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miércoles, junio 22, 2011

Cuando le tocó a Manuel

(Foto de Lorena Cordero)

Nunca fue mi amigo aunque me hubiese encantado poder conocerlo más. Lo recuerdo apacible e imponente, en esa paradoja actoral que seducía y deslumbraba a nosotros, los espectadores, los mortales. Porque Manuel, claro, ya está inmortalizado por el cine. Manuel no se irá jamás porque es uno de los primeros protagonistas de esta historia. La del cine ecuatoriano en su etapa más potente: la de autogenerase, la de autoinventarse. Manuel empezó cuando el cine empezaba (localmente hablando) a tomar nuevos aires. Fue una génesis perfectamente coordinada. Porque tanto el uno como el otro iniciaban a gatas. Sin embargo, su talento innato se fue haciendo notar a pasos agigantados. Su primer papel principal, el médico legista Arturo Fernández, fue una verdadera revelación. Consiguió un laconismo casi perfecto que bordeaba el cinismo y el desasosiego. Le dotó de un particular encanto a ese personaje que parecería haber sido creado para él. Manuel era Arturo, y lo fue durante mucho tiempo. Lastimosamente no volvió a tener un papel con tal potencia y desarrollo dramático, y como diría Christian León: a él le debemos una de las mejores escenas del cine ecuatoriano. Hoy yo digo: tenemos una deuda con él. A Manuel Calisto le quedamos debiendo una escena más, un personaje más. Me habría encantado verlo en otro personaje de igual o mayor potencia dramática que Arturo Fernández… No se pudo.

Y es una lástima porque Manuel tenía un brillo especial, era un actor natural que dejaba pedazos de sí mismo en cada personaje. Lo vi en algunos cortos y en un par de obras de teatro. Tenía ángel. Aunque por momentos su actuación clamaba por una mejor dirección actoral o quizás un poco más de técnica o control de matices dramáticos, lo cierto es que su histrionismo innato podía con todo. Esa fuerza interna con la que bañaba a sus personajes finalmente rompía cualquier barrera técnica. Como el mismo decía “le salía no más”. Había poca impostación y mucha autenticidad en su desempeño actoral. Quizás peque de novata en un medio cinematográfico novato, pero lo cierto es que Manuel tenía madera. Una madera genuina. Y por supuesto, aunque suene apologético, de eso se tratan los homenajes post-mortem. A mi manera quiero hacerle uno. No por ser políticamente correcta y creer que debo hacerlo. Me importa un pepino la trascendencia de alguien que no me ha tocado el alma. Manuel lo hizo, de una forma u otra, y creo que esta tristeza por su muerte es algo personal aunque nos incumba a muchos. Aunque tenga que ver con asuntos de estado y seguridad. Yo me siento tocada por su partida tan grotesca y absurda. Porque si bien lo correcto sería decir que todas las vidas valen lo mismo, hoy me hago eco de la pregunta de mi amiga Ana Minga y digo: ¿En verdad todas las vidas tienen el mismo valor? Quizás no, aunque suene fascista. Con la partida de Manuel le arrebataron una vida al cine, al arte, a la cultura, a las tablas. Nos quitaron a uno de los mejores actores de este país. Y eso no es poco.

Hoy al verme impotente frente a su muerte, he querido escribir este “no sé cómo llamarlo”, que en verdad quisiera ser un grito desde lo más profundo de mis pulmones, pues la ley del viejo oeste nunca nos retumba tanto como cuando escuchamos los balazos de tan cerca. Balazos carentes de sentido absoluto. Hoy quiero, como diría Chico Buarque, lanzar un grito deshumano, sin saber a quién dirigirme, sin señalar culpables, aunque podrían ser muchos. Hoy quisiera salir a las calles a encarar a las veredas, a los postes y avenidas, a cuestionar a los autos y edificios, a los vendedores callejeros, a los oficinistas, a los funcionarios públicos, a los empleados bancarios, a los transeúntes, a los motorizados, a la masa impávida y decirles: ¡Maldita sea! Manuel Calisto ha muerto. Eso. Manuel Calisto ha muerto. ¿Cuántos sabrán quién es? Mejor no responder esa pregunta. Tampoco importa ya, por supuesto, pues si fuera Gerardo, Lorena Bobbit o Christina Aguilera quizás sería más relevante. Vivimos de fantasmas y somos ciegos entre nosotros. Esa ceguera daltónica que resulta lo mismo rojo que verde, lo mismo vivo que muerto.

Mejor dejarse robar es la reflexión barata que escucho por ahí. ¿Cómo diablos reducimos a una persona y todo su bagaje a una simple reacción recreada y presupuesta? Me rehúso a pensar que nos hemos rendido a la lógica de la delincuencia. No conozco de las circunstancias de la muerte de Manuel más allá de lo que me han contado y lo que he leído en los diarios, que es básicamente lo mismo. No puedo especular ni graficarme historias heroicas en la cabeza, aunque en verdad me gustaría. No me queda más que recordarlo en lo que conocí de él, en lo que nos pudo dar. Porque es eso. Es un darse a los otros. Gracias Manuel.

