEWSWEEK y un milhojas...

Por momentos la gente parecería tener miedo de sí misma. Nunca habrá suficiente recato si de mostrarse correctos se trata. Pero esa corrección de comportamiento es muchas veces insulsa. Demuestra nada, y nada más que una necesidad profunda de no ser otro. De no ser “el otro”. Ese espanto corregido y censurado es el que, al identificarlo en cierta gente, me molesta e incomoda.

Un almuerzo genérico de un seminario x, puede convertirse en un interesante escenario sociológico. Pero no soy socióloga y por momentos lo único que me pregunto dentro de esos momentos “correctos y corregidos” es: ¿dónde dejé mi corrector”. Posiblemente en la computadora o en el lavabo. Sin embargo, ya que hay veces en las que el contacto humano está predestinado aportar en una conversación oral tanto como un sordomudo, nunca faltarán las intertextualidades y las meta realidades. Así es, por ahí inicia el famoso “sociólogo”, tan odiado el pobre en nuestros medios por querer anticiparse al otro. Y lo que no sabe es que ese otro no quiere serlo, como ya lo dije anteriormente.

Entonces, luego de vencer el pánico escénico y el miedo/apego a la soledad (tillos), vinieron los concernientes: permiso, me puedo sentar en su mesa. Seguro, no hay problema. Y por consiguiente, las tan temidas preguntas políticamente correctas y los intentos fallidos de romper el hielo con una hoja de papel enrollada. Preguntas de reconocimiento, escáner insulso de vida. Dime en qué trabajas y te diré quién eres. Respondí vagamente y a continuación me dispuse a preguntar nada, prefiriendo leer mi ejemplar del NEWSWEEK obsequiado a la entrada. Consideré que siendo el ser humano sobretodo “posibilidad” –como momentos antes había oportunamente acotado el conferencista- decidí que era bastante posible divertirme más leyendo un reportaje sobre Angelina Jolie y su trabajo social con los refugiados. Su belleza me puede más, lo siento. Luego, quizás la política ambigua –ni chicha ni limodanesca- de Sarcozy seguramente sería más interesante que aquellas conversaciones profesionales de las que me excluí y de las que prontamente fui excluida. Probablemente sea yo la que me equivoque y esté alterando la alteridad al no querer hacer casas con planchas de conglomerado. Prefiero el ladrillo.

No pude evitar sentirme prematuramente extrañada (tardíamente quizás) de aquella llámese pose, postura, posición de eficiencia por sobre todo. Esa eficiencia que quiere convertirse en el nuevo término de moda dentro del mundo empresarial: la excelencia. Calidad Total. Se me paran los pelos al decir esto. El trío a mi derecha notó levemente mi existencia (quizás a causa de una de mis intensas miradas a sus gestos, sus platos de comida, y sus costumbres alimenticias y verbales), ellos preferían concentrarse en demostrarse eficientes al cien por ciento y por supuesto, ser el trío de la excelencia dentro de la empresa para la que trabajaban. Según lo que lograba escuchar, laboraban en un periódico, pero no pude adivinar cual ya que criticaban a cuanta gente consideraban reprochable y no pude reconocer ningún nombre de los que pronunciaron. Me dije: no son ni del Hoy ni del Comercio. Por supuesto, a lo mejor sí lo eran pero mi suspicacia no llegó a tanto.

Mientras, los dos de mi derecha, un hombre y una mujer ,(de otro nivel social) hablaban del sector público y del cochino poder que te corrompe y te quita la perspectiva. “Yo lo experimenté, cuanto tuve un cargo alto, me volví déspota y cambié, lo acepto…”. La chica perteneciente al trío de la excelencia me revolvió el estómago desde el primer momento en que la escuché ¿Recuerdan el tristemente memorable acentito aniñado de la papa en la boca? Sí señores, ¡todavía existe aquel hablado adolescente dentro del mundo de los adultos! No puedo decir nada más que una cosa: insoportable. Ella por supuesto era no solo la fiel representante de la corrección y la compostura, sino del mal social lingüístico que se ha convertido en un mal de pensamiento, por lo tanto de reflexión y análisis. El empobrecimiento de los adjetivos por el traspaso “equivalente” de términos sacados de una jerga mediocre y poco ingeniosa, que es la que padecemos ciertos quiteños. Todo es súper chévere, súper bacán, del puctas, tenaz, focazo, loco o una bestia. Y con eso se describe el mundo.

No tengo nada en contra del argot popular y los fenómenos socioculturales de los que procede y que genera. Pero insisto, es una jerga que dista mucho de la sagacidad y que la verdad es poco representativa de nuestra realidad, ya que somos esponjas de los otros -lingüísticamente hablando- y muchos de estos términos son tomados de jergas de países vecinos y ni tan vecinos. Este pseudo argot es un alcahuete de la pereza mental y el facilismo. Además de ser el tapa huecos de padecimientos generalizados como el ensimismamiento, el cual es una de las causas de la baja capacidad del serrano-andino para expresarse elocuentemente. Mis generalizaciones podrían ser arbitrarias, pero simplemente estoy lanzando teorías susceptibles a comprobación.

Por supuesto que hay gente en esta ciudad que habla impecablemente, aunque generalmente son “viejos” y cultos. ¿Es tan inalcanzable el expresarse correctamente para el común de los mortales? ¿Por qué otros hablan mejor que nosotros? Sí, otros. Javier Darío Restrepo (¿acaso no hay otro apellido en Colombia?), conferencista invitado para dictar el seminario “Responsabilidad social de los medios de comunicación” (vaya qué oportuno y oportunista seminario) es un común representante de la elocuencia colombiana. Esa capacidad oratoria (o muchas veces de labia) que es casi patrimonio del país contiguo nos hace pensar en una conspiración de Dios o de Manco Cápac y Mama Ocllo. ¿Quiénes éramos antes de ser conquistados? ¿Qué pasó con este pedacito de tierra que no ha podido sacar por ejemplo escritores ilustres de talla internacional? La tan mencionada invisibilidad de nuestra literatura que parte de ese ensimismamiento rayano del autoexotismo. Pero este ya es otro tema, algún momento lo trataré. Lastimosamente nos quedan cantidad de preguntas sin respuesta, que únicamente se pueden resolver medianamente con aproximaciones y normalmente con nuevas quejas…
Quizás todo parta de ese miedo de ser “otro” y de quedarse estancados en el sí mismo. Pero un sí mismo procedente de un yo colectivo que es un modelo absurdo de comportamiento, ciego y arbitrario, impuesto por quién sabe quién. Por lo tanto, eso de la pluralidad y la multiculturalidad, para el caso no sirven para maldita la cosa, y terminan convirtiéndose en términos apologéticos y paternalistas que se utilizan como estratagemas para referirse a los excluidos. Quienes por supuesto dejan de serlo el momento en el que se meten en el ruedo y dejan de ser “el otro”. Cuando aceptan la lógica del juego y se homogenizan con el yo reinante, entonces comienza el nuevo round de desconocimientos y exclusiones.

Y es tan fácil a la vez ser prófugos del sentido social y oler el miedo de los otros, reconocer su yo tiránico mientras se lee una revista y el almuerzo termina con platos casi llenos en donde se observa claramente que guardar la compostura y ser correctos es no demostrar ansiedad por la comida ni apetito desenfrenado (comerse todo el plato, dentro de ésta lógica, sería signo de aquello). Comer vegetales es síntoma de debilidad o de tonta confianza (eran vegetales cocidos), y engullir la cantidad total de los carbohidratos presentes en el plato (eran solo unas cuantas papas en trocitos) demostraría la más necia ignorancia en asuntos de nutrición: engorda. Por lo tanto, lo socialmente aceptado es bajarte todo lo que sea proteína animal y así dejar tu plato decorado con un verdor saludable…

Por supuesto, se tiene ciertas licencias. El postre imperdonable para todo quiteño será el deseado milhojas que según mis observaciones, es el favorito de todos. Ese puedes comértelo todo y no habrá problema. Es el último de los postres que yo escogería, tomando en cuenta que amo los dulces…

Increíble, el almuerzo terminó y al menos en mi mesa, si había un concurso de quién comía más, ganaba yo. Todos se levantaron para acercarse a la mesa de café con la intención de “bajar la comida”. Yo pedí un agua aromática, una solitaria y absolutamente impopular bolsita de manzanilla…

miércoles, agosto 01, 2007

Soy un hombre divertido...

Señoras y señores, este blog ya cumplió un año de existencia. Así de rápido, como dicen que ahora los días desde mediados de siglo en realidad duran 16 horas...


Happy Birthday to him.




Para celebrar tengo chocolates y una ventana de octavo piso desde donde veo la ciudad achicharrándose con este sol veraniego que ya me está colmando la paciencia. Aunque ello contribuya a que la ciudad pueda poner su mejor cara a los foráneos (léase alcaldes bolivianos que vinieron a copiar proyectos).



En fin, el verano ya se estancó, y la quemazón de los rayos solares entremezclada con vientos mentolados genera la eterna paradoja citadina. Nunca un verdadero frío, nunca un verdadero calor. Por eso, insisto, las incoherencias habituales son aceptadas con tranquilidad. Un buzo negro, unas botas de invierno, un poncho (sí, un poncho) y demás ingeniosas e incongruentes vestimentas se pasean por las calles contaminadas de Quito.


Siempre se podrá tener algo de frio, hasta en el calor más pomposo...




Un librito sobre mi gente linda...
Bueno, los pensamientos empiezan a cuartearse como tierra seca, o quizás sería mejor como edificio luego de un sismo...

