Ídolo

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Morrissey

jueves, febrero 28, 2008

Actualizaciones y recomendaciones


Por no escribir cinco posts de una vez y aburrirles -de paso aburriéndome yo misma- he decidido hacer el tristemente célebre compendio de hechos acaecidos últimamente. De los cuales, en la mayoría he sido partícipe inactiva. Tengo algunas opiniones, apreciaciones, recomendaciones y quejas. Sin embargo, siendo que la principal queja –generalizada- de estos días vendría a ser el frío y nuestra incapacidad de vestirnos de acuerdo al clima, creo definitivamente que algo grave está pasando. ¿Acaso la discusión de nuestras miserias personales y colectivas puede reducirse a un factor metereológico? ¡Cómo puede ser posible! Y aún peor, que no nos haya invadido la tan temida tristeza escandinava es inaceptable siendo andinos melancólicos y lánguidos. Ningún conocido se ha suicidado últimamente. No hay muertos frescos, ni grandes casos de asesinatos premeditados (este vendría a ser un esquizofrénico medidor de grietas sociales). En fin, hay muertos y desaparecidos -tragedia lo que quieran- a causa de las inundaciones y deslaves. Pero a nadie le importa. A NADIE LE IMPORTA. Nunca pega tanto a nivel sicológico una mediana tragedia ocasionada por las fuerzas impunes de la naturaleza como un buen psicópata suelto. Ojo, no hablo de huracanes Katrina ni nada por el estilo. El morbo de sangre no es el mismo en un asesinato que en un derrumbe a causa de las lluvias. Finalmente aceptamos la omnipotencia de la creación y terminamos inconscientemente identificando aquellas muertes como naturales. Pero hasta cierto punto… porque incluso las grandes tragedias nos recuerdan la injustica social, y el discurso siempre termina degenerándose en proclama política.

En fin, deberíamos alegrarnos por estar tan alegres en medio de tanta agua. Porque perentoriamente siempre termina saliendo el sol en este Quito necio. Como hoy. Y la gran pregunta es: ¿Cómo me vestiré hoy? El clima, sin duda, nos obliga a la superficialidad de la apariencia aunque no queramos.
Bueno. A continuación lo que continúa.

Indie en Quito.
Hace diez años probablemente habrían sido el gran éxito de vanguardia. Hoy son un casi vintage necesario y refrescante. Hablo de una nueva banda en la escena rock quiteña. Motozen. Un grupo que tras un año de ensayos dio su primer concierto el sábado pasado en el Patio de Comedias. Su estilo es tan puro -si es que podemos llamar “puro” al Indie- que reconocemos al instante las influencias. Sería injusto decir que suena idéntico a tal o cual grupo, ya que en el universo indie y alternative rock, hay muchas bandas que suenan bastante similar entre sí.







Sin embargo, sabemos que entre sus influencias se encuentran Gang of Four, David Bowie, Joy Division, New Order, The Smiths, The Cure, A-Ha, Radiohead, Jeff Buckley, Kings of Convenience, Arcade Fire, y Hot Hot Heat. (No obstante, algunas de estas influencias no se notan o no están muy claras. Por ejemplo, no hay mucho de new wave en su sonido, solo logré identificar una canción cuya batería tenía algo de este estilo)

Mi primera impresión: Una banda con fuerza y precisión. Un guitarrista que se destaca y que le da el toque “brit”. En general el trío base funciona. Una batería bien entendida, un bajo que por momentos nos recordó, para bien, al excelente estilo de The Cure. Por otro lado, el vocalista, desarrolla un estilo básico, con una voz bien definida con un plus: no desafina. Un “trade mark” del brit pop, que a mi opinión podría mejorar con trabajo y sobre todo adquiriendo un poco más de seguridad que haga brillar su propio estilo.

En general puedo decir que me alegra que la escena musical en la ciudad se abra a nuevas opciones. En un espacio que prácticamente estuvo dominado por la fusión de estilos más “alternativos y under”, en donde reinaba cierto exclusivismo pueblerino, lo que está pasando en este momento, con nuevas bandas que deciden tomar el riesgo, es una bendición. Lo melódico y lo considerado “soft” estuvo fuera durante mucho tiempo. Se trataba de ser rebeldes o algo así. Casi como en la época en la que la palabra pop era sinónimo de mala música. Grandes errores. Gran desconocimiento. En fin, es bueno que las cosas estén cambiando.

Retomando a Motozen, su primer concierto estuvo plagado de buena onda y energía, hubo ciertos desaciertos sobretodo en el audio, y un pendiente que nunca entendimos: la segunda guitarra –tocada por el vocalista- ¿debía o no sonar? Esa es la pregunta. Lo digo porque no se escuchaba nada de ella, y según caímos en cuenta, parece que esa era la idea…


La Extraviada nuevamente se encontró en Quito

Gracias al oficio que uno lleva impreso en la frente, pude acudir nuevamente a ver una de mis óperas favoritas “la Traviata” de Verdi. El año pasado escribí un texto sobre esta obra así que no entraré en detalles mayores de la trama. La Traviata que presentó el Sucre fue una coproducción con la Embajada de Corea, por lo que los solistas fueron de esta nacionalidad. El nivel de estos intérpretes líricos se destacó considerablemente por sobre los cantantes líricos nacionales, lastimosamente. Ellos forman parte de la Compañía Lírica Nacional, organización que apoyo y aplaudo porque creo que hace falta crear escuela de ópera en nuestro país, sin entrar en mayores discusiones snobistas. Simplemente hay que aceptar que el bajo nivel de nuestros intérpretes se debe a la escasa experiencia. Cosa que espero que se supere próximamente y que se pueda resolver, a la vez, los problemas internos de la Fundación Teatro Sucre. Sería una pena que una entidad cultural yerre en su misión. Siendo sinceros, no hay cualidad moral exclusiva de tal o cual actividad. Me explico, uno puede corromperse hasta en el cielo, si hay dinero de por medio…






En fin, volviendo a la obra, esta Traviata es un esfuerzo importante. La parte dancística, orquestal y coral, a cargo de la Compañía Nacional de Danza, la Orquesta Sinfónica de Loja, la Banda Sinfónica Metropolitana, y el Coro Mixto Ciudad de Quito, respectivamente, lograron acoplarse bien. Su nivel fue bastante aceptable, cabe destacar la dirección musical de Jo Hiun Kim (¿what the hell?), sí, sé que no dice mucho, pero tenía que nombrarlo. Los coreanos brillaron, opacando literalmente al componente nacional. Triste. Pero esto nos deja reflexiones positivas: hay que batallar más, y trabajar constante y disciplinadamente.






Por otro lado, una calamidad de último momento (paro en Colombia) impidió que el lunes pasado, día del estreno, se presentara la obra con la escenografía planificada (de la Fundación Camarín del Carmen de Colimbia), lo cual le restó fuerza escénica, pero aún se logró sacar adelante con una escenografía tal vez improvisada que se vio algo pobre, pero que sin embargo no delató su verdadero origen.

La cambiadora de Páginas












Esta es una película que recomiendo. Hay que verla. Por eso no voy a hablar nada sobre su trama, porque yo odio que lo hagan cuando quiero ver una película y busco alguna orientación.

La Cambiadora de Páginas es una película muy francesa. Se nota a leguas ser una gran continuadora del cine de Chabrol. De una sutileza profunda, con esa laxitud característica de cierto cine europeo (sobre todo nórdico), pero que no descuida la fuerza dramática con un excelente desarrollo, composición y caracterización de los personajes. Este es un filme de personaje, sin duda. Es definitiva su misión conductivista: llega a donde tiene que llegar y nos lleva a donde nos tiene que llevar. Esto podría llegar a confundirse con enmascaramiento y manipulación, pero ¡vamos! ¿Cuándo el cine no ha sido manipulador? Hay que dejarse llevar de cuando en cuando.

La tensión dramática podría ubicarla dentro del Thriller sicológico, pero creo que el marcado estilo galo, la hace llegar a otra parte. El momento decisivo en la historia nos marca un ritmo que nunca desfallece, cierta tensión conocida que no por ello deja de ser expectante. Sabemos lo que va a pasar y conocemos el desenlace previamente. Pero no sabemos cómo se expresará ese sentimiento fielmente retratado en el clima de la película. Este es un cine de atmósferas, ese microclima dramático arbitrario (como el cine mismo), inunda todo el entendimiento y sumerge al espectador en una laguna gélida y algo perversa. Pero de esa perversión solapada y hermosa. Como el personaje interpretado por Débora François.


La aparente simpleza con la que es desarrollado el guión hace que su aplicación sea precisa y hasta perfecta. Sin embargo, sin una buena actuación era imposible lograrlo. Las actrices Catherine Frot y Deborah François definitivamente se lucen en sus papeles protagónicos. El director, Denis Dercourt, permite que una trama aparentemente simple (casi un cliché psicológico), se transforme en una refinada interpretación de las motivaciones humanas básicas.

Esta es una película refinada, sí, elegante, sí, ambientada en el espacio burgués, por lo que se le podría reprochar cierto aire forzado en este aspecto. La escenografía es exquisita, y el vestuario también. No pude dejar de reparar en los hermosos abrigos que utilizan los personajes. En estos fríos, como no pensar en eso…

miércoles, febrero 20, 2008

Nombre tres virtudes y tres defectos suyos

Tengo un amigo que se sentía idiota cada vez que tenía una entrevista de trabajo. “Mejor dígame usted qué es lo que quiere saber y yo le contesto”. Ante la insistencia de preguntas sin respuesta como “defínase en tres palabras”, “cuáles considera sus mayores defectos”, o “por qué deberíamos contratarlo”, él prefería retirarse de la entrevista asegurando que todo lo que les debería importar se hallaba en su extenso currículum. Punto.

A mí me producía chiste y angustia esta situación porque soy mala mentirosa y de seguro soltaría innombrables defectos cuando me preguntaran aquello. Y ya me pasó. Y ya mentí. Y ya me sentí ridícula siguiéndoles el juego a los sicólogos industriales con sus técnicas absurdas de selección de personal. Es obvio que la gente va a mentir por conseguir un puesto, no entiendo el para qué de la farsa. Mejor dicho sí entiendo –descubrir la verdad a través de técnicas misteriosas- pero me niego a aceptar que la dinámica de las relaciones humanas sea tan decadente.






Tres candidatos en una entrevista de selección




Y cuando hablo de decadencia, no hablo sólo de valores distorsionados, me refiero a la pérdida de la sensibilidad. A la deshumanización del trato cotidiano. A esa estandarización perversa que resume al ser humano en unos cuantos arquetipos, a los cuales, a su vez, hay que recortar cualquier matiz que intente salirse del margen. Y quién diría que a eso le llaman cultura empresarial. Porque ahora la cultura se hace desde el escritorio de trabajo y se aprende a vivir desde allí. Usted debe entender que no existe más allá de su puesto laboral, que no ES más que dentro de SU empresa.

