Ídolo

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Morrissey

martes, julio 03, 2007

Gordita y Horrorosa

Señoras y señores, los vientos estivales han llegado. El verano está oficialmente instaurado. Solo toca esperar a ver qué nos traerán los ventarrones.


Sandra Ochoa, la gordita y horrorosa, ganando un premio periodístico.





Con respecto a mi supuesto fascismo xenofóbico del post anterior, mejor divirtámonos preguntándole al Presidente qué quizo decir cuando se refirió a aquella periodista cuencana "maleducada" como "esa gordita horrorosa". Seguro sus calificativos y su postura estética frente a la vida será más importante y valiosa que la mía. Así que no perdais tiempo en mi, ya que todo es producto -como diría mi pana Patinho- de una esquizofrenia alucinatoria con ira narcisista involuntaria...



Dejando de lado las sicopatologías colectivas, me fue estúpidamente grato que en un canal te tv. le hayan preguntado a la gordita horrorosa si tenía algún problema con ser gorda y que si se consideraba horrorosa. ¿What the hell? Pero por supuesto que nadie va a exponer sus complejos, más aún si ya estás en una edad en la que puedes manejarlos. Imagínense si por esos giros pendejos de la trama, la gordita horrorosa resultaba ser una adolescente. Se tiraba a llorar, sin duda. Sin embargo, la periodista cuencana con la frente en alto dijo que no tenía ningún problema con ser gorda y que con respecto al otro calificativo, pues mejor deberían preguntarle a quienes la conocen. Punto.



Opine por favor. Sí, usted.




Por supuesto que es una de las cosas más complicadas de la vida el reconocerse físicamente. Pero en tal caso, buena salida la de la periodista. Al fin y al cabo, lo que importaría es cómo nos ven los demás. Andar con un espejo por delante sería vivir en el limbo del no mundo. Y que Beetlejuice nos ampare.




Ahora bien, estoy de acuerdo con que el Presidente, la mayor parte del tiempo, escupe pedazos de hígado. Y esto no tiene que ver con decir las cosas como son sino con saber cómo decirlas. Correa debe aprender a usar el verbo, si lo desea, al servicio de la honestidad. Pero ser honesto no significa soltar la primera palabra que se me venga a la mente. Debe existir un mínimo de respeto, por favor. Respeto, tino, audacia y astucia. Sí, todo ello es necesario utilizarlo en distintas medidas para que el discurso no se convierta en enemigo de quien lo pronuncia.



Soltar que una periodista es gorda y horrorosa está totalmente fuera de lugar. Es un insulto descontextualizado y por eso hiere más. Si esto hubiera sido una pelea adolescente en donde cada cual se burla de los defectos del otro, habría sido entendible. Pero en una rueda de prensa presidencial en donde la apariencia física es lo último que interesa. Por favor, esto ya rebasa el límite de la ridiculez.




Moraleja: No es lo mismo decir que alguien es gorda y fea en un blog que lo leen los panas y dos que tres más, que decir lo mismo frente al país entero. A asumir dimensiones y responsabilidades.




Eso es todo, señoras y señores.

viernes, junio 29, 2007

De cuerpos cuadrados y música para planchar

Hoy es día de fragmentaciones. Ayer fue el de congregaciones y por simple básico equilibrio, hoy hay que disgregar algo. No yo, no a los demás. No a los demás y yo, sino a la idea de la continuidad. El proceso que se cree fallido por no hallar vías sin baches que detengan su avanzar. Por eso, machete en mano, mejor es avanzar por la selva. El camino más corto debería ser el más difícil como ya lo dijo el entrañable Big Fish…

Hasta mientras, veamos que hallamos por el medioambiente citadino impreso en papel periódico….

“La moda veraniega empieza a verse en las calles de Quito
Dos mujeres de la urbe llamaron la atención de los transeúntes de la avenida Patria y Juan León Mera, al norte de la urbe. Las dos vestían minifalda y blusas transparentes. Algunos ciudadanos todavía no se acostumbran a ver este tipo de moda a pesar de que el verano está empezando. En la gráfica se aprecia como un hombre voltea la cabeza para observarlas”.

Conclusión: La urbe es una ubre.

Ahh el periodismo anecdótico. Ohhh las cajas de relleno. ¡Pues que viva la literalidad! La foto es más habladora que lora adiestrada, pero sin embargo, por si las moscas, había que poner una explicación para el que no la entendiera. Ponerle un simple título habría estado bien, pero ese no es el asunto. El periodismo gráfico urbano-anecdótico convertido en la huachafería más reveladora. Y no porque el par de mujeres de minifalda sean las chicas frigidaire (no, no por impulsadoras ni por frígidas), sus cuerpos cuadrados sin cintura son por demás decirlo: horribles y antiestéticos. No, no es por eso. Ni tampoco porque tan solo una de las admiradas jovenzuelas tuviese una blusa transparente y no las dos como la generalizadora nota quisiera hacernos ver.

No. Ni siquiera por el hombre aquel que desearía tener en sus manos uno de esos traseros cuadrados. Disculpen la crudeza. Simplemente es reveladora la foto por mostrarnos una de las obviedades más profundas y menos tratadas: el acondicionamiento estético. Mejor no voy a entrar en detalles acerca de lo que quiero decir con eso, porque no quisiera que me lluevan piedras encima. No es racismo ni xenofobia, es simplemente ver las cosas como son. Aunque quizás deba descubrirse aún los efectos que tiene una descarga de hormonas sobre la visión. Ja ja, no, eso es una broma…

En fin, mejor lleguemos al punto dos de las revisiones diarias. No FARC y rehenes muertos (yo no fui, fue teté), ni Chinos Traidores (portada de un diario peruano) tratando de evadir la justicia lanzándose a la arena política japonesa. Mejor hablemos de música…

Facundo Cabral condecorado por el alcalde, declarado huésped ilustre. Un concierto de Leo Dan (Gordo y feísimo, care Mickey Rooney), Tormenta (pacto con el diablo), Miriam Hernández (otro pacto con el diablo) y Sahiro (mi grupo favorito según el Hi5). Ah, me olvidaba, y otro concierto más de Facundo Cabral. Sólo faltan los Iracundos, los Terrícolas de Venezuela y Pueblo Nuevo. Ya pues, ¿hasta cuándo va a ser actual Piero? ¿Es que nunca va a pasar de moda la música del recuerdo? Que ya no es del recuerdo porque se escucha todos los días en las quinientas radios especializadas. Artistas que nadie para bola en el resto del continente se hacen su agosto en Quito. Increíble.

Y no es que tenga algo en contra de ellos o de su música (muchas canciones disfruté a viva voz), no es contra ellos este manifiesto pro entierro de cadáveres musicales insepultos. Es en contra de los productores de eventos. Los organizadores de los conciertos que no tienen la más mínima idea de la responsabilidad social y cultural que adeudan. Y como no, de los productores y conductores radiales, y de las mismas radios y demás medios de comunicación, que son finalmente quienes deciden lo que está in o out en la música popular.

No es cuestión de traer “lo que la gente quiere”. Se sabe bien que lo que esa gente quiere oír es lo que le han dado para consumir. Hay una oclusión musical, un estancamiento de gustos por culpa de los ofertantes (no de los músicos, ojo). La audiencia, tiene derecho a que se de algo más, a que se le eduque en gustos musicales. Uno no puede preferir algo que desconoce. Es infame la reducción de los linderos musicales populares. Infame. Yo no estoy en contra de que venga Tormenta y leo dan, pero de que vengan cada día del padre o del árbol, y que prácticamente se desconozca qué hay más allá de Arjona o las estrellas del reggaetón, nuevamente es una actitud infame. Un negociado sucio, antivalores. Porque la cultura es un valor que se debe cultivar. Educar a la población no es enseñarle a sumar y a restar, sino también enseñarle incluso a tener gustos diferenciados. Esta educación debe ser continua y ahí sí, plural.

Ese conductivismo mediático que salpica a las artes (porque la música popular también es arte), está haciendo un grave daño en la construcción del pensamiento social. Es justo y necesario no sólo dar bases y cimientos a esa construcción, sino darle continuidad. Y lo único que se está haciendo, es fragmentarlo y tomar una parte empantanada.

Generando cultura desde la tabla de planchar.

martes, junio 26, 2007

Al público en general...

No quedará más que echarle la culpa a los seres inanimados. Cuando la potestad del tiempo y la acción se nos va de las manos, empieza entonces el rewind de culpabilidades. Y entre tanto retroceso, apología y justificación podríamos llegar hasta el instante mismo de nuestro nacimiento, o mucho antes quizás. Quedémonos flotando entonces en el líquido amniótico de la negligencia.

Un micrófono de nueve dólares quedó como rey absoluto. Se le halló culpable luego de una no muy corta deliberación por parte de los jurados, quienes eran de paso también los jueces y los actores presuntos implicados, así como las víctimas.

Ayer con todos los pronósticos a favor, terminamos siendo eliminados del concurso por la lentitud de los organizadores. Estoy hablando estupideces. La historia es la siguiente: una película (Freaks, 1932) y un intento fallido por verla. Malas decisiones de último momento. Un micrófono olvidado en la casa de un franchute hizo que desviáramos el camino pensando en que sí llegaríamos a tiempo a la función. Error.

El francés terminó convirtiéndose en una agradable casualidad, ya que resultó conocer a mi amigo. Y esa “agradable coincidencia” prolongó nuestra estancia en su casa. Llena de afiches y demás objetos que hacían alusión a su hobby, entendimos que nos hallábamos frente a un genuino fan, coleccionista y hasta investigador del cine B, el cine de terror b/n y otras perlas cinematográficas como el Santo, y cine funky policial gringo…. Y adivinen qué. Al enterarse del porqué de nuestro apuro nervioso, la felicidad saltó a sus ojos. Resulta que Freaks era su película favorita, y decir eso era bastante para esos momentos. Nos habló maravillas del filme y nos mostró un libro escurridizo en donde tenía información de la película.

La desesperación por llegar a tiempo al cine creció por supuesto. Debimos abandonar al franchute cortando en seco la conversación. Y oh destino cruel, al llegar al cine, las entradas estaban agotadas…

Ningún lamento fue suficiente. No hubo manera de que se compadezcan de nosotros. Consuelo tonto: no fuimos los únicos en quedarnos sin entradas. En fin, era el último día que la pasaban. Si alguien sabe dónde conseguir la peli, que por favor me haga saberlo. Gracias. Por cierto, está dirigida por Tod Browning, que por supuesto no tengo idea de quién diablos es.

