Ídolo

Ídolo
Morrissey

miércoles, mayo 30, 2007

Acciones sinsalabin

Un día tuve que besarme con una chica. La besé y en frente de diez personas. Todos lo disfrutaron y hasta les pareció bonito. Habremos repetido la escena unas tres veces, quizás cuatro. No había luz natural -era denoche- ni artificial, así que abrieron el diafragma de la cámara lo más que se pudo y las imágenes resultaron granuladas, indefinidas y lentas. Las ví solo una vez más y al hacerlo, pensé: No estuvo tan mal.
Ese día decidí que besarse con una chica por opciones laborales o creativas era infinitamente más aliviante que hacerlo con un hombre que no nos levanta ni un solo pelo. Sin embargo, al pasar el tiempo, los meses para ser más exactos, supe que los besos pueden llegar a ser arena. Arena húmeda dentro de la ropa, pegada a tu piel con bronceador. Una ducha taponada con arena. ¿Cómo puede uno deshacerse de esa arena infinita que parece copular y reproducirse sobre la piel de uno? La única manera es alejarse de la playa, regresar a la sierra, fría y seca, y dejar pasar los días hasta que la llacta disuelva los gránulos mínimos de ese mineral reacio.
Limpieza total. Porque los verdaderos actos de magia toman tiempo. No vaya ser que ese cuerpo mutilado dentro de la caja de mago reaparezca después de siglos y no solo dentro de las pesadillas, sino detrás de la ventana, cantando. Terrorífico ¿No? Ese es el precio que tenemos que pagar por usar la fácil y práctica varita mágica. Porque todo lo que desaparece de la noche a la mañana a algún lugar tendrá que ir... Y que por favor que ese lugar no sea debajo de la cama.
Ah, ni modo. Quizás deba regresar al relato de la chica que besé. Bueno, los días subsiguientes besé a unos tres o cuatro. No sé por qué fueron tantos, simplemente aparecieron. Todos me gustaron menos uno, ese que llegó con plantas en los bolsillos. Lo miré y me dije: Oh oh... No me gusta, y ahora qué hago. Hablaba torpemente y tuve que besarle aunque le hallaba defectos hasta dos metros a la redonda. Si había una silla cerca, la silla era fea entonces. Para respirar debía entonces localizarme a dos metros de su ser, puesto que su simple exhalación eviciaba el aire. Actos reflejo. ¿Programación neurolingüística?
Luego llegaron contingentes de arena, con agua de mar y todo. Los traía otro hombre sin ojos que besé pocas veces y luego no supe qué hacer con su equipaje. Cuando quise hablar con él, noté que no se movía y que sus miembros estaban rígidos. Tenía una expresión de nada en su cara. Así que lo empuje suavemente para ver si reaccionaba y para mi consternación , en ese preciso instante se desmoronó ante mí como un castillo de arena seco.
Como sea, hubo que sacudirse un poco y botar la arena. Agua bendita de cascada. Prestidigitación detrás de un velo de espuma blanca. Oh que redundancia, si la espuma es siempre blanca. La natural claro.
Ahora queda sólo tronar los dedos y esperar a ver qué pasa...

jueves, mayo 24, 2007

De psicópatas y sociópatas

En vista de que la búsqueda de la verdad poco o nada tiene que ver con la verosimilitud, no habría podido caer mejor este feriado. Pativideos. ¡Oh y ahora quién podrá defendernos! Un presidente que manda a callar a todo el mundo y una opinión pública que se debate entre la ignorancia, el maniqueísmo y la manipulación descarada. ¿En quién creer? En cuál de las "verdades" debemos confiar, puesto que todas las versiones se convierten en verdades por auto convicción. Como decía Santiago Kingman, ex AVC, acerca de León Febres Cordero y su insistente afirmación de que él no ha mandado a matar a nadie: "En realidad él no está mintiendo, él dice la verdad, ya que está profundamente convencido de sus palabras, por lo tanto en efecto, es cierto que no ha mandado a matar a nadie". Y así una mentira, por auto convicción se convierte en verdad. La demagogia en su estado más puro. El cinismo es la fuente de toda verdad maniquea, en donde la culpa y la responsabilidad frente al otro, simplemente no existe.

La última instancia del daño social causado por la politiquería, es hacia la salud mental del pueblo. Nadie habla de eso, nadie siquiera cuestiona el hecho de que se enrede a una sociedad en patrañas y farfullarías, afecta la calidad de vida no solo desde el plano de lo material (economía, status quo), sino desde el nivel de aprehensión de la realidad que tanto perturba la psiquis de los seres humanos. Se ha dicho hasta el cansancio que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Actualmente, y en la coyuntura en la que estamos, ya no es necesario repetirla mil veces, basta con agendarla y transformarla en soporte mediático, ni siquiera en información. Puesto que ya la información como fuente de conocimiento ha perdido validez. El descaro con el que se presentan hechos y acciones del acontecer político, sin la menor intención de esclarecer la dialéctica del discurso oficial vs. el discurso de los medios, hace que cualquier cualidad intelectiva de interpretación de la realidad a través de la “verdad” filtrada, sea nula.

Nos hallamos imposibilitados a reaccionar con coherencia frente al ametrallamiento de contextos gratuitos que pretenden ser instaurados como “la realidad nacional”. La conciencia crítica, el discernimiento, la distinción entre el bien y el mal -antes funciones casi mecánicas-, se han visto velados ante la fuerza impositiva de los valores distorsionados que presentan los medios. Y hablo de los medios porque el acontecer político nacional, para convertirse en HECHO, debe pasar por ese filtro.

Ayer hablaba con un amigo sobre psiquiatría. Conversábamos acerca de un desorden que si bien todo el mundo cree conocer, casi nadie sabe exactamente qué es. La psicopatía. No voy a entrar en detalles, ni en teorías psicológicas, pero algo que me llamó la atención era que uno de los rasgos del perfil de una persona con tendencias psicopáticas era entrar en la arena política…. Sin palabras.

sábado, mayo 19, 2007

El enfangonamiento del cautivo

No hay nada peor que la trombosis anímica. Oclusión espiritual. Ingrid Betancourt intentó escapar cinco veces. Las cinco fue descubierta y castigada, pero está viva. ¿Eso es lo que importa? ¿Qué clase de vida se puede tener siendo cautivo de un grupo armado durante cinco años? Ingrid se activa dentro de la cenagosa realidad leyendo los periódicos, escribiendo y haciendo ejercicio. Pero dentro del cautiverio, ¿Qué valor tienen estas acciones? ¿A dónde conducen? A ninguna parte, todos lo sabemos. La bicicleta estática.

Las acciones estancadas del cautivo se orientan hacia la salvación de su alma, a evitar precisamente esa trombosis que no deja circular la vida, aunque sea simbólicamente. Pero eso no es suficiente para conseguir “calidad de vida”, eso es supervivencia pura.

Entonces los artilugios seudo materiales se convierten en herramientas de instigación. Una huída desesperada casi nunca conduce al éxito. Un plan estratégico, mesurado, discreto, despojado de cualquier emoción o arrebato podría garantizar un éxito. Podría. A menos que el destino infalible destruya la potestad del hombre y con un giro ridículo e inesperado, haga fracasar lo infracasable. Trelew, un impecable documental de Mariana Arruti, presentado en la última edición de los EDOC, es la muestra de ello.

En Trelew asistimos a un thriller político que en clave de suspenso nos narra en voces de actores e implicados, la planificación del escape de la cárcel de Rawson, al sur de Argentina en 1972. Ciento veinte presos políticos amortiguando el encierro, matando el estancamiento con la promesa de la libertad. Promesa activa, por demás, ya que cada uno tenía una función específica para que cual engranajes de una gran máquina, la huída se consolidase como un ente multípodo. Una unidad de cientos de brazos que, ya sea cavando un túnel y llevando la tierra en los bolsillos, construyendo armas de madera, filtrándose en diversos compartimentos, armando fiestas falsas para despistar, logró casi llevar a cabo el escape perfecto.