Estos “nuevos conceptos” de administración de personal no son nada ingeniosos, déjenme decirlo. Están basados sobre la simple explotación de una necesidad básica: el ser alguien. El sostenerse de algo para salir a flote en el inmenso océano que es la vida. Siempre igual, siempre lo mismo. Y qué mejor que el trabajo para hacer del pretexto de vida, la vida misma. Increíble. Y todos caen tarde o temprano. En fin…

Qué nos salvará sino el humor. La sátira nunca estará demás y donde exista, se constituirá en una pequeñita filtración por donde escapará la inconsciencia y la conformidad. Una sátira bien lograda, llega a ser casi una mímesis de la realidad, salvo por la sutileza del formato, y la entera y entendida propuesta de la ficción.

“El Método Gronholm” es una bien lograda sátira que pone en evidencia el absurdo del mundo laboral occidental y sus maneras capitalistas. Escrita originalmente en catalán por el dramaturgo español Jordi Galderán, fue adaptada al castellano ya que su universalidad traspasó lo local. Así, fue presentada en España y en algunos países de Latinoamérica con gran éxito. Ahora es la obra en cartelera del Teatro del CCI en Quito, y su puesta en escena demuestra que aún en “nuestro país” se puede hacer teatro de calidad y a la vez comercial.

Cabe mencionar también que se puede hacer un teatro para todo público, directo, inteligente y despejado, dentro de una escena teatral “elitista”, en donde todo lo que no suene a reflexión trasnochada intelectual, fantasía surreal, absurdo -burlesco o no-, es despreciado por simplón y vulgar. Me pregunto ¿Despreciado por quién? ¿Por el público? No lo creo. Despreciado por los propios gestores quienes, a mi criterio, están maleducando al público quiteño al ofrecer una sola alternativa (disfrazada de varios estilos) con un teatro más performático que dramático, más literario que dramatúrgico. Ese “teatro de gasa” -como lo he bautizado- que no deja de ser interesante y de tener buenas propuestas, pero que cansa por repetitivo y confuso. Los monólogos están a la orden del día y la pobreza de ciertas escenografías no nos recuerda la falta de presupuesto sino una falta de ingenio. Que no se confunda el minimalismo con el facilismo, por favor.

Flyer arrugado del Método de Grönholm

Es cierto que hay obras respetables de dramaturgos contemporáneos ecuatorianos –mi análisis se refiere al teatro de las dos últimas décadas- y que se han hecho meritorios esfuerzos por adaptar a grandes como Becket, Brecht y Darío Fo, entre otros; sin embargo, aún sigue sonando a teatro para unos pocos, por lo que el gran público se siente escasamente atraído, lo cual encarece la propuesta y hace que incluso los interesados nos lo pensemos más de una vez. Yo dejé de ir al teatro por caro y aburrido. Así de crudo.

Sin embargo, basta de negatividades. El método Grönholm podría ser criticada por repetir fórmulas exitosas, lo cual le convertiría no en una obra de arte sino en mercancía. No obstante, creo que una buena propuesta necesariamente pasa por la aprobación del público y a su éxito no puede acusársele vacuidad o comercialidad.

La trama es sencilla aparentemente: cuatro ejecutivos pre escogidos para aspirar a un puesto de alto rango en una multinacional se ven confrontados en una sala de sesión a través de una prueba de selección descabellada, la misma que obedece a un método internacional: el Grönholm. Sin embargo, hay un infiltrado de la empresa entre los cuatro, quien será el encargado de evaluarlos. Los candidatos deberán adivinar cuál de ellos es el farsante, y así empieza a hilvanarse una historia ágil e hilarante que no descuida el drama, poniendo sobre el tapete reflexiones más profundas que la simple mecánica laboral.

El desarrollo de esta obra de teatro es perspicaz y tiene giros dramáticos inesperados, lo cual la convierte en una dramaturgia que explora a través de la superficie del trato cotidiano, las fibras profundas de ese ser humano post moderno atrapado en un mundo globalizado, en donde prima lo material. El objeto antes del sujeto. Un mundo que ya no acepta subjetividades y que dentro de un casi esquizofrénico entorno arrebata lo último de humano que nos va quedando, para convertirnos en piezas, cifras y componentes de algo más grande que ni siquiera sabemos con exactitud qué es.

Por eso, El método… es altamente recomendable, me atrevería a decir que es un teatro de calidad y por ese lado respeta al público, lo cual es vital. La adaptación en realidad no debe haber resultado complicada por la universalidad del conflicto y los arquetipos de los personajes. José Vacas, a cargo de la dirección, ha hecho un trabajo justo. Esto, entre otras cosas, se refleja en el desempeño actoral, el cual funciona a la perfección salvo algunos pequeños desaciertos.

No quiero sonar demagógica, así que a continuación voy a nombrar algunos de los desaciertos:
El traje escogido (o mejor dicho, la combinación de trajes) para el personaje interpretado por Álex Cisneros, es demasiado llamativo y paródico. Por supuesto que se sobreentiende que cada personaje interpreta a un estereotipo, sin embargo, hay una redundancia interpretativa entre lo dramático y lo estético. Habría sido mejor limitarse al bienaventurado gris que se exhibía en los afiches promocionales de la misma obra en España, Argentina y Colombia.






La obra en Colombia




Por la misma línea iría la peluca de Cristina Rodas, la cual en su papel de ejecutiva moderna habría podido lucir tranquilamente su propio cabello. Estos dos factores le restan naturalidad escenográfica y permiten –quizás de adrede- que se rasgue un poco el límite del realismo entendido dentro de la ficción.





La versión española



Los problemas de dicción, olvidos minúsculos de sus líneas (de todos) y falta de proyección de la voz (caso específico: Manuel Calisto) que si bien son pocos, cuando suceden, hacen perder ritmo a la obra.

Por último, aunque menor desacierto, una mínima falta de precisión del contexto espacial y de los movimientos actorales, que en ciertos momentos acumulaban posiciones y posturas, los cuales terminaban convirtiéndose en cargamontones visuales (incluso espaldas accidentales logramos ver).

Pero aún así, la obra sale bien librada y por momentos, las actuaciones son sorprendentes. Sorprende la capacidad -por ejemplo- de actores algo novatos como Manuel Calisto y Álex Cisneros, quienes en sus papeles del cínico capaz de pisar a cualquiera y pisarse a sí mismo con tal de alcanzar el éxito, y el yuppie joven ejecutivo exitoso, algo petulante, generan una dinámica concisa, ágil y convincente.

Los más experimentados, Joseín Morán y Cristina Rodas, brillan menos en escena pero su calidad actoral no cede. Ellos han tenido a su cargo, a mi criterio, la interpretación de los personajes más difíciles: un hombre de negocios exitoso y positivo, que sin embargo no deja de ser el tipo promedio, por lo que esa clase de personalidades sin mayores matices terminan siendo más complicadas de interpretar. A su vez, Rodas encarna a una ejecutiva de apariencia segura que se bate entre su condición y su forzado intento de no parecer lo que evidentemente es: una mujer.









Digamos que los personajes arquetípicos con fuertes rasgos de personalidad y predecible performance son más “fáciles” de interpretar, no obstante hace falta talento para lograrlo sin caer en exageraciones o inverosimilitud. Por eso, el crescendo interpretativo de Calisto dentro de la narrativa dramática es logrado magníficamente, y éste termina siendo el centro de todo. Un aplauso para este actor que ya nos dio grata sorpresa en “Cuando me toque a mí” y ahora lo logra en “El Método Grönholm”. Las actuaciones para cine y teatro son muy distintas, y Calisto ha demostrado manejarse cabalmente en ambas, aunque aún faltaría poner a prueba su talento en otro tipo de papeles, ya que al parecer, el personaje del cínico lo maneja a la perfección. Si no me cree, lea la siguiente entrevista tomada de Diario La Hora. Es bastante graciosa, por cierto.



Usted no estudió teatro ¿cómo le hace?
No sé, me sale no más.
¿Alguna vez le ha tocado estar desempleado?
Casi toda mi vida...
¿El desempleo vende?
¿Vende qué?
Van a hacer una obra que ha tenido éxito de taquilla en otras partes del mundo.
La obra no es sobre el desempleo, es sobre un sistema de selección que no es habitual...
¿Cómo se define: inseguro, triunfador, agresivo, crítico o indeciso?
No sé, ninguna de esas, nunca lo he pensado.
¿Cuáles son los motivos por los cuales a usted nunca lo deberían despedir?
Tal vez sí me deberían despedir... no sé, a mí estas preguntas muy rebuscadas, como que no les entiendo mucho, capaz que no le diría nada ni a mi jefe ni a usted, no respondo muy rebuscadamente ni me pongo a pensar cosas muy profundas.
¿Qué piensa cuando va por la calle y ve a los desempleados de la 24 de Mayo?
Esta obra justamente trata de eso, porque a las personas se las denigra cuando están buscando (empleo), sea en la 24 de Mayo o en una Multinacional, ese es justamente el tema de la obra. Uno como que va para que le examinen como insecto y que le digan usted sirve o no.
¿Usted es intolerante?
Cuando nos sacan de casillas todos somos intolerantes.
¿Y cómo hace para en una obra tener un carácter y en otra ser alguien distinto?
Como cuando era chiquito: un día jugábamos a ser doctores, otro día a ser vaqueros, otro a ser soldados y era divertido, así.
¿Para qué le sirve la fama?
Cuál fama, no soy famoso, lo que ha pasado es un proceso normal que tiene toda película, obra de teatro o un premio.
¿Y ya le han pedido autógrafos en la calle?
Pero poquito
¿Y qué pone?
¡Qué sé yo!, ‘hola soy yo’.

lunes, febrero 11, 2008

Trascendiendo

Aún creo que mi ombligo tiene esperanza con esta cicatriz. Segunda placenta, segundo alumbramiento artificial. Ayudas a la naturaleza, como si esta no tuviera suficiente con ser lo que es. Después de observarlo detenidamente me molesta su modificación, como unas siliconas mal puestas.

Pero el paraíso artificial aún nos voltea las miradas y cada vez más. Se trata de ser hermoso a toda costa y definitivamente se convierte una paradoja entre la seducción de la superficialidad y el porqué sí de lo bello, versus la misión casi altruista de hallar la belleza en todo para no cegar el alma.

Hay una felicidad innegable en el hecho de la belleza, y una desazón profunda en su ausencia. De ahí el maquillaje, la regeneración, la reconstrucción, el revestimiento, el travestismo social. Por eso la máscara y la Persona. El cuerpo no es lindo por dentro, es grotesco y visceral, por lo tanto hay que esconderlo.

Ayer he visto una película italiana. Muchas películas italianas son lindas por un simple hecho: Italia es linda, la gente es linda, la lengua es linda. Ves ojos, narices y cabellos que nunca verás acá. No hay que hacer mucho esfuerzo por encontrar una armonía estética, está en todas partes.

Hace algunos días conocí un hombre hermoso. Era alto, delgado y esbelto. Su rostro era casi perfecto. Realmente no tuvo que hacer nada para llamar mi atención, su sola presencia me giró la mirada. Realmente hay tanto facilismo en el hecho de ser bello, no hay que esforzarse por agradar, ni por parecer inteligente o sensible. Esa belleza, estúpidamente, dota de todo lo que en el momento uno necesita. Y sí, produce mucha felicidad observar ese espectáculo estético, conversar con ese espectáculo estético, tocar a ese espectáculo estético. En fin, el encanto de Cenicienta puede muchas veces desaparecer, pero –a menos que los años se encarguen de su cometido- la belleza en el momento permanece intacta.