Solución post decepción: chocolate a la vena y otras cosillas más…

viernes, junio 22, 2007

Gracia divina

La codeína quizás entorpezca la sintaxis de ideas. Hay algo que se asemeja al olimpo. De repente el universo apolíneo está mi alcance. Ese grito filudo “Black beauty I love you so”. La guitarra rasgándose en una armonía inexpugnable, inquebrantable. Sonidos invictos. Las olas del mar meciendo el barco, arriba, abajo, izquierda, derecha. Un vértigo descendiente mientras intento seguir las una a una las palabras desmembradas de “Grace”. Wait in the fire wait in the fire, wait in the fire… Mientras en el fuego espero, antes de quemarme, solo un segundo antes de que las palabras desaparezcan y el escozor de la cercanía de la lumbre me diga: and the rain is falling/and i believe /my time has come/ it reminds me of the pain/ i might leave /leave behind…


Jeff Bucley es la belleza pura, su voz de cuatro octavas, sus melodías llevadas al extremo de la ruptura -acorraladas en un túnel de difícil acceso del que siempre sale glorioso- se acercan mucho a la fruición del amor. Es un compositor agónico y la vez popular. Todas sus canciones recuerdan la genialidad del compositor clásico. Aquel que consigue darle a los sonidos una familiaridad sorprendente y extraordinaria, traducida a la cotidianidad de quien escucha sentado pero aún se revuelven sus entrañas. Eso es Jeff Buckley, la belleza sin concesiones, el acto más allá del pretender ser algo o decir algo. En Jeff Buckley todo es bello, hasta él mismo. Su rostro es armonioso y preciso, no hay cómo no amarlo. La inevitable atracción física que despierta es llevada al plano espiritual, ya que bien podría depositarnos en un estado contemplativo. Hay una perfección en su voz que navega al vaivén de altibajos que nunca se quiebran y sin embargo nos mantienen en un suspenso bronco. El suicida llamando la atención desde la terraza de un edificio de doce pisos.

Las letras de Buckley en su mayoría tienen la claridad del cristal y son tan concretas como bloques de concreto. Una ciudad construida sobre verdades llanas. Él habla de lo que siente, de lo que ve y de lo que pasa. Por eso no tiene miedo a las obviedades y se lanza a ellas desde lo más sincero que puede hallar: su voz. En su canto no hay alegorías, su timbre y tesitura son lo más literal que hay. Pero aún nos remiten a un plano etéreo intraducible y únicamente decodificable por el tacto, la piel.

La guitarra, su segunda voz, entra indisoluble en esas armonías introductorias logradas en canciones como Aleluya (de Leonard Cohen), para muchos, la mejor versión de este tema.

Grace, el único álbum que sacaría en vida, es una pieza maestra de la música actual. La canción que le da el nombre al disco vendría a ser una composición imprescindible dentro del universo musical, y esa que todo melómano no debería morir sin escuchar… o impactarse por ella. Pero esos giros a veces estúpidos del destino harían que prematuramente el mundo se prive de un músico de talento excepcional. Jeff Bucley se ahogó en 1997, nadie sabe por qué, se ha especulado mucho acerca de su muerte, pero eso poco importa ya. Treinta años fueron suficientes para que nos dejase canciones indelebles.

Les dejo una foto para que admiren una parte de su belleza…

Cómo no amarlo. Portada de su álbum Grace.


Bueno, una más:




Ay Dios mío ayudameeeee

miércoles, junio 20, 2007

La felicidad del primate

Gracias a chanchullos bien habidos pude conseguir la invitación para la conferencia que Mario Vargas Llosa iba a dictar en Quito ayer. Aunque yo no la llamaría conferencia sino soliloquio “ameno” perfecto y diseccionado para el promedio del público asistente. Quizás el pararme a la salida buscando a alguien que me iba a llevar a la casa fue una seria experiencia de identificación y selección. Por supuesto, ya se imaginarán quienes eran la mayoría de asistentes invitados por el Gran Banco y su Jeque, el Sr. Egas (aunque nunca le nombraron). Un acto burgués puro y sincero, sí, sincero. Desde el principio de la exagerada y mea culpista (sí, un mea culpa disfrazado de aporte cultural) promoción mediática de la conferencia, se sabía que no cualquiera podría asistir. En el periódico decía muy claramente: entrada con invitación. Gracias.

La persona que me regaló su entrada me había dicho: “Cuando vino Evo Morales, cualquiera podía verle”. Pues sí, es cierto, pero no nos olvidemos de que cada estereotipo va acompañado de su políticamente correcto aparataje y estética. Vargas Llosa, derecha, burguesía, público selecto. Evo, izquierda, proletariado, cualesquier hijo de nadie. Simple, directo, y nuevamente sincero. ¿A quién le interesan las falsas ínfulas democráticas? Vargas Llosa no tiene por qué esconder lo que es. Es lo que es y punto.

Por ahí se decía que su visita al Ecuador no era gratuita, que era una movida política de la oposición banquera anti gobiernista. Que era un escupitajo a Correa traer a un intelectual de derecha, radical en su ideología y sin pelos en la lengua para atacar a Fidel o a Chavez. En fin, se dijo mucho sobre el tema, y aunque en un principio también yo llegué a decir: “lo sospeché desde un principio”, luego de escuchar la conferencia creo que su presencia en Quito fue absolutamente literaria. No tanto como escritor sino como figura.

Aunque quizás la simple presencia del escritor sea un referente que remite al neoliberalismo, y aunque hable piedras y ramas, su conocida postura política le saldrá por los poros y ello será suficiente para enfurecer a los izquierdosos que ni cortos ni perezosos se sentirán aludidos. La contra movida sería traer un escritor socialista… ¿Queda alguno? (Que no me tiren piedras por favor).

Vamos, quién da más.

Bueno, quien sabe y a lo mejor con mi credencial de prensa habría podido entrar. El director de una de las revistas para las que escribo me había dicho que vaya… Claro, él tenía la invitación pero yo no. ¿Cómo rayos se supone que iba yo a entrar? Nunca me lo dijo. En fin, me las arreglé bastante bien para ir. Mi amigo dijo que no tenía terno y que por eso no podría ir. A mí me dio igual, desenterré los zapatos de taco que nunca uso, un vestido “champán grand duval” (el de las grandes y pequeñas ocasiones), abrigo para el frío concerniente y listo. ¿Cuál es el problema con eso?

En fin, me vale trozo la postura política de Vargas Llosa. Me interesan sus letras. Nunca he sido aficionada a escudriñar nada más allá del simple acto de la escritura. El acto de vivir debe estar contenido allí, no necesito saber más. Es un grande de las letras hispanoamericanas y eso es innegable. Sin embargo…

Y ahí vienen mis famosos peros…

Retomando ideas de arriba. La “conferencia” de Vargas Llosa fue una sucesiva concatenación (brillante, eso sí) de generalidades. Lo siento, no me aportó nada. Mucha gente salió maravillada de su verbo cuasi divino. Yo no lo creo. Traté de estar atenta y lo conseguí en un 90% (acuso a ese díscolo 10% mis posibles errores de comprensión). Escuché y analicé una a una sus palabras e ideas. Obviedades. Quizás mis expectativas eran demasiado altas, pero al llegar a mi casa me di cuenta de que había llegado sin expectativas. Estaba demasiado ocupada en otras cosas y por eso llegué cuando ya todos estaban adentro.

Por supuesto que no puedo desmerecer el valor paradigmático de las ideas del escritor. Lastimosamente son paradigmas ya desgastados. No porque hayan perdido valor, sino porque muchas son verdades utópicas que no tienen manera de comprobarse. Y sí, sería estúpido cuantificar estos aspectos intangibles de la vida, que únicamente son cualificables. Por ello todo es válido. Y en el proceso de creación retórica, no existen las mentiras. Por eso la literatura, “la buena” (como dijo el autor), es honestidad pura. ¿De qué otra manera sino se podría ser fiel al acto de crear? Acto que procedería de lo que se conoce como creatividad, que según la psicología jungiana es inconciente. Hasta qué punto el acto dialogal se convierte en un plano meramente dialéctico (aludiendo a su significado en la doctrina platónica). La idea pura, impráctica e inmaterializable puede -a través de la lógica y su apropiado uso lingüístico- hacernos creer en mundos simulados.

El poder de simulación que tiene la palabra es tan potente, que por ello -aludiendo a palabras Vargas Llosianas- la literatura es imprescindible para la vida. Su tesis es: sin literatura no se puede vivir, la vida es mejor con ella. Quien lee (literatura) vive una mejor vida. Con esto el escritor se refiere a la ficción (narrativa, poesía). Interesante idea ésta, pero bastante manoseada ya que bien conocido es el desencanto de la realidad que el mundo post-moderno sufre. Aunque quién sabe si siempre ha sido así. Por supuesto que todo el mundo sabe que la literatura y la ficción en general son formas evasivas de la realidad. Que el nivel perceptivo de los sentidos es subordinado por el de la idea al momento de construir puntos de fuga que disparen vidas paralelas.

El mundo de los anhelos ha existido desde siempre. Es tan antiguo como el hombre y más viejo que el lenguaje. Eso lo tengo por seguro. Pero en realidad discrepo en ese punto de que quien lee (literatura de ficción) lleva una mejor vida. Quizás lleve una mejor calidad de vida en este país en donde leer novelas es un lujo, o tal vez su nivel de conocimiento universal se amplíe si lee a Kafka, Cervantes, Orwell o Sheakspeare (citados por Vargas Llosa). Pero lanzar conjeturas como que se es más feliz de esta manera, no lo sé. He visto gente ignorante (sin usar peyorativamente este término), tremendamente feliz. He conocido grandes lectores convertidos en amargados gracias a lecturas desoladoras. Y también he sido testigo de grandes satisfacciones, propias y ajenas, leyendo obras maestras. La literatura es un arma de doble filo, no se puede polarizar hacia un solo lado su valor. Por supuesto él mismo terminó presentando la antítesis de su planteamiento. Un contra argumento que finalmente presentó como que la literatura probablemente no nos hará más felices pero sí más libres… ¿Qué mayor felicidad que la de ser libres?

Y quizás Vargas Llosa enfrentó el asunto desde el punto de vista más equivocado y simplón: la decimonónica discusión de si la literatura es una pérdida de tiempo o una distracción banal, versus eso que la literatura es vital para la construcción de la vida. No va por ahí la cosa. Más bien se debería, si por esas vamos, desentrañar el verdadero poder de la literatura sobre la vida, tanto para el bien como para el mal. Creo que la discusión de la felicidad va por otro lado. El creernos seres superiores por poseer una supuesta cultura venida de los libros es una postura verticalista y obtusa. Y hablo de superioridad intelectual, la misma que, según Vargas Llosa, sería aquella que deviene en bienestar mayor. No lo creo así. El escritor habló de que a partir del Renacimiento (¡oh, y de pronto todo se iluminó!), la sucesiva evolución del pensamiento devino en progreso gracias a esos seres inconformes y díscolos (la necesaria rebeldía). Gracias a ello es que el conocimiento se ramificó y prácticamente las ciencias humanas se volvieron tecnicismos. La filosofía y las ciencias humanas –sin hablar de las ciencias exactas- quedaron para los estudiosos. Vivimos la era de las especializaciones. Me pregunto si será bueno o malo que la erudición prácticamente sea algo imposible de conseguir en estos tiempos. O que el concepto de “sabio” haya perdido figura. Pienso que en la diversificación del conocimiento se produjo una simplificación de las ideas. La categorización y sistematización de las ideas fue el preciso paso a la materialización de las mismas. El momento material que vivimos (no me refiero a dinero ni posesiones) es producto de una necesaria desmitificación del pensamiento abstracto.

Y la literatura hoy en día es precisamente esa vuelta a lo abstracto. Refiriéndome como abstracto a aquello intangible e inmaterial del anhelo.

Volviendo al tema, según el autor esos seres díscolos (usó varias veces estas palabras) son precisamente aquellos que la literatura produce. Tampoco creo que necesariamente deba ser así. Creo que la inquietud y la inconformidad frente a la realidad pueden nacer desde otros gérmenes, aun menos gregarios. Pero es cierto que la sobre conciencia también puede adquirirse gracias a ese mundo que se abre entre las páginas de un libro.