Casi. Un error humano bastó para que todo el aparataje se desbaratara en segundos. La noche de la huída, todo salió según el plan. Lograron tomarse los puestos de vigilancia, atacando a los soldados en principio con un arma falsa y en adelante tomando sus trajes y armas, hasta avanzar al siguiente. Al mejor estilo Hollywood tenían un avión esperándolos en el aeropuerto, y varios camiones esperando afuera que los llevarían hacia la libertad en tierras chilenas. Allende ayudó por supuesto. Sin embargo, el jefe de los camiones interpreta mal la señal (un pañuelo agitándose en una ventana) y piensa que abortaron la misión. Los camiones se retiran ante la incrédula mirada de esos más de cien que salían en fila…

En fin, no existen fórmulas. En este caso, acciones por demás orientadas y con garantía de éxito condujeron a nada. O peor, a una matanza, puesto que algunos dirigentes lograron salir, pero he ahí que la fatalidad hizo que diecinueve no llegaran a tiempo y el avión debió partir sin ellos. Por más de que el estado iba a garantizar su integridad fueron fusilados sin miramientos.
Algo similar es lo que se teme con el caso de John Franck Pinchao, quien logró escapar de las FARC después de vagar por la selva durante diecisiete días. Su testimonio es ansiado pero a la vez temido por las familias de los secuestrados, quienes temen que un intento de búsqueda termine con la vida de sus parientes cautivos. La amenaza es de muerte sin miramientos.


Entonces, el riesgo del escape, de la oxigenación de esas aguas estancadas en donde se desarrolla esa no vida, es enorme y por lo tanto la ambivalencia del impulso de huída lo convierte en un gesto heroico. Y no me refiero al héroe que da su vida por una causa, sino el hecho de la autosalvación contiene un componente sobrehumano que hace que la simple supervivencia y la creatividad en medio de la resignación, se queden cortas. A qué me refiero con eso. Conocido por muchos es que las situaciones extremas hacen que se despierte un sentido quizás dormido en instancias normales. El momento en donde lo innecesario se vuelve menester. La creatividad del preso, por ejemplo no tiene límites, incluso es material para investigación socio/artística (conozco algunos amigos que se dedican a ello). Sin embargo, como dije anteriormente, esto llega a convertirse en simples alicientes para atenuar la paralización y crear acciones figuradas que proyecten la ilusión de movimiento. Como en el cine. No es la vida, no es una proyección en pequeño de la misma. Es una nada desértica rellenada con símbolos materializados de lo que significa la libertad.

Por ello la búsqueda de la libertad es la ruptura con ese enfangonamiento y el riesgo que esto implica es un acto de auto heroicidad que se despega aún del sentido común, puesto que aunque haya grandes posibilidades de éxito, se sabe que se está poniendo en juego la vida. El mundo puesto en dos extremos, esa vida polarizada que siempre nos negamos a vivirla. La ambivalencia en su estado puro con solo dos posibilidades extremas: el éxito o el fracaso.

¿Qué podría hacernos desistir de nuestros planes en el punto mismo de la desesperación borderline?
Clara Rojas, compañera de fórmula de Ingrid Betancourt en las elecciones, tiene un hijo de uno de sus captores. No se habla mucho de ello, los medios no le han dado mayor protagonismo. Es un tema delicado, no existe mayor información acerca de ello. No se sabe quién es el padre y la teoría del Síndrome de Estocolmo en los campos de secuestrados de las FARC, pierde peso al revelarse la mecánica de las relaciones humanas allí dentro. Allí las cosas no distarían mucho de un acercamiento normal, aunque claro, con algunas reglas a seguir.

Las motivaciones de Clara Rojas habrán cambiado, con un hijo en brazos, la huída se ve lejana. Hay otras prioridades como proteger la vida del pequeño. En fin, quizás por ello es que no se han hablado de los intentos de huida de Rojas, si es que los ha tenido.

Este es un caso en el que el yo traspasó la barrera del otro. Ya no es mi vida, ya no es mi sangre la que se derramará. Es la de otro ser, y qué más aferrador que un hijo. Clara no puede huir porque su hijo se debe a ella y ella a él, más aún en esas condiciones.
En el riesgo de la huída uno se debe batir con la cobardía. En el extremo del precipicio aún hay algo que nos jala hacia el otro lado. Pero la inanición del alma que perece en esa estructura a escala de una vida fantasmagórica es suficiente para levantarse un día más y planear por sexta vez el escape…

lunes, mayo 14, 2007

¿Estuve yo ahí? Sí...

El desapego a la realidad hace que se cometan errores de verosimilitud. Hoy me ha venido esa reflexión luego de ver el documental de Isabel Dávalos, "Alfaro Vive Carajo, del sueño al caos". Excelente título, no está demás decirlo, que describe perfectamente en palabras de Santiago Kingman, la "trayectoria" de este movimiento armado ecuatoriano.

Y cuando hablo de desapego, no me refiero a una fidelidad de los hechos presentados ni más ni menos. Hablo de un recurso que puede ser mal utilizado y que es usado en un tipo de documental que está en boom, aquel que mezcla lo autoreferencial como componente dramático del producto. Sin embargo esa autoreferencialidad no puede ser gratuita (porque sí), sino que debe obedecer a una precisa necesidad comprobada de que ese componente íntimo es necesario para el desarrollo de la historia. Y en este caso, por demás no lo es. El presentar una realidad que viví de lejos, a la que casi ni paré bola, pero que por razones cronológicas la viví rozándola desde lejos frente a una tele encendida y las conversaciones de los papás, no es suficiente para hacerme personaje de mi película. Y eso es lo que hizo la directora de "Alfaro Vive..." En ese caso la relación con el mundo particular del realizador, se la debería buscar por otro lado, desde un punto de vista más sincero y menos forzado.

Muchos grandes documentales que he visto han partido de ese principio de sinceridad en el que obviamente, si no tengo nada que hacer allí, sencillamente me salgo. Otra cosa es el narrador presente u omnisciente. El primero se involucra en el proceso pero se muestra imparcial y no se convierte en personaje con peso dramático, tan solo narrativo, o muchas veces funge de hilo conductor a falta de otros recursos que cumplan esa función. Esto tampoco funciona siempre, pero en los casos en los que lo hace, es porque hay mucho tino y consecuencia dentro de la construcción del guión o de la narrativa. El segundo caso, el del narrador omnisciente, es generalmente aquel de tono casi didáctico y que suena más a periodismo o a documental televisivo. Está por demás decir que en este caso no hay involucramiento alguno con lo personal.

El caso del realizador como personaje es bastante complejo. Decidir si aparecer o no, si contar hechos personales y relacionarlos con el tema de fondo -a menos que el documental sea sobre uno mismo o sobre algún acontecimiento íntimamente relacionado con la persona- no es fácil.

Debe pensarse en primera instancia en un elemento que actúe de ligazón entre lo íntimo y lo que se pretende colectivizar. En el caso de Isabel Dávalos, el pretexto de haber estado presente en vida durante aquella época no es suficiente. Los casettes de video de su padre filmando a la familia en los ochentas, no dicen nada que no se quede en ese in doors, en aquel ambiente casero de una familia quiteña común y corriente. Sinceramente no hallo la relación entre ello y los AVC. Ni siquiera la posibilidad de utilizar como recurso de liason el hecho de que Juan Carlos Acosta haya sido pariente en segundo grado de Dávalos fue explotado correctamente. Se pasa esta información a vuelo de pájaro, lo cual hace más aún evidente la falta de un tratamiento correcto del tono narrativo.