Después vendrán otros asuntos sistémicos y de fondo. Luego viene la sustancia. Si no la hay, no hay por dónde irse. El hermoso de aquella noche era una persona agradable y con cierto candor que me cautivó. Pero no más. Al día siguiente me llamó para que nos viéramos pero mi respuesta fue negativa. Su atractivo no pudo más que mi raciocinio, y por motivos que no caben aquí, lo mejor que pude haber hecho fue no salir con él.

Toda la noche pensé en él, pero hoy he olvidado su cara.

martes, enero 29, 2008

A mí no me tocó

El laconismo de la muerte es ciertamente inevitable. Toda metáfora se convierte en simple símil, porque la muerte ya es fría, ya es oscura, ya es vacía y ya es triste. Redundamos al convertir en poesía a la muerte, porque la muerte ya es poética. Y patética. Turbadoramente emocional, más allá de personificar la acción del morir. Más allá de volverla causal y relacionarla con un ser humano en concreto. La muerte ya es todo eso que angustia y un poco más de aquello que falta por descubrir con la experiencia propia. En ese momento, quizás, su significado orgánico cobre mayor fuerza para uno mismo. Porque la degradación de la carne y el fin de la conciencia –como ya lo dije en algún post anterior- no son motivos suficientes para desaparecer. Entonces, es la mitificación lo que subsigue a la soberbia, porque el acto de morir es tan efímero que no nos merecemos una vida tan corta. ¡Para lo más de eso!

Escena de la película "Cuando me toque a mí"
Entonces, qué nos queda sino conjeturar y redundar. Pero eso en la vida real. En el cine es otro el cuento. He visto hace pocos días la nueva película de Víctor Arregui, “Cuando me toque a mí”, basada en la novela “De que nada se sabe” de Alfredo Noriega, y me ha quedado el redundante sabor a desolación. Sé que justamente la intención del director fue esa, lo cual es muy decidor, sin embargo, nuevamente creo que seguimos en lo mismo: errando en los recursos y los discursos. Con esto me refiero a las últimas películas ecuatorianas estrenadas (Qué tan lejos y Esas no son penas), las cuales ya opiné anteriormente en este blog.

El problema, en efecto, no es la muerte, la pena, la desolación o el laconismo presentes en el filme, sino la falta de vida de esas emociones o estados emocionales. Suene paradójico y absurdo, pero es así. Además de ciertos errores de guión (adaptación y sobretodo estructura), verosimilitud, fotografía e iluminación (esto merece un análisis aparte), está presente esa carencia emocional profunda y representativa de un estado más complejo que un simple rictus parco, un par de gritos y escasísimas lágrimas (¡Ey! La gente llora mucho más que eso). Noto cierta premura y obviedad al momento de resolver ese estado emocional del que está cercano a la muerte o más aún, de quien convive con ella. El médico legista interpretado por Manuel Calisto -si Biarritz no se equivocó- es un personaje sugestivo, con mucho más potencial del que se reveló en el filme. Sin embargo, el soporte dado por el resto de personajes y situaciones, lastimosamente, no estuvo a la altura síquica del personaje.




Vïctor Arregui, el director, recibiendo en Biarritz el preimo a Mejor Actor para Manuel Calisto (Foto tomada de el Hoy)





Está demás decir que todas las historias de muerte conectadas estuvieron, cinematográficamente hablando, bastante forzadas. El pretexto recursivo utilizado fue demasiado flojo, quizás se pretendió naturalidad, pero en el hecho de manipular historias a través de las imágenes, ciertamente no puede existir naturalidad alguna. Por ejemplo, que un mismo taxista lleve a una mujer a buscar a su hijo atropellado, luego a un futuro muerto, más tarde presencie él mismo un asesinato y que sea secuestrado para posteriormente desaparecer sin dejar rastro, no convence por ningún lado que se lo mire. Si a eso le agregamos que el amante de esa misma mujer fue asesinado el mismo día por su ex marido, quien poco después caerá al hospital por una intoxicación alcohólica (y quién sabe si ya va muerto en la ambulancia), tenemos un cúmulo de situaciones inverosímiles. Sin contar que, ese mismo marido borracho, se hará amigo porque sí del muchacho recién llegado que a engaños es involucrado en un robo a domicilio, en donde morirá acribillado y obviamente, el taxista será testigo de este hecho y posteriormente secuestrado por el resto de delincuentes. En ese asalto, moriría también la practicante de medicina, quien previamente atendió en el hospital al niñito atropellado. Además, por si fuera poco -menos conectado pero igual de gratuito- el hermano del médico, mientras lo visita, descubrirá a su amante asesinado en una de las mesas de disección, por casualidad…

La familia del médico Arturo Fernández
En fin, ninguno de los personajes de soporte “vivificaron la historia”, más bien, la mataron. Cuando me toque a mí agoniza por falta de fuerza, y no de esa fuerza que de una manera facilista podría confundirse con emocionalidad, intensidad o sensiblería, sino de aquella que hace que se encarne la historia en los personajes. Por eso digo que es una historia sin vida, como una narración representada en su literalidad dejando de lado la explotación sincera de las sensaciones tan ricas que puede producir un tema como la muerte. Hay mucho más que pena y caras largas en el hecho de enfrentarse a la muerte. Y creo que ese es precisamente el reto, encontrar esa sensación genuina (quizás no real) que marque el sentido de la historia y la tonifique.

La muerte es más que presentar a una ciudad gris, laxa y triste. A gente fea y desesperanzada como representantes de esa parte del todo que es Quito. Lastimosamente, cada vez empiezo a convencerme de que esa parte taciturna y descolorida es el todo. Ese todo como compendio de un ánimo colectivo que ya fue presentado en Esas No Son Penas, y hoy lo volvemos a ver en Cuando me Toque a Mí.

Sé que Víctor Arregui decidió hacer la película luego de tener un aproximamiento con la muerte, sin embargo, no es lo mismo acercarse a ella desde la perspectiva del enfermo o el moribundo que desde afuera. Cercano pero ajeno. Y creo que por ahí viene el error, conjetura de por medio, puesto que reconstruir la experiencia de la muerte desde quien la experimenta es sumamente complejo, ya que se puede caer desde en cursilerías hasta en truculencia gratuita. Por ello, la perspectiva del agonizante no es presentada en Cuando me toque a mí. El hielo en la sangre del que fallece no nos es retumbado. Tenemos la única perspectiva del que mira, se duele, se conduele, y por sobretodo del que ha perdido casi toda sensibilidad frente a la vida y a la muerte: el médico forense.



Manuel Calisto, actor principal (foto tomada del Universo)



Ese personaje desencantado, negativamente poético y con el pesimismo como única arma de supervivencia, termina siendo una metáfora mal elaborada de la misma percepción redundante de la muerte, de la que hablé en el primer párrafo. Sin duda, Manuel Calisto es un actor novato con espíritu, estoy segura que logró conseguir lo que el director deseaba transmitir. Lamentablemente, a mi criterio, nos transmite las sensaciones erradas. La muerte termina siendo eso que ya es y su develación no puede sostenerse en un único personaje que a la vez, trata de sustentar otra metafórica noción: la ciudad absurda, carcome anhelos, contenedora de una sociedad incongruente, en donde nuevamente, los conflictos sociales y clasistas saltan a la vista. Y no digo esté mal presentar la obvia realidad de una sociedad de fuertes contrastes sociales; el problema está en los mecanismos y los recursos utilizados. La intensidad del protagonista termina siendo mal utilizada y derramada en vano.

Después de ver el filme nos quedamos como al principio, salvo un poco más tristes y desencantados, con una insistente sensación de justificar lo que no se dijo y tratando de entender lo que se dijo. Quizás esa haya sido la idea… yo no sé.

martes, enero 22, 2008

Como en las azucenas

He despertado de la anestesia con la vida atragantada en la tráquea. He despertado de la anestesia trayendo otras anestesias, otras pequeñas muertes. Me he visto ilesa frente a la ineptitud, he sido responsable de mis propias jeringas, de mis cápsulas y de mis vísceras. He sido testigo enmudecido de errores ajenos, de punciones inútiles. He callado por no ser descubierta en mi infortunio. Por eso he dejado que entre la amoxilina, el ketorolaco y los oxicamos. No he desnudado las verdaderas intenciones de una mano yodada. Un infecto tacto que me recordó el desdén de la naturaleza humana. La poca voluntad. Un instinto prevaleciendo sobre otro. Incontinencia vs. Supervivencia.


He despertado de la anestesia en retrocesión. Un reflujo como el eco de los signos vitales, las caras que no persuaden en su amabilidad y la luz hormigueándome la cara. Me he sostenido de las sábanas como a las ramas de un árbol. Pensando en que lo peor que podría pasar es que el fin de la conciencia sea fulminante y el soplo roto traiga nada. Escondiéndome, despellejada, de las luces de los otros. Y sin embargo, he dejado que saquen pedazos de mí y los tiren a desechos hospitalarios infecciosos. Mis yos regenerándose en los humores de un botadero. Pequeñitas partes de mí que no entran en los algodones como en las azucenas. Himno repetido mil veces, sabiendo que siempre se espera lo peor.


He despertado de la anestesia con rostros afásicos. He mirado ojos huecos, y escuchado risas verdosas. Pura bilis en arcadas redondas, cíclicas encomiendas burlándose de mi suerte. Y luego, se repite en la lengua aletargada la letanía encadenada sin fe. Una resignación apolillada que manda a callar las sospechas. Osteoporosis en el alma.

Que drenen las palabras dentro de los túneles inflamados. Que se extirpen los quistes acuosos que ahogan neologismos. Que se suturen los andrajos de mis tejidos y desaparezca el frío. Que la diaforesis no me devuelva la misma noche una y otra vez…

miércoles, enero 02, 2008

martes, enero 01, 2008

La esperanza tácita

Yo al año lo miro como una plancha de papel que tiene impresos los meses y su perspectiva está en unos treinta y cinco grados, con una orientación más o menos desde el sur-este. No es un calendario, aunque parecería. No lo es porque cada mes es a su vez, es una gaveta rectangular que puede tomar volumen tridimensional cuando regreso a él para encontrar información archivada.
Ayer le doné unos minutos al arte del desciframiento del pensamiento objetivo (no dialécticamente hablando, más bien me refiero a aquella materialización de las nociones concretas pero subjetivas e inmateriales). Hay que poder tocar al año para ordenarlo, por eso hay que convertirlo en objeto. Esa es la función del calendario, más allá de ser un recordatorio. Objetivizar la noción del tiempo es un poco fructífero intento de entender a la humanidad. Intento que con el “paso de los años” se revistió de una nueva funcionalidad, ya que estuvo claro que el progreso del tiempo, existencialmente hablando –y despojándole de toda construcción humana práctica-, no tiene sentido.


Hoy el conteo de los años quiere esconder la cuenta regresiva que lleva implícito el mismo cálculo constante de esa nada que son los años. Porque es ahí cuando el infinito experimenta la propia angustia de no saberse eterno o finito. No sabemos a dónde nos lleva la cuenta más que a la propia muerte. Pero colectivamente es inútil, porque nos daría exactamente igual marcar ciclos con finalidades prácticas (como ya la naturaleza misma se ha encargado) que seguir aumentando años al mundo con una misión algo arrogante, algo portentosa: la ilusión del progreso.