(Tengo demasiadas ideas, esto se está volviendo interminable, pero ya voy a concluir)

Quizás deba volver al título de la conferencia “La Literatura y la vida”, y con esto mostrar que ese tema es tan universal y amplio, que prácticamente entra todo. El mérito de Vargas Llosa es la concisión y la ilación de ideas. Y por supuesto, ser un disertador para todo público, lo cual es lo más importante a mi parecer. Talvez mis impresiones no sean trascendentales tomando en cuenta que filáticamente yo me esperaba algo más profundo y reflexivo (quizás esa ilusa profundidad tenga un fondo más cercano de lo que uno pensaría) . Algo que se me “revelara”. Qué ingenuo de mi parte. La conferencia no pudo estar mejor preparada para el momento social. Nunca habló de política, todos entendieron, los organizadores quedaron bien. No hubo ofendidos. Definitivamente hay maestros de lo políticamente correcto. Qué pena no ser uno de ellos.

Yo aún sigo pensando que el hecho de leer ficción no te dará una mejor vida, pero sí diversas posibilidades. O quizás una sola, la del ensimismamiento. O te de aliento, o te derrote antes de empezar a morir. Ser más inteligentes y/o cultos no nos hace ser más felices. Adquirir una ultra conciencia no nos da la clave de la felicidad pero nos advierte de mucho. El aviso de salida, el pre-conocimiento, la anticipación, el antemano...

Aún me produce felicidad ver a una persona hermosa en la calle, y si me mira mejor… probablemente esta sea la felicidad del primate, pero es felicidad al fin y al cabo….

viernes, junio 15, 2007

Ahhh... Las noches capitalinas

Justo cuando uno dice que ya no hay nada nuevo bajo el sol, que la noche se agotó, que la ciudad no da más y que más me valdría volverme eremita ¡Zaz! Aparece la villa que se niega a perecer en la repetición y el sinsentido del regodeo social. Hay una atracción a veces inevitable si uno entra en el ruedo, en ese circuito interminable, farandulero y a veces snobista de exposiciones, festivales, conciertos, obras escénicas o inauguraciones de lo que sea.
En fin, Quito está lleno de eso que salva a las noches de ser una puesta en escena de un sainete flojo, en donde la gente no hace más que redondear sus ansias de sociabilizar. Y lo digo porque desde el punto de vista purista, la "bohemia" quiteña puede ser un burdo escenario de sátiros y bufones, dependiendo desde donde se lo mire. Escenario en el que, por supuesto todos nos convertimos en personajes. Nadie se salva, por cierto. Y aunque puede llegar a ser tedioso tener que estar en los mismos lugares con la misma gente, cayéndose mal a sí mismo por saberse perteneciente a la fauna, aún se puede uno reír. De uno mismo, de los amigos, del resto, de lo que se ve, de lo que hay, de lo que no hay. En esos momentos de conversaciones efusivas, muchas inútiles, de los chistes gratuitos, de la embriaguez del prójimo o de la propia, de los chistes colectivos y oportunistas, en fin, las perlas nocturnas que suelen coronar a veces esas entregas por capítulos.
Y resulta que siempre hay algo nuevo... aunque no lo crean... aunque uno mismo no lo crea. A veces la belleza aparece por todos lados. Hay días en los que veo hombres bellos a cada paso y me quedo con la risa burlona congelada de cuando digo que vivimos en un país de gente fea. Y entonces de pronto hay cosas atractivas. Encuentro una obra de Zapata o David Santillán, escucho una canción y la voz de algún amigo cantando. Encuentro a mis amigos felices y riéndonos todos de todo y de todos. Y siento los abrazos y las sonrisas, y eso que puede ser tan fatuo, pero que funciona tan bien en la noche... Y sobretodo encuentro a tantos amigos que me han sacado tantas risas. Y los quiero a todos aunque me falte poco para que la testosterona reemplace mis estrógenos, ya que es inevitable estar "bendita" entre los hombres. En fin...
Eso es lo que importa al fin y al cabo, porque aunque suene simplón no hay nada como pegarse una buena carcajada con los amigos. Y si son varias, mejor.
Bueno, siguiendo con el hilo de las sorpresas y renovaciones, el día de ayer precisamente recibí una. Fui a un concierto en un bar de la Mariscal y la verdad, me encontré con dos excelentes bandas que hiceron que todo lo demás valga la pena. Primero salieron a escena Arkabuz, que salvo por el desgastado uso de la K (que se les perdona por ser tan buenos), son una excelente propuesta de rock fusión melódico. Una mezcla de rock clásico, indie, rock pop, y hasta rockabilly. Gracias, por fin. Melodías bien trabajadas con arreglos impecables y la incursión de un instrumento podría decirse innovador dentro de la escena musical quiteña: el acordeón. Una maravilla. Un feeling sincero.
Qué felicidad. Lo digo porque la banda anunciada como principal fue otro gran disfrute. Los Nietos se llama este grupo guayaco, al parecer radicado en Quito, quienes realmente se pasaron. Su sonido más bien clasiquero pero con una clara propuesta contemporánea, es bastante sólido y potente. Las composiciones tienen mucho brillo, a diferencia de lo que normalmente suele suceder cuando se tocan de una manera tan pura ciertos géneros ya desgastados, ya que por más de que suenen bien, muchas veces no dejan de sentirse repetitivos u opacos.
En fin , una excelente noche la de ayer como ya muchas he tenido en esta ciudad love-hate-love.

martes, junio 12, 2007

Póngale la cola al burro

Soy Aute y también hago cine

No lo sé señor Aute, pero aunque no he visto sus cortometrajes y quizás me equivoque, no creo que ud. sea cineasta. Con todo el respeto del caso.
El día de ayer se presentó "Un perro llamado Dolor", supuesto largometraje del cantautor español, quien luego de dar algunas justificaciones anunció que contaría cuánta gente se saldría de la función... como había pasado ya en otros sitios donde se la exhibió. Pero también nos aseguró que si no desertábamos a los 15 minutos, ya no lo haríamos jamás y nos bancaríamos la hora y media que duraba el filme. Estuvo en lo cierto, la primera tanda de gente se salió máximo a los veinte minutos y el resto nos quedamos quizás ya estigmatizados por el decreto autesco. Ya no podíamos salirnos (quizás algunos por no quedar mal). En mi caso porque quería ver qué pasaba con Gala y Dalí. Los que estaban sentados junto a mí disfrutaron como nadie de la película cual Homero Simpson que cuando se aburre inventa otra película: una cómica historia llena de gags incomprensibles para mi lógica evasiva. Sus ja ja ja constantes lastimaban mis sentidos. Yo nunca pude reirme de nada, así que cuando me aburría de las imágenes pensaba en otras cosas.
Pero aunque no se crea, yo aún pude disfrutar del filme. Sin embargo, debo aclarar que no como una película con trama y narrativa cinematográfica, sino como un claro producto experimental audiovisual plástico. Vamos por partes. "Un perro llamado Dolor" es una especie de filme de animación hecho a partir de dibujos a lápiz creados por Aute. Son seis historias de pintores universales -la mayoría españoles- entre los que se hallan Goya, Frida Kahlo y Diego Rivera, Velázquez, Dalí y dos pintores españoles -poco conocidos por estos lares- cuyos nombres no recuerdo.
Cada historia, si se la puede llamar así, presenta imágenes fragmentadas surrealistas con una narrativa difícilmente decodificable. Por ello la apreciación más directa está dada por aquel único y principal componente: su valor plástico. Esta obra se acerca mucho más a los conceptos y maneras del video experimental que a los de la cinematografía. El hecho de haber sido filmada en celuloide no la convierte en cine per se. Esa gratuidad conceptual (refiriéndome a lo que significa hacer cine) no puede estar amparada en el soporte audiovisual, es decir, el material sobre el que está grabado el producto no puede convertirlo en lenguaje cinematográfico. El cine no es el celuloide, el cine no es la cámara, el cine es un conjunto de significantes cuya sintaxis y concordancia geneneran un nivel semántico audiovisual cuya capacidad narrativa está por encima del soporte utilizado. Por supuesto que el valor estético y de calidad que brinda el celuloide es un innegable componente dramático dentro de la concepción de la obra, pero ello debe estar subordinado a la idea, a aquello intangible que busca materializarse a través de los recursos técnicos y dramáticos, y no al revés.
En "Un perro llamado dolor", basta decirlo secamente, lo que valen son los dibujos. Estos son buenos, producto de un buen dibujante pero tampoco son excepcionales. Muchos de ellos muestran un buen manejo del espacio, de la composición y de la anatomía, pero conceptualmente son flojos (a menos que yo no haya entendido qué quería contar en la mayoría de los casos). Yo le llamaría un producto multimedial que conjuga imagen, audio y movimiento. Dibujos musicalizados que ni siquiera llegan a convertirse en animación porque no hay una consecuente edición de movimiento sucesivo, sino que entre una imagen y otra se presentan saltos visuales sin secuencia directa, cuyo error a mi parecer se resuelve de una manera facilista apelando al surrealismo.
Sin embargo, luego de desbaratar medianamente el filme, lo único verdaderamente criticable es haberlo presentado como un producto cinematográfico. Si se lo mira con otros ojos, es perfectamente pasable y hasta divertido. Si lo vemos como un producto estético, como lo hice yo, resulta agradable pero no pasa más allá de eso. De una leve sonrisita y unas ínfulas taimadas filáticas por descubrir quiénes eran los otros personajes que aparecían en cada historia. Hubo de todo, Chaplin, Man Ray, Stalin, Woody Allen, Buster Keaton, Einsenstein y no podían faltar Trotsky, Buñuel y García Lorca...
En fin , le agradezco al señor Aute haberme hecho pasar un momento agradable, pero la próxima vez (y esto para los organizadores también) sea un poco más honesto y póngale el nombre que debe tener. Por cierto, ¿Dónde estará la cola del burro?

miércoles, junio 06, 2007

EGOCRACIA

Cuando el discurso se resuelve con un “según lo que yo creo” o un “yo opino”, podemos fácilmente concluir que estamos frente a un callejón sin salida. Hablo del ámbito político, en donde finalmente todo se reduce a una pugna de subjetividades producto del Ego. Y con este término no me refiero a la acepción popular del término, que según el diccionario de la real academia de la lengua, lo define como “exceso de autoestima”. Aludo a esa instancia psíquica, que según Freud es parcialmente conciente y controla la motilidad mediando los instintos del ello, los ideales del superyó y la realidad del mundo exterior.

Día a día escucho y veo programas de opinión, en los que invariablemente alguien termina haciendo valer su derecho de libre expresión a punta de parcializar el mundo en una visión personalista del escenario político o de la realidad nacional. Y esto no significa que llevar una postura considerada como errada o fuera de lugar, hasta las últimas consecuencias, sea algo traído de los cabellos. No lo es, y la respuesta está en el mismo derecho que se defiende. La libre expresión es un arma de doble filo que ha sido más que mal entendida, mal interpretada. La sinceridad y el desparpajo de la honestidad no son valores que se cultiven en sociedades como la nuestra, por lo tanto la responsabilidad está en un nivel de tono y no de ética. ¿A qué me refiero con esto? Por un lado tenemos este derecho que es supuestamente inviolable, pero por otro está el valor venido a menos de la verdad, tema del cual he hablado bastante en este blog.