Esa misma incongruencia de vestimenta producto de lo insólito de las incompatibilidades climáticas es la culpable de las escisiones dentro de la lógica urbana.


Y esa lógica desmembrada es aquella que deja espacios de pensamiento huecos. La pérdida del sentido común, o el reemplazo colectivo del mismo por una visión estrecha e incuestionable. El estancamiento de una ciudad que en sus construcciones materiales se "transforma" pero cuya lógica urbana y pensamiento colectivo se hallan en el más terrible enfangonamiento.


Por lo tanto, si cumplo un año más frente a este computador, significa que finalmente he aceptado los ciclos. Y la estructura temporal tal vez no sea tan solo una ilusión.

Por último, dentro de los manoseados silogismos y argumentaciones de este blog, me decidiré por realizar una fiestita virtual, con serpentinas, piñatas, ollas encantadas, payasos, magos, y el inigualable juego de las sillas ambientado con la no menos genial canción "soy un hombre divertido" de Wilfrido Vargas. Están todos invitados, y está por demás decirlo: el que quede último con la silla, gana.




¡Salud!





La piñata en proceso...

viernes, julio 27, 2007

37º2 en la mañana...


¿Dónde estás, Zorg?


"Ça fasait longtemps que je cherchais un sens a ma vie. Betty était la chose la plus importante qui me soit jamais arrivée..."

Sin la memoria fisológica que al menos me prevenga de lo que vendrá después... Como el insoportable aquel que narra la película detrás de nuestra butaca en el cine. Con esa ventaja de segundos que nos permitirá conocer un final sin tener que pasar por él. Podríamos decidir salirnos a media película y quizás quedar algo salvos del mal final de una película mediocre.

Sin la memoria corporal que me anuncie la llegada del día y me deje abrir los ojos a las 7am. Sin esa memoria. Con 37º y profundamente dormida. Saber que no se es. Que simplemente no se es, y que más nos vale servir para algo. Que es mejor eso a nada. Es mejor soñar que en una calle cualquiera de la ciudad pasa Sting con su facha soft punk de los ochentas... y que no pasa nada. Solo miradas inofensivas. Un sueño preciso y mediocre, sin riesgo alguno para las emociones.


Nunca pensé que preferiría el silencio. "Es mejor vivir solo hasta el día en el que uno no llegue a hablar estupideces". Estupideces incontrolablemente esclavas de la senectud y su sintaxis prófuga del sentido. Sostener un discurso sin olvidar los sustantivos.

¡Por Dios, qué imprescindible es sustantivar!

Llamar a las cosas como son. Pobres abuelos, se olvidan del nombre del objeto, mas no de su función. Quizás un boicot neuronal que socapa un miedo, se esconda detrás de eso. Lo innombrable, simplemente no existe. Pasa a ser absorvido por la dimensión de las palabras y su semántica. Y en esa no-existencia del sustantivo, cualquier acción se anula. El verbo existe en función del sujeto, sin él, su existencia linguística pasaría a ser meramente fonética. Ruidos. Todo lo que no tiene nombre, deja de existir... Y el que tiene oídos que escuche, como ya lo dijo jesuschrist (léase en inglés para que suene más bonito).



¿De qué vale saber para lo que servimos pero ser nadie? Anular la acción por dejar que los momentos se sucedan sin ser dueños de sus propias riendas.

¿Usted cree que tiene un nombre y eso es suficiente? En verdad no se ha dado cuenta de que su función objetiva cambia cada segundo. Usted es utilitario para sí mismo y para los demás, y sus acciones marcan la etiqueta que reluce a lo largo del día o a lo largo de toda su existencia...

En fin. Ahora mismo soy tipeadora, soy escucha y soy oficinista. Más luego seré transeúnte y después pasajera. Por solo narrar las funciones mecánicas y superficiales de un momento, dentro de un día común. En fin, a quién le importa.

El problema está en lo borrascoso y lo difuso. En eso que no se halla, que se busca y jamás se encuentra. En mirarse al espejo y decir: ¿Cuál es el sustantivo para esa función que sé que existe pero que no la puedo hallar?



Betty está buscando algo que no existe...

Por eso, hasta encontrar a Zorg, hasta siempre....

Donde quiera que esté... hasta mientras, mi mejor cara de nada, como alguna vez alguien pusiera de comment en este blog...

O mejor, la mejor cara uni gestual del rey de la nostalgia jocosa:




acompáñese esta foto con Downtown Train de Tom Waits






lunes, julio 23, 2007

Un domingo en el estadio o el boicot de la prudencia





Yo solo quisiera poder recordar todos los insultos del viejo desdentado que estaba sentado detrás mío, para poder volver a reírme. Un racismo contextualizado a la bipolaridad anímica de un partido de fútbol. Quito-Liga. Jamás fui a uno. Nunca estuve en un partido del campeonato nacional (¿sería de eso?). Es más, la última vez que fui al estadio a ver un partido de fútbol fue hace diez años...
"Negro sucio anda mejor a vender cocadas". Xenofobia pura si descontextualizamos el insulto. Pero dentro de los graderíos del estadio, todo es aceptable. Es más, mientras más grite e insulte, mejor. Usted es un buen hincha. Pasional. Escupa el hígado o el corazón tranquilamente. No pasa nada. Si durante la semana usted es un ser gris absorbido por la rutina, si tiene un talante pusilánime y laxo, este es el lugar preciso para acelerar las revoluciones de su cerebro y de su lengua. “Al estadio se va a descargar”. Sin duda, la mejor terapia antiestrés que muchos hombres podrán encontrar.


Yo por supuesto, ayer domingo no tenía la más mínima gana de presenciar un partido desde las gradas de general. Sin embargo, mi amigo me convenció “para aclimatarme”, ya que no nos dejaron entrar a hacer la entrevista que debíamos realizar, porque que no teníamos carnets de prensa acreditados por AFNA. ¿Qué demonios es AFNA? No importa. No teníamos plata, apenas juntando centavo por centavo nos alcanzó para las dos entradas. Mientras, una barra de la Liga en los exteriores del estadio cantaba y saltaba alentando al equipo. Mi amigo tomó su cámara, instigado por mí, y se puso a grabar el barullo. De repente, un muchacho pelilargo y algo hosco: ¡no filmes loco, apaga esa cámara!


La sumisión siempre funciona en esos casos. Mi amigo tranquilamente apagó la cámara y cedió sin chistar. Más le valió. Era la “muerte blanca”, una de las barras más bulliciosas, jaraneras y exageradas del estadio, así como una de las más temidas. En menos de cinco minutos fuimos testigos de un inicio de bronca con un hincha del Quito, quien por demás habría sido ganador, si la posible turba “blanca” no hubiese estado presente. Insultos iban y venían de un lado y otro. El muchacho fue identificado por nosotros simplemente como: malo malo. Un tipo veinteañero quizás, con cara de malandrín urbano temático: facha de metalero o hardcore punkie. Y qué decir de sus secuaces, todos llevaban la misma “línea de ropa”. Sin embargo, pese a la actitud crispada y audaz del truhán futbolero y sus prosélitos, el altercado no se dio. Continuaron gritándose desde lejos y ya que pasamos en plena línea de fuego de insultos, el muchacho malo malo miró a mi amigo y le recordó su pasaje al otro lado sano y salvo: ¡y vos! ¡Más te vale no seguir filmando!

No loco tranquilo, no estoy grabando.


Terminábamos apenas de respirar por la salvada aquella (ya nos habían advertido que a esa gente no les “gustaba” que les filmen, y que eran algo agresivos, por así decirlo), cuando en segundos piedra, palos y botellas empezaron a llover frente a nosotros. Los “muerte blanca” enfurecidos gratuitamente agarraron a un hincha del equipo contrario y golpes y patadas caían sin reparo. Logró escapar pero ahora el enfrentamiento era de lado y lado. Un par de policías sin voz de mando intervinieron vagamente, mientras nosotros tratábamos de protegernos de los artefactos voladores. La preocupación principal era el auto que se hallaba junto con otros tantos, en medio de la gresca.


Luego de lograr sacar el auto de allí y estacionarlo cómodamente en un centro comercial (oh bendita seguridad prefabricada), logramos entrar al estadio, al sector del Quito, ya que mi amigo es hincha de ese equipo. Entonces, con el sol desahuciante de las doce del día fuimos en busca de puesto. No había ni dónde poner un pie, salvo junto a la malla colindante con la “muerte blanca”. Conseguimos acomodarnos en las gradas, bastante abajo y cerca de la mitad de la cancha. No hay paz. Imposible seguir el hilo del partido cuando debes sortear el constante roce de un vendedor ambulante que desea pasar a gritos. ¡Papas con cueeeeeeeeeeeeeerooooooooooooo!


Por lo demás, decidí entonces adaptarme al momento que estaba viviendo. Maldito poder de concentración sin esfuerzo que nos ha convertido en seres ADD (atention deficit disorder). El facilismo de lo virtual llegando a mi propio discernimiento lúdico: descubrí que me es claramente más fácil concentrarme viendo un partido de fútbol por tv que en el estadio. Me costó seguir la pelotita, más no ser partícipe de una nueva mímesis. Si quería disfrutar y ser un Zélig más de la ocasión, debía tomar partido por uno de los dos equipos. Si estaba en la barra del Quito, entonces sería hincha del Quito.