También, si por esas vamos, se pierde otra oportunidad importante de justificar el intimismo (tampoco mostrado adecuadamente, de paso) cuando sabemos por fuentes extras a la película, que Mauricio Samaniego, ex Alfaro, es su amigo. Por allí podía producirse la vía/pretexto para relacionar lo uno con lo otro. Pero esto jamás siquiera se nombra. Entonces, nos queda la duda de si su valor documental, es decir como documento histórico en sí, necesario y oportuno, esté por sobre consideraciones de valor estético, técnico y argumental. No sé si por el hecho de querer tener memoria a cómo de lugar debamos conformarnos con lo que ya está hecho y no seguir proponiendo nuevas visiones, nuevos puntos de vista, nuevos tratamientos. Con ello me refiero a que, pese que el trabajo de Isabel Dávalos es una buena producción documental, cuya importancia desde el punto de vista histórico y político es innegable, no creo que el resto de realizadores deban pensar que este tema ya se tomó, "ya lo ganaron" y que no se deba hacer nuevos productos desde otros vértices referentes.

A mi criterio lo de AVC es tiene una importancia tan crucial, incluso desde el punto de vista meramente romántico y anecdótico, que amerita ser revelado, mediatizado, puesto en agenda y guardado en la memoria colectiva de distintas maneras. Con ello no desmerezco el trabajo de Dávalos, que tiene un gran valor investigativo y por supuesto más oportuno no podía ser, ya que justo sale a la luz en el momento en el que por fin Febres Cordero ha sido inquirido formalmente por sus abusos de poder.

Por otro lado, tal vez mi punto de vista desde lo argumental con respecto a este documental sea puramente intimista y autoreferencial (lo acepto), ya que aunque yo era bastante niña, recuerdo muy claramente esa época y la sensación que me producía aquello. Esa misma mezcla romántica de emoción, adrenalina e ingenuidad que no se oculta en el documental, es quizás la que corría por mis venas en mi infancia cuando veía desde la tele o leía en los periódicos que aquellos guerrilleros se robaron la espada de Alfaro, asaltaron un banco, etc. Flotaba un aire apologético de sus acciones en el ambiente, y yo lo sentía. De hecho, tuve una mezcla de sentimientos cuando me enteré la masacre del secuestro de Nahím Isaías Barquet. Por más de que la prensa se empecinaba en decir: "Mataron a los malos", yo aún no me lo creía. Incluso me dio pena verlos morir, y más pesar aún me produjo que entregasen las armas, porque sabía que estaba frente al fin de algo más. De un algo que por entonces no sabía que era, pero ahora lo tengo tan claro...

Nunca fui afín a la izquierda como tal, pero AVC siempre fue más que un movimiento subversivo izquierdoso. Había un halo de misterio y emoción, de aventura, de un no sé qué que simplemente entendí hoy al escuchar a los ex Alfaro siendo entrevistados. Ellos también sentían ese algo que sin ser una exacta ideología política los empujó a lanzarse al vacío. Un algo que se mostraba como la última puerta de la utopía agonizante, puerta que quizás no conducía a nada, pero podía aún abrirse y a final de cuentas eso era lo que importaba...

martes, mayo 08, 2007

La Rabia de Fernando Vallejo y la Xenofobia

¿Un discurso visceral será suficiente para calmar conciencias patrioteras, cuando de abandonar la cuna se trata? Fernando Vallejo acaba de renunciar a su nacionalidad colombiana a escupitajos. Dice que es una tierra asesina, un país imbécil... En fin, sé que estos adjetivos no solo están relacionados con la reelección de Uribe, su odio es bien conocido por sus lectores. Hay una xenofobia descarada y sincera en sus novelas. Y él la explota sin miramientos, quizás es el condumio de su ficción pero en resumen, en muchas de sus novelas Vallejo cree que los colombianos son una raza miserable. Sus obras no solo rozan los contextos y problemas sociales derivados de la guerrilla, el narcotráfico y los paramilitares, sino con la genética.
El desprecio de Vallejo es incluso racial, es un desprecio a lo antiestético de una mezcla maldita, como él la considera. Para Vallejo el mestizaje es el orígen de muchos o casi todos los problemas sociales de Colombia. Y esto es extensible a los países de similares características. Nosotros por ejemplo... ¿Sacrílego? ¿Insultante? La sinceridad punzante y grosera de Vallejo es ofensiva desde todos los puntos de vista -si que quiere ver a la literatura como un reflejo de la realidad- pero no por ello deja de ser menos honesta.
No se puede negar que la realidad inmediata presenta pocos matices, que muchas veces la generalizaciones son tan aplicables, y que en este caso concreto, la marca de esa disimilitud, de esa heterogeneidad racial, venida con la conquista, ha hecho mucho daño. ¿Es una postura realista frente a la realidad física de un pueblo, una postura xenofóbica? ¿Se es racista por pensar que, en efecto, nuestra población es fea, antiéstética y sin gracia? Pues yo no lo creo, pienso que el tabú de la fealdad es uno de los más difíciles de vencer, puesto que al menos racialmente hablando, acusar a un grupo humano de feo -por sus valores puramente estéticos,-es considerado xenofobico. Nada más estúpido que eso. Por supuesto que Vallejo va más allá de la fealdad por la fealdad, y su postura purista deriva en varias aristas que llegan a conclusiones profundas sociológicas.
No es un secreto que la construcción socio económica de los países latinoamericanos con presencia importante de mestizaje, sea una pirámide en degradé. Abajo lo más oscuro, arriba lo más blanco. Así es y no hay por qué asustarse ni satanizar la sinceridad de la vista. Del entendimiento profundo de que hay un fuerte y grave componente físico y estético en los problemas sociales de una nación heterogénea.
Sino, para muestra un botón: Francia y las elecciones recientes. El espíritu "nacionalista" prevaleció y ganó el candidato conservador Nicolas Sarcozy, tan temido por sus decisiones "xenofóbicas" frente a los inmigrantes. Un nuevo problema social se avecina en Francia, que de paso ya empezó la semana pasada, con disturbios y quema de autos, los cuales en menor medida, se asemejan a los que ya protagonizaron los grupos sociales inmigrantes de la periferia en el 2005. Por supuesto muchos dirán que no tiene que ver con lo racial, pero a la final este es un dicurso que empieza y termina allí, en el ser otro, en el ser y verse diferente y que el resto te pueda reconocer como tal. Quien no se puede mimetizar físicamente en una sociedad homogénea es inmediatamente identificado como invasor. Y eso es lo que pasa en Francia.
Sé que ambos temas están muy lejos el uno del otro, pero hay un vínculo profundo: El temor del otro, sea o no invasor. Es un tema complejo, la diversidad y armonía señores se dan solo en la naturaleza, y en aquella que no ha sufrido aún los estragos de la mano del hombre. El abrazo multirracial es una gran utopía y una mentira descarada. Las diferencias existen y no se las puede esconder tras seudo discursos democráticos de igualdad, cuando a la vuelta de la esquina se mata y se odia al que no se ve igual que uno.
Aún vivimos una tierra que se espanta con esos grandes hombres zoomorfos montados en un caballo. Aún estamos rodeados de gente que mira a esos hombres oscuros y musculosos, y los confunde con animales. Todavía estamos viviendo un renacentismo tardío, y mientras no se superen las barreras entre el yo y el otro, seguiremos viviendo en sociedades que proclaman democracia y libertad, pero que tienen miedo de salir de su metro cuadrado, porque por allá están los de "otro color"... Y si yo o esos "otros" somos feos, pues ya está, lo somos y qué más da, sinembargo esa fealdad no tendría por qué condicionar la cualidad de humanos. Todo al mismo nivel.