Bajo la bandera del pluralismo se pueden esconder las canalladas más ruines. Pero, ¿Quién podría comprobar lo contrario, si cada cual tiene su punto y debe ser respetado? Si el presidente maltrata a la prensa y los acusa de mentirosos, tendenciosos y vendidos, ¿No está acaso en su derecho de decir lo que se le pegue la regalada gana? Hasta dónde y desde dónde los límites. Yo puedo salir a gritar a la calle barbaridades, defendiéndome detrás de mi libertad de expresión, y en teoría tendría derecho a hacerlo. Claro, la respuesta más fácil sería aquella que dice “mis derechos terminan donde comienzan los del otro”. Es decir, mientras no haga daño al prójimo, puedo decir lo que se me pegue la regalada gana (con guatita y todo). Qué postura tan ingenua, por favor, cada palabra es un dardo, cada verbo una esquirla de bomba, más aún en la política. Cuánta verborrea politiquera nos ha hecho daño como país, y los mismos medios que tanto se quejan ahora han dejado que pasen esos torrentes de demagogia, a veces sin filtro alguno. ¿Quién dice que la libertad de expresión no hace daño?

Es increíble como unos pocos (esos súper Yo que muchas veces sí le hacen honor al significado popular de la palabra Ego) manejan la estructura de pensamiento social, absolutamente maniqueísta. Siempre buscando nuevas polarizaciones que se ajusten al modelo mundial, pero que gracias al componente autóctono criollo parecerían salidos de aquí mismo. Cuando la división entre la izquierda y la derecha va mostrando líneas tenues e indefinidas, cuando los partidos tradicionales se van ahogando ven su agonía en la falta de líderes y el anacronismo de sus postulados, entonces nace una nueva pugna de poderes. Ego oficial versus ego mediático. Y ojo, que viéndolo así no sonaría tan complicado. Al bautizado “autócrata”, más se le escuchan sus palabras como berrinches de quién quiere tener la razón a patadas que como autoritarismos que vayan en a derivar en el tan temido régimen totalitario. Que no cunda el pánico (o que no panda el cúnico), ya que eso no va a pasar. Para aplicar medidas extremas es necesario llevar el contexto al borde. Si se quisiera eventualmente botar a Correa (lo cual dudo mucho), sería necesario dentro de esta lógica macabra, alentar el extremismo y el radicalismo Correísta, para justificar acciones de semejante peso. Ya lo vivimos con los botados anteriores, para qué explicar más.

Volviendo al tema, la verdadera complicación está en ese mismo pluralismo. En la heterogeneidad de pensamientos, ideales, intereses, necesidades, etc, que cada uno de los actores políticos y la sociedad en general, poseen. Cierto es que hay hilos conductores e intereses comunes, pero el universo del Yo imposibilita casi por naturaleza el consenso nacional. Es frustrante saber que en las esferas de poder el altruismo no existe. Que resulta más que obvio que, quien quiere gobernar un país algún tipo de ego desbordado tendrá para querer fajarse semejante responsabilidad. Que no necesariamente el político es aquel que se metió en el ruedo por plata, sino que, como el memorable Cuentero de Muisne, hay aquellos que lo hacen por la simple necesidad de alimentar un ego desnutrido por la falta de reconocimiento… Y muchos lo han logrado…

miércoles, mayo 30, 2007

Acciones sinsalabin

Un día tuve que besarme con una chica. La besé y en frente de diez personas. Todos lo disfrutaron y hasta les pareció bonito. Habremos repetido la escena unas tres veces, quizás cuatro. No había luz natural -era denoche- ni artificial, así que abrieron el diafragma de la cámara lo más que se pudo y las imágenes resultaron granuladas, indefinidas y lentas. Las ví solo una vez más y al hacerlo, pensé: No estuvo tan mal.
Ese día decidí que besarse con una chica por opciones laborales o creativas era infinitamente más aliviante que hacerlo con un hombre que no nos levanta ni un solo pelo. Sin embargo, al pasar el tiempo, los meses para ser más exactos, supe que los besos pueden llegar a ser arena. Arena húmeda dentro de la ropa, pegada a tu piel con bronceador. Una ducha taponada con arena. ¿Cómo puede uno deshacerse de esa arena infinita que parece copular y reproducirse sobre la piel de uno? La única manera es alejarse de la playa, regresar a la sierra, fría y seca, y dejar pasar los días hasta que la llacta disuelva los gránulos mínimos de ese mineral reacio.
Limpieza total. Porque los verdaderos actos de magia toman tiempo. No vaya ser que ese cuerpo mutilado dentro de la caja de mago reaparezca después de siglos y no solo dentro de las pesadillas, sino detrás de la ventana, cantando. Terrorífico ¿No? Ese es el precio que tenemos que pagar por usar la fácil y práctica varita mágica. Porque todo lo que desaparece de la noche a la mañana a algún lugar tendrá que ir... Y que por favor que ese lugar no sea debajo de la cama.
Ah, ni modo. Quizás deba regresar al relato de la chica que besé. Bueno, los días subsiguientes besé a unos tres o cuatro. No sé por qué fueron tantos, simplemente aparecieron. Todos me gustaron menos uno, ese que llegó con plantas en los bolsillos. Lo miré y me dije: Oh oh... No me gusta, y ahora qué hago. Hablaba torpemente y tuve que besarle aunque le hallaba defectos hasta dos metros a la redonda. Si había una silla cerca, la silla era fea entonces. Para respirar debía entonces localizarme a dos metros de su ser, puesto que su simple exhalación eviciaba el aire. Actos reflejo. ¿Programación neurolingüística?
Luego llegaron contingentes de arena, con agua de mar y todo. Los traía otro hombre sin ojos que besé pocas veces y luego no supe qué hacer con su equipaje. Cuando quise hablar con él, noté que no se movía y que sus miembros estaban rígidos. Tenía una expresión de nada en su cara. Así que lo empuje suavemente para ver si reaccionaba y para mi consternación , en ese preciso instante se desmoronó ante mí como un castillo de arena seco.
Como sea, hubo que sacudirse un poco y botar la arena. Agua bendita de cascada. Prestidigitación detrás de un velo de espuma blanca. Oh que redundancia, si la espuma es siempre blanca. La natural claro.
Ahora queda sólo tronar los dedos y esperar a ver qué pasa...

jueves, mayo 24, 2007

De psicópatas y sociópatas

En vista de que la búsqueda de la verdad poco o nada tiene que ver con la verosimilitud, no habría podido caer mejor este feriado. Pativideos. ¡Oh y ahora quién podrá defendernos! Un presidente que manda a callar a todo el mundo y una opinión pública que se debate entre la ignorancia, el maniqueísmo y la manipulación descarada. ¿En quién creer? En cuál de las "verdades" debemos confiar, puesto que todas las versiones se convierten en verdades por auto convicción. Como decía Santiago Kingman, ex AVC, acerca de León Febres Cordero y su insistente afirmación de que él no ha mandado a matar a nadie: "En realidad él no está mintiendo, él dice la verdad, ya que está profundamente convencido de sus palabras, por lo tanto en efecto, es cierto que no ha mandado a matar a nadie". Y así una mentira, por auto convicción se convierte en verdad. La demagogia en su estado más puro. El cinismo es la fuente de toda verdad maniquea, en donde la culpa y la responsabilidad frente al otro, simplemente no existe.

La última instancia del daño social causado por la politiquería, es hacia la salud mental del pueblo. Nadie habla de eso, nadie siquiera cuestiona el hecho de que se enrede a una sociedad en patrañas y farfullarías, afecta la calidad de vida no solo desde el plano de lo material (economía, status quo), sino desde el nivel de aprehensión de la realidad que tanto perturba la psiquis de los seres humanos. Se ha dicho hasta el cansancio que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Actualmente, y en la coyuntura en la que estamos, ya no es necesario repetirla mil veces, basta con agendarla y transformarla en soporte mediático, ni siquiera en información. Puesto que ya la información como fuente de conocimiento ha perdido validez. El descaro con el que se presentan hechos y acciones del acontecer político, sin la menor intención de esclarecer la dialéctica del discurso oficial vs. el discurso de los medios, hace que cualquier cualidad intelectiva de interpretación de la realidad a través de la “verdad” filtrada, sea nula.

Nos hallamos imposibilitados a reaccionar con coherencia frente al ametrallamiento de contextos gratuitos que pretenden ser instaurados como “la realidad nacional”. La conciencia crítica, el discernimiento, la distinción entre el bien y el mal -antes funciones casi mecánicas-, se han visto velados ante la fuerza impositiva de los valores distorsionados que presentan los medios. Y hablo de los medios porque el acontecer político nacional, para convertirse en HECHO, debe pasar por ese filtro.

Ayer hablaba con un amigo sobre psiquiatría. Conversábamos acerca de un desorden que si bien todo el mundo cree conocer, casi nadie sabe exactamente qué es. La psicopatía. No voy a entrar en detalles, ni en teorías psicológicas, pero algo que me llamó la atención era que uno de los rasgos del perfil de una persona con tendencias psicopáticas era entrar en la arena política…. Sin palabras.

sábado, mayo 19, 2007

El enfangonamiento del cautivo

No hay nada peor que la trombosis anímica. Oclusión espiritual. Ingrid Betancourt intentó escapar cinco veces. Las cinco fue descubierta y castigada, pero está viva. ¿Eso es lo que importa? ¿Qué clase de vida se puede tener siendo cautivo de un grupo armado durante cinco años? Ingrid se activa dentro de la cenagosa realidad leyendo los periódicos, escribiendo y haciendo ejercicio. Pero dentro del cautiverio, ¿Qué valor tienen estas acciones? ¿A dónde conducen? A ninguna parte, todos lo sabemos. La bicicleta estática.

Las acciones estancadas del cautivo se orientan hacia la salvación de su alma, a evitar precisamente esa trombosis que no deja circular la vida, aunque sea simbólicamente. Pero eso no es suficiente para conseguir “calidad de vida”, eso es supervivencia pura.

Entonces los artilugios seudo materiales se convierten en herramientas de instigación. Una huída desesperada casi nunca conduce al éxito. Un plan estratégico, mesurado, discreto, despojado de cualquier emoción o arrebato podría garantizar un éxito. Podría. A menos que el destino infalible destruya la potestad del hombre y con un giro ridículo e inesperado, haga fracasar lo infracasable. Trelew, un impecable documental de Mariana Arruti, presentado en la última edición de los EDOC, es la muestra de ello.

En Trelew asistimos a un thriller político que en clave de suspenso nos narra en voces de actores e implicados, la planificación del escape de la cárcel de Rawson, al sur de Argentina en 1972. Ciento veinte presos políticos amortiguando el encierro, matando el estancamiento con la promesa de la libertad. Promesa activa, por demás, ya que cada uno tenía una función específica para que cual engranajes de una gran máquina, la huída se consolidase como un ente multípodo. Una unidad de cientos de brazos que, ya sea cavando un túnel y llevando la tierra en los bolsillos, construyendo armas de madera, filtrándose en diversos compartimentos, armando fiestas falsas para despistar, logró casi llevar a cabo el escape perfecto.