Que no se entienda al ciclo como un estancamiento. Que no se repita la humanidad. Que no se repita la historia. Que no se repita el pensamiento. Que la universalización de la humanidad no sea el fin de la misma. Que el traspaso de barrera y fronteras no se traduzca en una homogenización anuladora de individualidades. Que el Imagine de John Lennon, por Dios, no sea la utopía más tonta que haya existido sobre la tierra. Por favor que no sea así. ¿Imagínense a todos siendo iguales, pensando lo mismo, viviendo lo mismo, mirándose al espejo del prójimo? Está bien que desaparezcan las guerras y toda injusticia que veje la integridad de un ser humano. Pero ese “ser iguales” suena tan peligroso como aquella tesis tan temida del socialismo. ¿Acaso no busca el Capitalismo y sus modelos económicos hijos convertirnos en un ser genérico? Un ser más vulnerable y por lo tanto más manejable por llevar una estructura conocida al revés y al derecho.


Hay que sostener cierta esperanza tácita de todos modos. Como esa de llegar pronto a la adultez, y una vez estando ahí, anhelar una vejez digna… O como esa de creerse uno y único, y no darse cuenta de que se está navegando en el mismo río, el cual, inevitablemente, desembocará en el mismo mar…

lunes, diciembre 17, 2007

Mensajes divinos

Ayer alguien me dijo que no debería sentarme en los asientos del trolebús, por eso hoy no lo hice (hasta el último de regreso cuando ya me hallaba demasiado cansada). Pero no voy a hablar de la mugre ni de las bacterias, debo aprender a vivir con ellas, más bien quisiera pensar que algún día esta ciudad se va limpiar por arte de magia. No de la suciedad, ni de la falta de estética sino del falso lavado de conciencia. Un contrasentido, lo sé. Pero ese lavado de conciencia es una de las operaciones “espirituales” que más nos ensucian.

Sin embargo, de todo hay para todos, y en una ciudad de tanto contraste social como esta, se tiene opciones para escoger. Los lava conciencias están por todos lados, y por una módica suma (dependiendo de cuánto quiera usted lavar su conciencia) estará libre del pecado de la indiferencia y el horroroso error social de tener más plata que los otros. Podrá si lo desea, salvar del cáncer terminal a alguien, ayudar para la operación de un lisiado, colaborar con la compra de medicinas de un convaleciente y hasta devolverle la vista a los ciegos. Pero si lo suyo es lo lúdico, también puede colaborar con la casa comunal del hippie que se saca la madre tragando smog todo el día para distraerle con un par de piruetas y malabares. Para todos hay. Sí. Puesto que si su opción obligada - y construida por el entorno- es la de ser el desalmado, indolente e indiferente, también tiene todos los chances de pasear su alma gusana y fascista.

Y así se construyen y destruyen conciencias. Se instaura una dinámica de víctimas y victimarios. De verdugos expiando culpas ajenas. Nos convertimos en responsables directos del dolor de los otros y a la vez nos vemos obligados a aliviarlo. No voy a atacar a la religión, pero esa conmiseración me suena tan cristiana, tan a sistema de confesión express. Pecado-penitencia. Y luego está ese sentimiento tan humano de la condolencia. Con-dolerse. ¿Qué podemos hacer con él? ¿Cómo sacarse de encima la sensibilidad hacia el otro? ¿Cómo determinar la delgada línea entre la necesidad verdadera y la explotación amarillista? ¿Acaso la respuesta está en la misma proliferación de expiadores urbanos?

Los ciegos se toman la ciudad. Bueno, exagero, quizás solamente el transporte público. No puede ser simplemente una llamada de atención al gobierno y la ley impuesta de que cada empresa debe tener al menos el 1% de empleados con discapacidad. Una empresa debería tener como mínimo cien empleados para que uno de ellos pueda acceder a un puesto de trabajo. Es bajísimo ese porcentaje si lo vemos desde ese punto. Una empresa de mil empleados, tendrá a penas, diez… Entonces, razón tienen en quejarse. Pero… discapacitados siempre ha habido y ciegos también. Entonces, ¿a qué se debe el repentino florecimiento de su presencia en la urbe? En un principio pensé que era algún mensaje divino -sujeto a interpretación personal- el hecho de que en un solo día, en un solo viaje, se subieran tres no-videntes a ofrecer distintas historias (todas llegaban al mismo punto) para conseguir la conmiseración y un poco de dinero de los pasajeros. Luego noté que era quizás una organización que se había impuesto como nueva labor (ya que no conseguían trabajo) subirse a los buses a contar sus desgracias personales con el fin de llevarse a la boca el pan de cada día.

Antes, hace algunos años, había un solo ciego en estas labores, uno que tenía una niña como lazarillo y que vendía caramelos en los buses. Se caracterizaban por entrar a empujones y convencer a todos de que la rudeza de su ingreso se debía a la torpeza de su discapacidad. Ahora con este repunte de ciegos urbanos, me he dado cuenta que su grosería obedecía a una revancha social no saldada, a la metáfora materializada de hacerse a empellones un espacio en la sociedad. Y también, a acusar tácitamente y hacer sentir culpables a los otros de su desventura: táctica desgastada para conseguir beneficios. Por ello, según su lógica, bien merecidos los empujones nos lo teníamos todos los videntes que nos atravesábamos en su camino.

Al acoso y sobresaturación urbana de mendigos y pedigüeños (hay de todo, como dije antes), le sigue su propia némesis: La des-sensibilización. El primer ciego me conmovió y casi le doy dinero. Sufrí con él y no quise verle a la cara porque su desesperanza emprendedora me contagiaba el ánimo de lamento. Los siguientes ciegos, paulatinamente me fueron encallando el alma y por el contrario, empezaron a despertar sospechas ya no sobrenaturales sino bastante concretas. El último y el antepenúltimo ciego inevitablemente se encontraron, y cuando el segundo iba disponerse a cantar, se dio cuenta de que su amigo se hallaba repartiendo chicles en ese momento. Se saludaron, se dieron la mano y se desearon suerte mutuamente. El último de la fila tuvo que salir obviamente, su presencia había perdido sentido.

Con esta reflexión no quiero denotar ninguna postura fascista, soy consciente al tope de la realidad de mi sociedad, simplemente dejo abierta la idea de que el constante restriego de una herida la insensibiliza. El callo en el alma, no es bonito llevarlo. Es humana la conmiseración, es humano condolerse, pero hasta qué punto es humano aprovecharse de ello… Inevitablemente esta dinámica víctima-victimario se convierte en un círculo vicioso que exige nuevas tácticas. El desgaste del llanto persigue, por último, el grito. Si se acostumbra a una sociedad al dolor callejero y su alivio como el salva conciencias y el limpia pecados, el siguiente paso será más extremo. ¿Hasta dónde llegaremos?

lunes, diciembre 10, 2007

Mañana es mi cumpleaños

Cuando acerco el mouse en un acto reflejo, duda certera, en lo instantáneo de una razón mecánica, me digo: algo debe estamparse para dejar de vivir en lo etéreo de las ideas, de las nociones. Quería saber qué año iba a ser el próximo. Es absurdo pero a veces me pierdo en los tiempos y dudo hasta de lo que considero actual. Ese hoy que ostenta un día, una fecha porque sí. Porque había que dar certezas y calmar inconformidades. Porque había que mantener plazos como promesas del porvenir. Porque había que instituir el concepto del porvenir. Por venir. Si no, no tendría sentido el aparataje del progreso, ni su concepto. Si no, casi nada tendría sentido. Por eso no es posible que una fecha y otra pasen como si nada. Hay que marcar tiempos y ciclos, más aún en un país sin estaciones. Cada fecha tiene su olor, su aire, su particularidad. Particularidad que es percibida sin esfuerzo en la infancia y que al pasar los años, cada vez nos es más difícil encontrarle el “espíritu”. Pero se hace el intento. Caso idéntico a la pérdida de ciertos reflejos vegetativos como el respirar correctamente. Si no me cree, fíjese en un niño, respira con el vientre -nosotros, con el pecho-. Toda esa naturalidad perdida, espero que sea compensada con el conocimiento provechoso…

Las fiestas de Quito me pasaron como si nada, quizás menos nada que el año pasado puesto que escuché ecos de chivas todo el día y asistí a un par de conciertos. Me embriagué el día que no era y fui rescatada por la bruja, no por el príncipe. Nada más. Recordando a los pro-fiestas y a los contra-fiestas que forman una dicotomía más o menos equilibrada. Y yo diciendo que soy contra, y cantando pasillos y albazos como si fuera pro. Odio los canelazos y creo que detesto la fiesta brava, sin embargo ya no siento mayor cosa cuando veo en la tele al toro siendo torturado. Una raíz en común… como si su nombre estuviera hecho para el dolor. La desensibilización paulatina. Aún recuerdo la primera vez que fui a una corrida y lloré cuando asesinaban al toro. La tragedia le pudo más a la belleza. Hoy no podría decir lo mismo pero aún deseo ser vegetariana.

Luego, proceso de entender y desentender casi al mismo tiempo. Life is very short and there’s no time for fusing and fighting my friend… Un no querer abriendo las ventanas, dejando pasar el aire de los últimos jolgorios. Afuera la fiesta agonizando. Adentro, alimentándose del otro. Sí, ese otro que no es yo. Simple.

Un no nunca jamás queriendo morderse la cola. Y de vuelta al ruedo otra vez. Por suerte tengo una inyección del hielo, cerca del velador…

¡Esperando la navidad con pavo y todo carajo!

jueves, noviembre 29, 2007

El galanteo por obligación y la feria de la estupidez

Quizás debería pensarse mejor el hecho de revelar la insulsez de un ser humano. Ni siquiera eso. Un desfile de cuerpos atados los unos a los otros como una fila de chorizos que un perro acaba de robar de una carnicería. Esos cuerpos que pretenden siquiera –como mínimo- presentar un discurso aprendido de memoria. En este caso habría perdonado la pretensión de la farsa, la necesaria construcción de un contexto justificativo a lo exiguo de una imposición social pueril. Pero la revelación mediática no ayuda. Esa desnudez encubierta que una cámara de televisión, un programa para soquetes y un conductor con el macholatinismo como única herramienta “profesional”, puede descubrir fantochemente las costuras de la estupidez encubierta. Ja ja.






El martes pasado en la noche, sin más que hacer que redundar sobre mí misma, prendí la tele (no haga esto en su casa, ni siquiera bajo la supervisión de un adulto). Es muy grave comprobar la redondez del mundo de la manera más ramplona. Haciendo caso omiso (qué buena frase viciosa) a las recomendaciones que recibí en un mail sobre no apoyar a aquellas entidades que auspician la fiesta brava, sintonicé Teleamazonas. Roberto Angelelli y su sonrisa botulínica (no porque se haya hecho la intervención sino porque es un gesto que básicamente intoxica) recibieron al público omnipresente con esa envidiable alegría, marca registrada del programa concurso (ganar plata produce felicidad). Acto seguido, el plato fuerte: las candidatas a reina de Quito, pero por supuesto, al no ser tan célebres y al no existir equilibrio piropero, hacía falta más hombres. Dos cantantes quiteños, hijos de padres famosos, que no pudieron hacer peso al lado masculino del programa (Angelelli). No respondieron a la altura los pobres. Quizás su baja estatura hizo que se intimidasen frente al equipo de baloncesto (el presentador no pudo hallar calificativo más ingenioso) que conformaban algunas de las candidatas. Porque al parecer, la raza día a día va mejorando (como dirían las abuelas) y hoy por hoy las Macarenas Valarezo de un metro cincuenta ya no pegan. Lo que está en boga es un respetable metro setenta y cinco como mínimo para ganar. Si no fíjese en las reinas de los últimos años…

El chorizo..




