Ídolo

Ídolo
Morrissey

domingo, septiembre 03, 2006

The real world

-Es que soy un embustero.
-Pero eso no te justifica, yo también miento bastante.
-No, es que no es lo mismo. Yo soy un embustero y siempre lo he sido.
-Mmm... En tal caso, no se te nota.

Esos eran Jóse (sí, con acento en la o) y José. De José no sé nada más, salvo lo que él mismo ha contado en las tertulias guitarreras. De Jóse, sé mucho más, pero ella me prohibió hablarlo en público. Sin embargo, ya que un varón siempre traiciona los secretos de las mujeres pues pondré a consideración sus intimidades. Esa chica era una mentirosa de profesión. En un principio empezó mintiendo por miedo, en la niñez. Lo hizo desde un episodio traumático que tuvo que ocultárselo a su madre. Luego, aprendió poco a poco los beneficios que produce la sutil manipulación de la realidad. Esta arte la adquirió muy pequeña aún, a los ocho. Un día se había robado plata de su abuela, la cual empezó a inquirir a todos los nietos, pues eran los únicos que habían estado en su habitación el momento de la desaparición. Todas las pesquisas apuntaban a Jóse, pero ella, viéndose acorralada, no tuvo más que inventar en ese momento una reacción conmovedora y creíble: Se puso a llorar y se indignó a causa de la desconfianza de su abuela, jurando jamás volver a esa casa. Le salió bien, todos le creyeron, y desde entonces no ha dejado de usar esa artimaña, perfeccionada con el pasar de los años.


Ya en la pubertad, pues las mentiras oportunistas estaba a la orden del día. A causa de la oposición natural que tienen los padres a vernos felices en la adolescencia, ella pudo desarrollar aún más su habilidad para mentir. Y así logró hacer lo que quiso, y cuando se le preguntaba si algún día diría la verdad -pues mucha gente ya empezaba a notar su maña- ella se ofendía. Y digo maña pues por estas épocas, su habilidad se había convertido en adicción. Mentía por gusto y siempre era la virgen que se había caído del caballo. Pobre ella, estaba en realidad convenciéndose de que era buena.
Con el paso de los años su esfera de mentiras era tan grande y tan bien articulada que ya competía con el mundo y su orden natural. La línea falsa paralela a su vida, dejó de ser falsa y paralela: Se convirtió en la gobernadora oficial de su historia. Historia por demás exacta y redonda, absolutamente verosímil. Y aquí viene la apología de la farsa: Mientras más era testigo de su don para construir mundos (pues si le daba la gana, habría podido construir cinco), más empecé a darle la razón y a admirarla. Ella era única. Había descubierto que la honestidad te beneficia solo en el plano de la estupidez, que la transparencia te vuelve gacela de cualquier sopenco, y que darte a conocer tal cual eres te volvería un loser tarde o temprano. Ella siempre lo supo y así lo logró todo, hasta la felicidad.
A veces pienso que no mentía, sino que simplemente transformaba a su antojo lo que no le agradaba. Algo tan obvio, natural y por demás justificable. Jóse era una creadora fantástica, modernista y sin poses. Y aunque no quería ningún crédito por su obra y siempre prefirió el anonimato, algunas veces -en segundos de descuido- la delataba esa pose soberbia, orgullosa de su potestad divina. Había una sola persona en esta ciudad que conocía sus artimañas sin mucho esfuerzo. Una sola. Era una supuesta amiga suya que desarticuló la lógica de sus construcciones, y por eso Jóse la odiaba, en silencio claro, y le desaba lo peor, aunque en sus cartas le decía que le quería mucho y que era su mejor amiga. Por supuesto, aquella amiga sabía que era tarea casi imposible y titánica desmentirla frente al universo de amistades que Jóse, con su encanto, engatusaba. Así que los esfuerzos de Jóse por anularla, rindieron sus frutos. La chica se retiró para siempre de la vida pública, y nadie la ha vuelto a ver nunca más desde entonces.
Por lo demás era obvio que la selección natural proveía de herramientas intelectivas a los más desafortunados físicamente. Realmente hay que esforzarse más cuando se es fea y/o gorda y ella lo sabía bien, así que supo aprovechar de sus otras habilidades, bien conocidas ya por ustedes, estimados lectores. Más que la capa de pintura que se echaba encima, lo que nos atraía a todos es que ella -en su mundo de fantasía- se creía bella. Porque en la tapiñada realidad, su espejo le decía lo contrario todos los días. Por eso odiaba a las mujeres bonitas, aunque curiosamente algunas de sus amigas más cercanas eran bastante bonitas. Bastante. Tanto así que varias eran modelos. Yo al principio me confundía con esta paradoja, no entendía cómo, dentro de su aversión a la belleza ajena, ella podía estar cerca de estas mujeres. Dicho sea de paso, se notaba a leguas que les envidiaba. Este era un acertijo que no lograba resolver, hasta que un día vino la respuesta a mí en una de sus concurridas reuniones. Ella era un vampiro chupasangre, más bien chupabelleza. Algo así como un organismo oportunista que se aprovechaba del metabolismo superior de otro ser, no para sobrevivir, sino para gobernar desde adentro sin que nadie lo note. Era una tenia, un perfecto platelminto intestinal.
Así mi admiración y mis justificaciones frente a su desalmada desfachatez crecían con el tiempo. Yo sabía todo de ella, por su propia boca y por conjeturas mías... por supuesto, no infundadas. Jóse, como todo buen timador, debía tener un punto flaco que en esas épocas pensé que era yo. Creí que ella necesitaba tener un confidente pues no podía sola con tanta mentira. Pero me equivoqué señores, nada más lejos de la verdad. Yo no existía en realidad, ella me había borrado de su archivo a exhibir. En su mundo creado no constaba yo en lo absoluto, es más, ella me había convertido en otra persona y había asesinado mi yo. Y lo digo de verdad. Luego me enteré que, aprovechando que yo me había ido a vivir en Lituania, ella había inventado un fatal accidente en donde yo, junto con un chino y un albanés, habíamos muerto aparatosamente. Por supuesto, nunca se había hallado mi cuerpo. Y así me borró de su msn, de sus contactos de hotmail, de su celular, de su agenda, de sus álbumes de fotos, de su retina y de las retinas y mentes del resto de gente que conocíamos en común, y aún de los que no.
Desde ahí señores estoy muerto y camino por las calles de Vilna. Para no aburrirme visito a Vytautas el grande, de vez en cuando...

2 comentarios:

la hambrienta lúcida dijo...

Si la verdad suele ser una completa mentira, las mentiras resultan ser verdades y más reales que la misma verdad.

Creo que todos solemos jugar a lo de Jóse, a crear mundos o fragmentos al menos... quizá para que la verdad no nos agobie tanto.

Dalila dijo...

Nos debatimos entre fragmentos de proyecciones compuestas de retazos de realidad regenerada.

Es cierto Norka.