Casi. Un error humano bastó para que todo el aparataje se desbaratara en segundos. La noche de la huída, todo salió según el plan. Lograron tomarse los puestos de vigilancia, atacando a los soldados en principio con un arma falsa y en adelante tomando sus trajes y armas, hasta avanzar al siguiente. Al mejor estilo Hollywood tenían un avión esperándolos en el aeropuerto, y varios camiones esperando afuera que los llevarían hacia la libertad en tierras chilenas. Allende ayudó por supuesto. Sin embargo, el jefe de los camiones interpreta mal la señal (un pañuelo agitándose en una ventana) y piensa que abortaron la misión. Los camiones se retiran ante la incrédula mirada de esos más de cien que salían en fila…

En fin, no existen fórmulas. En este caso, acciones por demás orientadas y con garantía de éxito condujeron a nada. O peor, a una matanza, puesto que algunos dirigentes lograron salir, pero he ahí que la fatalidad hizo que diecinueve no llegaran a tiempo y el avión debió partir sin ellos. Por más de que el estado iba a garantizar su integridad fueron fusilados sin miramientos.
Algo similar es lo que se teme con el caso de John Franck Pinchao, quien logró escapar de las FARC después de vagar por la selva durante diecisiete días. Su testimonio es ansiado pero a la vez temido por las familias de los secuestrados, quienes temen que un intento de búsqueda termine con la vida de sus parientes cautivos. La amenaza es de muerte sin miramientos.


Entonces, el riesgo del escape, de la oxigenación de esas aguas estancadas en donde se desarrolla esa no vida, es enorme y por lo tanto la ambivalencia del impulso de huída lo convierte en un gesto heroico. Y no me refiero al héroe que da su vida por una causa, sino el hecho de la autosalvación contiene un componente sobrehumano que hace que la simple supervivencia y la creatividad en medio de la resignación, se queden cortas. A qué me refiero con eso. Conocido por muchos es que las situaciones extremas hacen que se despierte un sentido quizás dormido en instancias normales. El momento en donde lo innecesario se vuelve menester. La creatividad del preso, por ejemplo no tiene límites, incluso es material para investigación socio/artística (conozco algunos amigos que se dedican a ello). Sin embargo, como dije anteriormente, esto llega a convertirse en simples alicientes para atenuar la paralización y crear acciones figuradas que proyecten la ilusión de movimiento. Como en el cine. No es la vida, no es una proyección en pequeño de la misma. Es una nada desértica rellenada con símbolos materializados de lo que significa la libertad.

Por ello la búsqueda de la libertad es la ruptura con ese enfangonamiento y el riesgo que esto implica es un acto de auto heroicidad que se despega aún del sentido común, puesto que aunque haya grandes posibilidades de éxito, se sabe que se está poniendo en juego la vida. El mundo puesto en dos extremos, esa vida polarizada que siempre nos negamos a vivirla. La ambivalencia en su estado puro con solo dos posibilidades extremas: el éxito o el fracaso.

¿Qué podría hacernos desistir de nuestros planes en el punto mismo de la desesperación borderline?
Clara Rojas, compañera de fórmula de Ingrid Betancourt en las elecciones, tiene un hijo de uno de sus captores. No se habla mucho de ello, los medios no le han dado mayor protagonismo. Es un tema delicado, no existe mayor información acerca de ello. No se sabe quién es el padre y la teoría del Síndrome de Estocolmo en los campos de secuestrados de las FARC, pierde peso al revelarse la mecánica de las relaciones humanas allí dentro. Allí las cosas no distarían mucho de un acercamiento normal, aunque claro, con algunas reglas a seguir.

Las motivaciones de Clara Rojas habrán cambiado, con un hijo en brazos, la huída se ve lejana. Hay otras prioridades como proteger la vida del pequeño. En fin, quizás por ello es que no se han hablado de los intentos de huida de Rojas, si es que los ha tenido.

Este es un caso en el que el yo traspasó la barrera del otro. Ya no es mi vida, ya no es mi sangre la que se derramará. Es la de otro ser, y qué más aferrador que un hijo. Clara no puede huir porque su hijo se debe a ella y ella a él, más aún en esas condiciones.
En el riesgo de la huída uno se debe batir con la cobardía. En el extremo del precipicio aún hay algo que nos jala hacia el otro lado. Pero la inanición del alma que perece en esa estructura a escala de una vida fantasmagórica es suficiente para levantarse un día más y planear por sexta vez el escape…

lunes, mayo 14, 2007

¿Estuve yo ahí? Sí...

El desapego a la realidad hace que se cometan errores de verosimilitud. Hoy me ha venido esa reflexión luego de ver el documental de Isabel Dávalos, "Alfaro Vive Carajo, del sueño al caos". Excelente título, no está demás decirlo, que describe perfectamente en palabras de Santiago Kingman, la "trayectoria" de este movimiento armado ecuatoriano.

Y cuando hablo de desapego, no me refiero a una fidelidad de los hechos presentados ni más ni menos. Hablo de un recurso que puede ser mal utilizado y que es usado en un tipo de documental que está en boom, aquel que mezcla lo autoreferencial como componente dramático del producto. Sin embargo esa autoreferencialidad no puede ser gratuita (porque sí), sino que debe obedecer a una precisa necesidad comprobada de que ese componente íntimo es necesario para el desarrollo de la historia. Y en este caso, por demás no lo es. El presentar una realidad que viví de lejos, a la que casi ni paré bola, pero que por razones cronológicas la viví rozándola desde lejos frente a una tele encendida y las conversaciones de los papás, no es suficiente para hacerme personaje de mi película. Y eso es lo que hizo la directora de "Alfaro Vive..." En ese caso la relación con el mundo particular del realizador, se la debería buscar por otro lado, desde un punto de vista más sincero y menos forzado.

Muchos grandes documentales que he visto han partido de ese principio de sinceridad en el que obviamente, si no tengo nada que hacer allí, sencillamente me salgo. Otra cosa es el narrador presente u omnisciente. El primero se involucra en el proceso pero se muestra imparcial y no se convierte en personaje con peso dramático, tan solo narrativo, o muchas veces funge de hilo conductor a falta de otros recursos que cumplan esa función. Esto tampoco funciona siempre, pero en los casos en los que lo hace, es porque hay mucho tino y consecuencia dentro de la construcción del guión o de la narrativa. El segundo caso, el del narrador omnisciente, es generalmente aquel de tono casi didáctico y que suena más a periodismo o a documental televisivo. Está por demás decir que en este caso no hay involucramiento alguno con lo personal.

El caso del realizador como personaje es bastante complejo. Decidir si aparecer o no, si contar hechos personales y relacionarlos con el tema de fondo -a menos que el documental sea sobre uno mismo o sobre algún acontecimiento íntimamente relacionado con la persona- no es fácil.

Debe pensarse en primera instancia en un elemento que actúe de ligazón entre lo íntimo y lo que se pretende colectivizar. En el caso de Isabel Dávalos, el pretexto de haber estado presente en vida durante aquella época no es suficiente. Los casettes de video de su padre filmando a la familia en los ochentas, no dicen nada que no se quede en ese in doors, en aquel ambiente casero de una familia quiteña común y corriente. Sinceramente no hallo la relación entre ello y los AVC. Ni siquiera la posibilidad de utilizar como recurso de liason el hecho de que Juan Carlos Acosta haya sido pariente en segundo grado de Dávalos fue explotado correctamente. Se pasa esta información a vuelo de pájaro, lo cual hace más aún evidente la falta de un tratamiento correcto del tono narrativo.

También, si por esas vamos, se pierde otra oportunidad importante de justificar el intimismo (tampoco mostrado adecuadamente, de paso) cuando sabemos por fuentes extras a la película, que Mauricio Samaniego, ex Alfaro, es su amigo. Por allí podía producirse la vía/pretexto para relacionar lo uno con lo otro. Pero esto jamás siquiera se nombra. Entonces, nos queda la duda de si su valor documental, es decir como documento histórico en sí, necesario y oportuno, esté por sobre consideraciones de valor estético, técnico y argumental. No sé si por el hecho de querer tener memoria a cómo de lugar debamos conformarnos con lo que ya está hecho y no seguir proponiendo nuevas visiones, nuevos puntos de vista, nuevos tratamientos. Con ello me refiero a que, pese que el trabajo de Isabel Dávalos es una buena producción documental, cuya importancia desde el punto de vista histórico y político es innegable, no creo que el resto de realizadores deban pensar que este tema ya se tomó, "ya lo ganaron" y que no se deba hacer nuevos productos desde otros vértices referentes.

A mi criterio lo de AVC es tiene una importancia tan crucial, incluso desde el punto de vista meramente romántico y anecdótico, que amerita ser revelado, mediatizado, puesto en agenda y guardado en la memoria colectiva de distintas maneras. Con ello no desmerezco el trabajo de Dávalos, que tiene un gran valor investigativo y por supuesto más oportuno no podía ser, ya que justo sale a la luz en el momento en el que por fin Febres Cordero ha sido inquirido formalmente por sus abusos de poder.

Por otro lado, tal vez mi punto de vista desde lo argumental con respecto a este documental sea puramente intimista y autoreferencial (lo acepto), ya que aunque yo era bastante niña, recuerdo muy claramente esa época y la sensación que me producía aquello. Esa misma mezcla romántica de emoción, adrenalina e ingenuidad que no se oculta en el documental, es quizás la que corría por mis venas en mi infancia cuando veía desde la tele o leía en los periódicos que aquellos guerrilleros se robaron la espada de Alfaro, asaltaron un banco, etc. Flotaba un aire apologético de sus acciones en el ambiente, y yo lo sentía. De hecho, tuve una mezcla de sentimientos cuando me enteré la masacre del secuestro de Nahím Isaías Barquet. Por más de que la prensa se empecinaba en decir: "Mataron a los malos", yo aún no me lo creía. Incluso me dio pena verlos morir, y más pesar aún me produjo que entregasen las armas, porque sabía que estaba frente al fin de algo más. De un algo que por entonces no sabía que era, pero ahora lo tengo tan claro...