En fin, al estilo “único” de Angelleli, la noche -su noche- se convirtió para variar en una conversación unidireccional, carente absoluta de gracia, interés y profesionalismo. Unidireccional porque el seudo entrevistador habla para sí mismo y persigue respuestas a ninguna pregunta, palabras sueltas, comentarios machistas que resumen el lado entrevistado femenino en un ampuloso pedazo de carne, actitud que disfraza con halagos constantes y adjetivos reiterativos que aluden únicamente a lo que ciertamente importa de sus invitadas: su belleza. He visto en una ocasión a una entrevistada fea, gorda y vieja (invitada por su ¡talento!), a la cual no pudo galantear como se debía pero ¡aún lo hizo!, porque por supuesto, su gracia radica en el piropeo. Por favor. Que alguien lo envíe a un curso express de periodismo. O que por lo menos le sometan cual Alex a una intensa sesión de programas gringos del formato al que pretenden imitar.

Y ello no es lo peor, por supuesto. Lo execrable es la aceptada hipocresía social, esa en donde caben concursos de belleza que encubren la necesidad muy humana de la estética por la estética utilizando misiones caritativas. Qué farsa más ridícula. Que nadie me venga a decir que se lanza a candidata porque quiere ayudar a los niños con síndrome de down. Para hacer labor social no necesitas ni ser reina, ni ser bella, ni medir uno setenta. Pero ahí está la mojigatería políticamente correcta. Y lo que a todos nos encanta (me incluyo por ser parte de esta sociedad alcahueta) es creernos el cuento y justificar nuestra superficialidad (porque para la tradición judeocristiana eso está mal) poniéndole alma sintética a algo que podría expresar su sinceridad descarada. Prefiero los “porque sí” a las justificaciones veladas. Si algo detesto en la vida, son las intenciones disfrazadas. Nunca va a ganar una fea y eso todos lo saben. ¿Por qué nos encantará fingirnos idiotas?

No hay nada malo en el culto a la belleza, lo sostengo. La satanización de lo bello como sinónimo de superficialidad se superó en el siglo XIX. Esa insoportable doble faz de la sociedad que constantemente juzga aquello a lo que rinde culto, se convierte en el mea culpa de la socarronería. Un contrasentido, el callejón sin salida de la coherencia y la razón, el oxímoron del oxímoron.
………………..






Una pequeña muestra de lo que el enriquecedor programa ofrece. Angelelli y la ex de todos, Marián Sabaté, confrontándose años después de su ruptura... Sin palabras



Sin embargo la TV, que todo lo maquilla, puede también desmaquillar y mostrar el rostro limpio más feo sin piedad alguna. Poco a poco el desfile de chorizos fue enterrándose sin esfuerzo. Fue lamentable su performance, las chicas no daban pie con bola y lastimosamente hicieron honor a la cada día más peleada sentencia: la tonta bonita. Era más que obvio que sus argumentos trabados (y tartamudos algunos) no convencieron a nadie y más bien revelaron la verdadera y obvia intención de quienes participan en un concurso de belleza: protagonismo mediático y catapulta a la fama (sí, la tan nombrada fama en Pujilí). Porque ahora hasta a concejala se puede aspirar siendo reina de Quito. Sin duda, una buena inversión de tiempo, pues como mínimo te convertirán en presentadora de programas de UHF que nadie ve…

Bueno, si así se pintan las cosas, no sería mala idea salirse del Videodromo y pegarse un tiro mediático para salir de la pesadilla…

miércoles, noviembre 14, 2007

Onomatopeyas

No tuvo más remedio que remediarlo. Mirar desde la ventana el barullo, como un avión aproximándose a la ventana. Reventándose los tímpanos y viendo que la pesadilla es completamente posible. Lo factible de lo ridículo. Lo poderoso de la resonancia. Una reverberación que se escucha en el pasillo. Probablemente proviene de la cocina. El silbido del agua hirviendo en una tetera.
Hay como un temblor previo y la necesidad de resquebrajar los cimientos. Y nuevamente lo factible y verosímil de la pesadilla acercándose a la ventana. Rompiendo los cristales. Errando en las intenciones. Culpando a la motricidad adelantada. Porque no quería hacerlo. Pero pasó.
Y luego queda simplemente alivianar el peso, la gravedad. La voz grave y el estado grave de un enfermo terminal. Dentro de un edificio que siempre estuvo al borde de derrumbarse, sostenido a penas por palos. Sin techo, mojándose su interior con la lluvia redundante de los últimos meses. Humedad aprendida de memoria. Inútil. Esférica.
Injusta apreciación. Vista engañosa de la ciudad. El ángulo producto de la concavidad en la que se asientan las baratijas. La cuna-cuneta que te expulsa al borde de la carretera. Un salgamos corriendo cabe incluso en un ascensor. Un portazo en la cara. Rostro de madera. Duro y sin comisuras. No se puede sonreír por lo tanto no se puede comer. La rigidez que no permite siquiera arrugar la frente. Ni sollozar.
Y el remedio sin más remedio que prescindir del gotero. De la inyección y del suero. Sentarse a esperar en la sala de espera y omitir las esquinas, los ángulos. Olvidar para qué se está ahí y salir como si nada a buscar algo más. Quizás comida. Quizás mañana.

viernes, noviembre 09, 2007

Tres en dos en uno



En lo orgánico está la respuesta. Podría aventurarme a tipificar un nuevo tipo de danza, pero sería demasiado atrevido y demostraría un escaso conocimiento del tema. Porque más allá de la técnica, la visceralidad y la pasión, está el juego de lo orgánico. La corporeidad hablando desde un nivel puramente cinético-fisiológico y comunicándose precisamente con ese lado del espectador. No con su visión esteta, no con sus emociones, sino con su carne. Con su organismo. Como sincronizándose con los latidos del cuerpo del otro. Si una obra consigue esto, para mí es perfecta.

Las emociones pueden confundirnos, pueden hacernos pasar algo malo como bueno por una simple espectacularidad que apela a la sensibilidad obvia. El valor estético y artístico de una obra de danza contemporánea podría diluirse entre el acertado u erróneo uso de la técnica, la falta de dominio de la misma o falencias debidas al nivel del performer. Pero lo orgánico es otra cosa. Por supuesto que no funcionaría sin un buen intérprete, sin una persona capaz de lograr transmitir ese sentido sordo, ciego y mudo. Ese sentido táctil interno, como tocarse a sí mismo sin manos.


Y creo que Valeria Andrade, bailarina quiteña, está muy cerca de eso. Las obras presentadas esta semana en el Teatro Variedades de Quito, son una clara muestra de esa funcionalidad corporal. De la precisión física que además transmite alma. Estoy segura de que ella es una bailarina visceral, y su cuerpo logra revelar esa fuerza de sus sentires, pero también lo hace con sus ideas acerca del mundo y la sociedad. La obra de Andrade es de un urbanismo subjetivo, ella se encarna en la ciudad y a través de este proceso cuestiona su entorno y a sí misma con respecto a él. "De medio en medio" es la obra que originó toda esta propuesta escénica, la cual es además interdisciplinaria. En ella se conjugan el video arte, la instalación, el performance, el arte conceptual y la danza. Hace un año tuve la oportunidad de ver "Prácticas siucidas", video performance continuación del hilo conductor conceptual. Allí se presenta Valeria haciendo diversos performances en distintos espacios urbanos en los que pone en riesgo su integridad física y moral.

Ella se expone a los peligros de una ciudad común, pero desde un nivel más moral que físico. Es hallarse en el borde por decisión, y a la vez probar y probarse la eficacia de la sobreexposición. Se trata también de sobreexplotar la hostilidad de la urbe y a la vez de sobreexplotar la fragilidad del cuerpo. Esa carnalidad vulnerable. De ahí que lo orgánico, como dije anteriormente, forme parte fundamental de esta propuesta. Sin embargo, esa carne, ese organismo antecede a una conciencia, entonces entra en juego la moral. En este nivel de raciocinio surgen los cuestionamientos y las respuestas buscadas a partir de enfrentar los opuestos. Lo orgánico vs. Lo inorgánico. Finalmente lo que termina vulnerándose es precisamente la moral.

Por último, la obra de Valeria Andrade es personalista, procede de experiencias, ideas, sensaciones, confrontaciones interiores, sin embargo ello no llega a ser un contra, ya que sabe transmitir y re-crear. La obra es un producto por sí mismo, habla y llega a donde debe. Bien hecho. Aplausos.

jueves, noviembre 01, 2007

Crónica de la repetición



Anoche un amigo me decía: hasta ahora nadie ha comentado acerca del concierto. Todo el mundo fue pero nadie ha dicho nada. Es cierto, tan cierto como el cable que cuelga del edificio y se menea fuera de mi ventana (me hace pensar en deportes extremos y suicidio). En un primer momento es la pereza la que me hizo callar. Luego entendí que la pereza sólo puede provenir de una falta de novedad. ¿Será que lo novedoso es el único motor de inspiración? Creo que la digresión podría recorrer caminos empedrados si se la lleva por ese lado. Mejor dejarla como está. En fin, el concierto de Soda Stereo fue un lindo paquete. Como comprar unas vacaciones en tour más o menos. Hay que estar dispuesto a divertirse, de lo contrario se corre el riesgo de caer en fenómeno del desvelado (no por insomne): la conciencia como destapacaños de la diversión. La desalmada noción de la repetición. Como en el viaje en hongos de mi amigo, el que me acompañó al concierto. Mientras íbamos en el bus que nos llevaría a nuestro destino (el concierto), él me narraba la milenaria historia de cómo la sabiduría y la verdad del mundo le fueron reveladas en un viaje de hongos. Supo entonces lo absurdo de la existencia y lo ridículo e ínfimo de lo que nos sostenemos para vivir. El sinsentido total. Por ende, experimentó el terror total, el desasosiego profundo, la angustia infinita. Esa es la eternidad. Y la eternidad sólo existe a través de la repetición. Entender los patrones de la vida y saberlos al dedillo es lo que realmente termina con la existencia. Ahí la necesidad de la muerte y entonces la paradoja: la búsqueda del limbo. La inminencia de la mediocridad y las medias tintas. La tibieza como forma de supervivencia. Porque los extremos finalmente son lo mismo. El escalofrío de la paradoja, la encrucijada maldita: porque en el instante del deseo de desaparecer (recuerden, hablaba de la revelación de la vida y la repetición), viene la supra zozobra al saber que del otro lado está el infinito ese que desconocemos y que nos llevará a ninguna parte. Porque la vida por lo menos te lleva a la muerte, pero la muerte… ¿A dónde?

