Ídolo

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Morrissey

miércoles, septiembre 06, 2006

Sólo cenizas hallarás

Javier tenia una mariposa en su ventana. Yo, una foto farsante con una amplia sonrisa que mentía en cada comisura. Esa no era yo. Mis ojos estaban tan empañados que las letras de mi teclado estaban todas borrosas, seguramente estaba escribiendo como una retrasada mental.

-¿Dónde estás?
-Perdí el barco a Roma.
-¿Por qué?
-Ya sabes, por dejar todo para último rato.
-Jugando con el tiempo.
-Correcto.

Hay kilómetros y kilómetros, y aún es la misma estación en mi cabeza. Yo no puedo virar el timón, no sabría hacia dónde ir. Yo seguiré escribiendo y tú, vagabundeando, mirando todo aquello que yo no puedo ver, por sopenca. Yo ya sabía de qué calaña era, me bastaron tres episodios para saberlo. Yo también lo sabía -casi desde el principio- pero jugué a ser marioneta, pensé que así, quizás no perecería en el abandono. No fue así, ya lo vez, no existe copiadora alguna que te reproduzca entero. Nada más alejado de tí, yo lo sé, nada más ajeno a tu personaje, también lo sé. Pero siempre -como lo dije antes- el amor es uno aunque la superposición no funcione.
Quise pensar que sería de tal modo y que así sellaría el pasado de una vez, pero hay fugas de fluído mítico en nuestra no-historia actual. Esas fugas que no puedo detener y que ningún plomero puede reparar. Por eso, para no perecer ahogada me volví líquida, cambié mis cadenas de carbono elementales y transformé ese treinta por ciento de materia sólida en agua. Así logré sobrevivir al Mediterráneo.
No hay cenizas ¿Te das cuenta? El fuego se ahoga en el agua...
Y aun querré que sigas hilvanando esas frases de tu memoria. A tus veinte, nuevo y verosímil...

2 comentarios:

El Caballero de la triste figura dijo...

Una buena manifestación o metamorfosis del verso- que has ejemplificado tan bien- "Si he de vivir que sea; sin timón y en el delirio"

un abrazo

Dalila dijo...

Correcto Luí, en el delirio se pueden justificar muchas cosas, hasta una herida sangrante.

Dal.