Y así, emocionándome por cada llegada al área contraria, por cada intento de gol, fui partícipe de un fenómeno del estadio: el comentador solitario/colectivo. Nadie le habla al de al lado cuando de comentar o insultar se trata. Todos hablan para sí mismos pero con conciencia colectiva. Un extraño caso de ensimismamiento que trasciende las barreras del Yo. Cualquiera puede ser tu amigo, cualquiera puede ser tu enemigo, dentro de esa lógica. Insultos al aire, insultos dirigidos. Decepción por malas jugadas. ¡Por qué no le sacan si es un asco! Se adora a la idea abstracta de un equipo, como dice la canción: cielo y tierra pasarán más su palabra no pasará… Cientos de jugadores pasarán pero el equipo no pasará. Una analogía con la adoración a una deidad. De ahí la divinización del fútbol. El jugador como una unidad puede ser bueno o malo, pero eso no hará que el verdadero hincha deteste al equipo, porque el equipo no son los jugadores, ni sus individualidades, ni la suma de ellas. El equipo es, y existe más allá de eso.

En parte por eso el negro sucio se puede convertir en negro lindo si hace un gol. O el negro del equipo contrario será abucheado con onomatopéyicos uh uh uh uh (que emulan el sonido que emite un orangután). Esa idea de la trascendencia de las verdades y las seguridades es lo que me interesa del fútbol. Ese traspaso de congruencia pero no de sentido, ya que en el fútbol la lógica es precisa. Esa bipolaridad de sentidos y significados está manifiesta en el hecho de que es una batalla de dos bandos y se rige en un principio, por las reglas de la guerra. Además de las superposiciones que se pueden dar sobretodo por la estructura y la dialéctica con la que se mueve todo el universo futbolístico. Así tenemos la circulación de los jugadores que van de un club a otro, y los seleccionados procedentes de varios equipos. El método exige cambios de perspectiva por parte de la hinchada. Se puede amar y odiar en una misma lid, pero esa diferenciación inconsciente de momentos y funciones opera con una precisión asombrable.

El hombre desdentado no será un insultador profesional o altamente ingenioso, pero sus pasiones futbolísticas se mueven con esa lógica polarizada, adaptable y mimética. Zonas de rebote, una especie de zona franca, una franja de gaza en donde el racismo expresado abiertamente termina siendo inofensivo y jocoso. También el tino y la prudencia pueden sufrir sus boicots…
Finalmente creo que mi decisión fue acertada. El Quito ganó 1-0 a la Liga, cuando las esperanzas de gol estaban casi perdidas. La estrella del partido fue el arquero del Quito quien tapó todos los intentos de gol de su rival. Happy End.

miércoles, julio 18, 2007

La dictadura del automóvil

Quito. 12h00. 26º. Intersección de la República y la Amazonas, sector Parque de la Carolina y Mall el Jardín. Le invito a hacer la prueba del cruce continuo. Imposible. Deberá hacer por lo menos tres paradas entre cruce y cruce, dependiendo de hacia qué lado desea ir. Cuando el semáforo de la una vía se pone en verde, cualquier ser humano racional entendería que es el momento de cruzar, pero ¡NO! No lo haga, porque entonces quienes quieren curvar hacia la derecha le arrollarán sin piedad o por lo menos le pitarán, eso si logró salvarse de los poco ingeniosos insultos.





¿Por dónde mismo hay que cruzar vea?






Definitivamente Quito es una ciudad agresiva y hostil para el transeúnte. Su planificación urbana cada día obedece más a la lógica del automóvil, la cual vendría a ser la lógica del volante. La lógica del status quo y la comodidad. Una ciudad que cada día busca soluciones viales sacadas de un sombrero de mago, puesto que sus vías no dan más abasto para el incansable y creciente parque automotor, que de parque no tiene nada. Simplemente nadie estaría dispuesto a sacrificar su “nivel de vida” por volverse un mísero, pobretón o hippie transeúnte. Puesto que en una sociedad de linderos y anhelos de vida tan reducidos como ésta, tener un auto llega a ser una de las máximas metas sociales. Claro, dependiendo del nivel socioeconómico, ya que en el medio/alto, este artefacto es simplemente utilitario, e inconcebiblemente dejaría de existir dentro de su planificación de vida.





Transeúnte, según la tipología absurda urbana




Y entonces qué. ¿Acaso quienes preferimos usar nuestras piernas estamos condenados a ser la última rueda del coche? De ese coche que cree tener preferencia en cuanta calle y avenida aparezca un pobre caminante confundido por tanto semáforo que a veces debe sortear al vuelo. O simplemente hacer uso de la típica cruzada “indio bestia”. La cual, por demás funciona mejor que esperar un verde que muchas veces es tan falso como el bigote falso de Groucho Marx. Por ejemplo, en el semáforo que “permite” el cruce de una parada de Trolebús en la 10 de Agosto y República, se debe calcular el tiempo estimado que le tomará cruzar, ya que la duración del verde es más efímera que beso volado. Si usted llegó tan solo unos segundos después de que el muñequito se encendió en verde, de seguro se quedará a medio camino. Solución: Atravesar la avenida corriendo. Increíble la falta de respeto. Ni hablar de cómo cruzarán ancianos y discapacitados.





¿Será este el transeúnte típico?





Por otro lado está el problema de la contaminación y lo irrespirable que se vuelve esta ciudad, más aún en verano impío. Por supuesto quienes viajan cómodos en sus autos no sentirán directamente sus efectos, ya que con los vidrios cerrados y el aire acondicionado de alguna manera se palian las molestias inmediatas. Igualmente estarán respirando aire contaminado, pero no tendrán que pasar por el terrible baño de esmog que un bus lanzará al infortunado aquel que se halla esperando en la parada…

Entonces, si esta ciudad se adapta día a día a esa estructura lógica que elimina el tránsito humano por el tránsito de máquinas, estamos nuevamente obedeciendo a esquemas de vida que van reduciendo los espacios subjetivos y los trasladan al dominio del objeto. Una constante deshumanización que parece no tener fin, en la cual, sociedades poco creativas y administraciones mediocres, aceleran un proceso innecesario con el único fin de mantener contentos finalmente a quienes representan el grupo de mayor poder adquisitivo. Contrariamente a otras ciudades y a grandes metrópolis mundiales, ser un transeúnte y no tener auto en Ecuador, significa ser chiro, es decir, pintar poco en este cuento de poder. No tener ni voz ni voto. Pero esos seudo planificadores urbanos “de a cuarta” se olvidan de que precisamente vivimos en un país donde la mayoría de la población está justamente dentro de esos estratos socio económicos bajos. Y esos también son votos ¿No? Sin embargo, qué pasa. Sucede que, como la ruin estructura escalera y el acondicionamiento social se han cimentado sobre el clasismo y la dicotomía rico/feliz, pobre/triste, entonces hay una programación mental dentro de ese sector acallado que traducirá la incomodidad de vivir en una ciudad adecuada para la circulación vehicular, como una simple consecuencia de su condición social. Nada más falso, miserable y maniobrado que eso.




¡Oh ciudad aquella!




Me produce desazón entender que el futuro de esta ciudad es eliminar el afuera, el contacto con la calle y la gente, esa vida de barrio que tanto se añora, puesto que la lógica del automóvil es la de una pista de autos, la de una speed way, en donde no queda espacio para nada que no sea el “llevarme a”. Esto trastoca la lógica misma del espacio y sus usos sociales, arrebatándole todo sentido de colectividad, derivando en una primacía absoluta del Yo…

La ciudad conteiner con vías que servirán únicamente para trasladarse de un lugar cerrado a otro. Un Quito enclaustrado en pleno Siglo XXI, con ese tremendo sol y aquel paisaje espléndido. ¡Qué pecado!

viernes, julio 13, 2007

Holograma

Finalmente podría decir que existe una posibilidad cuerda y consecuente de entender la desencarnación de las sociedades. Un proceso que derivó en una necesidad de materializar lo abstracto (la modernidad) se revirtió pero para llegar al punto de materializar esa abstracción dentro de la imperceptibilidad (post modernidad). La muerte de la materia, pero de aquella que conforma una realidad substancial y pletórica de significantes. No de la materia desecho, la cual surgió como pesa equilibrante dentro de esa ausencia de significados que la reducción del pensamiento occidental trajo consigo al polarizar la realidad socio política. De ahí que el consumismo sea una respuesta al modelo reinante y a la primacía del Capital.

Ese exceso de objetos de función perecible y de una practicidad portentosa, acarreó consigo una vacuidad o quizás procede de esa misma vacuidad que la pérdida de subjetividad del pensamiento materializado trajo, al hacer de la ficción (eso que no tiene sustancia y forma parte únicamente del mundo de las ideas) un pedazo de realidad. La ficción y su imperceptibilidad, su ausencia de carne, convirtieron al soporte (material sobre el cual está plasmada) en la materia de encarnación dentro de la realidad. El momento en el que todo aquello entra dentro de la cotidianidad, se produce entonces un vacío objetivo. El desprendimiento de la subjetividad al trasladarla al nivel del objeto deja huecos dentro del pensamiento universal. Entonces viene la primacía del objeto sobre el sujeto.

Si la literatura y la filosofía entraron dentro de la realidad material a través de un soporte de papel, como lo es el libro, aún se podría defender su inmaterialidad dentro del poder inigualable de abstracción y ficción de las palabras. Una construcción absoluta del lenguaje que aún no produjo mutaciones ni traspasos de la ficción. Innegable es que con la llegada de los medios audiovisuales, empieza este proceso de desplazamiento de la materia subjetiva por la materia objetiva. Entonces esa materia procedente de la ficción absoluta (la tv, por ejemplo) va desalojando poco a poco a la realidad objetiva, la cual va perdiendo su lugar y a la vez dejando un espacio sin rellenar que será reemplazado -por supuesto- por el consumismo y la creciente necesidad de objetos perecibles que rellenen ese espacio vacío objetivo.