martes, mayo 01, 2007

La hoguera virtual

Recuerdo la primera hoguera. Quizás fue la última. Tenía diecinueve años, una carrera botada en el primer semestre y una firma escurridiza que deseaba obtener, con pena claro. La primera hoguera fue en el patio de mi casa y tenía desde ropa hasta cosas de plástico, por eso era altamente tóxica y me hizo toser durante horas. Pero no me alejé de ella hasta que se apagase completamente. Y se apagó de hecho. No me convertí en el lado miserable y salí golpeada en busca de nuevas futuras hogueras.
Las siguientes hogueras nunca encendieron, quizás porque no acumulé material inflamable o puede ser que no haya tenido la necesidad de deshacerme de él. O tal vez no hubo despliegue romántico y las evidencias fueron eliminadas antes de que el perito llegase. Bueno, hubo otra vez una hoguera que fue un intermezzo. Fue necesaria para el alivio pertinente, y la celebramos en la terraza de un novio que tuve. Sólo fueron libros, qué pecado. Pero ni modo, había que deshacerse de la herejía. Ni Bradbury habría podido retratarme mejor.
Luego vinieron tiempos con demasiado viento, tan buenos para aprovecharlos y descontaminar el ambiente a punta de generar energía eólica. Pero en fin, nadie lo hizo, así que la contaminación quedó y el aire irrespirable de la ciudad terminó por ahogarlos vivos. Es terriblemente tétrico ver a esas momias petrificadas aún exhibiéndose por ahí. Muertas, sí, pero presentes. Como un museo de vestigios arqueológicos. Nunca fueron alcanzados por el fuego pero murieron de paro respiratorio. O intoxicados con el humo y la atmósfera envenenada. Quel domage!
Todas las hogueras y las posibles hogueras anteriores, me salvaron del patetismo. O por lo menos lo intentaron, y al pasar las semanas o los meses cumplieron su cometido. Borrar. Pero aún estaban rozando con aquella temporalidad inmaterial que es la que preocupa. No tuvieron filtro virtual, pero casi. Por ahí hay cientos de mails atrapados en bytes que se niegan a desaparecer por su negación implícita que parte de mí misma. De un simple Delete. De cómo el poder orgánico del fuego puede ser reemplazado con un click insípido, el cual además jamás podrá cumplir las funciones reales de la hoguera.
Lo que pasa es que siempre hemos pensado que las decisiones costarían más que una simple pulsación de un mouse. Demasiado facilismo en la vida contemporánea. Ya no tenemos que rompernos el coco, un botón tiene la respuesta. Pero, ¿En realidad la tendrá? Esa es la pregunta. No lo creo. Es un aliciente farsante de la voluntad. La decisión perpetua e irrevocable se toma en el plano de la acción real. Sentarse frente a una fogata sí que es una acción real. Decidir hacerlo, tomar el material y depositarlo en el fuego no es un acto simbólico. Es un acto. Hacer un click es un simbolismo filtrado, es un artificio simplón del olvido.






viernes, abril 27, 2007

True Lies

To fit: Calzar, encajar... Meterse dentro de una forma inerte y acomodarse a cómo de lugar, sintiéndose lo más cómodo posible.

Si te obligan a cambiar lo que quisiste decir, o quizás inseguramente decir, ya se va por la borda el sentido primero y lo que queda no son más que retazos y falsetes que quieren calzar en el ideal del otro. Estoy hablando del periodismo. No se puede hacer una crónica sin ser testigo presencial de los hechos. Qué haces entonces para mantener el tonito de narrador tácito y observador silencioso. Por favor, si no he observado nada, por falta de tiempo, premura de los editores y personajes escurridizos a quienes debes agradecer con alivio que te hayan dado unos minutitos de su tiempo. En fin, qué haces si el ambiente croniquesco se vuelve lo menos pintoresco posible, ya que las únicas acciones descriptibles son el movimiento de manos y el gesto único de una conversación. ¿Me explico?

¿Ficcionas? ¿Inventas hechos corriendo el riesgo de ofender a los actores implicados? Para la ficción está la literatura, y para la verosimilitud también está la literatura. El periodismo es lo menos verosimil que hay puesto que nunca se te va a presentar la realidad como tal, y no queda nada más que imaginarla. Pero eso ya es ficción.
¿Entonces, cuál es la solución? Faltar a la ética mínima de fidelidad y crear ambientes, espacios, situaciones y hasta personalidades para que la crónica sea divertida y no una sucesión de hechos contados y recontados de segunda fuente. Obvio, el periodista se convierte en la segunda fuente y no en la primera, como debería ser cuando se trata de una crónica. No queda más que confiar en lo que nos cuenta de sí mismo el personaje a observar y reproducirlo de una manera lo más imparcial posible para que no hayan futuras quejas.
No me siento muy cómoda que digamos en esa postura. Por qué no seré más irresponsable y de una vez lo invento todo, total, creo que el periodismo al final se trata de eso. El problema no es mentir sino la pretensión de realidad y verosimilitud con que se presenta al ojo público un relato.
No es la mentira descarada la que daña, sino la que se niega a reconocerse como tal. La que se esconde en mil artilugios, sentencias y autojustificaciones para llegar a convencer y convencerse a sí mismo de su fidelidad. Esa que se pretende verdad. Y eso es el periodismo. Por eso me quedo con la sinceridad farsante de la literatura. Gracias.

martes, abril 24, 2007

No es la noche

No es a la noche a la que temo, sino a la muerte de la noche. No es la oscuridad la que me espanta, sino el esclarecimiento de los hechos.

Luego de la pupila acostumbrarse a cerrar su diafragma, el primer rayo hiere sin pudor.

Por eso déjame dormir contigo esta noche. No me dejes sola. No me sueltes porque los enemigos del indecoro saldrán a buscarme.

No es lo que no veo. No es el andar a tientas. No es la ceguera. Es la voluntad de mirar, lo inevitable del tinturado albo. La voz magnánima ordenando desaparecer a las tinieblas. La implantación del ciclo perpetuo. El encaje y desencaje de lo habitual. El hacha trabada a cinco centímetros del cuello y el antifaz que deja pasar los rayos de luz primeros.


Es como yo queriendo verme bella en medio del aire maleado. Son las ventanas empañadas de vaho nocturno. Del sudor inactivo, lejos de cualquier arrojo elemental de carne, lejos de cualquier contacto paralelo.


Soy yo queriendo prolongar el mismo día. El día mismo. Regresando a ver el reloj sólo para descubrir que siempre se repite el mismo número:

1:11 3:33 5:55

Cinco y cincuenta y cinco, la hora más peligrosa. Sin azar ni sorpresa, siempre con ese frío blanquecino y descolorido.

Déjame dormir contigo hoy. Mañana. El domingo. No hay motivos para no regresar a la muerte de la noche. Ella espera, infinita amante de la agonía. Agonía de madrugada.

lunes, abril 23, 2007

Esque no se puede parar la lluvia

No hay cómo volver plano a un pétalo sino rompiéndolo

Yo no quiero más que escribir.
Tener que estar en lugares donde no quiero estar.
Presentaciones melosas mal leídas.
Insufribles palabras haciéndose pasar por ingenio infantil.
Pronunciadas por una mujer de mediana edad, con el tono aquel que pretende ser entrañable.
Siempre la falta de sinceridad se repite.
¿Quiénes mismo serán? ¿Quiénes mismo seremos?

Y yo aún con chuchaqui de ducha. De haberme tirado dos horas en el piso recibiendo agua y agua. Y sin poder levantarme. Imposibilitada. Deshauciada de movimiento más que de ese ritual amargo. Sin poder salir. Sin poder ahogarme. Sin intentar recoger agua en mis pulmones porque el instinto de supervivencia es más fuerte. Es más fuerte que esa necesidad de nada. Que esa idea pastosa de huir del propio cuerpo. Porque no es bello, porque no responde y se niega. Y arde, y se descascara. Y la fricción enrojece la piel, y aún así no tengo condescendencia ni miramientos. Arde el cuerpo, arde la caverna blanda. Sobreexpuesta a punta de obligación.

Sigo apretando los músculos para sacar el bien. Para sacar provecho de eso que me queda, el arquetipo en edad madura. Sigo extrañándome en la sobreexigencia de los músculos gemelos, entre los tendones tensos. Una tensión cervical que se niega, rebelde ella, a exprimirme. A dejugarme. A desaguarme. Y sigo, y no paro. Y nadie puede detenerme, ni siquiera mi propia imposibilidad de morir cinco minutos. Antes, cuando se moría veinte o treinta veces seguidas, la resurrección era siempre dolorosa pero inacabable. Siempre había un por qué seguir. Un por qué no seguir.