Nunca fui afín a la izquierda como tal, pero AVC siempre fue más que un movimiento subversivo izquierdoso. Había un halo de misterio y emoción, de aventura, de un no sé qué que simplemente entendí hoy al escuchar a los ex Alfaro siendo entrevistados. Ellos también sentían ese algo que sin ser una exacta ideología política los empujó a lanzarse al vacío. Un algo que se mostraba como la última puerta de la utopía agonizante, puerta que quizás no conducía a nada, pero podía aún abrirse y a final de cuentas eso era lo que importaba...

martes, mayo 08, 2007

La Rabia de Fernando Vallejo y la Xenofobia

¿Un discurso visceral será suficiente para calmar conciencias patrioteras, cuando de abandonar la cuna se trata? Fernando Vallejo acaba de renunciar a su nacionalidad colombiana a escupitajos. Dice que es una tierra asesina, un país imbécil... En fin, sé que estos adjetivos no solo están relacionados con la reelección de Uribe, su odio es bien conocido por sus lectores. Hay una xenofobia descarada y sincera en sus novelas. Y él la explota sin miramientos, quizás es el condumio de su ficción pero en resumen, en muchas de sus novelas Vallejo cree que los colombianos son una raza miserable. Sus obras no solo rozan los contextos y problemas sociales derivados de la guerrilla, el narcotráfico y los paramilitares, sino con la genética.
El desprecio de Vallejo es incluso racial, es un desprecio a lo antiestético de una mezcla maldita, como él la considera. Para Vallejo el mestizaje es el orígen de muchos o casi todos los problemas sociales de Colombia. Y esto es extensible a los países de similares características. Nosotros por ejemplo... ¿Sacrílego? ¿Insultante? La sinceridad punzante y grosera de Vallejo es ofensiva desde todos los puntos de vista -si que quiere ver a la literatura como un reflejo de la realidad- pero no por ello deja de ser menos honesta.
No se puede negar que la realidad inmediata presenta pocos matices, que muchas veces la generalizaciones son tan aplicables, y que en este caso concreto, la marca de esa disimilitud, de esa heterogeneidad racial, venida con la conquista, ha hecho mucho daño. ¿Es una postura realista frente a la realidad física de un pueblo, una postura xenofóbica? ¿Se es racista por pensar que, en efecto, nuestra población es fea, antiéstética y sin gracia? Pues yo no lo creo, pienso que el tabú de la fealdad es uno de los más difíciles de vencer, puesto que al menos racialmente hablando, acusar a un grupo humano de feo -por sus valores puramente estéticos,-es considerado xenofobico. Nada más estúpido que eso. Por supuesto que Vallejo va más allá de la fealdad por la fealdad, y su postura purista deriva en varias aristas que llegan a conclusiones profundas sociológicas.
No es un secreto que la construcción socio económica de los países latinoamericanos con presencia importante de mestizaje, sea una pirámide en degradé. Abajo lo más oscuro, arriba lo más blanco. Así es y no hay por qué asustarse ni satanizar la sinceridad de la vista. Del entendimiento profundo de que hay un fuerte y grave componente físico y estético en los problemas sociales de una nación heterogénea.
Sino, para muestra un botón: Francia y las elecciones recientes. El espíritu "nacionalista" prevaleció y ganó el candidato conservador Nicolas Sarcozy, tan temido por sus decisiones "xenofóbicas" frente a los inmigrantes. Un nuevo problema social se avecina en Francia, que de paso ya empezó la semana pasada, con disturbios y quema de autos, los cuales en menor medida, se asemejan a los que ya protagonizaron los grupos sociales inmigrantes de la periferia en el 2005. Por supuesto muchos dirán que no tiene que ver con lo racial, pero a la final este es un dicurso que empieza y termina allí, en el ser otro, en el ser y verse diferente y que el resto te pueda reconocer como tal. Quien no se puede mimetizar físicamente en una sociedad homogénea es inmediatamente identificado como invasor. Y eso es lo que pasa en Francia.
Sé que ambos temas están muy lejos el uno del otro, pero hay un vínculo profundo: El temor del otro, sea o no invasor. Es un tema complejo, la diversidad y armonía señores se dan solo en la naturaleza, y en aquella que no ha sufrido aún los estragos de la mano del hombre. El abrazo multirracial es una gran utopía y una mentira descarada. Las diferencias existen y no se las puede esconder tras seudo discursos democráticos de igualdad, cuando a la vuelta de la esquina se mata y se odia al que no se ve igual que uno.
Aún vivimos una tierra que se espanta con esos grandes hombres zoomorfos montados en un caballo. Aún estamos rodeados de gente que mira a esos hombres oscuros y musculosos, y los confunde con animales. Todavía estamos viviendo un renacentismo tardío, y mientras no se superen las barreras entre el yo y el otro, seguiremos viviendo en sociedades que proclaman democracia y libertad, pero que tienen miedo de salir de su metro cuadrado, porque por allá están los de "otro color"... Y si yo o esos "otros" somos feos, pues ya está, lo somos y qué más da, sinembargo esa fealdad no tendría por qué condicionar la cualidad de humanos. Todo al mismo nivel.

martes, mayo 01, 2007

La hoguera virtual

Recuerdo la primera hoguera. Quizás fue la última. Tenía diecinueve años, una carrera botada en el primer semestre y una firma escurridiza que deseaba obtener, con pena claro. La primera hoguera fue en el patio de mi casa y tenía desde ropa hasta cosas de plástico, por eso era altamente tóxica y me hizo toser durante horas. Pero no me alejé de ella hasta que se apagase completamente. Y se apagó de hecho. No me convertí en el lado miserable y salí golpeada en busca de nuevas futuras hogueras.
Las siguientes hogueras nunca encendieron, quizás porque no acumulé material inflamable o puede ser que no haya tenido la necesidad de deshacerme de él. O tal vez no hubo despliegue romántico y las evidencias fueron eliminadas antes de que el perito llegase. Bueno, hubo otra vez una hoguera que fue un intermezzo. Fue necesaria para el alivio pertinente, y la celebramos en la terraza de un novio que tuve. Sólo fueron libros, qué pecado. Pero ni modo, había que deshacerse de la herejía. Ni Bradbury habría podido retratarme mejor.
Luego vinieron tiempos con demasiado viento, tan buenos para aprovecharlos y descontaminar el ambiente a punta de generar energía eólica. Pero en fin, nadie lo hizo, así que la contaminación quedó y el aire irrespirable de la ciudad terminó por ahogarlos vivos. Es terriblemente tétrico ver a esas momias petrificadas aún exhibiéndose por ahí. Muertas, sí, pero presentes. Como un museo de vestigios arqueológicos. Nunca fueron alcanzados por el fuego pero murieron de paro respiratorio. O intoxicados con el humo y la atmósfera envenenada. Quel domage!
Todas las hogueras y las posibles hogueras anteriores, me salvaron del patetismo. O por lo menos lo intentaron, y al pasar las semanas o los meses cumplieron su cometido. Borrar. Pero aún estaban rozando con aquella temporalidad inmaterial que es la que preocupa. No tuvieron filtro virtual, pero casi. Por ahí hay cientos de mails atrapados en bytes que se niegan a desaparecer por su negación implícita que parte de mí misma. De un simple Delete. De cómo el poder orgánico del fuego puede ser reemplazado con un click insípido, el cual además jamás podrá cumplir las funciones reales de la hoguera.
Lo que pasa es que siempre hemos pensado que las decisiones costarían más que una simple pulsación de un mouse. Demasiado facilismo en la vida contemporánea. Ya no tenemos que rompernos el coco, un botón tiene la respuesta. Pero, ¿En realidad la tendrá? Esa es la pregunta. No lo creo. Es un aliciente farsante de la voluntad. La decisión perpetua e irrevocable se toma en el plano de la acción real. Sentarse frente a una fogata sí que es una acción real. Decidir hacerlo, tomar el material y depositarlo en el fuego no es un acto simbólico. Es un acto. Hacer un click es un simbolismo filtrado, es un artificio simplón del olvido.






viernes, abril 27, 2007

True Lies

To fit: Calzar, encajar... Meterse dentro de una forma inerte y acomodarse a cómo de lugar, sintiéndose lo más cómodo posible.

Si te obligan a cambiar lo que quisiste decir, o quizás inseguramente decir, ya se va por la borda el sentido primero y lo que queda no son más que retazos y falsetes que quieren calzar en el ideal del otro. Estoy hablando del periodismo. No se puede hacer una crónica sin ser testigo presencial de los hechos. Qué haces entonces para mantener el tonito de narrador tácito y observador silencioso. Por favor, si no he observado nada, por falta de tiempo, premura de los editores y personajes escurridizos a quienes debes agradecer con alivio que te hayan dado unos minutitos de su tiempo. En fin, qué haces si el ambiente croniquesco se vuelve lo menos pintoresco posible, ya que las únicas acciones descriptibles son el movimiento de manos y el gesto único de una conversación. ¿Me explico?

¿Ficcionas? ¿Inventas hechos corriendo el riesgo de ofender a los actores implicados? Para la ficción está la literatura, y para la verosimilitud también está la literatura. El periodismo es lo menos verosimil que hay puesto que nunca se te va a presentar la realidad como tal, y no queda nada más que imaginarla. Pero eso ya es ficción.
¿Entonces, cuál es la solución? Faltar a la ética mínima de fidelidad y crear ambientes, espacios, situaciones y hasta personalidades para que la crónica sea divertida y no una sucesión de hechos contados y recontados de segunda fuente. Obvio, el periodista se convierte en la segunda fuente y no en la primera, como debería ser cuando se trata de una crónica. No queda más que confiar en lo que nos cuenta de sí mismo el personaje a observar y reproducirlo de una manera lo más imparcial posible para que no hayan futuras quejas.
No me siento muy cómoda que digamos en esa postura. Por qué no seré más irresponsable y de una vez lo invento todo, total, creo que el periodismo al final se trata de eso. El problema no es mentir sino la pretensión de realidad y verosimilitud con que se presenta al ojo público un relato.
No es la mentira descarada la que daña, sino la que se niega a reconocerse como tal. La que se esconde en mil artilugios, sentencias y autojustificaciones para llegar a convencer y convencerse a sí mismo de su fidelidad. Esa que se pretende verdad. Y eso es el periodismo. Por eso me quedo con la sinceridad farsante de la literatura. Gracias.

martes, abril 24, 2007

No es la noche

No es a la noche a la que temo, sino a la muerte de la noche. No es la oscuridad la que me espanta, sino el esclarecimiento de los hechos.

Luego de la pupila acostumbrarse a cerrar su diafragma, el primer rayo hiere sin pudor.

Por eso déjame dormir contigo esta noche. No me dejes sola. No me sueltes porque los enemigos del indecoro saldrán a buscarme.

No es lo que no veo. No es el andar a tientas. No es la ceguera. Es la voluntad de mirar, lo inevitable del tinturado albo. La voz magnánima ordenando desaparecer a las tinieblas. La implantación del ciclo perpetuo. El encaje y desencaje de lo habitual. El hacha trabada a cinco centímetros del cuello y el antifaz que deja pasar los rayos de luz primeros.


Es como yo queriendo verme bella en medio del aire maleado. Son las ventanas empañadas de vaho nocturno. Del sudor inactivo, lejos de cualquier arrojo elemental de carne, lejos de cualquier contacto paralelo.


Soy yo queriendo prolongar el mismo día. El día mismo. Regresando a ver el reloj sólo para descubrir que siempre se repite el mismo número:

1:11 3:33 5:55

Cinco y cincuenta y cinco, la hora más peligrosa. Sin azar ni sorpresa, siempre con ese frío blanquecino y descolorido.

Déjame dormir contigo hoy. Mañana. El domingo. No hay motivos para no regresar a la muerte de la noche. Ella espera, infinita amante de la agonía. Agonía de madrugada.

lunes, abril 23, 2007

Esque no se puede parar la lluvia

No hay cómo volver plano a un pétalo sino rompiéndolo

Yo no quiero más que escribir.
Tener que estar en lugares donde no quiero estar.
Presentaciones melosas mal leídas.
Insufribles palabras haciéndose pasar por ingenio infantil.
Pronunciadas por una mujer de mediana edad, con el tono aquel que pretende ser entrañable.
Siempre la falta de sinceridad se repite.
¿Quiénes mismo serán? ¿Quiénes mismo seremos?

Y yo aún con chuchaqui de ducha. De haberme tirado dos horas en el piso recibiendo agua y agua. Y sin poder levantarme. Imposibilitada. Deshauciada de movimiento más que de ese ritual amargo. Sin poder salir. Sin poder ahogarme. Sin intentar recoger agua en mis pulmones porque el instinto de supervivencia es más fuerte. Es más fuerte que esa necesidad de nada. Que esa idea pastosa de huir del propio cuerpo. Porque no es bello, porque no responde y se niega. Y arde, y se descascara. Y la fricción enrojece la piel, y aún así no tengo condescendencia ni miramientos. Arde el cuerpo, arde la caverna blanda. Sobreexpuesta a punta de obligación.