Esa voracidad que produce la inmediatez es tan sólo producto de la pérdida del sentido a causa de una falta de significantes, y a la vez se debe a esa necesidad de recuperar el terreno perdido, mejor dicho, reducido por la acción de la virtualidad de la sociedad (el avanzado uso de las tecnologías). Este proceso de abstracción materializado ya sin carne (en sentido figurado) dentro de ese universo virtual, hace que se pierdan los perspectivas, por lo tanto la ausencia de ese sentido básico de lo palpable es lo que da origen a las megalomanías absurdas de las sociedades: consumismo extremo que genera objetos inútiles que producirán universos de basura y chatarra inservible (un mundo material de desechos, donde reina el sinsentido). Ello proviene claramente del abuso de la naturaleza y del medioambiente que destruye nuestro hábitat, lo cual es lo que ya está pasando ¿no?

Ahora, dentro de este mundo de objetos carentes de significado por sí mismos (la pérdida del símbolo y su poder de abstracción) se necesitan nuevos niveles de abstracción, y por supuesto, espacios limpios. Estos espacios serán eminentemente virtuales y su materia de soporte -lo desechable- serán esos objetos carentes de sentido, cuya recarga de significado dependerá únicamente de su capacidad de ser contenedores de virtualidad (por ejemplo: computadores, televisores, celulares, i-pods y demás). Así, en el futuro -arbitrariamente hablando- pues cada día se tendrá una mayor necesidad de huir hacia mundos virtuales, hacia esa ficción que perdió su poder de abstracción e inmaterialidad, y que poco a poco se ha convertido en la realidad objetiva. Realidad que adquirió potencia gracias a la mimesis del objeto, para volverlo tan solo una representación del mismo. Un holograma.

martes, julio 10, 2007

Aforismos, refranes y sentencias de Don Groucho Marx

Sin nada más que hacer que distraerme en nimiedades para evadir lejanamente mis responsabilidades laborales, les presento una selección del ingenio mordaz del memorable Groucho Marx.



Espero que lo disfruten como lo hice yo (cortesía de Amaranta), y si tienen alguna otra frase ingeniosa del mismo autor o de quien les dé la gana (incluídos ustedes mismos), ya saben, la cajita de comentarios aguanta todo.


Nos veremos en un momenTOOO (si las entelequias leopoldo maría panerescas lo permiten)









Yo creo que lo más importante en la vida son las pequeñas cosas: una pequeña mansión, una pequeña fortuna y un pequeño auto deportivo.

Hace poco me premiaron en Iowa. Y luego en París. Dios mío, cambiaría todo eso por una erección.



Mucha gente sostiene que el matrimonio acaba con el romance. Estoy de acuerdo: cada vez que tengo un romance mi mujer trata de acabar con él.



Es muy agradable estar casado de nuevo y pensar en todas las insinuaciones que podré hacer a mujeres desconocidas en cuanto me divorcie.



Hay épocas en las que estoy casado, y hay épocas en las que tengo secretaria.



Finalmente me di de baja. Me niego a pertenecer a un club que me acepte a mí como socio.



Con el paso de los años he ido simplificando mi vida hasta lo único que tiene una importancia capital: el juego y el sexo.



La diferencia entre la política y el matrimonio es que en política has de acostarte con cualquiera.



Sólo hay una cosa más falsa que mi bigote: yo.


En 1959 asistí a 336 cenas. Sólo fui invitado a 12.


Mi perro no me dirige la palabra desde que le mordí.


En materia de animales domésticos, no hay ninguno que se pueda comparar con una sencilla corista carente de pedigrí.


Me ha dado por la filantropía. En vez de pagar impuestos voy a destinar mi dinero a la Fundación para el Cuidado y Mejora de Mr. Groucho Marx.


Arthur, hijo menor de Groucho le espeta: "Papá, el hombre de la basura está aquí". A lo que él responde: "Dile que hoy no queremos".


Tras mi último divorcio, mi vida sexual se reduce a las cartas de admiración de una lesbiana de edad madura que necesita que le preste ochocientos dólares.



Las mujeres tienen infinitamente más tiempo libre que los hombres: ellas no están ocupadas todo el día persiguiendo mujeres.


¿Quién puede pensar en suicidarse estando el precio del gas en 48 dólares al mes?


Yo sólo me siento a la mesa de un político si paga él.



Las películas no me hacen justicia. Ninguna cámara puede captar mi belleza interior.


En la industria del cine, detrás de cada hombre hay una gran mujer. Y más atrás, su esposa.


Mire que dar una fiesta y no invitarme... He estado a punto de no venir.



Ser viejo es tener más ataques cardiacos que erecciones.


El intelectual es un tipo con úlcera, caspa y lentes de aumento.


Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis, y para cuando se han curado de la indisposición, se dan cuenta de que se han casado.


Poseo todas las taras físicas que los anuncios de televisión prometen curar en 24 horas.


No me casaré hasta que encuentre a la que me haga gozar más que una partida de póquer.


Lo que veo más obsceno en una mujer es que opine.


La bigamia significa literalmente tener una mujer de más. Bien mirado, también en el matrimonio se tiene una mujer de más.


Siempre he soñado con ir a la cárcel por maniaco sexual. Si no lo he logrado, ha sido porque me ha traicionado el físico.


Cuantas más faltas de ortografía hay en la carta de una admiradora más hermosa sé que es.


Hemos salido de la nada para alcanzar las más altas cotas de miseria.


La televisión está creando una generación de imbéciles entre los que se encuentran mis nietos.


Las letras, el intelecto y el buen gusto no forman parte del 'American way of life'.


Invitación a una cena en casa de los Marx: "... los hombres no necesitan vestirse de etiqueta y las mujeres no necesitan vestirse..."


Epitafio de Groucho Marx: "Disculpe, señora, que no me levante".



lunes, julio 09, 2007

Ese ya es otro tema
Poder reír entre desconocidos es una gran satisfacción. Llegar como un pequeño inserto a la vida en conjunto de un grupo de gente es ventajoso y a la vez, extraño. La ventaja de ser nuevo. La extrañeza de hallarse descontextualizado, y que en unos pocos minutos se deba adaptar la analogía coyuntural de toda una existencia. Por más de que sean unas pocas horas frente a una chimenea, bebiendo, comiendo, riendo… Hay algo que siempre deberá calzar perfectamente para que los espacios vacíos no lleguen a incomodar.


Acepté una invitación el sábado con unos perfectos desconocidos. Para mí no fue algo traído de los cabellos, tomando en cuenta que por lo menos conocía su origen. No es difícil saber en esta ciudad con quién se está tratando. Además de que, de alguna manera, siempre nos relacionaremos con la misma gente y estaremos conectados socialmente sin planificarlo. Y así fue que al pasar las horas, quizás el alcohol y mi buena disposición (esto es imprescindible, no es por hacerme la bacán) hicieran que las cosas se sucedan como si nos conociéramos desde tiempo atrás. Descalzos todos, topándonos los pies y jugando con ellos sin ninguna vergüenza. Burlándonos de las medias y sus colores. (Cuando se llega a ese punto de confianza, es cuando las conversaciones adquieren cierta complicidad)

Las conversaciones no las recuerdo, recuerdo la noche y las risas. Los chistes colectivos y los sobrenombres. Todos desparramados en el piso escarbando vidas ajenas dentro de un cajón lleno de fotos viejas. Mirando escenas desconocidas, inventando historias a esas imágenes. De repente, un hombre con barba y bigote que se había suicidado... junto a él, una mujer sentada como si fuera una fotografía del siglo diecinueve. De esa y tantas otras más que fueron cosiendo la vida de un hombre guardada en aquellos instantes paralizados. Ese hombre que ya había muerto –de la manera más extraña y fulminante-, era el padre del dueño de la casa.

Recuerdo estar oyendo música estupenda y haber reconocido una canción de la Sonora Matancera que alguien puso. Me encantó poder confesar que adoro la Sonora Matancera. También las últimas horas de madrugada, antes de que la noche muera, cuando inevitablemente –y debido a la escasez de mujeres- terminé como es usual, siendo la única mujer. Y entonces, la confesión: “La verdad nos sorprendió que hayas aceptado venir hoy con nosotros, pues recién nos conocías”. Increíble, entonces lo escuché. Supo venir esa frase en el momento adecuado. Ni modo, siempre las convenciones y las maneras sociales adquiridas serán más fuertes.

Sin embargo, eso no mató nada. No hubo cadáveres esa noche ni esa madrugada. El verdadero asesinato viene con el amanecer… pero ese ya es otro tema.

jueves, julio 05, 2007

El castigo de la desnudez

Tú eres la única forma,

lo grandiosamente tangible




Porque cuando no se tiene nada que esconder es cuando se han entregado las armas. La firma de rendición. La entrega profunda. La falsa paz.


Dios se burló de nuestra desnudez. Antes de tener algo, no teníamos nada y entonces éramos felices porque carecíamos de conciencia diferenciada. La necesidad impuesta nos condujo hacia el fracaso. Hacia la eterna búsqueda de aquello que nos hace falta para poder sostener una sonrisa prolongada. Y detrás de todos los telones dorados, lo único que hay es un vestidor. Mejor dicho, un desvestidor que nadie debe ver. Esa desnudez propia del fracaso será la evidencia constante de la pérdida. Por ello hay que ahogar la carne expuesta, no permitirle respirar. Siempre las falsas pieles funcionan y entonces el travestimiento alcanza aún a las intenciones.