Hoy pienso en Cuando me Toque a mí como una macabra premonición…

(Dejo esta entrevista publicada en Diario La Hora en 2008, a propósito del estreno de la obra de teatro El Método Gronholm, en la que se ve la espontaneidad de Manuel y un sentido del humor muy sutil…)

Usted no estudió teatro ¿cómo le hace?
No sé, me sale no más.

¿Alguna vez le ha tocado estar desempleado?
Casi toda mi vida...

¿El desempleo vende?
¿Vende qué?

Van a hacer una obra que ha tenido éxito de taquilla en otras partes del mundo.
La obra no es sobre el desempleo, es sobre un sistema de selección que no es habitual...

¿Cómo se define: inseguro, triunfador, agresivo, crítico o indeciso?
No sé, ninguna de esas, nunca lo he pensado.

¿Cuáles son los motivos por los cuales a usted nunca lo deberían despedir?
Tal vez sí me deberían despedir... no sé, a mí estas preguntas muy rebuscadas, como que no les entiendo mucho, capaz que no le diría nada ni a mi jefe ni a usted, no respondo muy rebuscadamente ni me pongo a pensar cosas muy profundas.

¿Qué piensa cuando va por la calle y ve a los desempleados de la 24 de Mayo?
Esta obra justamente trata de eso, porque a las personas se las denigra cuando están buscando (empleo), sea en la 24 de Mayo o en una Multinacional, ese es justamente el tema de la obra. Uno como que va para que le examinen como insecto y que le digan usted sirve o no.

¿Usted es intolerante?
Cuando nos sacan de casillas todos somos intolerantes.

¿Y cómo hace para en una obra tener un carácter y en otra ser alguien distinto?
Como cuando era chiquito: un día jugábamos a ser doctores, otro día a ser vaqueros, otro a ser soldados y era divertido, así.

¿Para qué le sirve la fama?
Cuál fama, no soy famoso, lo que ha pasado es un proceso normal que tiene toda película, obra de teatro o un premio.

¿Y ya le han pedido autógrafos en la calle?
Pero poquito

¿Y qué pone?
¡Qué sé yo!, ‘hola soy yo’.

10 comentarios:

Gato Negro dijo...

Bien bonito. Es tan absurdo que eso, lo absurdo de las ciudades violentas, le toque a alguien que ahora menos que nunca merece morir. Yo sí creo que hay personas que merecen vivir más que otras. Es así.
Abrazo

Diana Astudillo dijo...

me gustó mucho el trabajo de este actor, pero toda la ola de comentarios inmaduros de los artistas es agobiante, ¿ una vida vale mas que otra? perseguir a los vendedores ambulantes, oficisnas para ver si sabían quien era,,, a calmarse un poco por favor

Pequeña LO dijo...

Indignación absoluta es lo que siento ante este hecho tan macabro..
Demasiado tarde para las disculpas, para lamentaciones, para discursos rebajados de " asi estamos en este país".
Exigimos soluciones asi haya que plantarse en las calles para cortar con estos hechos inaceptables, alzando nuestra voz para que si no nos ven, entonces nos escuchen!
Como dije y lo digo hoy Grande Calisto!.

Dalila dijo...

Srta Astudillo,
Usted no entiende de sentidos figurados ni de metáforas.

Diana Astudillo dijo...

es posible !!! quizá me pasé con el comentario, lo que trato de decir es que la muerte de este actor es tan importante, tan triste y da tanta impotencia, como la muerte de otros que son victimas de la violencia todos los días.

Gabipallares dijo...

Gracias Dalila. Manuel Calisto se merece palabras como esas, porque a pesar de haber nacido en una ciudad unidimensional, era un ser con profundidad auténtica, con sensibilidad e inteligencia. Qué falta nos va a hacer a todos, al pensamiento de esta ciudad a veces tan plana. La entrevista que reproduces es clave, las respuestas son profundas, pese a las preguntas. Una joya única y hermosa.

Gracias por esa entrevista, quisiera replicarla porque ahí está él, tal cual, tal como yo lo recuerdo, crudo, inteligente, acertado, altanero, brillante!

Dalila dijo...

Absolutamente de acuerdo Gabipallares, "crudo, inteligente, acertado, altanero, brillante". Gracias por tu comentario.

Gabriela Ponce dijo...

Dalila,
Gracias por tus palabras que con lucidez poética hablan de la indignación que muchos sentimos y además le hacen justicia al ser humano, al bellícimo ser humano, que acabamos de perder.

Gabriela Ponce dijo...

Dalila,
Gracias por tus palabras que con lucidez poética hablan de la indignación que muchos sentimos y además le hacen justicia al ser humano, al bellísimo ser humano, que acabamos de perder.

A media noche dijo...

Estimada Dalila, hay un error, esta entrevista fue publicada el viernes 15 de febrero del 2008, en la sección Ocio y Fiesta del vespertino Últimas Noticias y no en el Diario La Hora. Por la atención al presente mensaje le aticipo mis agradecimientos.