Sigo apretando los músculos para sacar el bien. Para sacar provecho de eso que me queda, el arquetipo en edad madura. Sigo extrañándome en la sobreexigencia de los músculos gemelos, entre los tendones tensos. Una tensión cervical que se niega, rebelde ella, a exprimirme. A dejugarme. A desaguarme. Y sigo, y no paro. Y nadie puede detenerme, ni siquiera mi propia imposibilidad de morir cinco minutos. Antes, cuando se moría veinte o treinta veces seguidas, la resurrección era siempre dolorosa pero inacabable. Siempre había un por qué seguir. Un por qué no seguir.

"Por simple derivación, cuando uno ama muchas veces, muere muchas veces"

Hoy sigo presionando la pituitaria.

Una vaca muerta. Mosqueada. Un alguien que fue respetado en vida y olvidado después de las moscas.

A menos que decida cerrar la llave de agua, no sentiré la temperatura real. El frío, una mentira. El calor, otra mentira. Una verdad temperada, aclimatada. ¿Beber agua al clima?

¿Dónde está la verdad de la desnudez de mi cuerpo? ¿Es cierto que debo congelarme al enfriarse las gotas de agua sobre mi piel? No. No lo sé.

¿Por qué se evaporan las ansias? Las mías. ¿Dónde quedaron las contracciones colonizadoras? Con el aire dentro. Un ruido tonto. Los músculos tensos. El cuello ensanchado. El brazo tembloroso ya sin fuerza y la muñeca fallando en el papel. El teclado y la pantalla. El frío. La puerta metálica y el vidrio catedral. Un plato sucio. Y yo.

sábado, abril 21, 2007

There`s an ordinary world

Definitivamente hay que ir en busca de esa ordinariez



Came in from a rainy Thursday
On the avenue
Thought I heard you talking softly
I turned on the lights, the TVAnd the radio
Still I can't escape the ghost of you


What has happened to it all?
Crazy, some are saying
Where is the life that I recognize?
Gone away


But I won't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive


Passion or coincidence
Once prompted you to say
"Pride will tear us both apart"
Well now pride's gone out the window
Cross the rooftops
Run away
Left me in the vacuum of my heart


What is happening to me?
Crazy, some'd say
Where is my friend when I need you most?
Gone away


But I won't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive



Papers in the roadside
Tell of suffering and greed
Here today, forgot tomorrow
Ooh, here besides the news
Of holy war and holy need
Ours is just a little sorrowed talk



And I don't cry for yesterday
There's an ordinary world
Somehow I have to find
And as I try to make my way
To the ordinary world
I will learn to survive


Every one Is my world,
I will learn to survive
Any one Is my world,
I will learn to survive
Any onen Is my world
Every one Is my world

martes, abril 17, 2007

¿Esas son tus penas?

No, esas son tus panas

Si el oxímoron de la canción “Va cayendo una lágrima” de los Iracundos llevara la voz cantante en la última película de estreno nacional “Esas no son penas” (Anahí Hoeneisen y Daniel Andrade), pues acertaría sin lugar a dudas en el ánimo capitalino que se pretende retratar. Sin embargo, es allí en donde precisamente me entra la duda ¿En realidad somos tan grises como nos pinta el filme? ¿Sufrimos, o mejor dicho, sufre la mujer de clase media en ese nivel? Sospecho que no, al menos de esa manera, no.

Dejando de un lado los artificios técnicos, y centrándonos en la trama y el componente dramático, creo que la insistente idea de desolación (conseguida a través de mostrar constantemente un Quito Norteño nublado, y por supuesto los gestos parcos de sus personajes) viene más a parecerse al laconismo de un filme sueco o noruego, que a nuestro ánimo andino yaraviesco, por demás diferente. Y no es que esté errado per se mostrar desolación y estancamiento, sino que ello debería ser producto y consecuencia de algo más, que aunque no sea explícito, debe estar presente. En “Esas no son penas”, este ánimo desgastado está mostrado como génesis y consecuencia, en un proceso indiferenciado. Me atrevería a decir que no ha pasado por el filtro de lo cinematográfico.

Hay una falta de intensidad en los efectos, es decir, entiendo perfectamente la idea de mostrar desolación, pero lo único que se consigue es transmitir al espectador una aridez directa, generada por lo pusilánime del filme como producto y mas no arrancar sentimientos diferenciados que son los que el buen cine suele producir. Con ello no quiero decir que sea una mala película. Hay elementos interesantes, la estructura de la trama es simple pero podría funcionar si se cuidara mejor ciertos aspectos del guión, las actuaciones en general son buenas y dentro de lo que se persigue, funcionan.

El problema es el producto final, que a mi criterio no cumple su cometido, el que su directora buscó: Retratar a esa clase sánduche, la clase media, que es la que se quedó porque no pudo emigrar. Sin embargo allí surge un nuevo error: Esas mujeres -cuyas actuaciones como dije anteriormente, se sostienen perfectamente- no representan físicamente hablando, al promedio de mujer de clase media. Y ese es un grave error no solo de casting sino de honestidad. Una cosa es la ficción, y otra, la verosimilitud. De sobra sabemos que el promedio es el mestizaje, y hablando sin pelos en la lengua, el tipo físico, la ropa, e incluso las actitudes son otras. Está demás por decir que la mayoría de las actrices protagonistas ostentan raíces directas europeas, españolas y chilenas. (De paso, caritas bastante conocidas del mundillo cultural).

Por ello, no es más sincero decir: Quería hacer un filme que retrate vidas específicas de un grupo de gente de clase media (no la mayoría). Creo que pretender dar voz a un grupo social inmenso a través de generalizaciones mal estructuradas, es tremenda ingenuidad. Y por otro lado, me pregunto ¿A dónde fue a parar el sol avasallador de un medio día quiteño? Entiendo, se está mostrando una parte del todo, pero tanta coincidencia de sufrimiento junto, no puede ser gratuita.

sábado, abril 07, 2007

Una rosa es una rosa es una rosa

Una mentira y un credo
por cada espina del tallo
que injertandose en los dedos
una rosa es un rosario
Betty dramática y evitada por la madurez. No sé qué clase de espíritu la soporte, pero a mí me arrancó menos lágrimas, no sé qué pasó. Sí sé qué pasó. Un último traspaso, la última utopía pendeja desbaratada. Eso.
Una doble muerte y el presentimiento del término del escozor. Una agonía prolongada que no deja de ser fastidiosa, por ello, ¡bien Zorg!, las tres o cuatro veces anteriores me cayeron lágrimas injustas. Ésta vez fue distinto, siempre te dí la razón, la compasión no es suficiente para tomar la decisión. Hay algo más allá, un algo egoísta pero válido que nos hace apretar el gatillo y dar el tiro de gracia. Aprieta fuerte la almohada, hasta que deje de respirar... Quizás ésta sea la última vez que vea esa película.
Para Amaranta

lunes, marzo 26, 2007

Todo es cultura, todos somos artistas...

Ay Dios mío, qué pasó. Qué ha pasado desde que las nuevas nociones de democracia y pluralidad, han exigido que ya no se hable de la cultura sino de "las culturas". Gracias, un punto a favor de los sociólogos, antropólogos y hasta folkloristas, por qué no. Ganaron. Resulta que ahora dentro del saco de "Las culturas" entra todo. Sí, todo lo que a usted se le ocurra que tenga que ver con el desarrollo social (llámese TODO).
Porque dentro de los elementos socio culturales, políticos e históricos entra todo. ¿De qué pluralidad estamos hablando? Cuando las discusiones acerca de la cultura se vuelven densas y pastosas porque hay que incluir a "todos y a todas" antes de herir suceptibilidades y que le califiquen a uno de defensor de "la cultura elitista". Lo popular, lo popular... que si el valor de la cultura popular y las expresiones "no cultas del pueblo"... Resulta que ahora se sataniza lo culto, malentendido como exclusivista y segregatorio por ser considerado "diversión cara". Sí, todas las comillas son de adrede, porque es absurdo caer en acepciones facilistas y ligeras.
Qué pasa cuando uno entra a un foro de discusión, taller o panel sobre CULTURA, y se vuelve una mixtura amorfa de cualquier cosa, porque cada uno quiere meter por donde más entre lo que considera como cultura. Desde discusiones de género, pasando por minorías, estudios antropólógicos, arqueología, sicología, folclor, deportes, fútbol. En fin, todo entra, quién da más. Está claro, la tendencia actual es la de sociologizar la cultura, es decir, el término cultura. Democratizarlo para volverlo un bolsillo de payaso en donde quepa todo. Desde fulano que es artesano y vende pipas talladas, hasta sutano que practica shamanismo, pasando por mengana que practica yoga, quien está sentada junto a perico de los palotes, el cual es teatrero callejero y medio hippie, que tuerce los ojos a los espectáculos del teatro Sucre. Por favor, no tengo que decir mucho para exponer la estupidez que esto significa.
No digo que todo aquello no pertenezca a la cultura en sí entendida como un proceso del conglomerado social, pero hay que separar términos y acepciones. Porque la hibridez que de repente la palabra posee, hace imposible ordenar necesidades, prioriodades, e incluso estructurar políticas culturales eficaces, si no sabemos a ciencia cierta de lo que estamos hablando.
Dejemos la sociología a un lado, la antropología, y fijémonos en una cosa: No podemos ponernos en la postura de defensores de las culturas populares (para que no me corrijan uso el plural) en detrimento de lo que es considerado como culto, primeramente. Y en segunda instancia, es terriblemente necesaria una separación de orientaciones e intereses. Vamos, que es estúpido unir a un shamán con un cantante lírico como parte de lo mismo. No lo es. Separemos contextos, por favor.
Por ello, es menester reunir todo lo que tiene que ver con las artes y las letras por un lado (elitista o no), y lo otro (que ahí sí, ni siquera sé de qué se compone) separarlo en lo que realmente es. Con ello me refiero, coyunturalmente a los foros y asambleas de cultura que se están dando con respecto a la próxima ¿apertura? ¿creación? ¿funcionamiento? del Ministerio de Cultura.
A veces creo que teorizar prácticas desde el punto de vista de la sociología, hace mucho daño. El juego del mucho abarca poco aprieta...

viernes, marzo 23, 2007

¿Ravi Shankar chill out?