Cualquier intensidad debe estar justificada detrás del personaje asumido. Mostrar un ímpetu de carne sería agotar la verdad. Porque la verdad se agota, se pudre de tanto descongelarla. La verdad de la carne debe recibir inyecciones de formol para que así no pierda consistencia. Una substancial realidad contaminada es permisible frente a la sinceridad del fracaso.

Las fórmulas de vida y supervivencia son tan básicas que todos saben en dónde no deben caer. En los brazos con piel de gallina. Es mejor sentir una buena textura acolchada y suave de las mangas de un saco de algodón con elastano al 10 por ciento.

Y las manos hay que cubrirlas siempre con guantes oscuros, para que poca sea la huella visible de lo que hemos tocado.

No hay nada peor que desvestirse frente a miradas de antifaz.

martes, julio 03, 2007

Gordita y Horrorosa

Señoras y señores, los vientos estivales han llegado. El verano está oficialmente instaurado. Solo toca esperar a ver qué nos traerán los ventarrones.


Sandra Ochoa, la gordita y horrorosa, ganando un premio periodístico.





Con respecto a mi supuesto fascismo xenofóbico del post anterior, mejor divirtámonos preguntándole al Presidente qué quizo decir cuando se refirió a aquella periodista cuencana "maleducada" como "esa gordita horrorosa". Seguro sus calificativos y su postura estética frente a la vida será más importante y valiosa que la mía. Así que no perdais tiempo en mi, ya que todo es producto -como diría mi pana Patinho- de una esquizofrenia alucinatoria con ira narcisista involuntaria...



Dejando de lado las sicopatologías colectivas, me fue estúpidamente grato que en un canal te tv. le hayan preguntado a la gordita horrorosa si tenía algún problema con ser gorda y que si se consideraba horrorosa. ¿What the hell? Pero por supuesto que nadie va a exponer sus complejos, más aún si ya estás en una edad en la que puedes manejarlos. Imagínense si por esos giros pendejos de la trama, la gordita horrorosa resultaba ser una adolescente. Se tiraba a llorar, sin duda. Sin embargo, la periodista cuencana con la frente en alto dijo que no tenía ningún problema con ser gorda y que con respecto al otro calificativo, pues mejor deberían preguntarle a quienes la conocen. Punto.



Opine por favor. Sí, usted.




Por supuesto que es una de las cosas más complicadas de la vida el reconocerse físicamente. Pero en tal caso, buena salida la de la periodista. Al fin y al cabo, lo que importaría es cómo nos ven los demás. Andar con un espejo por delante sería vivir en el limbo del no mundo. Y que Beetlejuice nos ampare.




Ahora bien, estoy de acuerdo con que el Presidente, la mayor parte del tiempo, escupe pedazos de hígado. Y esto no tiene que ver con decir las cosas como son sino con saber cómo decirlas. Correa debe aprender a usar el verbo, si lo desea, al servicio de la honestidad. Pero ser honesto no significa soltar la primera palabra que se me venga a la mente. Debe existir un mínimo de respeto, por favor. Respeto, tino, audacia y astucia. Sí, todo ello es necesario utilizarlo en distintas medidas para que el discurso no se convierta en enemigo de quien lo pronuncia.



Soltar que una periodista es gorda y horrorosa está totalmente fuera de lugar. Es un insulto descontextualizado y por eso hiere más. Si esto hubiera sido una pelea adolescente en donde cada cual se burla de los defectos del otro, habría sido entendible. Pero en una rueda de prensa presidencial en donde la apariencia física es lo último que interesa. Por favor, esto ya rebasa el límite de la ridiculez.




Moraleja: No es lo mismo decir que alguien es gorda y fea en un blog que lo leen los panas y dos que tres más, que decir lo mismo frente al país entero. A asumir dimensiones y responsabilidades.




Eso es todo, señoras y señores.

viernes, junio 29, 2007

De cuerpos cuadrados y música para planchar

Hoy es día de fragmentaciones. Ayer fue el de congregaciones y por simple básico equilibrio, hoy hay que disgregar algo. No yo, no a los demás. No a los demás y yo, sino a la idea de la continuidad. El proceso que se cree fallido por no hallar vías sin baches que detengan su avanzar. Por eso, machete en mano, mejor es avanzar por la selva. El camino más corto debería ser el más difícil como ya lo dijo el entrañable Big Fish…

Hasta mientras, veamos que hallamos por el medioambiente citadino impreso en papel periódico….

“La moda veraniega empieza a verse en las calles de Quito
Dos mujeres de la urbe llamaron la atención de los transeúntes de la avenida Patria y Juan León Mera, al norte de la urbe. Las dos vestían minifalda y blusas transparentes. Algunos ciudadanos todavía no se acostumbran a ver este tipo de moda a pesar de que el verano está empezando. En la gráfica se aprecia como un hombre voltea la cabeza para observarlas”.

Conclusión: La urbe es una ubre.

Ahh el periodismo anecdótico. Ohhh las cajas de relleno. ¡Pues que viva la literalidad! La foto es más habladora que lora adiestrada, pero sin embargo, por si las moscas, había que poner una explicación para el que no la entendiera. Ponerle un simple título habría estado bien, pero ese no es el asunto. El periodismo gráfico urbano-anecdótico convertido en la huachafería más reveladora. Y no porque el par de mujeres de minifalda sean las chicas frigidaire (no, no por impulsadoras ni por frígidas), sus cuerpos cuadrados sin cintura son por demás decirlo: horribles y antiestéticos. No, no es por eso. Ni tampoco porque tan solo una de las admiradas jovenzuelas tuviese una blusa transparente y no las dos como la generalizadora nota quisiera hacernos ver.

No. Ni siquiera por el hombre aquel que desearía tener en sus manos uno de esos traseros cuadrados. Disculpen la crudeza. Simplemente es reveladora la foto por mostrarnos una de las obviedades más profundas y menos tratadas: el acondicionamiento estético. Mejor no voy a entrar en detalles acerca de lo que quiero decir con eso, porque no quisiera que me lluevan piedras encima. No es racismo ni xenofobia, es simplemente ver las cosas como son. Aunque quizás deba descubrirse aún los efectos que tiene una descarga de hormonas sobre la visión. Ja ja, no, eso es una broma…

En fin, mejor lleguemos al punto dos de las revisiones diarias. No FARC y rehenes muertos (yo no fui, fue teté), ni Chinos Traidores (portada de un diario peruano) tratando de evadir la justicia lanzándose a la arena política japonesa. Mejor hablemos de música…

Facundo Cabral condecorado por el alcalde, declarado huésped ilustre. Un concierto de Leo Dan (Gordo y feísimo, care Mickey Rooney), Tormenta (pacto con el diablo), Miriam Hernández (otro pacto con el diablo) y Sahiro (mi grupo favorito según el Hi5). Ah, me olvidaba, y otro concierto más de Facundo Cabral. Sólo faltan los Iracundos, los Terrícolas de Venezuela y Pueblo Nuevo. Ya pues, ¿hasta cuándo va a ser actual Piero? ¿Es que nunca va a pasar de moda la música del recuerdo? Que ya no es del recuerdo porque se escucha todos los días en las quinientas radios especializadas. Artistas que nadie para bola en el resto del continente se hacen su agosto en Quito. Increíble.

Y no es que tenga algo en contra de ellos o de su música (muchas canciones disfruté a viva voz), no es contra ellos este manifiesto pro entierro de cadáveres musicales insepultos. Es en contra de los productores de eventos. Los organizadores de los conciertos que no tienen la más mínima idea de la responsabilidad social y cultural que adeudan. Y como no, de los productores y conductores radiales, y de las mismas radios y demás medios de comunicación, que son finalmente quienes deciden lo que está in o out en la música popular.

No es cuestión de traer “lo que la gente quiere”. Se sabe bien que lo que esa gente quiere oír es lo que le han dado para consumir. Hay una oclusión musical, un estancamiento de gustos por culpa de los ofertantes (no de los músicos, ojo). La audiencia, tiene derecho a que se de algo más, a que se le eduque en gustos musicales. Uno no puede preferir algo que desconoce. Es infame la reducción de los linderos musicales populares. Infame. Yo no estoy en contra de que venga Tormenta y leo dan, pero de que vengan cada día del padre o del árbol, y que prácticamente se desconozca qué hay más allá de Arjona o las estrellas del reggaetón, nuevamente es una actitud infame. Un negociado sucio, antivalores. Porque la cultura es un valor que se debe cultivar. Educar a la población no es enseñarle a sumar y a restar, sino también enseñarle incluso a tener gustos diferenciados. Esta educación debe ser continua y ahí sí, plural.

Ese conductivismo mediático que salpica a las artes (porque la música popular también es arte), está haciendo un grave daño en la construcción del pensamiento social. Es justo y necesario no sólo dar bases y cimientos a esa construcción, sino darle continuidad. Y lo único que se está haciendo, es fragmentarlo y tomar una parte empantanada.

Generando cultura desde la tabla de planchar.

martes, junio 26, 2007

Al público en general...

No quedará más que echarle la culpa a los seres inanimados. Cuando la potestad del tiempo y la acción se nos va de las manos, empieza entonces el rewind de culpabilidades. Y entre tanto retroceso, apología y justificación podríamos llegar hasta el instante mismo de nuestro nacimiento, o mucho antes quizás. Quedémonos flotando entonces en el líquido amniótico de la negligencia.

Un micrófono de nueve dólares quedó como rey absoluto. Se le halló culpable luego de una no muy corta deliberación por parte de los jurados, quienes eran de paso también los jueces y los actores presuntos implicados, así como las víctimas.