Mi amigo sabe y está consciente que todo ello es producto de una intoxicación. Como tomarse cualquier veneno y sentir la proximidad de la muerte. Él oía los rezos de la gente en ese limbo en el que se hallaba y habló del poder de las letanías. Pero por supuesto que tienen poder. El poder de la repetición. Porque el mundo se crea y se construye a partir de ella. Es la base de la existencia. La letanía, la construcción de la lógica a través del lenguaje obedece a un proceso repetitivo. No se inventan procesos. Se redunda en la razón, en el entendimiento. El proceso es uno solo. Pero el verdadero poder está en la lógica estancada, en la sinrazón, en la pérdida del sentido, en la des-concreción, en la des-concretización de las construcciones humanas y en la desnudez de la esencia pura de la abstracción. Ese es el instante de la letanía, el estado contemplativo, el misticismo rasgando la tela del mundo concreto y abriendo una brecha paralela. Es la suspensión y el punto de ignición. El eterno punto de partida. Mejor no saberlo.

¿Qué se puede comentar de lo que se conoce en demasía? Lo mismo, pues. Pero es mejor salirse de ese kiosco y volver al llano. Ser llano sobre el césped y tener entradas a Cancha, encontrarse con los amigos, reír, sonreír tontamente. Pretender sorpresa y convencerse de ello. El contra poder: la auto convicción. Hay salvación señores. La angustia tiene remedio. Seguir esperando y dejando que la fatiga física –la más descomplicada- haga su efecto. Entonces acusar un posible aburrimiento o tedio a cuestiones fisiológicas y dejar que la conciencia se vaya a dar un paseo por Black Box. Recorrer el estadio entero buscando un baño y orinar treinta veces, siempre las urgencias son tan impertinentes. De ahí el miedo provisional a beber agua o a bañarse (en otros casos). Y siempre la espera, sabiendo lo que se espera, porque sorprenderse de distintos posibles escenarios no es posible. Las cosas, irrevocable e infaltablemente siempre se dan. Por eso el concierto empieza y todos sabemos los que va a pasar. Archivos de memoria de decenas de conciertos anteriores pero siempre la infaltable expectación, las ansias y la necesidad de obtener algo. Más aún cuando se ha leído las crónicas de periódicos y se sabe exactamente cuál va a ser el repertorio, cuántas veces se van a despedir y cuántas canciones extra van a tocar. Todo salió al pie de la letra. Será que siempre es mejor tener la situación controlada.

Pero ello aún no es suficiente para desaparecer el instante, para negar el espacio, para eliminar el contexto y dejarnos fuera de la delectación. La complacencia es bastante poderosa también y es un arma de doble filo de la irracionalidad: se va en contra de ella al tiempo en que la acompaña en su misión de repetición. Luego viene el raciocinio y la conciencia. Y posteriormente el dulce disfrute de la ruptura. ¿Cómo? El boicot de la conciencia, cuando el simple goce, el puro placer carcome y engulle su misma génesis y termina por absorberlo todo. Como burlarse de uno mismo…

miércoles, octubre 24, 2007

Domino Dancing

Billie, maravillosa




No me resisto a una buena. A una buena y seductora voz. Billy Holiday y un par de tragos salados. Chateando en vez de trabajar. Faringitis en vez de amor. Recibiendo invitaciones y aceptándolas al olisquear mi rechazo previo que vaticina un aburrimiento crónico. ¿Cine en mi casa? Lo siento, ya me suena erótico. Igual digo que sí mientras pienso en cómo me las ingeniaré para parar el intento de beso o caricia que inevitablemente germinará debajo de las cobijas (de seguro me acostaré en su cama y me abrigaré con su cubrecama).

Eso digo mientras sigo escuchando Billie Holiday y sabiendo que unas dilatadas vacaciones suenan tan tediosas como ver a Tarkovsky con sueño. Como estar esperando una llamada que nunca llega, o la respuesta a una pregunta tácita. Como recibir una sonrisa boba cuando tienes hemorragia nasal. Y sigo regresando a ver con mi espejito como retrovisor para advertir de alguna manera el peligro. Soy un mal conductor, nunca lo veo venir. Sé que viene pero me niego a frenar y termino arrollando al transeúnte. Odio mi vehemencia y la cultivo con pasión. Con espanto.

Termino estornudando y tragando espadas sin técnica alguna. Sólo para luego convertirme en tragafuegos y terminar con esta maldita faringitis descola planes, descola amigos, descola amantes. Descubre cuerpos y cierra ventanas. Vapores y condensaciones, líquido resbalando por el vidrio. Auto desempañándome. Billie Holiday sigue cantando y recuerdo haber leído que su registro no era muy amplio, lo cual le obligó a ser una maestra del amoldamiento. La ultra adaptabilidad y la perfección en la propia mímesis. En la reinvención y en el auto apego. Sería la única solución. De todos modos ella se volvió drogadicta y murió sufriendo. ¿Dónde está el sentido para tanto? ¿De qué vale ese deleite caótico? De todos modos se cae sin frenos. (Increíblemente acabo de asustarme por un motor chillón, desde mi octavo piso).

Aplausos.

Mesías Maiguashca, compositor ecuatoriano de música electroacústica, radicado en Alemania. También dijo que parecía japonés, júzguelo usted mismo.


Ya ha acabado Billie y ahora es el turno de Bob. Dylan. Pero yo ya debo partir. Hay que responder preguntas retóricas y escuchar a los amigos. A veces puedo escribir muy mal y escuchar tan bien. Ser nítidamente receptiva y opacamente dadivosa. Un sentido difuso me persigue la mayoría de las veces, pero yo sólo rio. Porque las carcajadas también me persiguen y terminan produciéndome fiebre. Del heno. Histamina. Y muchos besos como barriendo una calle pulcra. Redundando en los designios. Porque repetirse es lo más fastidioso que hay -ya lo diría el gran maestro Maiguashca (quien se niega a otorgar entrevistas personales porque considera que ya lo ha dicho todo)- ya que retornar, reciclar, es caer en un agujero negro, en el callejón sin salida de los ánimos. Sálvense quien pueda, llamen a una cheerleader. O qué se yo. Váyase de compras y pague lo que sea por una muñeca inflable que sepa también conversar. ¡Qué horror!

jueves, octubre 18, 2007

Cuando todo inevitablemente termina hecho panfleto



Hay ciertos momentos en los que mi sentimiento de absurdo personal traspasa mis propias barreras. Dejo de ser el extraño entre extraños y me convierto en el público asistente. En el observador del espectáculo. En el simple extracto social de un colectivo. En el representante promedio del coro. Y está por demás decir que ese sentido achatado en los polos y ensanchado en la línea equinoccial lo utilizo cuando se trata de ir a conversatorios, conferencias o talleres. Porque tengo bien claro que no hay que pasarse de listo, ni volverse provocador de tonterías. Porque uno de seguro no causará admiración sino risas.

Entonces entro a la charla, conversatorio o seminario de lo que sea, y la mayoría de las veces me amarro la lengua y clamo por una lobotomía para dejar de pensar, conjeturar, conectar y sacar conclusiones procedentes de un discurso intangible. Nunca lo logro, siempre quiero decir algo, a veces lo hago, otras no. Analizo el ambiente y lo pertinente de mi intervención. Generalmente nadie tiene preguntas sino supuestas reflexiones que quieren soltar al mundo para su reconocimiento propio. La vitrina de Pujilí… Prefiero quedarme callada en esos casos.

Volviendo a lo del discurso intangible: lo siento, ninguna presentación en power point revela la realidad palpable. Lo cierto que es que la realidad está mucho más lejos de un panel de invitados internacionales. Es la verdad. Y sin embargo disfruto la más de las veces de asistir a estos pequeñitos circos (cuando infaltablemente el neo-folclor hace su aparición) y aprendo bastante. Para mí la ecuación es simple: cuando me aburro me voy. Aunque hoy he descubierto que hay algo más que me ata a la silla, llámese maneras sociales o urbanidad (que no es lo mismo que urbanismo) o simplemente solidaridad de género humano: no me quiero unir a la horda de aburridos, decepcionados, desinteresados, indignados, insatisfechos u ocupados que salen descaradamente frente al conferencista. Confieso, a veces suelo interesarme apasionadamente por temas aburridos, otras, me aburre lo divertido.

Y todas estas digresiones salen a colación porque he asistido ayer y hoy al encuentro “Clima Latino” sobre temas ambientales y en específico Calentamiento Global. En verdad en estos seminarios Flash es muy poco lo que se aporta, ya que normalmente la premura del tiempo obliga a la concisión. Esta abreviatura de temas científicos trasladados al interés común (obviamente) no permite -a mi criterio- una efectiva difusión de lo que se persigue (¿educar quizás a la gente?) pero tal vez ayuden a hacer ruido, lo cual finalmente es lo que interesa. Ahora, el mundo de las generalidades es infinito y aunque en este caso no puedo generalizar (hubo ponencias muy buenas), lo que exige esta nueva especialización de lo común y colectivo es una diferenciación coherente entre lo que es nivel meramente discursivo, lo educativo, lo didáctico, lo técnico, lo informativo y lo retórico. En este caso fue una emulsión de todo (¡Que viva la diversidad!). Me temo que en este tipo de eventos se apela al libre albedrío y cada ponente hace lo que bien le viene en gana para su exposición, sin tomar en cuenta un mínimo de requerimientos u especificidades. Se vio de todo, desde los que citaron a poetas y filósofos new age, hasta los que magistralmente hablaron de aspectos técnicos, poniéndolos al alcance del ciudadano común.

Y hablando de new age quisiera tocar este tema que me parece substancial. No tengo nada en contra de lo espiritual y admiro en verdad a la gente que practica real y coherentemente una fe o una filosofía espiritual, pero yo me pregunto ¿Es menester relacionar inevitablemente lo ambiental con la fe? ¿No estamos de esa manera reduciendo los linderos de compresión y alcance del tema? Pues está claro que no a todos les interesa su yo interior, pero también está claro que todos vivimos en este planeta. Por lo tanto no sería más perspicaz llevar el fondo medular de una manera más neutral y así hacer extensiva la preocupación sobre el medio ambiente. Y no es que esté en contra de lo espiritual. Porque déjenme decirles, no todo el mundo respeta al Dalai Lama o está interesado en la filosofía Zen. De otra manera el neo liberalismo no tendría razón de ser al igual que el simple y llano Capitalismo. Y sin embargo, de lo que se trata es de involucrar a todos, ateos, creyentes, espirituales, materialistas, por lo tanto no se puede sesgar las intenciones, se debe tratar de incluir a todos y quizás tocar lo espiritual de una manera menos inherente.

Yo confieso, aún me rio de ver a seres occidentales vestidos con túnicas rojas o naranjas. Bien por ellos, pero salta a la vista y al entendimiento su obligada presencia. Por supuesto que ser una persona espiritual te convertirá en más humano y respetuoso del medio ambiente (si hay honestidad de por medio, claro) pero no es la única vía, de eso estoy segura. A un materialista nato no le vas a convencer por ese lado- quizás luego de años de insistencia-; pero lo que se necesita en este caso son acciones inmediatas e inmediatistas y para ello hay que hacer uso de otras herramientas, como por ejemplo demostrar que la devastación de la naturaleza producida por el hombre va inevitablemente a afectar la calidad de vida de todos (su alto status quo). Hay que coger a la gente por donde más le duele. A una persona no espiritual le va a valer un trozo el sufrimiento de la madre tierra (o la pacha mama).