Hay algo de inhumano en la música electrónica. No, mejor dicho. Todo es inhumano. Le falta espíritu, carne, víscera. Y sonaría absurda la relación inversamente proporcional con el rock o el jazz, porque los instrumentos son seres inanimados. Ahí pasa algo como transfusión de condumio, un instrumento sudado o babeado contiene ya ADN humano, es casi antropomorfo cuando es explotado por el músico. No creo en realidad que se convierta en una extensión de su cuerpo, en un miembro generado por meiosis. Es más bien un hijo parido quién sabe cuando, que nació muerto pero bello y a quien hay que devolverle la vida. Dr. Frankenstein, a parir alma o en su defecto a arrancarse un pedazo de ella y con la varita mágica de la electricidad y sus manos (o boca, o pies) revivir al inerte. Pero ojo, no es tan fácil. Sólo un acto sincero de desprendimiento o alumbramiento podrá dar carne y sangre a la voz del recién parido. Un segundo parto, interpretativo.
El filtro de la computadora -no hace falta decirlo- despelleja al músico. Pero no para mostrarnos sus músculos, tendones y ligamentos, sino que lo despelleja literalmente hasta desaparecerlo. Carnicero, Jack the Ripper. Hay alma en la música electrónica, debe heberla (sino cómo tantos disfrutarían hasta casi el éxtasis tántrico), pero es un alma de bytes. Un frankenstein creado por el mismo Frankenstein hijo. Hay mano de carne y hueso, y espíritu humano detrás de todo ello, claro, pero filtrados.
Y aunque ahora todo está digitalizado y, a menos que escuchemos intepretaciones en vivo, al parecer todo se convierte en lo mismo. Pulsaciones, bytes. Transferencias. Pero, créanme, la sinceridad no es filtrable, llega como es, y es capaz de traspasar fortines virtuales. Es capaz de barrerlo todo y llegarnos, nítida, a decir:

We were talking about the space between us all
and people who hide themselves behind a wall of illusion
never glimpse the truth
then it's far too late when they pass away

We were talking about the love we all could share
When we find it to try our best to hold it there with our love,
with our love we could save the world
if they only knew

Try to realize it's all within yourself no one else can make you change
And to see you're really only very small and life flows on
within you and without you

We were talking about the love that's gone so cold
and the people who gain the world and lose their soul
They don't know, they can't see
Are you one of them

When you've seen beyond yourself
then you may find peace of mind is waiting there
And the time will come when you see we're all one and life flows on
within you and without you

George Harrison

viernes, marzo 16, 2007

De no tener hambre e indigestarse

Recupero la idea de la ligereza como fuente de sosiego. Pero me refiero a la ligereza estomacal, no a la de mente o espíritu. Quizás sea la mismo, y en última instancia se consigan efectos similares, o talvez ésta sea una puerta para alcanzar las dos anteriores.
Ayuno a la medida: ¿De qué sirve ayunar si no cuesta exfuerzo alguno? No comer por falta de habre no significa ayunar. Claro, la noción de ayuno implica sacrificio, más allá de cualquier relación con religiones o prácticas espirituales. Qué se yo, recuerdo a David Bowie, anoréxico, negándose a comer, pasándola mal de hecho. ¿Hay que pasarla mal para ayunar? ¿El ascetismo debe ser siempre tan mal pagado? Lo sé, hablo con la misma ligereza de mi estómago, que no ha recibido alimento desde hace horas, sí, por falta de hambre. Tengo una tarea que no quiero cumplir, y en lugar de ella, me pongo a dar vueltas a temas inútiles. Sí, quizás la renuncia, el acto de desprenderse, es en sí un dolor completo que no trae ni lleva nada más. Por que lo que viene después, es tan desconocido como para el común de los seres, las recompensas póstumas del asceta.
Si luego del corte del acto, se sufre, es parte de otra cosa y no del acto en sí. El acto de desprendimiento es ajeno siempre porque nos cuesta infinitamente hacerlo. Lo ajeno no está en lo que se llevan de nosotros, sino en ese SE impersonal. "Se llevan". Alguien más tiene que hacerlo para que funcione, por ello el acto de desprenderse es un desdoblamiento del yo. Un yo bipartito que expulsa a un otro, quien será el encargado de llevarse aquello que debemos extraer. Como una muela al dentista. Él se lo lleva. Volvernos ajenos es lo que nos duele, ser otro. La alteridad es siempre dolorosa porque es ladrona. Un robo que permitimos con el último exfuerzo de soledad. Ser dos para sobrevivir.

Para ayunar, alguien más debe robar el alimento que iba a ser ingerido por uno. Ese otro se indigestará toda la noche, por su ración extra de comida. Que quede advertido.

miércoles, febrero 28, 2007

¿Quién es Leroux?

Bicicleta Leroux, la nueva obra de teatro de Malayerba

¿Quién es Leroux?
Leroux es el mito. Es eso. Leroux son los hilos de la marioneta que es Ulises, éste nuevo Ulises quien, una vez más, emprende un viaje entrecortado. La barca/bicicleta que desbarata la paradoja del anti movimiento: Ulises se embarca, pedalea, la ilusión del movimiento frente al estatismo del no lugar. Su viaje es autofago, se alimenta de sí mismo y no procede de lugar alguno más que de su propia conciencia de afuera. Así un desplazamiento geográfico sería inútil frente al frenesí de las imágenes recogidas durante una vida entera. Ese afuera que busca recobrar forma y sentido en lo cotidiano, en el escudriñamiento de las estructuras que componen la vida ordinaria. “Bicicleta Leroux”, la nueva obra de Arístides Vargas, no busca transgredir los límites del viaje mítico a través de presentar un meta héroe. Quizás en este aspecto -guardando las distancias- se asemeje más al Ulises de Joyce que al de Homero, sin embargo, el hilo conductor homérico, más allá de una estructura derivativa, deja abiertas las múltiples posibilidades del viaje y el encuentro como dos fines inseparables. Por ello que Leroux, ese personaje tácito dentro de la narrativa de la obra, es un fin en sí y a la vez un medio. Para este Ulises desencajado, taciturno y nada ingenioso (antítesis del Odiseo homérico), la travesía recorrida es similar a un viaje esquizoide. Momentos en los que la realidad burda y ordinaria del día a día, chocan con el nivel paralelo del mito. Ese encuentro de dos dimensiones que dan pie a un desvarío alucinatorio, utilizado como recurso escénico y dramático, dan a “Bicicleta Leroux” un indiscutible aire de fábula. Un muy estilo “Malayerba”, cuya fórmula ha sido probada con éxito en varias obras anteriores.

Lo fantástico de personajes mitológicos que rasgan el velo de la realidad al coquetear con seres de carne y hueso, dan a “Bicicleta Leroux” un sentido distinto a la Odisea de Homero. Allí el nivel mítico es el contingente de la realidad, única y verosímil, mientras que en esta obra detrás del telar de Penélope está la otra realidad. Detrás de lo onírico que se confunde con lo ordinario, están esos seres debatiéndose entre dos universos paralelos, lo cual se puede apreciar claramente en la división que se hace en el escenario con el telar de Penélope, el que es a la vez el mar donde navega el marinero Ulises. Ambos enredados en los hilos del olvido, del abandono. Esos hilos sostenidos por aquellos no-seres, quienes desde ese No (que es la muerte) llaman a destazar las capas geológicas de la vida. Penélope se siente abandonada, desea y no desea, muestra pretendientes risibles quienes la ayudan a mantener tejida la escena de su vida. Ulises no sabe que esos hombres asechan a su mujer mientras a la vez empujan su barca hacia ese mar de hilos. Hilos traídos por ellos mismos.

Con toda la libertad de matizar e incluso desmitificar personajes homéricos, en Bicicleta Leroux encontramos varios niveles de reflexión, desde el simple hecho de la realidad doméstica, ese puertas a dentro de un día a día que se consume a sí mismo en enmarañados recorridos. Por otro lado está el hombre y el desencanto de la realidad, que hace que se junte lo racional con lo irracional, en una travesía en donde Circe, las Sirenas, Escila y Caribdis, Polifemo, Eolo y todos esos personajes mitológicos se convierten en metáforas del diálogo entre el héroe perdido y ese afuera aprehendido sin una real conciencia del fin. Por eso Leroux nunca está, está en las voces de los otros, pero éste Ulises sabe que de nada le sirve ser sagaz, ni aprovechar de las situaciones para alcanzar su objetivo. Es más, el objetivo borroso que significa Leroux deja a Ulises en la parálisis de la acción, total jamás ha salido de Itaca…

jueves, febrero 01, 2007

Todas íbamos a ser reinas

Ayer que me encontraba descansando plácidamente, alguien ha golpeado mi puerta. La abrí. Una mujer con el rostro desencajado, con las manos todas arrugadas y pasposas, me tocó el hombro. Llevaba la cabeza gacha, por lo que no pude ver su rostro de inmediato. Hice un gesto de asco y mi primera reacción fue hacerme hacia atrás. Ese instante levantó el rostro como de adrede. No quise verla, no entendía lo que quería decirme. La mujer solo repetía sílabas ininteligibles, y yo estaba paralizada frente a aquella tez replegada hacia sí, una faz en donde no cabían más arrugas. Ella me tomó de la muñeca, me apretó fuerte y no quiso soltarme más. Yo le pedía que me suelte, que en serio me estaba doliendo su apretón. Pero la mujer/añicos no me escuchaba, solo me miraba a los ojos, y lágrimas legañososas caían sin consuelo. No gemía, no moqueaba, solo vertía agua. Ella hablaba, hablaba, y esas palabras eran como saetas cortando el aire. Yo ya dije que no entendía sílaba alguna, porque su pronunciación no era castellana, ni de lengua española o latina. Tampoco era quichua. Sospecho que era ninguna lengua. Intuyo que era una inventada por sí misma, una que ni ella entendía.
Quizás pasaron diez minutos mientras la mujer/añicos aún me tomaba, ahora ya del brazo y con las dos manos. La presión ejercida era cada vez más fuerte y yo debía sostenerme del dintel de la puerta para no resbalarme, porque de alguna manera, ella me tiraba hacia abajo. Y hablaba, y continuaba pronunciando vocales nasales que nunca había escuchado en mi vida. Y yo, sintiendo que era torpe por no poder defenderme de aquella vieja indefensa. Acusando mi falta de odio al prójimo. Mi escasez de desdén hacia el adulto mayor y todas esas cosas salidas de una moral maniqueísta, proveniente de un escollo de mi cerebro. Víscera que acaso la mujer/añicos almorzaría mañana.
¡Suéltame mujer que me lastimas! ¡Por favor! Y así me convertí en un ser suplicante. Rogando a aquel ser humano terminal que me dejara de clavar las uñas, puesto que mi brazo ya sangraba. Sus uñas eran amarillentas, engrosadas por los años y extrañamente filudas. Pensé que iban a traspasar una vena, y empecé a gritar. Pero a la mujer/añicos parecía no importarle, y empecé a notar -por el tono de su voz- que me acusaba de algo que yo desconocía. Su mirada de cien años empezó a recriminarme delitos en los cuales jamás había yo participado. En épocas en las que yo ni siquiera había estado presente aún. ¡Mujer, en 1952 yo no había nacido! No se por qué, pero le grité esto. Y ella negaba con la cabeza y seguía lanzando saetas silábicas incomprensibles. Como el dragón de Komodo, su saliva era venenosa, palabras húmedas que se salpicaban de sus labios y que yo debía evadir moviendo el rostro hacia los lados. Bacterias mortales que sólo el sistema inmune del mismo dragón podría combatir. Supe que iba a morir. Supe que el veneno también estaba en sus uñas y ya me las había clavado cinco minutos antes. Voy a morir, pensé. Y empecé a llorar, y a suplicar por mi vida. A la vieja, como si ésta fuese Dios y pudiera devolverme la vida. Pero a ella no le importaba y seguía su rutina, tirándome hacia abajo y luego hacia afuera. Entonces empecé a sentirme tan débil, que mis piernas dejaron de tener estabilidad y caí al suelo. El pecho me trepidaba, una angustia hiperventilada y luego cianótica me nubló la vista. Y el entendimiento. De pronto, viéndome arrastrada como un trapo viejo, pude entender con el estertor clarividente de la proximidad de la otra orilla, algo como un salmo repitiéndose incesante. Y la saliva salpicándome las sienes:



Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.


En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.