Ayer con todos los pronósticos a favor, terminamos siendo eliminados del concurso por la lentitud de los organizadores. Estoy hablando estupideces. La historia es la siguiente: una película (Freaks, 1932) y un intento fallido por verla. Malas decisiones de último momento. Un micrófono olvidado en la casa de un franchute hizo que desviáramos el camino pensando en que sí llegaríamos a tiempo a la función. Error.

El francés terminó convirtiéndose en una agradable casualidad, ya que resultó conocer a mi amigo. Y esa “agradable coincidencia” prolongó nuestra estancia en su casa. Llena de afiches y demás objetos que hacían alusión a su hobby, entendimos que nos hallábamos frente a un genuino fan, coleccionista y hasta investigador del cine B, el cine de terror b/n y otras perlas cinematográficas como el Santo, y cine funky policial gringo…. Y adivinen qué. Al enterarse del porqué de nuestro apuro nervioso, la felicidad saltó a sus ojos. Resulta que Freaks era su película favorita, y decir eso era bastante para esos momentos. Nos habló maravillas del filme y nos mostró un libro escurridizo en donde tenía información de la película.

La desesperación por llegar a tiempo al cine creció por supuesto. Debimos abandonar al franchute cortando en seco la conversación. Y oh destino cruel, al llegar al cine, las entradas estaban agotadas…

Ningún lamento fue suficiente. No hubo manera de que se compadezcan de nosotros. Consuelo tonto: no fuimos los únicos en quedarnos sin entradas. En fin, era el último día que la pasaban. Si alguien sabe dónde conseguir la peli, que por favor me haga saberlo. Gracias. Por cierto, está dirigida por Tod Browning, que por supuesto no tengo idea de quién diablos es.

Solución post decepción: chocolate a la vena y otras cosillas más…

viernes, junio 22, 2007

Gracia divina

La codeína quizás entorpezca la sintaxis de ideas. Hay algo que se asemeja al olimpo. De repente el universo apolíneo está mi alcance. Ese grito filudo “Black beauty I love you so”. La guitarra rasgándose en una armonía inexpugnable, inquebrantable. Sonidos invictos. Las olas del mar meciendo el barco, arriba, abajo, izquierda, derecha. Un vértigo descendiente mientras intento seguir las una a una las palabras desmembradas de “Grace”. Wait in the fire wait in the fire, wait in the fire… Mientras en el fuego espero, antes de quemarme, solo un segundo antes de que las palabras desaparezcan y el escozor de la cercanía de la lumbre me diga: and the rain is falling/and i believe /my time has come/ it reminds me of the pain/ i might leave /leave behind…


Jeff Bucley es la belleza pura, su voz de cuatro octavas, sus melodías llevadas al extremo de la ruptura -acorraladas en un túnel de difícil acceso del que siempre sale glorioso- se acercan mucho a la fruición del amor. Es un compositor agónico y la vez popular. Todas sus canciones recuerdan la genialidad del compositor clásico. Aquel que consigue darle a los sonidos una familiaridad sorprendente y extraordinaria, traducida a la cotidianidad de quien escucha sentado pero aún se revuelven sus entrañas. Eso es Jeff Buckley, la belleza sin concesiones, el acto más allá del pretender ser algo o decir algo. En Jeff Buckley todo es bello, hasta él mismo. Su rostro es armonioso y preciso, no hay cómo no amarlo. La inevitable atracción física que despierta es llevada al plano espiritual, ya que bien podría depositarnos en un estado contemplativo. Hay una perfección en su voz que navega al vaivén de altibajos que nunca se quiebran y sin embargo nos mantienen en un suspenso bronco. El suicida llamando la atención desde la terraza de un edificio de doce pisos.

Las letras de Buckley en su mayoría tienen la claridad del cristal y son tan concretas como bloques de concreto. Una ciudad construida sobre verdades llanas. Él habla de lo que siente, de lo que ve y de lo que pasa. Por eso no tiene miedo a las obviedades y se lanza a ellas desde lo más sincero que puede hallar: su voz. En su canto no hay alegorías, su timbre y tesitura son lo más literal que hay. Pero aún nos remiten a un plano etéreo intraducible y únicamente decodificable por el tacto, la piel.

La guitarra, su segunda voz, entra indisoluble en esas armonías introductorias logradas en canciones como Aleluya (de Leonard Cohen), para muchos, la mejor versión de este tema.

Grace, el único álbum que sacaría en vida, es una pieza maestra de la música actual. La canción que le da el nombre al disco vendría a ser una composición imprescindible dentro del universo musical, y esa que todo melómano no debería morir sin escuchar… o impactarse por ella. Pero esos giros a veces estúpidos del destino harían que prematuramente el mundo se prive de un músico de talento excepcional. Jeff Bucley se ahogó en 1997, nadie sabe por qué, se ha especulado mucho acerca de su muerte, pero eso poco importa ya. Treinta años fueron suficientes para que nos dejase canciones indelebles.

Les dejo una foto para que admiren una parte de su belleza…

Cómo no amarlo. Portada de su álbum Grace.


Bueno, una más:




Ay Dios mío ayudameeeee

miércoles, junio 20, 2007

La felicidad del primate

Gracias a chanchullos bien habidos pude conseguir la invitación para la conferencia que Mario Vargas Llosa iba a dictar en Quito ayer. Aunque yo no la llamaría conferencia sino soliloquio “ameno” perfecto y diseccionado para el promedio del público asistente. Quizás el pararme a la salida buscando a alguien que me iba a llevar a la casa fue una seria experiencia de identificación y selección. Por supuesto, ya se imaginarán quienes eran la mayoría de asistentes invitados por el Gran Banco y su Jeque, el Sr. Egas (aunque nunca le nombraron). Un acto burgués puro y sincero, sí, sincero. Desde el principio de la exagerada y mea culpista (sí, un mea culpa disfrazado de aporte cultural) promoción mediática de la conferencia, se sabía que no cualquiera podría asistir. En el periódico decía muy claramente: entrada con invitación. Gracias.

La persona que me regaló su entrada me había dicho: “Cuando vino Evo Morales, cualquiera podía verle”. Pues sí, es cierto, pero no nos olvidemos de que cada estereotipo va acompañado de su políticamente correcto aparataje y estética. Vargas Llosa, derecha, burguesía, público selecto. Evo, izquierda, proletariado, cualesquier hijo de nadie. Simple, directo, y nuevamente sincero. ¿A quién le interesan las falsas ínfulas democráticas? Vargas Llosa no tiene por qué esconder lo que es. Es lo que es y punto.

Por ahí se decía que su visita al Ecuador no era gratuita, que era una movida política de la oposición banquera anti gobiernista. Que era un escupitajo a Correa traer a un intelectual de derecha, radical en su ideología y sin pelos en la lengua para atacar a Fidel o a Chavez. En fin, se dijo mucho sobre el tema, y aunque en un principio también yo llegué a decir: “lo sospeché desde un principio”, luego de escuchar la conferencia creo que su presencia en Quito fue absolutamente literaria. No tanto como escritor sino como figura.

Aunque quizás la simple presencia del escritor sea un referente que remite al neoliberalismo, y aunque hable piedras y ramas, su conocida postura política le saldrá por los poros y ello será suficiente para enfurecer a los izquierdosos que ni cortos ni perezosos se sentirán aludidos. La contra movida sería traer un escritor socialista… ¿Queda alguno? (Que no me tiren piedras por favor).

Vamos, quién da más.

Bueno, quien sabe y a lo mejor con mi credencial de prensa habría podido entrar. El director de una de las revistas para las que escribo me había dicho que vaya… Claro, él tenía la invitación pero yo no. ¿Cómo rayos se supone que iba yo a entrar? Nunca me lo dijo. En fin, me las arreglé bastante bien para ir. Mi amigo dijo que no tenía terno y que por eso no podría ir. A mí me dio igual, desenterré los zapatos de taco que nunca uso, un vestido “champán grand duval” (el de las grandes y pequeñas ocasiones), abrigo para el frío concerniente y listo. ¿Cuál es el problema con eso?

En fin, me vale trozo la postura política de Vargas Llosa. Me interesan sus letras. Nunca he sido aficionada a escudriñar nada más allá del simple acto de la escritura. El acto de vivir debe estar contenido allí, no necesito saber más. Es un grande de las letras hispanoamericanas y eso es innegable. Sin embargo…

Y ahí vienen mis famosos peros…

Retomando ideas de arriba. La “conferencia” de Vargas Llosa fue una sucesiva concatenación (brillante, eso sí) de generalidades. Lo siento, no me aportó nada. Mucha gente salió maravillada de su verbo cuasi divino. Yo no lo creo. Traté de estar atenta y lo conseguí en un 90% (acuso a ese díscolo 10% mis posibles errores de comprensión). Escuché y analicé una a una sus palabras e ideas. Obviedades. Quizás mis expectativas eran demasiado altas, pero al llegar a mi casa me di cuenta de que había llegado sin expectativas. Estaba demasiado ocupada en otras cosas y por eso llegué cuando ya todos estaban adentro.