Por otro lado, pero siguiendo la misma línea, lo ambiental no es necesariamente “ambientalista” por lo tanto es un error grave que se lo relacione exclusivamente con la izquierda, ya que nuevamente estaríamos cayendo en lo mismo: cerrando posibilidades de concienciación. El derechista y el ultra archi plus neo liberal le temen a ojo cerrado a todo lo que les suene a Comunismo. Y si transformamos el discurso ambiental en un baluarte exclusivo de la izquierda, estamos matando las posibilidades más importantes de cambio y consecución de objetivos. Porque de lo que se trata es precisamente de convencer a esos sistemas político/económicos de que la tierra no da más. Así que nuevamente, hay que ser un poco más inteligentes y perspicaces “adelantándose al enemigo”, dejando de polarizar el discurso sin volverlo maniqueo, y por último separarlo del discurso político de la manera más sutil que se pueda. Porque de otra manera corremos el riesgo de desvirtuar esta realidad y llevarla al plano estéril del panfleto.
Y finalmente, a veces hay que fingirse sordo o jugar a piedra papel o tijera cuando en medio de una ponencia entran a escena un hombre con un zapato en la cabeza (el Capitán Zapato), o una ardillita con otro ser disfrazado de un animal peludo que no pude clasificar según la taxonomía, cuya presencia excesiva y abarcadora termina adueñandose del discurso, excluyendo a todo aquel que no entra dentro de los parámetros de la "militancia". Ay Diosito.

lunes, octubre 08, 2007

La jaula de los leones



Recuerdo claramente la revista, las noticias, el periódico en donde la noticia de aquel hombre que había sido devorado por leones se izaba cruenta y radiante. Eran como fucilazos las palabras, y yo sin pararrayos. Tenía tal vez siete años, no lo sé. Leía ya bastante y sobre todo periodismo policiaco, que hasta ese entonces yo pensaba que existía como género. Cuando supe que se llamaba crónica roja y que lo leía cualquiera, comprendí que había sido despojado de toda su belleza, de todo su potencial literario narrativo y que era basura desechable. Solo guardo memoria de los crímenes de los ochenta y quizás de los de la primera mitad de los noventa. Luego vino la insipidez y fue cuando la sangre perdió su vivacidad, pasó a ser un mero significante.

Los trillers políticos y las tramas tipo roman policier fueron prontamente reemplazados por un estándar noticioso que ya no tenía ese primigenio sensacionalismo que buscaba dar a las noticias criminalísticas una cualidad espiritual, meta humana. El nivel de la leyenda. La necesaria mitificación de lo que se nos va de las manos, de lo incontrolable, de lo automático y deliberado. Aquello que es extrahumano porque está fuera del gobierno de la voluntad. El “primigenio sensacionalismo” era ingenuo y buscaba simplemente sorprender, ser indeleble y captar culturalmente el imaginario colectivo para registrar afirmaciones míticas, derivadas de una dialéctica puramente literaria. Los hechos se construían así, teniendo como modelo estructural aquellas grandes novelas de géneros relativos al crimen.

Hoy no, hoy quizás la literatura se nutra de la “realidad”, pero la realidad ya no se nutre de la literatura. Se rompió la elipse y no tengo opinión que contenga cualidad moral alguna que justifique el topar este tema. En resumen, no sé si ello sea bueno o malo. Simplemente quiero dar cuenta del proceso que se vive. De repente, las espadas justicieras de la lógica y el sentido común han llegado inatacables ha destajar lo último de farsa bufonesca y retórica fabulística para supuestamente revelar lo que hay detrás: la verdad de las cosas. La lógica real del mundo siendo forzosamente expuesta por oposición: romper el horizonte mitificado de la razón. ¿Quién sabe cuál es el método real por el que se rigen las cosas? Nadie.

Ese alguien que había sido engañado por su mujer y que decidió salvar su honra al más puro estilo bíblico era para mí en los ochentas un personaje paralelo, surgido del mundo de las palabras. Sin embargo, el hecho de saber que existía en alguna parte de esta ciudad, de que ese asesinato ocurrió el día tal a la hora tal, ya me hacía abrir una zanja dentro de la realidad idealizada. Siempre me preguntaba cómo habrían sido los sucesos. Sabía que lo que leía era otra cosa, algo que iba más allá del simple hecho de no haber sido un testigo ocular. Era la transmisión filtrada por las palabras y eso me encantaba. Como a todos creo yo.

Y me temo que últimamente no existe tal diferenciación o lo que es peor, ya no existe la conciencia de la presencia de tal diferenciación. Desde que el “género periodístico” robó a la sangre su carga simbólica para anularla frente a la inmediatez y su capacidad de knock out simplón, la crónica roja se volvió insustancial y dejó de perennizarse como remanente de los vestigios dejados por el imaginario social. Se percibe a la realidad mediática como una e inexpugnable. Los límites de la construcción de la realidad a través de la virtualidad del manejo de la información hoy en día llegan a ser infranqueables. La Literatura se volvió un paria que se cuela por los pocos poros que aún quedan de esta realidad y sigue tratando de adaptarse a lo que venga. La diferenciación entre mito y realidad para estos momentos es absolutamente innecesaria porque lo que vivimos como realidad ha anulado el ciclo del mito, lo ha negado en sus más profundas raíces, tan solo para fundar una supuesta nueva sociedad que busca ser una y homogénea. Pero esa homogeneidad es susceptible de ser vulnerada si permiten puntos de fuga. El mito es un punto de fuga. El consentir que dos realidades paralelas convivan es un resquebrajamiento dentro del modelo que se propone instaurar. Por ello ha sido menester eliminar una a través de menoscabarla y desvirtuarla. Y sin embargo se ha institucionalizado aquella que pretende ser la “verdadera”, esa que elimina la inmaterialidad de la ficción y que en sus bases no es más que ficción pura e inmaterialidad pura. La realidad filtrada de la que siempre hablo, la realidad mediática.

El colectivo es tan voluble en sus doctrinas, puede virar el timón sin apenas caer en cuenta.

En fin…

Los años dorados del periodismo policiaco quedaron sumergidos quizás en la laguna del Yambo con los hermanos Restrepo, guardados dentro de la caja que guardó la oreja/trofeo de Daniel Camargo, destrozados en el terreno baldío en donde fueron encontrados los pedazos macheteados de Juan Fernando Hermosa. O tal vez se hallen junto a los restos de la avioneta en donde viajaba Jaime Roldós y su esposa, o dentro de los cajones que guardaban las pertenencias de las víctimas del Monstruo de los Andes. Tal vez estén en el auto baleado, última morada del Patucho Rigoberto, o quien sabe y se hallan en alguna bodega cerca de los restos de la vieja jaula en donde aquel conscripto fue devorado por los leones del Zoológico Militar, por haberse metido con la mujer de un superior…

miércoles, septiembre 19, 2007

Sólo estoy durmiendo...

When I wake up early in the morning
Lift my head,
I'm still yawning
When I'm in the middle of a dream
Stay in the bed, float in the stream (Float in the stream)

Please don't wake me, no
don’t' shake me
Leave me where I am,
I'm only sleeping

Everybody, seems to think I'm lazy
I don't mind,
I think they're crazy
Running everywhere at such a speed
Till they find there's no need (There’s no need)

Please don't spoil my day, I'm miles away
And after all,
I'm only sleeping

Keeping an eye on the world going by my window
Taking my time,
lying there and staring at the ceiling
Waiting for a sleepy feeling

Please don't spoil my day,
I'm miles away
And after all,
I'm only sleeping

Keeping an eye on the world going by my window
Taking my time

When I wake up early in the morning
Lift my head,
I'm still yawning
When I'm in the middle of a dream
Stay in bed, float up stream (Float stream)

Please don't wake me, no dont' shake me
Leave me where I am,
I'm only sleeping


I'm only sleeping, John Lennon, Revolver


Cuando me despierto temprano por la mañana
Levanto la cabeza, aún bostezo
Cuando estoy en medio de un sueño
Me quedo en la cama, remonto la corriente...

Por favor, no me despiertes, no,
no me sacudas
Déjame aquí, sólo estoy durmiendo.

Todo el mundo cree que soy un vago
No me importa, yo creo que ellos están locos
Corriendo a todas partes como demonios
Hasta que comprendan que es inútil...

Por favor, no me estropees el día,
estoy tan lejos
Al fin y al cabo, sólo estoy durmiendo.

Echando un vistazo al mundo que pasa por mi ventana
Tomándome mi tiempo
Acostándome y mirando el techo
Esperando que me entre sueño

Por favor, no me estropees el día,
estoy tan lejos
Al fin y al cabo, sólo estoy durmiendo.

Echando un vistazo al mundo que pasa por mi ventana
Tomándome mi tiempo...

Cuando me despierto temprano por la mañana
Levanto la cabeza, aún bostezo
Cuando estoy en medio de un sueño
Me quedo en la cama, remonto la corriente...

Por favor, no me despiertes, no,
no me sacudas
Déjame aquí, sólo estoy durmiendo.

martes, septiembre 11, 2007

La ingenuidad como respuesta a todo y el lado oscuro de la fuerza

Por esa creencia de que siempre te vas a encontrar con gente buena. Por pensar que una sonrisa te abre las puertas en cualquier parte. Por sonreír a cualquiera y pensar que estás haciendo el bien. Por creerte bueno. Por no cuestionarte la existencia de la maldad. Por caminar descuidado pensando que nunca te va a pasar nada. Y por nuevamente sonreír a cualquiera y conversar con desconocidos en la fila de cualquier cosa. ¡Salud por eso! Por esas, algunas de las ingenuidades más estúpidas de la vida.
La credulidad…

Yes, I am blind,
but I do see
evil people prosper
over the likes of you and me. ALWAYS

Ayer he encontrado a la credulidad hecha persona. Una sueca-ecuatoriana que en cinco minutos me resumió su vida entera. La tan predecible vida primermundista de una nor-europea de 22 años. Ella jamás cuestionó mi maldad o mi supuesta bondad. Para esos seres post post-guerra, eso no existe. El mundo simplemente está dividido en pobres y ricos, y las cualidades morales no tienen cabida o poco importan al momento de catalogar a un ser humano. Por supuesto, el pobre tiende a ser bueno, estamos salvados. Soy pobre. Ella no lo notó, y creo que tampoco le importaba. Probablemente se sentía una ciudadana del mundo, ya que -como es historia conocida- ella también viajaba cada vez que podía. Y se sentía por demás orgullosa de conocer a gente en la calle. ¡Qué democrático! Llevo seis meses sin trabajar, estuve viajando todo ese tiempo. Tuve suerte, ahora trabajo en el restaurante de mi tío y conseguí donde vivir: en el cuarto de empleadas de mi primo…

Ella es mitad ecuatoriana -ya lo dije- pero nunca ha vivido aquí; sin embargo habla el español como una quiteña y eso choca a la vista y al oído, ya que más rubia y sueca no puede ser…

Ella probablemente no sabe que no todos somos iguales. Que vivimos en una sociedad contrastada, xenofóbica y racista. Y que definitivamente, no todos somos iguales. Que sí importa el color, la plata y todo eso. Porque finalmente, el elevado nivel de vida de un Sueco puede llevar a una persona a los límites de la candidez más absurda. Creer que eres bueno porque ni siquiera te cuestionas que estás siendo democrático y pluralista al no diferenciar colores y clases sociales, es un poco bobo. Ya que la rubia uniformidad vela los colores, hoy más que nunca, los chillones fosforescentes de nuestras diferencias sociales saltan a la vista.