"Por simple derivación, cuando uno ama muchas veces, muere muchas veces"

Hoy sigo presionando la pituitaria.

Una vaca muerta. Mosqueada. Un alguien que fue respetado en vida y olvidado después de las moscas.

A menos que decida cerrar la llave de agua, no sentiré la temperatura real. El frío, una mentira. El calor, otra mentira. Una verdad temperada, aclimatada. ¿Beber agua al clima?

¿Dónde está la verdad de la desnudez de mi cuerpo? ¿Es cierto que debo congelarme al enfriarse las gotas de agua sobre mi piel? No. No lo sé.

¿Por qué se evaporan las ansias? Las mías. ¿Dónde quedaron las contracciones colonizadoras? Con el aire dentro. Un ruido tonto. Los músculos tensos. El cuello ensanchado. El brazo tembloroso ya sin fuerza y la muñeca fallando en el papel. El teclado y la pantalla. El frío. La puerta metálica y el vidrio catedral. Un plato sucio. Y yo.

sábado, abril 21, 2007

There`s an ordinary world

Definitivamente hay que ir en busca de esa ordinariez



Came in from a rainy Thursday
On the avenue
Thought I heard you talking softly
I turned on the lights, the TVAnd the radio
Still I can't escape the ghost of you


What has happened to it all?
Crazy, some are saying
Where is the life that I recognize?
Gone away


But I won't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive


Passion or coincidence
Once prompted you to say
"Pride will tear us both apart"
Well now pride's gone out the window
Cross the rooftops
Run away
Left me in the vacuum of my heart


What is happening to me?
Crazy, some'd say
Where is my friend when I need you most?
Gone away


But I won't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive



Papers in the roadside
Tell of suffering and greed
Here today, forgot tomorrow
Ooh, here besides the news
Of holy war and holy need
Ours is just a little sorrowed talk



And I don't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive


Every one Is my world,
I will learn to survive
Any one Is my world,
I will learn to survive
Any onen Is my world
Every one Is my world

martes, abril 17, 2007

¿Esas son tus penas?

No, esas son tus panas

Si el oxímoron de la canción “Va cayendo una lágrima” de los Iracundos llevara la voz cantante en la última película de estreno nacional “Esas no son penas” (Anahí Hoeneisen y Daniel Andrade), pues acertaría sin lugar a dudas en el ánimo capitalino que se pretende retratar. Sin embargo, es allí en donde precisamente me entra la duda ¿En realidad somos tan grises como nos pinta el filme? ¿Sufrimos, o mejor dicho, sufre la mujer de clase media en ese nivel? Sospecho que no, al menos de esa manera, no.

Dejando de un lado los artificios técnicos, y centrándonos en la trama y el componente dramático, creo que la insistente idea de desolación (conseguida a través de mostrar constantemente un Quito Norteño nublado, y por supuesto los gestos parcos de sus personajes) viene más a parecerse al laconismo de un filme sueco o noruego, que a nuestro ánimo andino yaraviesco, por demás diferente. Y no es que esté errado per se mostrar desolación y estancamiento, sino que ello debería ser producto y consecuencia de algo más, que aunque no sea explícito, debe estar presente. En “Esas no son penas”, este ánimo desgastado está mostrado como génesis y consecuencia, en un proceso indiferenciado. Me atrevería a decir que no ha pasado por el filtro de lo cinematográfico.

Hay una falta de intensidad en los efectos, es decir, entiendo perfectamente la idea de mostrar desolación, pero lo único que se consigue es transmitir al espectador una aridez directa, generada por lo pusilánime del filme como producto y mas no arrancar sentimientos diferenciados que son los que el buen cine suele producir. Con ello no quiero decir que sea una mala película. Hay elementos interesantes, la estructura de la trama es simple pero podría funcionar si se cuidara mejor ciertos aspectos del guión, las actuaciones en general son buenas y dentro de lo que se persigue, funcionan.

El problema es el producto final, que a mi criterio no cumple su cometido, el que su directora buscó: Retratar a esa clase sánduche, la clase media, que es la que se quedó porque no pudo emigrar. Sin embargo allí surge un nuevo error: Esas mujeres -cuyas actuaciones como dije anteriormente, se sostienen perfectamente- no representan físicamente hablando, al promedio de mujer de clase media. Y ese es un grave error no solo de casting sino de honestidad. Una cosa es la ficción, y otra, la verosimilitud. De sobra sabemos que el promedio es el mestizaje, y hablando sin pelos en la lengua, el tipo físico, la ropa, e incluso las actitudes son otras. Está demás por decir que la mayoría de las actrices protagonistas ostentan raíces directas europeas, españolas y chilenas. (De paso, caritas bastante conocidas del mundillo cultural).

Por ello, no es más sincero decir: Quería hacer un filme que retrate vidas específicas de un grupo de gente de clase media (no la mayoría). Creo que pretender dar voz a un grupo social inmenso a través de generalizaciones mal estructuradas, es tremenda ingenuidad. Y por otro lado, me pregunto ¿A dónde fue a parar el sol avasallador de un medio día quiteño? Entiendo, se está mostrando una parte del todo, pero tanta coincidencia de sufrimiento junto, no puede ser gratuita.

sábado, abril 07, 2007

Una rosa es una rosa es una rosa

Una mentira y un credo
por cada espina del tallo
que injertandose en los dedos
una rosa es un rosario
Betty dramática y evitada por la madurez. No sé qué clase de espíritu la soporte, pero a mí me arrancó menos lágrimas, no sé qué pasó. Sí sé qué pasó. Un último traspaso, la última utopía pendeja desbaratada. Eso.
Una doble muerte y el presentimiento del término del escozor. Una agonía prolongada que no deja de ser fastidiosa, por ello, ¡bien Zorg!, las tres o cuatro veces anteriores me cayeron lágrimas injustas. Ésta vez fue distinto, siempre te dí la razón, la compasión no es suficiente para tomar la decisión. Hay algo más allá, un algo egoísta pero válido que nos hace apretar el gatillo y dar el tiro de gracia. Aprieta fuerte la almohada, hasta que deje de respirar... Quizás ésta sea la última vez que vea esa película.
Para Amaranta

lunes, marzo 26, 2007

Todo es cultura, todos somos artistas...

Ay Dios mío, qué pasó. Qué ha pasado desde que las nuevas nociones de democracia y pluralidad, han exigido que ya no se hable de la cultura sino de "las culturas". Gracias, un punto a favor de los sociólogos, antropólogos y hasta folkloristas, por qué no. Ganaron. Resulta que ahora dentro del saco de "Las culturas" entra todo. Sí, todo lo que a usted se le ocurra que tenga que ver con el desarrollo social (llámese TODO).
Porque dentro de los elementos socio culturales, políticos e históricos entra todo. ¿De qué pluralidad estamos hablando? Cuando las discusiones acerca de la cultura se vuelven densas y pastosas porque hay que incluir a "todos y a todas" antes de herir suceptibilidades y que le califiquen a uno de defensor de "la cultura elitista". Lo popular, lo popular... que si el valor de la cultura popular y las expresiones "no cultas del pueblo"... Resulta que ahora se sataniza lo culto, malentendido como exclusivista y segregatorio por ser considerado "diversión cara". Sí, todas las comillas son de adrede, porque es absurdo caer en acepciones facilistas y ligeras.
Qué pasa cuando uno entra a un foro de discusión, taller o panel sobre CULTURA, y se vuelve una mixtura amorfa de cualquier cosa, porque cada uno quiere meter por donde más entre lo que considera como cultura. Desde discusiones de género, pasando por minorías, estudios antropólógicos, arqueología, sicología, folclor, deportes, fútbol. En fin, todo entra, quién da más. Está claro, la tendencia actual es la de sociologizar la cultura, es decir, el término cultura. Democratizarlo para volverlo un bolsillo de payaso en donde quepa todo. Desde fulano que es artesano y vende pipas talladas, hasta sutano que practica shamanismo, pasando por mengana que practica yoga, quien está sentada junto a perico de los palotes, el cual es teatrero callejero y medio hippie, que tuerce los ojos a los espectáculos del teatro Sucre. Por favor, no tengo que decir mucho para exponer la estupidez que esto significa.
No digo que todo aquello no pertenezca a la cultura en sí entendida como un proceso del conglomerado social, pero hay que separar términos y acepciones. Porque la hibridez que de repente la palabra posee, hace imposible ordenar necesidades, prioriodades, e incluso estructurar políticas culturales eficaces, si no sabemos a ciencia cierta de lo que estamos hablando.
Dejemos la sociología a un lado, la antropología, y fijémonos en una cosa: No podemos ponernos en la postura de defensores de las culturas populares (para que no me corrijan uso el plural) en detrimento de lo que es considerado como culto, primeramente. Y en segunda instancia, es terriblemente necesaria una separación de orientaciones e intereses. Vamos, que es estúpido unir a un shamán con un cantante lírico como parte de lo mismo. No lo es. Separemos contextos, por favor.
Por ello, es menester reunir todo lo que tiene que ver con las artes y las letras por un lado (elitista o no), y lo otro (que ahí sí, ni siquera sé de qué se compone) separarlo en lo que realmente es. Con ello me refiero, coyunturalmente a los foros y asambleas de cultura que se están dando con respecto a la próxima ¿apertura? ¿creación? ¿funcionamiento? del Ministerio de Cultura.
A veces creo que teorizar prácticas desde el punto de vista de la sociología, hace mucho daño. El juego del mucho abarca poco aprieta...