Por supuesto que no puedo desmerecer el valor paradigmático de las ideas del escritor. Lastimosamente son paradigmas ya desgastados. No porque hayan perdido valor, sino porque muchas son verdades utópicas que no tienen manera de comprobarse. Y sí, sería estúpido cuantificar estos aspectos intangibles de la vida, que únicamente son cualificables. Por ello todo es válido. Y en el proceso de creación retórica, no existen las mentiras. Por eso la literatura, “la buena” (como dijo el autor), es honestidad pura. ¿De qué otra manera sino se podría ser fiel al acto de crear? Acto que procedería de lo que se conoce como creatividad, que según la psicología jungiana es inconciente. Hasta qué punto el acto dialogal se convierte en un plano meramente dialéctico (aludiendo a su significado en la doctrina platónica). La idea pura, impráctica e inmaterializable puede -a través de la lógica y su apropiado uso lingüístico- hacernos creer en mundos simulados.

El poder de simulación que tiene la palabra es tan potente, que por ello -aludiendo a palabras Vargas Llosianas- la literatura es imprescindible para la vida. Su tesis es: sin literatura no se puede vivir, la vida es mejor con ella. Quien lee (literatura) vive una mejor vida. Con esto el escritor se refiere a la ficción (narrativa, poesía). Interesante idea ésta, pero bastante manoseada ya que bien conocido es el desencanto de la realidad que el mundo post-moderno sufre. Aunque quién sabe si siempre ha sido así. Por supuesto que todo el mundo sabe que la literatura y la ficción en general son formas evasivas de la realidad. Que el nivel perceptivo de los sentidos es subordinado por el de la idea al momento de construir puntos de fuga que disparen vidas paralelas.

El mundo de los anhelos ha existido desde siempre. Es tan antiguo como el hombre y más viejo que el lenguaje. Eso lo tengo por seguro. Pero en realidad discrepo en ese punto de que quien lee (literatura de ficción) lleva una mejor vida. Quizás lleve una mejor calidad de vida en este país en donde leer novelas es un lujo, o tal vez su nivel de conocimiento universal se amplíe si lee a Kafka, Cervantes, Orwell o Sheakspeare (citados por Vargas Llosa). Pero lanzar conjeturas como que se es más feliz de esta manera, no lo sé. He visto gente ignorante (sin usar peyorativamente este término), tremendamente feliz. He conocido grandes lectores convertidos en amargados gracias a lecturas desoladoras. Y también he sido testigo de grandes satisfacciones, propias y ajenas, leyendo obras maestras. La literatura es un arma de doble filo, no se puede polarizar hacia un solo lado su valor. Por supuesto él mismo terminó presentando la antítesis de su planteamiento. Un contra argumento que finalmente presentó como que la literatura probablemente no nos hará más felices pero sí más libres… ¿Qué mayor felicidad que la de ser libres?

Y quizás Vargas Llosa enfrentó el asunto desde el punto de vista más equivocado y simplón: la decimonónica discusión de si la literatura es una pérdida de tiempo o una distracción banal, versus eso que la literatura es vital para la construcción de la vida. No va por ahí la cosa. Más bien se debería, si por esas vamos, desentrañar el verdadero poder de la literatura sobre la vida, tanto para el bien como para el mal. Creo que la discusión de la felicidad va por otro lado. El creernos seres superiores por poseer una supuesta cultura venida de los libros es una postura verticalista y obtusa. Y hablo de superioridad intelectual, la misma que, según Vargas Llosa, sería aquella que deviene en bienestar mayor. No lo creo así. El escritor habló de que a partir del Renacimiento (¡oh, y de pronto todo se iluminó!), la sucesiva evolución del pensamiento devino en progreso gracias a esos seres inconformes y díscolos (la necesaria rebeldía). Gracias a ello es que el conocimiento se ramificó y prácticamente las ciencias humanas se volvieron tecnicismos. La filosofía y las ciencias humanas –sin hablar de las ciencias exactas- quedaron para los estudiosos. Vivimos la era de las especializaciones. Me pregunto si será bueno o malo que la erudición prácticamente sea algo imposible de conseguir en estos tiempos. O que el concepto de “sabio” haya perdido figura. Pienso que en la diversificación del conocimiento se produjo una simplificación de las ideas. La categorización y sistematización de las ideas fue el preciso paso a la materialización de las mismas. El momento material que vivimos (no me refiero a dinero ni posesiones) es producto de una necesaria desmitificación del pensamiento abstracto.

Y la literatura hoy en día es precisamente esa vuelta a lo abstracto. Refiriéndome como abstracto a aquello intangible e inmaterial del anhelo.

Volviendo al tema, según el autor esos seres díscolos (usó varias veces estas palabras) son precisamente aquellos que la literatura produce. Tampoco creo que necesariamente deba ser así. Creo que la inquietud y la inconformidad frente a la realidad pueden nacer desde otros gérmenes, aun menos gregarios. Pero es cierto que la sobre conciencia también puede adquirirse gracias a ese mundo que se abre entre las páginas de un libro.

(Tengo demasiadas ideas, esto se está volviendo interminable, pero ya voy a concluir)

Quizás deba volver al título de la conferencia “La Literatura y la vida”, y con esto mostrar que ese tema es tan universal y amplio, que prácticamente entra todo. El mérito de Vargas Llosa es la concisión y la ilación de ideas. Y por supuesto, ser un disertador para todo público, lo cual es lo más importante a mi parecer. Talvez mis impresiones no sean trascendentales tomando en cuenta que filáticamente yo me esperaba algo más profundo y reflexivo (quizás esa ilusa profundidad tenga un fondo más cercano de lo que uno pensaría) . Algo que se me “revelara”. Qué ingenuo de mi parte. La conferencia no pudo estar mejor preparada para el momento social. Nunca habló de política, todos entendieron, los organizadores quedaron bien. No hubo ofendidos. Definitivamente hay maestros de lo políticamente correcto. Qué pena no ser uno de ellos.

Yo aún sigo pensando que el hecho de leer ficción no te dará una mejor vida, pero sí diversas posibilidades. O quizás una sola, la del ensimismamiento. O te de aliento, o te derrote antes de empezar a morir. Ser más inteligentes y/o cultos no nos hace ser más felices. Adquirir una ultra conciencia no nos da la clave de la felicidad pero nos advierte de mucho. El aviso de salida, el pre-conocimiento, la anticipación, el antemano...

Aún me produce felicidad ver a una persona hermosa en la calle, y si me mira mejor… probablemente esta sea la felicidad del primate, pero es felicidad al fin y al cabo….

viernes, junio 15, 2007

Ahhh... Las noches capitalinas

Justo cuando uno dice que ya no hay nada nuevo bajo el sol, que la noche se agotó, que la ciudad no da más y que más me valdría volverme eremita ¡Zaz! Aparece la villa que se niega a perecer en la repetición y el sinsentido del regodeo social. Hay una atracción a veces inevitable si uno entra en el ruedo, en ese circuito interminable, farandulero y a veces snobista de exposiciones, festivales, conciertos, obras escénicas o inauguraciones de lo que sea.
En fin, Quito está lleno de eso que salva a las noches de ser una puesta en escena de un sainete flojo, en donde la gente no hace más que redondear sus ansias de sociabilizar. Y lo digo porque desde el punto de vista purista, la "bohemia" quiteña puede ser un burdo escenario de sátiros y bufones, dependiendo desde donde se lo mire. Escenario en el que, por supuesto todos nos convertimos en personajes. Nadie se salva, por cierto. Y aunque puede llegar a ser tedioso tener que estar en los mismos lugares con la misma gente, cayéndose mal a sí mismo por saberse perteneciente a la fauna, aún se puede uno reír. De uno mismo, de los amigos, del resto, de lo que se ve, de lo que hay, de lo que no hay. En esos momentos de conversaciones efusivas, muchas inútiles, de los chistes gratuitos, de la embriaguez del prójimo o de la propia, de los chistes colectivos y oportunistas, en fin, las perlas nocturnas que suelen coronar a veces esas entregas por capítulos.
Y resulta que siempre hay algo nuevo... aunque no lo crean... aunque uno mismo no lo crea. A veces la belleza aparece por todos lados. Hay días en los que veo hombres bellos a cada paso y me quedo con la risa burlona congelada de cuando digo que vivimos en un país de gente fea. Y entonces de pronto hay cosas atractivas. Encuentro una obra de Zapata o David Santillán, escucho una canción y la voz de algún amigo cantando. Encuentro a mis amigos felices y riéndonos todos de todo y de todos. Y siento los abrazos y las sonrisas, y eso que puede ser tan fatuo, pero que funciona tan bien en la noche... Y sobretodo encuentro a tantos amigos que me han sacado tantas risas. Y los quiero a todos aunque me falte poco para que la testosterona reemplace mis estrógenos, ya que es inevitable estar "bendita" entre los hombres. En fin...
Eso es lo que importa al fin y al cabo, porque aunque suene simplón no hay nada como pegarse una buena carcajada con los amigos. Y si son varias, mejor.
Bueno, siguiendo con el hilo de las sorpresas y renovaciones, el día de ayer precisamente recibí una. Fui a un concierto en un bar de la Mariscal y la verdad, me encontré con dos excelentes bandas que hiceron que todo lo demás valga la pena. Primero salieron a escena Arkabuz, que salvo por el desgastado uso de la K (que se les perdona por ser tan buenos), son una excelente propuesta de rock fusión melódico. Una mezcla de rock clásico, indie, rock pop, y hasta rockabilly. Gracias, por fin. Melodías bien trabajadas con arreglos impecables y la incursión de un instrumento podría decirse innovador dentro de la escena musical quiteña: el acordeón. Una maravilla. Un feeling sincero.
Qué felicidad. Lo digo porque la banda anunciada como principal fue otro gran disfrute. Los Nietos se llama este grupo guayaco, al parecer radicado en Quito, quienes realmente se pasaron. Su sonido más bien clasiquero pero con una clara propuesta contemporánea, es bastante sólido y potente. Las composiciones tienen mucho brillo, a diferencia de lo que normalmente suele suceder cuando se tocan de una manera tan pura ciertos géneros ya desgastados, ya que por más de que suenen bien, muchas veces no dejan de sentirse repetitivos u opacos.
En fin , una excelente noche la de ayer como ya muchas he tenido en esta ciudad love-hate-love.