Sí, Asamblea señores. Porque no hay peor retrato de nuestra sociedad que sentarse a ver la tele un rato y disfrutar del “sabroso entremés” que nos ofrecen las propagandas electorales. Hay de todo y a la vez nada. Una vacuidad discursiva, evasiva, demagógica y tonta. Tonta porque se hace presente otro tipo de ingenuidad que se disfraza de sapada. No al contrario. Porque si bien es cierto que la gente desinformada y en general la mayoría de la población, se dejará llevar por las ofertas baratas y caras, por otro lado, es estúpido pensar que un spot mal hecho va a convencer a la gente. Quizás me equivoque, y espero no hacerlo. Porque el hecho en sí no depende de un Alvarito gritando como cerdo degollado, o dos Gutiérrez jugando a los gemelos fantásticos, sino que la sumatoria de sandeces y boberías es lo que desvirtúa al ya de por sí desvirtuado discurso político de los candidatos a Asambleístas.

Así que, el embotamiento visual más que nada, es el que genera rechazo colectivo. Ahí la ingenuidad. No voy a analizar muy profundamente el por qué de esta situación, de cómo hemos llegado hasta aquí porque creo que todo el mundo lo sabe. Yo por mi parte, declaro a ésta, la campaña política mediática más desastrosa de toda la historia del Ecuador. Never seen before. Y las causas estás claras: inestabilidad política producto del mal manejo del país, que generó niveles de desconfianza e incredulidad suficientes para hacer tambalear y destrozar las estructuras políticas partidistas, las dicotomías ideológicas, la era de grandes líderes (o pequeños, o medianos). La era de los grandes partidos y su maniqueísmo terminó. Terminó para ser reemplazado por un escenario caótico, en donde la supuesta participación directa del pueblo y la ciudadanía, se ha visto minada por la falta de un rumbo claro. Por actuar sin norte y creer que el pluralismo es abrir la puerta a cualquiera. Mientras más, mejor: qué criterio más errado. Mientras más manos entran en el pastel, menos nos toca, está claro.

En esta multiplicación de los panes, las miles de voces que se han puesto a cantar al supuesto unísono, suenan más a chillidos destemplados que a un coro -por lo menos- desafinado.

Y que este supuesto poder del pueblo termine ya, porque es la cosa más confusa e inexplicable que ha pasado desde que tengo uso de razón. Y aunque se nos tenga convencidos de que luego de la crisis político-económica sucesiva a las caídas (no de fiestas sino de presidentes), cada vez nos acercamos más a una conciencia popular y participación desde la gente, es una irrealidad. Bendito sería si el socialismo funcionara y existiera el paraíso de lo estatal, pero sabemos que eso es iluso e imposible. Sin tomar en cuenta que es de lo más totalitario que puede haber en la viña del señor. Además de que, ya está visto, nos acercamos a un totalitarismo disfrazado de democracia. Y cierto es que creo en ciertos “fascismos” para resolver necedades y cosas irresolutas, pero “fascismos” tomados como reglas claras, fuertes, potentes, con deberes de lado y lado: estado y sociedad civil. No jugando al “quien toma el poder y lo controla todo es el más bacán”.
Guardando las distancias ya que creo que las dictaduras latinoamericanas no se repetirán jamás de la misma manera (sus estructuras de acción y pensamiento fueron de lo más ingenuas, aunque no lo crean), me viene a la cabeza el Chivo… Con el control total de todos los poderes, organismos de control y entidades estatales, destruyó a un país entero (República Dominicana). El todo siempre será peligroso, y esa nada disfrazada de algo que nos toca al pueblo, es el germen del fracaso. Ese hueco rellenado con fantasías (por ejemplo el conocido 3 de Sociedad Patriótica) y demagogia pura, está reflejado en el vaciamiento de contenidos, en el reemplazo del sentido práctico, de la lógica concreta, lo cual nos ha depositado en un nivel abstracto de palabras inaplicables a la realidad. Un discurso meta real y altamente pernicioso. Un manejo escénico de lo más burdo que descontextualiza la realidad social y la convierte en un sainete elaborado. Se están creando nuevos códigos sociales, lingüísticos y semánticos incluso, los cuales a pasos agigantados están transformando la conciencia colectiva de la gente. Tergiversando el verdadero sentido de las cosas, aceptando lo que está mal como bueno, como verdadero. Ese es el totalitarismo más peligroso. Esa es la más grande ingenuidad. Pensar que el supuesto progreso de una sociedad es el nos dicta lo que es bueno y lo que es malo, viendo solo el contexto externo, la coyuntura, el momento.
Por eso, Morrisey tiene razón.

Evil people prosper
over the likes of you and me. ALWAYS

Y si te pasas al lado oscuro de la fuerza (pregúntele a Correa si no), la vida te sonreirá como la Sueca aquella que me sonrió en la parada del Trole…

lunes, septiembre 10, 2007

¿Estoy ciega?

Yes, I Am Blind
(Morrissey / Rourke)

Yes, I am blind
No, I can't see
The good things
Just the bad things, oh...

Yes, I am blind
No, I can't see
There must be something
Horribly wrong with me?

God, come down
If you're really there
Well, you're the one who claims to care

Love's young dream
I'm the one who shopped you
I'm the one who stopped you
'Cause in my sorry way I love you
Love's young dream
Are you sorry
For what you've done?
Well, you're not the only one
And in my sorry way I love you

Yes, I am blind
But I do see
Evil people prosper
Over the likes of you and me
ALWAYS

God, come down
If you're really there
Well, you're the one who claims to care

Little lamb
On a hill
Run fast if you can
Good Christians, they want to kill you
And your life has not even begun!
You're just like me, you're just like me
Oh, your life has not even begun!
You're just like me, you're just like me
And your life has not even begun!
You're just like me, just like me
And your life has not even begun!
You're just like me, you're just like, just like me
And your life has not even begun!


¡Morrisey, cómo puedes hacer canciones así! Ya hablaré de ello, luego. Por ahora, les dejo esta sangrate letra con una melodía increíble. Impecable. No tengo tiempo de decir más, el castigo divino de ganarme el pan con el sudor de mi frente me espera más punitivo que nunca...

miércoles, septiembre 05, 2007

Lástima que terminó el festival de hoy...

Señores,


Les invito cordialmente a que reflexionen sobre su voto para las elecciones de Asambleístas. Sé que dado el absurdo escenario en el que están registradas más de 300 listas, entre partidos y movimientos, es una tarea agotadora y casi imposible informarse acerca de todas las propuestas y tendencias de cada una.

Pero ojo, tampoco crean que por ósmosis (sí, una de las palabras más populares de los noventas) van a lograr comprender que finalmente todo es absurdo e inútil, y que más vale anular el voto. El que piensa de esa manera, sin antes haber hecho un esfuerzo, lo hace por perezoso y quemimportista. Muy mal señores. Si finalmente quiere llegar a esa conclusión (qué redundancia), comience por el principio (otra redundancia). Infórmese. Inténtelo, no es tan difícil.

He aquí unos tips:

-Si la vagancia reina en su vida, la televisión ofrece cómodas alternativas para guiarse un poco acerca de candidatos y propuestas (no, no me refiero a las propagandas electorales tan ingeniosas). Infórmese los horarios de los programas especializados que todos los canales ofrecen. TC, Ecuavisa y Teleamazonas tienen programas de entrevistas, debates y análisis. Como quien no quiere la cosa ya podría estar enterándose de alguito...

-Si usted no se considera un intelectual de medio pelo o de pelo completo, pero aún disfruta del placer de la lectura (o lo hace para no sentirse burro), acuda a la prensa escrita. Todos los días los diarios de su ciudad tienen secciones especiales dedicadas a los candidatos y la asamblea. Léase aunque sea los titulares y los encabezados si su agenda es más apretada que corsé de ballena del SXVIII. Algo le quedará de aquello que ha leído...

-Si usted es de la vieja guardia, y cree que la radio es superior a la TV, o simplemente no tiene tiempo ni para suspirar, este medio le será útil mientras realiza sus labores. En muchas radios hay programas de entrevistas y opinión que usted no debe perderse. Eso si quiere enterarse de algo, claro. Le recomiendo las siguientes: Radio Sonorama, Radio Quito, Radio la Luna y Radio Visión. Escoja la que más se le acomode.

-Si usted es un poco más filático y no le satisface la información mediática tradicional, navegue. Hay mucha información en la red (no en la RED,ojo). El problema es que si desconoce movimientos, partidos y candidatos, no va a saber dónde está parado. Por eso es importante que reflexione un momento y deje a un lado sus tradicionales "me vale un trozo la política, todos son corruptos". Esto para que se despeje su atribulada mente y pueda definirse sinceramente.

¿Definirse sinceramente?

Sí señores. Si acaso es usted algo responsable y quiere dejar de repetir el borreguista "no sirve para nada la Asamblea", compruebe esta tesis por usted mismo. Vamos. Pero para ello primero debe definir su tendencia, lo cual no es tan difícil.
Hágase las siguientes preguntas:
¿Con qué ideología me identifico más? (¿no sabe qué ideologías existen?, estamos fritos)
Simple: Izquierda, derecha. Sí, aunque esta polarización cada día esté más desvirtuada, aún pesa dentro de las propuestas para la asamblea.

¿Qué es y qué contiene la Constitución? (vaya y busque este librito, es pequeño, y no es difícil de leerlo)

¿Con qué estoy de acuerdo y con qué estoy en desacuerdo?
Esta pregunta es universal, pero vamos, deben existir tesis o propuestas que usted apruebe o desapruebe. Por ejemplo: privatizaciones, nacionalización de recursos naturales, estado paternalista, inversión privada, libre empresa, libre comercio, o temas de derechos civiles como unión de hecho entre homosexuales, cadena perpetua, aborto, etc. Algo habrá entre sus curiosidades que usted apoye o esté en contra.

¿Qué es lo que quisiera como individuo, y como parte de la sociedad, para el país?
Complicadito, pero necesario. Por ejemplo: Quiere usted más inversión para la salud, para la educación o la cultura. O por ej. Quiere que el estado saque sus manos del IEES y se privatice la seguridad social. Quiere aseguramiento de salud universal (o sea que nadie pague por servicios de salud). Otro ejemplo: Quiere un estado neo liberal que sostenga una economía de mercado beneficiando a la empresa privada y a la inversión extrajera. Y ojo, que con esto no estoy diciendo que este tipo de planteamientos vayan dentro de la Constitución, sino que esto le ayudará a identificarse con tal o cual movimiento o partido, que promueve tal o cual ideología. Esa es la idea.

De ahí lo que puede hacer es informarse qué partidos, movimientos o candidatos están dentro de sus parámetros para posteriormente revisar sus propuestas.

Bueno. Espero haber servido de guía trucha.

Gracias, y nos veremos en un momentoooooo...