viernes, marzo 23, 2007

¿Ravi Shankar chill out?

Hay algo de inhumano en la música electrónica. No, mejor dicho. Todo es inhumano. Le falta espíritu, carne, víscera. Y sonaría absurda la relación inversamente proporcional con el rock o el jazz, porque los instrumentos son seres inanimados. Ahí pasa algo como transfusión de condumio, un instrumento sudado o babeado contiene ya ADN humano, es casi antropomorfo cuando es explotado por el músico. No creo en realidad que se convierta en una extensión de su cuerpo, en un miembro generado por meiosis. Es más bien un hijo parido quién sabe cuando, que nació muerto pero bello y a quien hay que devolverle la vida. Dr. Frankenstein, a parir alma o en su defecto a arrancarse un pedazo de ella y con la varita mágica de la electricidad y sus manos (o boca, o pies) revivir al inerte. Pero ojo, no es tan fácil. Sólo un acto sincero de desprendimiento o alumbramiento podrá dar carne y sangre a la voz del recién parido. Un segundo parto, interpretativo.
El filtro de la computadora -no hace falta decirlo- despelleja al músico. Pero no para mostrarnos sus músculos, tendones y ligamentos, sino que lo despelleja literalmente hasta desaparecerlo. Carnicero, Jack the Ripper. Hay alma en la música electrónica, debe heberla (sino cómo tantos disfrutarían hasta casi el éxtasis tántrico), pero es un alma de bytes. Un frankenstein creado por el mismo Frankenstein hijo. Hay mano de carne y hueso, y espíritu humano detrás de todo ello, claro, pero filtrados.
Y aunque ahora todo está digitalizado y, a menos que escuchemos intepretaciones en vivo, al parecer todo se convierte en lo mismo. Pulsaciones, bytes. Transferencias. Pero, créanme, la sinceridad no es filtrable, llega como es, y es capaz de traspasar fortines virtuales. Es capaz de barrerlo todo y llegarnos, nítida, a decir:

We were talking about the space between us all
and people who hide themselves behind a wall of illusion
never glimpse the truth
then it's far too late when they pass away

We were talking about the love we all could share
When we find it to try our best to hold it there with our love,
with our love we could save the world
if they only knew

Try to realize it's all within yourself no one else can make you change
And to see you're really only very small and life flows on
within you and without you

We were talking about the love that's gone so cold
and the people who gain the world and lose their soul
They don't know, they can't see
Are you one of them

When you've seen beyond yourself
then you may find peace of mind is waiting there
And the time will come when you see we're all one and life flows on
within you and without you

George Harrison

viernes, marzo 16, 2007

De no tener hambre e indigestarse

Recupero la idea de la ligereza como fuente de sosiego. Pero me refiero a la ligereza estomacal, no a la de mente o espíritu. Quizás sea la mismo, y en última instancia se consigan efectos similares, o talvez ésta sea una puerta para alcanzar las dos anteriores.
Ayuno a la medida: ¿De qué sirve ayunar si no cuesta exfuerzo alguno? No comer por falta de habre no significa ayunar. Claro, la noción de ayuno implica sacrificio, más allá de cualquier relación con religiones o prácticas espirituales. Qué se yo, recuerdo a David Bowie, anoréxico, negándose a comer, pasándola mal de hecho. ¿Hay que pasarla mal para ayunar? ¿El ascetismo debe ser siempre tan mal pagado? Lo sé, hablo con la misma ligereza de mi estómago, que no ha recibido alimento desde hace horas, sí, por falta de hambre. Tengo una tarea que no quiero cumplir, y en lugar de ella, me pongo a dar vueltas a temas inútiles. Sí, quizás la renuncia, el acto de desprenderse, es en sí un dolor completo que no trae ni lleva nada más. Por que lo que viene después, es tan desconocido como para el común de los seres, las recompensas póstumas del asceta.
Si luego del corte del acto, se sufre, es parte de otra cosa y no del acto en sí. El acto de desprendimiento es ajeno siempre porque nos cuesta infinitamente hacerlo. Lo ajeno no está en lo que se llevan de nosotros, sino en ese SE impersonal. "Se llevan". Alguien más tiene que hacerlo para que funcione, por ello el acto de desprenderse es un desdoblamiento del yo. Un yo bipartito que expulsa a un otro, quien será el encargado de llevarse aquello que debemos extraer. Como una muela al dentista. Él se lo lleva. Volvernos ajenos es lo que nos duele, ser otro. La alteridad es siempre dolorosa porque es ladrona. Un robo que permitimos con el último exfuerzo de soledad. Ser dos para sobrevivir.

Para ayunar, alguien más debe robar el alimento que iba a ser ingerido por uno. Ese otro se indigestará toda la noche, por su ración extra de comida. Que quede advertido.

miércoles, febrero 28, 2007

¿Quién es Leroux?

Bicicleta Leroux, la nueva obra de teatro de Malayerba

¿Quién es Leroux?
Leroux es el mito. Es eso. Leroux son los hilos de la marioneta que es Ulises, éste nuevo Ulises quien, una vez más, emprende un viaje entrecortado. La barca/bicicleta que desbarata la paradoja del anti movimiento: Ulises se embarca, pedalea, la ilusión del movimiento frente al estatismo del no lugar. Su viaje es autofago, se alimenta de sí mismo y no procede de lugar alguno más que de su propia conciencia de afuera. Así un desplazamiento geográfico sería inútil frente al frenesí de las imágenes recogidas durante una vida entera. Ese afuera que busca recobrar forma y sentido en lo cotidiano, en el escudriñamiento de las estructuras que componen la vida ordinaria. “Bicicleta Leroux”, la nueva obra de Arístides Vargas, no busca transgredir los límites del viaje mítico a través de presentar un meta héroe. Quizás en este aspecto -guardando las distancias- se asemeje más al Ulises de Joyce que al de Homero, sin embargo, el hilo conductor homérico, más allá de una estructura derivativa, deja abiertas las múltiples posibilidades del viaje y el encuentro como dos fines inseparables. Por ello que Leroux, ese personaje tácito dentro de la narrativa de la obra, es un fin en sí y a la vez un medio. Para este Ulises desencajado, taciturno y nada ingenioso (antítesis del Odiseo homérico), la travesía recorrida es similar a un viaje esquizoide. Momentos en los que la realidad burda y ordinaria del día a día, chocan con el nivel paralelo del mito. Ese encuentro de dos dimensiones que dan pie a un desvarío alucinatorio, utilizado como recurso escénico y dramático, dan a “Bicicleta Leroux” un indiscutible aire de fábula. Un muy estilo “Malayerba”, cuya fórmula ha sido probada con éxito en varias obras anteriores.