martes, junio 12, 2007

Póngale la cola al burro

Soy Aute y también hago cine

No lo sé señor Aute, pero aunque no he visto sus cortometrajes y quizás me equivoque, no creo que ud. sea cineasta. Con todo el respeto del caso.
El día de ayer se presentó "Un perro llamado Dolor", supuesto largometraje del cantautor español, quien luego de dar algunas justificaciones anunció que contaría cuánta gente se saldría de la función... como había pasado ya en otros sitios donde se la exhibió. Pero también nos aseguró que si no desertábamos a los 15 minutos, ya no lo haríamos jamás y nos bancaríamos la hora y media que duraba el filme. Estuvo en lo cierto, la primera tanda de gente se salió máximo a los veinte minutos y el resto nos quedamos quizás ya estigmatizados por el decreto autesco. Ya no podíamos salirnos (quizás algunos por no quedar mal). En mi caso porque quería ver qué pasaba con Gala y Dalí. Los que estaban sentados junto a mí disfrutaron como nadie de la película cual Homero Simpson que cuando se aburre inventa otra película: una cómica historia llena de gags incomprensibles para mi lógica evasiva. Sus ja ja ja constantes lastimaban mis sentidos. Yo nunca pude reirme de nada, así que cuando me aburría de las imágenes pensaba en otras cosas.
Pero aunque no se crea, yo aún pude disfrutar del filme. Sin embargo, debo aclarar que no como una película con trama y narrativa cinematográfica, sino como un claro producto experimental audiovisual plástico. Vamos por partes. "Un perro llamado Dolor" es una especie de filme de animación hecho a partir de dibujos a lápiz creados por Aute. Son seis historias de pintores universales -la mayoría españoles- entre los que se hallan Goya, Frida Kahlo y Diego Rivera, Velázquez, Dalí y dos pintores españoles -poco conocidos por estos lares- cuyos nombres no recuerdo.
Cada historia, si se la puede llamar así, presenta imágenes fragmentadas surrealistas con una narrativa difícilmente decodificable. Por ello la apreciación más directa está dada por aquel único y principal componente: su valor plástico. Esta obra se acerca mucho más a los conceptos y maneras del video experimental que a los de la cinematografía. El hecho de haber sido filmada en celuloide no la convierte en cine per se. Esa gratuidad conceptual (refiriéndome a lo que significa hacer cine) no puede estar amparada en el soporte audiovisual, es decir, el material sobre el que está grabado el producto no puede convertirlo en lenguaje cinematográfico. El cine no es el celuloide, el cine no es la cámara, el cine es un conjunto de significantes cuya sintaxis y concordancia geneneran un nivel semántico audiovisual cuya capacidad narrativa está por encima del soporte utilizado. Por supuesto que el valor estético y de calidad que brinda el celuloide es un innegable componente dramático dentro de la concepción de la obra, pero ello debe estar subordinado a la idea, a aquello intangible que busca materializarse a través de los recursos técnicos y dramáticos, y no al revés.
En "Un perro llamado dolor", basta decirlo secamente, lo que valen son los dibujos. Estos son buenos, producto de un buen dibujante pero tampoco son excepcionales. Muchos de ellos muestran un buen manejo del espacio, de la composición y de la anatomía, pero conceptualmente son flojos (a menos que yo no haya entendido qué quería contar en la mayoría de los casos). Yo le llamaría un producto multimedial que conjuga imagen, audio y movimiento. Dibujos musicalizados que ni siquiera llegan a convertirse en animación porque no hay una consecuente edición de movimiento sucesivo, sino que entre una imagen y otra se presentan saltos visuales sin secuencia directa, cuyo error a mi parecer se resuelve de una manera facilista apelando al surrealismo.
Sin embargo, luego de desbaratar medianamente el filme, lo único verdaderamente criticable es haberlo presentado como un producto cinematográfico. Si se lo mira con otros ojos, es perfectamente pasable y hasta divertido. Si lo vemos como un producto estético, como lo hice yo, resulta agradable pero no pasa más allá de eso. De una leve sonrisita y unas ínfulas taimadas filáticas por descubrir quiénes eran los otros personajes que aparecían en cada historia. Hubo de todo, Chaplin, Man Ray, Stalin, Woody Allen, Buster Keaton, Einsenstein y no podían faltar Trotsky, Buñuel y García Lorca...
En fin , le agradezco al señor Aute haberme hecho pasar un momento agradable, pero la próxima vez (y esto para los organizadores también) sea un poco más honesto y póngale el nombre que debe tener. Por cierto, ¿Dónde estará la cola del burro?

miércoles, junio 06, 2007

EGOCRACIA

Cuando el discurso se resuelve con un “según lo que yo creo” o un “yo opino”, podemos fácilmente concluir que estamos frente a un callejón sin salida. Hablo del ámbito político, en donde finalmente todo se reduce a una pugna de subjetividades producto del Ego. Y con este término no me refiero a la acepción popular del término, que según el diccionario de la real academia de la lengua, lo define como “exceso de autoestima”. Aludo a esa instancia psíquica, que según Freud es parcialmente conciente y controla la motilidad mediando los instintos del ello, los ideales del superyó y la realidad del mundo exterior.

Día a día escucho y veo programas de opinión, en los que invariablemente alguien termina haciendo valer su derecho de libre expresión a punta de parcializar el mundo en una visión personalista del escenario político o de la realidad nacional. Y esto no significa que llevar una postura considerada como errada o fuera de lugar, hasta las últimas consecuencias, sea algo traído de los cabellos. No lo es, y la respuesta está en el mismo derecho que se defiende. La libre expresión es un arma de doble filo que ha sido más que mal entendida, mal interpretada. La sinceridad y el desparpajo de la honestidad no son valores que se cultiven en sociedades como la nuestra, por lo tanto la responsabilidad está en un nivel de tono y no de ética. ¿A qué me refiero con esto? Por un lado tenemos este derecho que es supuestamente inviolable, pero por otro está el valor venido a menos de la verdad, tema del cual he hablado bastante en este blog.

Bajo la bandera del pluralismo se pueden esconder las canalladas más ruines. Pero, ¿Quién podría comprobar lo contrario, si cada cual tiene su punto y debe ser respetado? Si el presidente maltrata a la prensa y los acusa de mentirosos, tendenciosos y vendidos, ¿No está acaso en su derecho de decir lo que se le pegue la regalada gana? Hasta dónde y desde dónde los límites. Yo puedo salir a gritar a la calle barbaridades, defendiéndome detrás de mi libertad de expresión, y en teoría tendría derecho a hacerlo. Claro, la respuesta más fácil sería aquella que dice “mis derechos terminan donde comienzan los del otro”. Es decir, mientras no haga daño al prójimo, puedo decir lo que se me pegue la regalada gana (con guatita y todo). Qué postura tan ingenua, por favor, cada palabra es un dardo, cada verbo una esquirla de bomba, más aún en la política. Cuánta verborrea politiquera nos ha hecho daño como país, y los mismos medios que tanto se quejan ahora han dejado que pasen esos torrentes de demagogia, a veces sin filtro alguno. ¿Quién dice que la libertad de expresión no hace daño?

Es increíble como unos pocos (esos súper Yo que muchas veces sí le hacen honor al significado popular de la palabra Ego) manejan la estructura de pensamiento social, absolutamente maniqueísta. Siempre buscando nuevas polarizaciones que se ajusten al modelo mundial, pero que gracias al componente autóctono criollo parecerían salidos de aquí mismo. Cuando la división entre la izquierda y la derecha va mostrando líneas tenues e indefinidas, cuando los partidos tradicionales se van ahogando ven su agonía en la falta de líderes y el anacronismo de sus postulados, entonces nace una nueva pugna de poderes. Ego oficial versus ego mediático. Y ojo, que viéndolo así no sonaría tan complicado. Al bautizado “autócrata”, más se le escuchan sus palabras como berrinches de quién quiere tener la razón a patadas que como autoritarismos que vayan en a derivar en el tan temido régimen totalitario. Que no cunda el pánico (o que no panda el cúnico), ya que eso no va a pasar. Para aplicar medidas extremas es necesario llevar el contexto al borde. Si se quisiera eventualmente botar a Correa (lo cual dudo mucho), sería necesario dentro de esta lógica macabra, alentar el extremismo y el radicalismo Correísta, para justificar acciones de semejante peso. Ya lo vivimos con los botados anteriores, para qué explicar más.

Volviendo al tema, la verdadera complicación está en ese mismo pluralismo. En la heterogeneidad de pensamientos, ideales, intereses, necesidades, etc, que cada uno de los actores políticos y la sociedad en general, poseen. Cierto es que hay hilos conductores e intereses comunes, pero el universo del Yo imposibilita casi por naturaleza el consenso nacional. Es frustrante saber que en las esferas de poder el altruismo no existe. Que resulta más que obvio que, quien quiere gobernar un país algún tipo de ego desbordado tendrá para querer fajarse semejante responsabilidad. Que no necesariamente el político es aquel que se metió en el ruedo por plata, sino que, como el memorable Cuentero de Muisne, hay aquellos que lo hacen por la simple necesidad de alimentar un ego desnutrido por la falta de reconocimiento… Y muchos lo han logrado…