Lo fantástico de personajes mitológicos que rasgan el velo de la realidad al coquetear con seres de carne y hueso, dan a “Bicicleta Leroux” un sentido distinto a la Odisea de Homero. Allí el nivel mítico es el contingente de la realidad, única y verosímil, mientras que en esta obra detrás del telar de Penélope está la otra realidad. Detrás de lo onírico que se confunde con lo ordinario, están esos seres debatiéndose entre dos universos paralelos, lo cual se puede apreciar claramente en la división que se hace en el escenario con el telar de Penélope, el que es a la vez el mar donde navega el marinero Ulises. Ambos enredados en los hilos del olvido, del abandono. Esos hilos sostenidos por aquellos no-seres, quienes desde ese No (que es la muerte) llaman a destazar las capas geológicas de la vida. Penélope se siente abandonada, desea y no desea, muestra pretendientes risibles quienes la ayudan a mantener tejida la escena de su vida. Ulises no sabe que esos hombres asechan a su mujer mientras a la vez empujan su barca hacia ese mar de hilos. Hilos traídos por ellos mismos.

Con toda la libertad de matizar e incluso desmitificar personajes homéricos, en Bicicleta Leroux encontramos varios niveles de reflexión, desde el simple hecho de la realidad doméstica, ese puertas a dentro de un día a día que se consume a sí mismo en enmarañados recorridos. Por otro lado está el hombre y el desencanto de la realidad, que hace que se junte lo racional con lo irracional, en una travesía en donde Circe, las Sirenas, Escila y Caribdis, Polifemo, Eolo y todos esos personajes mitológicos se convierten en metáforas del diálogo entre el héroe perdido y ese afuera aprehendido sin una real conciencia del fin. Por eso Leroux nunca está, está en las voces de los otros, pero éste Ulises sabe que de nada le sirve ser sagaz, ni aprovechar de las situaciones para alcanzar su objetivo. Es más, el objetivo borroso que significa Leroux deja a Ulises en la parálisis de la acción, total jamás ha salido de Itaca…

jueves, febrero 01, 2007

Todas íbamos a ser reinas

Ayer que me encontraba descansando plácidamente, alguien ha golpeado mi puerta. La abrí. Una mujer con el rostro desencajado, con las manos todas arrugadas y pasposas, me tocó el hombro. Llevaba la cabeza gacha, por lo que no pude ver su rostro de inmediato. Hice un gesto de asco y mi primera reacción fue hacerme hacia atrás. Ese instante levantó el rostro como de adrede. No quise verla, no entendía lo que quería decirme. La mujer solo repetía sílabas ininteligibles, y yo estaba paralizada frente a aquella tez replegada hacia sí, una faz en donde no cabían más arrugas. Ella me tomó de la muñeca, me apretó fuerte y no quiso soltarme más. Yo le pedía que me suelte, que en serio me estaba doliendo su apretón. Pero la mujer/añicos no me escuchaba, solo me miraba a los ojos, y lágrimas legañososas caían sin consuelo. No gemía, no moqueaba, solo vertía agua. Ella hablaba, hablaba, y esas palabras eran como saetas cortando el aire. Yo ya dije que no entendía sílaba alguna, porque su pronunciación no era castellana, ni de lengua española o latina. Tampoco era quichua. Sospecho que era ninguna lengua. Intuyo que era una inventada por sí misma, una que ni ella entendía.
Quizás pasaron diez minutos mientras la mujer/añicos aún me tomaba, ahora ya del brazo y con las dos manos. La presión ejercida era cada vez más fuerte y yo debía sostenerme del dintel de la puerta para no resbalarme, porque de alguna manera, ella me tiraba hacia abajo. Y hablaba, y continuaba pronunciando vocales nasales que nunca había escuchado en mi vida. Y yo, sintiendo que era torpe por no poder defenderme de aquella vieja indefensa. Acusando mi falta de odio al prójimo. Mi escasez de desdén hacia el adulto mayor y todas esas cosas salidas de una moral maniqueísta, proveniente de un escollo de mi cerebro. Víscera que acaso la mujer/añicos almorzaría mañana.
¡Suéltame mujer que me lastimas! ¡Por favor! Y así me convertí en un ser suplicante. Rogando a aquel ser humano terminal que me dejara de clavar las uñas, puesto que mi brazo ya sangraba. Sus uñas eran amarillentas, engrosadas por los años y extrañamente filudas. Pensé que iban a traspasar una vena, y empecé a gritar. Pero a la mujer/añicos parecía no importarle, y empecé a notar -por el tono de su voz- que me acusaba de algo que yo desconocía. Su mirada de cien años empezó a recriminarme delitos en los cuales jamás había yo participado. En épocas en las que yo ni siquiera había estado presente aún. ¡Mujer, en 1952 yo no había nacido! No se por qué, pero le grité esto. Y ella negaba con la cabeza y seguía lanzando saetas silábicas incomprensibles. Como el dragón de Komodo, su saliva era venenosa, palabras húmedas que se salpicaban de sus labios y que yo debía evadir moviendo el rostro hacia los lados. Bacterias mortales que sólo el sistema inmune del mismo dragón podría combatir. Supe que iba a morir. Supe que el veneno también estaba en sus uñas y ya me las había clavado cinco minutos antes. Voy a morir, pensé. Y empecé a llorar, y a suplicar por mi vida. A la vieja, como si ésta fuese Dios y pudiera devolverme la vida. Pero a ella no le importaba y seguía su rutina, tirándome hacia abajo y luego hacia afuera. Entonces empecé a sentirme tan débil, que mis piernas dejaron de tener estabilidad y caí al suelo. El pecho me trepidaba, una angustia hiperventilada y luego cianótica me nubló la vista. Y el entendimiento. De pronto, viéndome arrastrada como un trapo viejo, pude entender con el estertor clarividente de la proximidad de la otra orilla, algo como un salmo repitiéndose incesante. Y la saliva salpicándome las sienes:



Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.


En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

miércoles, enero 24, 2007

Serena la mirada, firme la voz

Solo hay que entender ciertas cosas para vivir en paz. Cuidado con el aburrimiento. El tedio es señal de culminación de algo. El tedio crónico es síntoma de que acaso hay que salir corriendo y buscarse otro nido. Si no hay más árboles, entonces ¿a dónde ir? La idea del camping eterno tampoco es que llame tanto la atención:
Harto ya de estar harto, ya me cansé/ de preguntarle al mundo por qué y por qué/ la rosa de los vientos me ha de ayudar / y desde ahora vais a verme vagabundear.
¿Tiene Joan Manuel Serrat la razón? ¿El tedio es tan lácónico como para no hacernos sufrir? Porque si es así, cuál sería el problema ¿no? Al parecer no; si Juanito tiene razón, ese hartzago debe producir tal incomodidad que la única solución es vivir en permanente fuga, en volverse paria de uno mismo y huir constantemente de cualquier cosa. Los permanentes perseguidos. La apología de la paranoia.
Así que el vagabundo es la metáfora materializada del No. Y en el no, se esconde la sutileza de la paranoia. Pero esa paranoia tiene esa cara solo frente al mundo y a aquellos, a los otros que no ven más que directrices. Quienes no ven las directrices no son paranoicos, son simplemente bebedores directos de la fuente. Eso. Sin protecciones, sin indicaciones, sin guía de procedimientos. Sin embargo, el vagabundo alguna rutina tendrá. Mal o bien, debe satisfacer las mismas necesidades básicas. Pero es un mal viviente, es obvio, no hay espacio para el No en una sociedad en donde las aceras te marcan por donde ir.
Joan Manuel: El vagabundo también sufre.
Qué más da, qué más da/ aquí o allá...

martes, enero 16, 2007

Besos sin pasión

Ayer alguien me dio una orden y la cumplí. Lo hice pensando en que es siempre mejor no saber las cosas con exactitud y vivir en la delicia de la ignorancia. El paisaje conocido que de alguna manera (climática, estacional) cambia ante tus ojos cada vez que vuelves la mirada. O simplemente detrás de la admiración ignorante se esconde la imposibilidad de reconocer el espacio, no como un ente omnipresente, sino como una totalidad. Con cuerpo, volumen, dimensiones, profundidad. Creo firmemente en la existencia de la ignorancia geográfica. Una de las más profundas. No solo la padece el campesino o el indígena asentado desde siglos atrás en un terruño. La padecemos todos los que hacemos de nuestra vida en la ciudad, una constante sobreentendida. Ignorancia geográfica no significa no saber dónde estoy, ni identificarse con la llacta, tierra, entorno, costumbres, ancestros, cultura, plantas, animales, motañas, ríos, etc. Ok, estoy en Zámbiza, Pujilí, Piñas, Borbón o Quito. Estoy en Quito, obvio. Y el peligro está precisamente en esa obviedad, en lo que damos por sobreentendido. Tanto así que olvidamos entender los procesos, es más, olvidamos que existen procesos. No, peor aún, no podemos olvidar algo que nunca existió, que nunca tuvo cuerpo consciente. Ese hacer a un lado aquella información tácita que está per se y que no es necesario visualizarla de manera consciente. Eso es la ignorancia geográfica. Como despertarse todos los días mirando el volcán desde la ventana, y nunca reparar en que está ahí ocupando un espacio que podría ser otro. Un espacio que bien podría estar llenado por otra cosa, o simplemente llenado con nada, y entonces aquel horizonte tan cercano -que en esta ciudad-cuna se ve ahogarnos constantemente- sería ahora inalcanzable al ojo humano. Derribar las murallas de la ciudad.

Este fortín colonial/conventual/provinciano/boom petrolero/Miami, que tiene una forma y no otra. Pero sepan, que no es la única forma de ciudad, hay muchas otras. La palabra ciudad tiene muchas formas de ser, y dar como hecho que la de esta ciudad es la única, sin siquiera cuestionar por qué se formó así tal sector o de dónde salen mis hábitos citadinos (por ej.) es tremenda candidez. Y aunque parezca simplón y hasta obvio, pues déjenme decir que casi nadie se ha puesto a pensar realmente en esto. ¿Alguna vez a relacionado los conceptos de urbanismo con su forma de ser? ¿Cree que ser chismoso e hipócrita es una cualidad desarrollada por su ingenio? ¿Y que, además, la heredó de su madre? ¿Alguna vez a relacionado usted la doble faz, el puñal por la espalda, la falsa humildad con un componente socio-geográfico?

Suena algo traído de los cabellos pero en realidad no lo es. Muchos comportamientos sico-sociológicos son de carácter ambiental, y eso está claro. Las nuevas corrientes de urbanismo y arquitectura proponen integrar al sujeto y su desarrollo, desempeño, convivencia y interrelaciones sociales con el entorno estructural y material. Una casa no es un simple cajón con habitaciones, cocina y baño. Una ciudadela o barrio no es una simple hilera de casas. Un edificio no es sólo la suma de viviendas apiladas. Una calle no es una línea por donde atraviesan autos y gente. Una ciudad no es un container de gente y edificaciones. Si construimos una ciudad partiendo de ello, ahí estamos mal. Y lastimosamente esto es lo que se ha hecho con nuestras ciudades, que primando lo material sobre lo humano, se han vuelto sitio de tránsito de mercaderes. La gran ciudad supermercado. Se cree erróneamente que hacer progreso es generar negocios y comercio. Es lo más estúpido. Dar diversión y esparcimiento a la gente significa darles que comprar, no importa donde, bueno, aunque si se ve bonito y rosado Miami, entonces mejor. ¿Eso es ver progresar a una ciudad? De ahí el boom de los centros comerciales o "malls". Hoy en día el nuevo patrón de relaciones sociales, esparcimiento y ocio (sí, ocio) es el centro comercial. La solución más lucrativa y facilista. ¡Oh ingeniosos empresarios visionarios! No se dan cuenta de que están cambiando las pautas sociales, no entienden, o no les importa estar generando una mutación en los procesos urbanos. Les vale un pito la responsabilidad sobre la deformación que estos nuevos "centros de acopio de personas" producen sobre el normal fluir socio cultural.

Claro, es mucho más difícil y tedioso (no más costoso) hacer estudios profundos, sociológicos, culturales, etc. sobre el desarrollo de los procesos y relaciones sociales en una urbe, que construir un mamotreto inconexo, megalómano, el cual por su imponente figura deslumbra al ciudadano común, quien no tendrá aire y espacio visible para cuestionarse. Cuestionarse por qué le dicen dónde, cómo, cuándo y con qué divertirse. Sin dar alternativa a nada más, puesto que, es obvio que a los gobiernos de turno, a los seudo planificadores urbanos y a los fucking empresarios dueños del circo les falta creatividad y huevos para generar espacios de diversión y esparcimiento coherentes y consecuentes con el medio.
Las ciudades impostadas. Esa es la sensación que me da. La falsedad, el maquillaje. Ciudades de cartón, un constante sinsentido en donde nada tiene relación con nada, y se busca esa correspondencia a la fuerza. Sin embargo, no se la consigue, porque aún me queda un sabor de insatisfacción en la boca al enterarme de que aquel estero antes era un balneario y hoy sólo recoge desechos solapados. Mientras, en el malecón las parejas gordas y feas no saben que más hacer. Caminan sobre el mismo lindo y regenerado lugar. Dan vueltas, regresan. Eso es todo. Se sientan y se besan, pero un beso sin pasión, porque ese no está prohibido, creo...

lunes, enero 08, 2007

Aceite en las coyunturas

Porque el sonido de una puerta chirriando cada vez que se la abre o se la cierra, es insoportable. Además de delator. Un reflejo condicionado a lo Pavlov, escuchar los gritos de mi madre. Quince años han pasado y sigo escuchando lo mismo. Increíble el estancamiento. Y eso que hoy en día la puerta ya no suena.


Luego de algunos años de darme cuenta de que había entendido inmediatamente que llevar los lunes una máquina de escribir y hacer indios y hombres de letras con ellas, no iba a servir para nada, me dí por vencida. Obedezco. Seres pornográficos llenos de tantas equis cuanto la imaginación pervertida pueda abarcar. Algo así:

xx
x x
x x
xx xx xx
x x
x x
x x
xx
ETC.

Me ha dado pereza seguir dibujando al indio de letras. Porque era un indio el que tuve que dibujar para el exámen final. Lo recuerdo tan bien. Con poncho y todo. ¿Para qué quería yo dibujar a un indio letrado pornográfico? ¿Qué clase de premonición se avecinaba? Sin cara. Solo ojos. Eyes without a face.

Y empezó el ser humano genérico, que pretendía ser varios y siempre era el mismo. Porque las letras siempre eran las mismas. XXXX. Y sólo las podía ver yo, porque estaban tatuadas en mí, por eso sólo yo podía descifrar el código. Nací cargando mi propia piedra de Rosetta. Y aunque utilizo la palabra descifrar, en realidad ese código es aún indescifrable para mí. No logro entender un significado práctico, tan sólo metáforas materializadas. El verbo hecho carne y todo lo demás. Los carnívoros y los chupasangres. Los crashing bores. Pero dicen cosas ininteligibles, abren sus bocas y los escucho, y eso que oigo es como el sonido de las saetas viajando en el aire. Cortando el viento. Y luego una grande y estrepitosa clavada. Un clavadista que se demaya en el aire, cayendo de panza al agua, desde una altura de cinco metros. ¡Placccccccccccccc! ¿Cómo descifro esa onomatopeya? Sólo es. Tan sólo es.

Y luego. Entonces los ecos. La señal interferida. Y las lágrimas con agua mineral.